EN OTRO MUNDO - Capítulo 61 - Relicario
Ya no era tan mala con las clases de etiqueta y aunque a veces me castigaban con la comida ya era demasiado extraño para mi equivocarme, igualmente Barton siempre se sorprendía puesto que aprendía demasiado rápido. Sinceramente eso era porque creía creer que realmente tenía la madurez mental de casi un adulto y eso me ayudaba a comprender mejor las cosas. Aunque realmente no tenía algo así como otra cosa más que hacer que estudiar, en este mundo lastimosamente no existían los aparatos tecnológicos y tampoco poseía materiales de arte para despejarme por lo menos con eso.
Así que terminando las festividades de invierno, Barton me empezaría a entrenar para que supiera como defenderme y pensándolo detenidamente supuse que siempre quise aprender a luchar pues la idea no me molestaba en absoluto.
Pasaron los días y las fiestas de invierno comenzaban, algunas personas del personal se turnaban para pasar los días festivos en sus respectivos hogares, era algo así como la temporada navideña y año nuevo juntos.
Las celebraciones duraban siete días, donde las fiestas de invierno eran un conjunto en específico de días dedicados a celebrar el fin de un ciclo, agradeciendo al Dios de este lugar por llevarse la oscuridad y traer la luz. Aunque básicamente los días más importantes eran el primero que era cuando se reunían las familias e intercambiaban obsequios y el último donde había una enorme celebración en todo el país.
Luces, color y música inundaban todas las calles, la gente también decoraba sus casas, jardines y templos con farolillos, llenando todo alrededor de luz.
Mientras tanto nosotros nos preparábamos para nuestra tan esperada cena “familiar”.
Solo éramos nosotros tres, mi padre, Amelia y yo por supuesto, fue una cena demasiado insípida, preparada específicamente por las órdenes de mi querida madrastra.
— Querida me alegro de que tu enfermedad de hace algunas semanas no hubiera sido nada grave, ¿cierto querido?
— Mhm… —mi padre solo asentía lentamente sin voltear a mirarme mientras masticaba un trozo de carne.
— Come un poco más mi niña ya que te veo tan delgada —me comentaba “cariñosamente” Amelia.
— Si… —no le prestaba atención y solo no comí demasiado para guardar espacio para más tarde, además no era como si la comida fuera buena en primer lugar.
Cuando mi padre no prestaba atención podía sentir como ella me miraba con una mirada cruel y la atmósfera junto a ellos era realmente incomoda así que deseaba que terminara rápido la cena.
— Querido espero que nos acompañes a la capital para ir de compras, ya sabes que se acerca la fiesta en el palacio.
— ¿Por qué ir hasta la capital si lo puedes comprar en nuestro territorio? —le cuestionaba tranquilamente el joven hombre.
— “Oh querido”, es verdad que lo podemos comprar en nuestro territorio pero los vestidos más exclusivos y hermosos llegaran a la capital, eso por supuesto no quiere decir que nosotros no tengamos cosas que valgan la pena pero es la primera fiesta de invierno junto con nuestra adorada niña yendo a palacio con nosotros así que esta ocasión debe de ser sumamente especial.
Al parecer el último día de las festividades iríamos a palacio, pensaba aburrida.
— Está bien, solo dime cuándo para poder preparar algunas cosas —le respondía amablemente mi padre.
Aunque básicamente todos estaban de fiesta no tenía por qué detenerse el comercio así que era bueno el flujo de dinero para las personas que tenían los recursos, y la variedad de productos en la capital era mucho más extensa era por eso que muchos que podían costearse los caros productos que ahí se ofrecían llegaban a ese lugar y nosotros no seriamos la excepción pues también iríamos a comprar ropa de gala ahí.
La noche transcurrió tranquila y ellos se limitaban solo a hablarse entre sí, mientras yo permanecía en silencio pues no me prestaban ni la más mínima atención.
