EN OTRO MUNDO - Capítulo 70 - Pista
No sé qué podía hacer ya estaba demasiado cerca el cumpleaños y yo no tenía ni un centavo, buscaba desesperada algo que vender dentro de mi baúl.
No podía pedirle más dinero a mi padre, se supone que ya había recibido mi presupuesto del mes…
— Señorita ¿sucede algo?
— Barton, necesito tu ayuda —decía suplicante.
No era que me importara demasiado llevar algún regalo pero si no lo hacía no sabría cómo reaccionaría mi padre, no permitiría que lo dejara en vergüenza tan fácilmente aunque él no me ayudara en nada.
— ¿Es por la invitación de cumpleaños?
— Si… sabes que no tengo suficiente dinero como para comprar algo —hablaba algo avergonzada.
—Ya lo había previsto mi señorita, mientras yo esté aquí no necesita preocuparse por algo tan banal.
En verdad estaba siendo demasiado dependiente de Barton y sabía que a través de él también recibíamos ayuda de un aliado que aún no conocía, me molestaba un poco seguir siendo tan inútil pero qué podía hacer una niña sin dinero como yo.
Aunque al principio pensé en ganar dinero con mis pinturas no era como si fuese tan fácil venderlas sin que mi padre no se diera cuenta y no permitiría que Barton se arriesgara por un poco de dinero que obtendría de ellas, en este mundo como en el mío si no eras alguien de arte reconocido por las personas, especialmente por los nobles que eran los que poseían la riqueza difícilmente se atreverían a adquirir algo hecho por un desconocido.
Así que solo estuve pintando o esculpiendo pequeñas figurillas para mi propio entretenimiento.
— Tengo el suficiente dinero como para que vayamos a comprar algo al pueblo del territorio de Armendia ya he solicitado el permiso para salir mañana.
— Muchas gracias Barton, creo que esas palabras son las que he dicho últimamente.
— No tiene de que agradecerme —expresaba amablemente mientras acariciaba gentilmente mi cabeza.
Ya estaba acostumbrada a que él se quedara hasta que yo durmiera o me reconfortara de esta manera se sentía realmente como un padre.
…. ⊰❖⊱ ….
Al día siguiente nos apresuramos para ir al pueblo de nuestra familia, este a diferencia de la capital donde se encontraba el palacio real era un poco más pequeño pero igual de importante junto con los otros dos territorios más valiosos del país al servicio de la corona, el territorio Munibe que era también muy cercano a la familia real siendo amigos importantes y la casa del territorio de Orlados.
— “¡Compren setas de río!”
— “¡lleve sus telas de alta calidad!”
— “¡Collares, pulseras y joyas preciosas!”
Varios vendedores tratando de llamar la atención de las personas yacían a los alrededores del pintoresco lugar con pinta medieval mientras que yo y Barton recorríamos el lugar tratando de buscar algo para esos odiosos mocosos.
A diferencia de los muchos otros territorios a simple vista en el nuestro no había mucha desigualdad y concentración de marginados como lo era en la capital y otros lugares del imperio.
Parecía ser que no llamaba demasiada la atención, mis ropas simples y algo desgastadas pero limpias junto con algunos escoltas me hacían ver si bien de una familia acomodada nadie pensaría que sería la futura reina de este país pero eso estaba bien porque podía moverme cómodamente sin ser molestada.
Al final después de pensarlo un poco y estar buscando algo bonito me decidí por una par de pendientes para la princesa y un pequeño prendedor para el príncipe.
Así que decidí alejarnos un poco de la zona frecuentada por los nobles.
Mientras pasábamos por el lugar miré un puesto de panecillos de carne e inmediatamente recordé que a Diago le gustaban este tipo de panecillos así que me detuve.
— Barton compraré algunos panecillos para Diago y nosotros —hablaba un poco bajo para que mis escoltas no pudieran escuchar.
— Como ordene mi señorita.
— ¡Entonces andando! —respondía mientras me dirigía al pequeño puesto.
