EN OTRO MUNDO - Capítulo 60 – Golpe III
— Así que eso fue lo que paso mi lady, esa niña trato de defenderse es por eso que mi ojo esta en este estado, pero logre cumplir con lo solicitado —hablaba mientras trataba de esconder lo que ni siquiera él sabía que había sucedido.
— Está bien Félix, hiciste un buen trabajo escuche que está bastante enferma y que permanecerá en cama por algunos días, te recompensaré por esto, puedes retirarte —hablaba la bella mujer que se encontraba almorzando.
— Gracias mi lady.
— Por lo menos algo bueno salió de esto. Esta vez actué impulsivamente, fue un error, es solo que estas malditas fechas me recuerdan a ella y su hija es su vivo retrato —expresaba mientras miraba en dirección a la vieja casa sin lograr notarla con una mirada siniestra.
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Tal vez Amelia había actuado tan ilógicamente porque venía a este lugar, pero creía que era más porque en estas fechas mi madre había fallecido y a juzgar por los comentarios de Barton a mi aspecto físico yo era bastante parecida a ella a excepción por el color de mi cabello oscuro. El odio de Amelia hacia mi madre parecía ser demasiado profundo y no podía entender el por qué puesto que mi madre no represento alguien importante en la vida del lord.
Mi padre se enteró que estaba “enferma” pero no le importó en absoluto ni tampoco sospecho de Amelia aunque era de esperarse de alguien que había dejado morir a su verdadera hija.
Pronto me “recuperé” y todo transcurrió con normalidad, cada vez más visitaba mi vieja casa que aunque ahora podía ir libremente prefería seguir yendo a escondidas algunas veces.
— Este lugar cada vez parece más habitable —comentaba mientras miraba a Diago asombrada. Aunque pensándolo mejor, me había sentido un poco culpable al dejar que un niño tan pequeño como él se hiciera cargo de mantener este enorme lugar limpio.
— Bueno este mocoso no tenía otra opción más que limpiar este basurero, buen trabajo mocoso —lo felicitaba Barton dándole unas fuertes palmadas en la espalda mientras el solo se notaba disgustado.
Al mirar detenidamente aun podía recordar cuando había visto este lugar por primera vez, bastante polvoriento y sucio pero demasiado interesante puesto que la puerta para entrar no era visible a simple vista ya que se encontraba demasiado escondida entre las hierbas del patio interior de la vieja casa. Era un sótano rústico de madera y piedra sorprendentemente espacioso y resistente.
— Si ya terminaron de admirar por qué no solo comemos de una vez —respondía Diago mientras se sentaba educadamente en una de las sillas.
Verdaderamente a veces sentía que no era un niño pequeño sino fuera por su aspecto.
Pronto comencé a hablar más con Diago aunque de cosas triviales parecía que ya no se sentía tan desconfiado a mi alrededor, suponía que desde el incidente con Amelia me miraba como alguien indefenso que necesitaba ser protegido ya no era más para él la hija de una “buena familia”. Ahora se daba una idea que este no era un lugar el cual podría llamar hogar pero que era una buena forma de sobrevivir para alguien como nosotros dos.
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Así llego el invierno y también la conmemoración de la muerte de mi madre pero nadie hablaba de ella y nunca se molestarían en recordarla. Y como Barton no había podido llevarme hasta su tumba decidimos hacer algo pequeño junto con los demás para poder conmemorarla.
La costumbre de este sitio era hacer una pequeña ceremonia donde orábamos al dios de este mundo llamado “Zatu” por la persona que había partido y recordábamos su vida agradeciendo que hubiera trascendido a un mejor lugar.
Nos encontrábamos en una de las partes de la vieja casa y Barton sostenía un ramo bastante bonito de narcisos las cuales eran las flores favoritas de mi madre, eso había sido un lindo gesto de su parte puesto que las había conseguido con mucho esfuerzo pues estas solo florecían comúnmente en primavera.
“Técnicamente no soy hija tuya, pero deseo de todo corazón que donde quiera que te encuentres seas feliz princesa”, me decía a mí misma mientras miraba con tristeza el extenso cielo y una parte de mí se sentía con un verdadero pesar.
— Tú madre debió ser alguien muy especial —me comentaba Diago estirando su pequeña mano para limpiar una lágrima que escurría por mi mejilla con un pequeño trozo de tela.
— Gracias —eso me había tomado por sorpresa pues no tenía preparado derramar alguna lágrima.
El solo asintió ligeramente mientras seguía limpiando torpemente mi rostro.
Ese día Barton me contó más pequeños detalles de la personalidad y la vida de mi madre que yo desconocía y él parecía bastante feliz al hablar sobre ella, podía notar que había sido demasiado cercano.