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EN OTRO MUNDO - Capítulo 63 – Noche de estrellas

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— Se ve hermosa, mi señorita —comentaba sinceramente Barton.

— Te agradezco Barton pero no necesitas ser amable — respondía mientras fruncía ligeramente las cejas pues no me esperaba que el vestido fuera bastante horrible.

Era verdad, el vestido que había escogido Amelia era particularmente feo para la ocasión, lleno de holanes y encajes, de un color verde pastoso demasiado cutre, que aunque podría mejorarlo con la ayuda de mis doncellas era obvio que no podía hacerlo.

— Aunque estuviera vestida con un saco de patatas aun así luciría hermosa —me guiaba Barton hacia el carruaje—. Recuerde que aunque no pueda verme, la estaré protegiendo.

….  ⊰❖⊱ ….

El palacio no tenía comparación había sido decorado magníficamente pero por los recuerdos de Odelisse parecía que tampoco le había tomado tanta importancia  y atención a la estructura de este majestuoso castillo.

Esa chica sí que se había perdido de demasiadas cosas… suspiré.

— Lord y lady de Armendia, bienvenidos adelante por favor —hablaba educadamente un sirviente dirigiéndonos a todos dentro del palacio.

Este era un gran salón resplandeciente, todo era tan brillante y espectacular que no podías dejar de mirar, elegantes damas y nobles bien vestidos decorando aún más el lugar.

Al fondo se encontraban el rey y la reina sentados en un trono junto a los príncipes.

En cada paso que daba para bajar los escalones, podía sentir las miradas aún más curiosas y otras tantas aún más hostiles que cuando se había celebrado el banquete de compromiso.

— ¡Con su atención, el gobernante de este país, el rey Lewis II de Austend! —anunciaba un lacayo.

— “Gracia a la luz del imperio” —exclamaban todos al unísono mientras se inclinaban cortésmente en señal de respeto hacia el rey.

— Pueden levantarse, “es un honor que todos ustedes nos honren hoy con su presencia, para dar gracias a nuestro Dios Zatu por haber traído la luz a este nuestro imperio, por favor disfruten de la velada que al finalizar como es costumbre haremos la noche de estrellas” — nos hablaba solemnemente su majestad.

Podía notar que el rey se veía bastante ocupado puesto que todos querían tener una charla con él.

— Es bueno volver a verte pequeña —me sonreía gentilmente la reina.

— “Su majestad” —mientras tanto yo solo me inclinaba ante ella.

— Por qué no vas a divertirte con los demás cariño, mientras tus padres charlan un poco por aquí —me instaba la reina.

— Por supuesto su majestad —le respondía amablemente mientras me alejaba lentamente.

— “Oh querida” espera, deja que acomode el cordón de tu vestido lo veo un poco flojo —agarraba fuertemente Amelia las cintas que estaban sujetas a mi cintura y las apretaba casi al punto de asfixiarme, no tuve otra opción que esperar un poco pues no podía apartarla bruscamente, frente a todos ella era una buena madre y si hacia algo contrario a la imagen que daba yo sería la malvada.

— Gracias madre.

— No fue nada linda.

Cuando me aparte de ellos afloje inmediatamente mi vestido, pero al caminar por el gran salón casi no veía niños de mi edad estando dentro de lugar, ni siquiera veía a Eiden o a sus hermanos, así que decidí salir por una de las puertas de cristal que se dirigían hacia los jardines, no era como si quisiera ir con ellos pero que más podía hacer una “niña” entre tantos adultos.

— Has visto como viene vestida.

— Sí, su vestido era espantoso.

— No puedo creer que tu hermano se casará con ese pequeño monstruo.

— Sus guantes también eran horrorosos, dónde es que los habrá comprado.

Podía escuchar a lo lejos algunas risillas, así que solo decidí ir hacia donde se dirigían, la cual era en la misma dirección que las voces de los bonitos insultos.

Cuando llegue, ahí se encontraba Eiden.

— ¡Odelisse!  —pronunciaba mi nombre algo inquieto.

Me detuve y solo lo mire inocentemente.

—  “¡Príncipe su regalo me quedo perfectamente!” —le hablaba felizmente de manera cercana mientras le mostraba mis pequeñas manos en las cuales llevaba puesto los guantes que me había obsequiado.

Silencio…

Todos miraron al príncipe con cara de incredulidad, tal vez no esperaban que él hubiera hecho tal cosa.

— Eso es genial —respondía algo nervioso mientras todos lo observaban.