Me sentía un poco culpable de utilizar el dinero de ese aliado misterioso pero también tenía hambre.
Al ver a niños jugando y familias alegres a nuestro alrededor empecé a recordar cuando mi hermanito y yo íbamos con mi madre al mercado solo para que ella nos comprara un helado, era algo nostálgico.
— Mi señorita que le parece descansar un poco mientras come, no tenemos prisa por irnos y puede disfrutar del día.
— Esa es una excelente idea Barton.
Era verdad, muy pocas veces salía de la mansión de Armendia y si lo hacía solo era por permisos especiales de mi padre siempre bien vigilada no solo por Barton sino también por algunos guardias que reportaban cada movimiento, era como una reclusa, pensaba mientras soltaba un largo suspiro.
Música comenzaba a sonar a lo lejos, era un espléndido día de verano aunque hacia demasiado calor que casi nadaba en mi misma era lindo estar aquí, pero pensándolo bien no tendría por qué soportar el calor si la magia de los cubitos de hielo me serviría en esta ocasión al parecer no era algo tan inservible después de todo.
Así que mientras tomábamos una ligera pausa sentándonos debajo de un árbol comencé a hacer algunos cubitos de hielo para colocarlos en mi bebida y la de Barton, parecía sencillo siendo algo del nivel de un plebeyo pero muy pocos poseían el elemento agua, así que eso me hizo sentirme un poco ¿orgullosa? puesto que pronto fuimos rodeados por algunos niños sorprendidos que querían también cubitos de hielo para sobrellevar el intenso calor así que solo les empecé a repartir sin pensarlo demasiado.
— Bella señorita ¿podrías darme uno de esos hielitos? por favor —me pedía suplicante un joven adolescente de cabello verdoso.
Pronto alcé la mirada al escuchar esa voz, ¿qué rayos? ¿quién era este tipo que me miraba con mirada de cachorro?
— Lárgate mocoso —le ordenaba amenazante Barton.
— Cálmate viejo, estoy hablando con la linda niñita.
— ¿A quién llamas viejo bribón? —hablaba en tono enojado, aunque él era un viejo en el exterior lo que más odiaba es que lo llamaran como uno.
— Viejo tranquilízate —lo miraba para después mirarme a mí—. Linda niñita ¿no podrías darme unos pocos? he recorrido un gran camino hasta aquí y me estoy muriendo de calor, apiádate de este pobre humano, por favor —agregaba insistente.
— “…”
Supongo que Barton estaba un poco de acuerdo en que les diera a los niños, pero este sujeto…
— Por favor me estoy muriendo —se hincaba ante mí de repente.
Cuando Barton estuvo a punto de mandarlo a volar pronto se acercaron los guardias que nos escoltaban, Barton parecía un indefenso anciano que no podría defenderme, supongo que eso pensaban.
— Aléjate de nuestra señorita —amenazaban mientras lo empujaban lejos de mí.
— Oh por favor chicos, tranquilícense —decía mientras los guardias lo sujetaban un poco—. ¡Solo estoy pidiendo un poco de caridad! —gritaba un poco exaltado pero sin parecer grosero mientras me miraba.
De repente sentí las miradas de las personas, estábamos empezando a llamar la atención y eso no era bueno, no sabría que chismes podrían hacerse después.
— ¿Tienes en donde ponerlos? —me acerque lo más rápido posible para calmar la situación.
— Sí —respondía enérgico mientras me daba sus manos para que los colocara ahí.
Sus manos estaban bastante sucias, pero si eso era lo que quería para que se marchara no dije nada y solo se los di.
— Gracias, gracias, es usted muy amable.
No tuve otra opción que darle unos cuantos, el parecía realmente feliz mientras se marchaba con sus manos repletas de hielo, que sujeto tan extraño.
…. ⊰❖⊱ ….
No puedo creer que no tenga ninguna pista de mi joven amo otra vez, he estado yendo y viniendo durante meses a diferentes lugares desde el territorio donde resido con Adam buscando pistas por nada.