Cuando me marchaba pude observar a lo lejos como ellos intercambiaban amorosamente sus regalos preparados con antelación, esas épocas siempre fueron las más dolorosas en la infancia de Odelisse puesto que mientras ellos disfrutaban en familia ella se las pasaba en la vieja casa junto a Eleonor comiendo las sobras de la cocina que lograban robarse para así poder comer algo mejor por lo menos en ese día, recordaba mientras suspiraba pesadamente y seguía caminando para dejar de mirar la sofocante escena.
…. ⊰❖⊱ ….
Esa noche no volví a mi habitación sino que me escabullí hacia mi vieja casa junto con mis doncellas.
Ahí estaban Barton y Diago en el sótano esperándonos para cenar.
La comida era asombrosamente deliciosa y la velada demasiado agradable, no podía creer que ellos habían esperado todo este tiempo para poder estar todos juntos.
Al final de la cena intercambiamos algunos presentes, lo que me tomo por sorpresa fue que Barton me regalara un kit de pintura.
— Siempre la veo garabateando las notas de las lecciones, así que supuse que le gustaba dibujar —me decía cariñosamente Barton.
Él tenía razón, estaba tan feliz que sin pensar le di un fuerte abrazo.
Yo por el contrario les di a todos pequeñas figurillas talladas en madera, estas eran de algunos animales comunes en la Tierra y debía de admitir que me habían quedado muy monas, era lo que hacía a escondidas en mis ratos libres con un pequeño cuchillo de cocina que había tomado sin que se dieran cuenta.
Aunque al parecer no podía esconder nada de Barton porque este solo fingió sorprenderse, él verdaderamente ya sabía que las había estado haciendo.
— Señorita, es muy hermosa, gracias —señalaba sinceramente Barton mientras miraba el pequeño búho que le había dado guardándolo con mucho cuidado en uno de sus bolsillos.
— ¡Odel son preciosas!, no sabíamos que poseía un talento como este —exclamaban alegres mis doncellas.
Yo estaba realmente orgullosa de mi trabajo.
Ellas solo se acercaron y me regalaron de corazón un rico pudín, creo que… todos sabían que me gustaba demasiado comer cosas dulces.
Diago por otro lado no le había obsequiado nada a nadie y creía que por esa razón tampoco esperaba un regalo mucho menos uno de mi parte, sobre todo hecho a mano pues estaba verdaderamente asombrado cuando le di una de las figurillas de madera.
Aunque había sido una gran noche por estar junto a ellos ya estaba demasiado agotada así que le había pedido a Barton que nos marcháramos.
— Espera —me llamaba un poco vacilante Diago—. Gracias, ahora por favor dame tu mano.
No sabía que era lo que quería pero extendí la palma de mi mano sin pensarlo demasiado, cuando lo hice él coloco sobre esta lo que parecía ser un relicario de aspecto antiguo todo sucedía mientras su pequeña cara mostraba seriedad pero a la vez se miraba un poco avergonzado.
— Toma, te lo doy —me miraba convencido.
— ¿Cómo es que tienes algo como esto? —le preguntaba dudosa.
— No necesitas saberlo, solo consérvalo bien.
— … Oh, está bien gracias —respondía mientras le acariciaba como siempre su pequeña cabeza antes de marcharme, él no me respondería cuando no quisiera hablar más sobre un tema así que solo me quedaba marcharme.
Mirando la cadena era demasiado larga así que solo guardaría el relicario mientras tanto en mi baúl hasta que tal vez pudiera usarlo.
…. ⊰❖⊱ ….
— Que extraño animal, nunca había visto algo como esto, esa niña sí que tiene una gran imaginación —balbuceaba mientras miraba la pequeña figurilla que se encontraba sobre la mesa de piedra.
Era bueno que hubieran limpiado antes de que se marcharan, aunque… tal vez cuando mi maestro me encuentre se moleste un poco cuando se entere de que no tengo el relicario pero estoy seguro de que estará más a salvo con ella que conmigo.