Generación Z: El despertar - Capitulo 7
Prólogos: Cuerpo, alma y mente
En resumen, tenía que matar a por lo menos 10 personas, ya sea de forma directa o indirecta.
Ya llevaba una semana dentro de esta pieza, el único contacto que tenía con el mundo exterior aparte de la comida que ingresaba por la puerta, era el del hombre que mató a mi padre.
El venía a enseñarme diariamente como contralar mi poder y algunas otras cosas útiles al momento de cosechar, como saber cuándo era el momento correcto, ósea cuando acababan de morir.
El solo verlo me hacía hervir la sangre, quería cortar su cabeza pero no podía debido a la marca, cada vez que tenía la intención mental de matarlo la marca brillaba y si tomaba una acción física, la marca comenzaría a quemar mi cuerpo, era demasiado peligroso, pero al no poder suicidarme lo único que me quedaba era seguir con esto.
El hombre me había enseño a manifestar como quisiera mi habilidad, pero todo tiene un límite, el poder del alma es una concentración de energía, esta se recarga diariamente, pero si la agotas no podrás seguir moviéndote con normalidad y entras en un estado de mareos tremendos o desmayos. Ya había experimentado esto por lo cual no quería volver a repetirlo.
No sabía que pensar en este cuarto.
– Como es que termine así, no hace unos días estaba todo “normal” dentro del campamento donde vivía. – Se me escapo un pensamiento en voz alta.
Como si me hubiera escuchado el hombre detrás de la puerta de la habitación dijo.
– Te acostumbraras muchacho, aunque no lo creas, yo pase por algo parecido a lo tuyo. – Dijo el hombre que mató a su padre.
– ¿Cómo te llamas? – Pregunte.
– A qué viene eso chico, no hay caso en saber mi nombre. –
– Y como me dirijo a ti. –
– Yo soy el titiritero, así puedes llamarme.-
– Bien titiritero, ahora que por fin te dignas a hablar, necesito preguntarte por qué mataste a mi padre.-
En cuanto dije eso, se abrió la puerta, entro el mismo hombre que mire con los ojos llenos de ira, y antes de poder decir algo se descubrió su mano tapada por un guante negro y mostro su marca.
– ¿Te obligaron a hacer esto? –
– No pequeño, después de tantos años tu mente se rompe, no hay sentido en preguntar eso, ya no sé si fui yo o el temor de la marca. –
– Lo único que me provocas al verte es ganas de arrancarte la cabeza. –
– Yo pase por lo mismo, pero un poco más diferente. –
No respondí nada a eso, pero el continuo hablando.
– A mí me pasó un poco antes que a ti, tenía 10 años cuando un grupo de marcados llego a mi casa con órdenes de nuestro ángel, mataron a toda mi familia, me torturaron por semanas, rompiendo y curando mi cuerpo hasta que decidieron darme la marca y forzar mi despertar. Lo que ellos hacen es enfocar toda tu ira sobre alguien, que este más o menos a tu alcance, y luego ofrecerte en bandeja de plata el poder de matarlo pero una vez te das cuenta del error, ya es demasiado tarde.-
Cuando escuche su historia muy parecida a la mía, me entro un poco, una minúscula parte de empatía por él, pero no sería lo suficiente ni siquiera para borrar la cola de toda la furia que sentía, recordando los últimos momentos de mi padre.
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El resto del día lo pasamos entrenado la habilidad de esconder el poder del alma, al ocultar la energía del alma, uno se podía volver imperceptible para los humanos no evolucionados.
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Al caer la noche, la ciudad se vuelve peligrosa en sí misma, la gente de bien o los que tienen miedo buscan refugio en sus hogares.
La ciudad se convierte en un monstruo furioso durante las noches, las personas del mal salen a cometer sus pecados amparados por el velo nocturno, por lo que tenía entendido, ya estoy lejos de donde solía vivir, pero aun dentro de la capital, estamos en una localidad con el más alto índice de mortalidad, donde hay muchos robos, asaltos, violaciones y asesinatos y nadie hace nada, pero eso no importa, los ángeles son seres que viven de esto.
Mi momento ha llegado.
Me acerco al punto designado donde se encuentran los vagabundos que posiblemente morirán esta noche, oculto mi presencia y espero.
Horas más tarde un frio menos a los 0 grados Celsius cubrió la zona, las personas débiles como los ancianos eran propensos a morir, y oculto en la oscuridad esperaba que ocurriera, podía sentir las almas de estas personas, eran alrededor de 25, muchos eran ancianos.
Luego de la muerte de uno de los integrantes más viejo, 7 más los siguieron, la noche está en su punto máximo, eran cerca de las 3 AM.
Podía sentir como mi cuerpo se llenaba de poder al acerca mi mano a las almas de las personas recién muertas, eran una sensación terrible, me encontraba cosechando almas de seres humanos para beneficios de seres que por cultura general eran adorados y tomados como milagrosos proveedores de felicidad y pureza.
La noche avanzo y dos horas después a las 5 AM murió el noveno integrante del grupo, eso fue lo que más me sorprendió, era una madre y su hijo, de aproximadamente 5 años, su madre acababa de morir por cubrir a su hijo completamente del frio, yo no tenía palabras ese momento, no sabía si acercar mi mano, pero luego de tomar resolución pude hacerlo.
Al ver al niño desprotegido yo sabía lo que le esperaba, su dolor no tendría comparación alguna, un pobre niño de 5 años abandonado en la calle, su destino era posiblemente la muerte y si lograba zafar de esta, el camino que seguía seria cruel.
– ¿Qué hare contigo? – Murmure.
Sabía que ese niño estaba destino a sufrir, por lo cual me arme de valor, y puse mi mano en su cuello detrás de su cabeza.
Luego de observar al pequeño unas lágrimas comenzaron a caer de mi rostro, pero fui valiente y seguí adelante con mi decisión.
Mande una descarga eléctrica de alta potencia para asegurarme de acabar con el de un solo golpe y que pudiera descansar junto a su madre.
La noche termino y regrese al sitio donde estaba.
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