Esta vez pensé que sería mi día de suerte como dijo mi pequeño hermanito Adam pero parece ser que no y el último lugar que me falta por investigar es el territorio Munibe, siendo así las esperanzas de encontrarlo vivo se acortaban.
Además el hambre y el calor me están matando.
— Huelo algo…qué es ese exquisito olor… ¿acaso será pan relleno de carne? Creo que aún me alcanza —decía mientras buscaba algunas monedas en su bolsillo.
Mhm…qué extraña combinación, un hombre viejo, una niña y un par de guardias, pensaba mientras veía ese peculiar desfile de personas algo sencillas paradas frente a mí, pero que podías notar fácilmente que no eran plebeyos, no muy seguido se ven a nobles transitando por este tipo de lugares para gente común.
— Barton compraré algunos panecillos para Diago y nosotros.
— Como ordene mi señorita.
Diago… lo dijo algo silencioso pero “¿ella dijo Diago?”, no he conocido a nadie en todo este territorio que haya tenido el mismo nombre que mi joven amo aunque tal vez solo sea una coincidencia…
Pero no estaría demás seguir a esa niñita, sí tengo que seguirla.
Un momento después se empezó a rodear de pequeños niños, parecía estar repartiendo ¿hielo?, que un noble haga eso, que extraña.
Veamos que podemos obtener.
— Bella señorita ¿podrías darme uno de esos hielitos? por favor.
Ella levanto su pequeña mirada, debía de admitir que sus ojos eran hermosos.
— Lárgate mocoso —me respondía el anciano que la acompañaba.
Sería su ¿abuelo?
— Cálmate viejo, solo estoy hablando con la linda niñita.
— ¿A quién llamas viejo bribón?
Creo que entre más viejos son más enojones, eso me recuerda al jefe.
— Viejo tranquilízate, linda niñita ¿no podrías darme unos pocos? he recorrido un gran camino hasta aquí y estoy muriendo de calor, apiádate de este pobre humano, por favor.
— Aléjate de nuestra señorita —hablaban mientras me empujaban y me sujetaban lejos de la niña el par de guardias que había visto antes.
Perfecto esta mi oportunidad, deslice rápidamente mi mano asegurándome de causar algo de alboroto para que nadie notara mi pequeño movimiento y le arrebate a uno de esos tontos su insignia escudo, necesitaba saber de qué familia eran.
— “Oh por favor chicos”, tranquilícense, solo estoy pidiendo un poco de caridad.
Qué molestos, bueno es hora de irse.
— ¿Tienes en donde ponerlos?
Me giré inconscientemente ante la suave vocecilla de la pequeña niña, ella parecía mirarme sin miedo a pesar del alboroto que arme.
— Sí, respondí mientras acercaba mis polvorientas manos un poco sorprendido de mí mismo.
Ella solo me miró y las empezó a llenar de hielo, tanto que se me empezaron a entumecer las manos.
— Gracias, gracias, es usted muy amable.
Mis manos se congelaban…
…. ⊰❖⊱ ….
En una cantina no muy lejana.
— Hey viejo, otro vaso de agua y una pregunta acabo de encontrar esto tirado ¿sabe de dónde es? —preguntaba un poco cauteloso mientras le mostraba la insignia.
— Silencio…
Entrecerré mis ojos, el viejo había comenzado a mirarme extraño ¿habré preguntado algo mal?, si hace algo sospechoso no tendré otra opción que asesinarlo…
— Uff… estos jóvenes de ahora son cada vez más tontos, eso pertenece a la casa de nuestro grandioso Lord Nicolás de Armendia, deberías devolverlo o te meterás en serios problemas muchacho esas cosas solo se dan una vez en la vida a un guardia de una familia noble, sin eso no pueden ascender de puesto, son valiosas.
La casa Armendia… así que supongo que seguiré buscando en este lugar, ahí debe de estar mi joven amo, tiene que estarlo, sino solo seré yo el que estará en serios problemas.
— Creo que tiene usted razón viejo debo irme cuanto antes para poder regresar esto…