— Vámonos hermano —interrumpía exclamando impaciente la princesa Lia que se encontraba a su lado apresurándose a tomarlo del brazo.

— Está bien chicos, todo está bien me quedare con ella —trataba de explicar Eiden a sus hermanos y amigos.

— Hermano vámonos, no puedo dejarte con ella —lo jalaba con más fuerza Lia.

— Lia, necesito recordarte lo que hablo nuestra madre contigo —la miraba cansado.

Cuando dijo eso la cara de esa pequeña niña se puso tan roja del enojo que sus mejillas se empezaron a hinchar, era como ver a un pequeño trol malvado.

— Esta bien vámonos Lia —hablaba Filip acercándose a su pequeña hermana mientras la tomaba de la mano y se iban junto con los demás sin siquiera mirarme.

— Si no fuera por madre tratando de convencernos al no molestar a nuestro hermano cuando estuviera con ese monstruo no lo dejaríamos con ella —reprochaba molesta mientras caminaba—. No puedo creerlo, cuando se acercó tanto a ella para considerar regarle algo —aunque eran unos guantes espantosos aun así eran algo regalado por mi hermano y él no era alguien que le obsequiaba a cualquiera. 

— Bueno, eso no quiere decir que a él le agrade y que nosotros no la podamos molestar cuando esté sola querida hermanita —le comentaba con seguridad Filip.

Todos se habían marchado ahora a excepción de Eiden que estaba junto a mí.

— Es bueno que te hayan quedado, habrán más regalos como ese aunque espero que tú también me des algo —declaraba Eiden con una sonrisa mientras me miraba.

Ugh… yo solo asentí aparentando estar avergonzada.

 — Príncipe, tome por favor —le daba unas cuantas aves de origami que había hecho.

Había sido una buena idea hacer algo antes para este tonto que no me tomaba demasiado tiempo pero sobre todo dinero y él aparentaba estar gratamente sorprendido, parecía que nunca había visto algo igual.

— Gracias —respondía secamente mientras las seguía observando con detenimiento.

— No es nada, fueron muy fáciles de hacer mientras pensaba en alguien tan hermoso como lo es usted —hablaba dulcemente.

El solo me miró titubeante por un momento, y una ligera sonrisa se asomó sobre sus labios.

— Eso es bueno, no hay nadie mejor que yo en el que puedas pensar.

— Es cierto, eres el más genial —en tus sueños, murmuraba silenciosamente.

— Es verdad, lo soy —admitía en tono orgulloso—. Vámonos te dejaré acompañarme —se paró junto a mí.

Ya lo había notado, este sujeto tenía una alta estima de sí mismo, así que solo tenía que ser dulce y alabarlo justo como la heroína.

Llegamos justo a tiempo pues apenas iniciaba la noche de estrellas y nos dirigimos hacia uno de los miradores donde se podría observar mejor el espectáculo, un momento después un sirviente nos dio a cada uno una linterna.

Eran farolillos hechos de papel que cuando se encendía la llama, el aire caliente de esta los hacía elevarse por las alturas dando la sensación de estrellas en el cielo que dejábamos ir.

Podía observar que el príncipe rápidamente ya había encendido su farolillo con magia sujetándolo para que no se fuera volando mientras daban la señal de soltarlos, en cambio yo solo esperaba a que alguno de los sirvientes que ayudaban a encender a los que no tenían el poder del elemento de luz pasara para pedirle su ayuda y así encender el mío.

— Disculpe… ¿podría encender mi linterna? —le pedía a uno de los sirvientes que pasaban pero antes de que este pudiera hacerlo, el príncipe inesperadamente lanzo su magia y la encendió.

— Ya está encendida así que ya no es necesario que le ayudes puedes retirarte —le ordenaba cortésmente al sirviente.

— Gracias —lo miraba sorprendida, sinceramente no se lo había pedido primero a él porque no esperaba que la encendiera si lo hiciera. 

— “Pueden soltarlas” —anunciaba fuertemente el rey haciendo que su voz se escuchara por todo el lugar.

En  la ciudad, rodeados de amigos y familia las personas reunidas van encendiendo la luz de sus lámparas, cientos de personas encendiendo a la vez sus linternas y viéndolas alejarse junto a las demás, luces cargadas de sueños y deseos flotando en el aire formaban una vista espectacular.

Era costumbre pedir un deseo antes de soltarla pero no pude pedir nada, no creía que un simple deseo en una linterna me ayudaría a volver, pensaba mientras miraba como mi farolillo se perdía en lo más alto del oscuro cielo.

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