Generación Z: El despertar - Capitulo 8
Prólogos: La bella y la bestia (parte 1)
Año 2005, Buenos Aires, Argentina.
– Vamos Ágata, no te quedes atrás, mira que tu papá nos dejara aquí.
Siempre tengo presentes los recuerdos de mi familia, éramos cinco en total, mis dos hermanos mayores, mi mamá y mi papá, disfrutaba mucho esta ciudad, pero bueno era una niña sin preocupaciones, mi familia era bastante acomodada, mi papá un banquero exitoso tenía varios negocios de los que siempre alardeaba, en resumen, podía tener la vida que quisiera, pero claro mi historia dio una vuelta en 180º.
Pasábamos incontables momentos de felicidad junto con mi familia, comíamos en locales, paseábamos en auto, bicicleta, a pie, día tras día, en esos tiempos de verano.
Pero todo cambio una noche calurosa de verano, nos quedábamos en nuestra casa apartada cerca de la playa, al poco tiempo después de que pasó todo, supe la razón.
Resulta que mi papá era un evolucionado, recibió su despertar a los 18 años y lo uso para prosperar en las finanzas, él era capaz de leer la mente de las personas, por eso fue capaz de ocultarse muy bien durante mucho tiempo, pero los ángeles y demonios son seres que no conocen la palabra rendirse, por mucho que corriéramos de país en país, ellos siempre tendrían alguna pista, como si dejara un rastro.
Esa noche mis hermanos jugaban a las cartas en la sala principal, mientras yo jugaba con mis muñecas cuando de pronto todo cambio.
Esa es la sed de sangre de los demonios, a diferencia de los ángeles que no pueden reproducirse, los demonios pueden tener “hijos”, no viven mucho pero son eficaces perros de caza, devoran todo su paso para luego retornar a su amo.
Mi padre asustado nos reunió a todos en la habitación principal, mi madre estaba en la cama llorando de angustia, no sabía cómo reaccionar, para cualquier persona hubiera sido una escena de película de terror, donde una manta de niebla color sangre brilla tenuemente en todos lados, se escuchan gritos horribles en todas direcciones, es como si quedaras atrapado en otra dimensión.
Cuando sentí la puerta principal ser destruida y las ventanas explotando, fue cuando lo peor sucedió, la puerta se abrió de golpe y un ser repugnante, un demonio, apareció y desgarro desde su base el brazo de mi hermano, mi papá con un impulso me metió dentro del guarda ropa, cuando me di vuelta pude ver como voló la cabeza de mi mamá cerca de la ranura que me permitía ver toda esa horrible secuencia, ya no quería ver más pero al tratar se cerrar mis ojos, podía ver todo con claridad, aunque no mirara en esa dirección las imágenes seguían viniendo a mi cabeza, quede muda del impacto de ver a mi hermanos y mamá ser comidos pieza por pieza, pero me sorprendí más cuando comenzaron a destrozar con sus garras el cuerpo de mi papá, las paredes se impregnaban de sangre, era una escena tremenda que ningún ser humano podría soportar.
Mientras mi papá estaba siendo destrozado, entro un ser parecido a un humano pero con cabeza de león, su melena de color negro es intimidante para cualquiera que se atreva a mirar.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo cuando me atravesaron esos ojos negros, parecían que te tragaban si los mirabas solo por un segundo más, abrió las puertas de mi escondite pero cuando me vio, todo la destrucción que habían dejado esos monstruos se había acabado, volvieron a su ser como niebla espesa de color sangre.
֎֎֎
¿Donde estoy?, lo último que me acuerdo es que me desmaye en la habitación luego de todo lo que sucedió, solo a mis cinco años de edad había pasado por esta terrible tragedia, pero aún quedaba más.
Recuerdo escuchar ruidos extraños y gritos de personas por todas partes, parecía túnel que tenía muchas salidas, parecido a un panal.
Era arrastrada por el demonio con cabeza de león, el ato unas cadenas a mis manos y me llevaba arrastrando por ese túnel, no había ninguna luz en el túnel, pero era extrañamente fácil de ver, era como si los muros emitieran una luz azul tenue.
Mientras avanzábamos podía ver partes de seres humanos por todos lados, sangre escurría de las paredes, era algo terrible, ese es el temido infierno, un lugar que no se encuentra en ningún lado, pero se asume que está bajo tierra, es un abismo en el que una vez que entras no vuelves a salir.
Cuando llegabas a un área designada, el corto mis cadenas, ya era libre para moverme, pero mi cuerpo estaba tan maltratado que me era imposible moverme, me las arregle para quedar de cuclillas frente a lo que parecía un altar de piedra, al final del altar se podía ver una criatura con forma humana, y bajo ella un intestino de color negro que recorría gran parte del altar.
– Mi señor, he traído un despertado. –
– Es pequeño, espero que no se rompa pronto. –
– Queda a su entera disposición, ahora si me permite retirarme. –
– Espera, paso mucho tiempo desde que me trajiste algo, te estas volviendo lento Ariel, puede que tengas que traerme algo más estos días, si no, tengo pensado consumirte. –
– Mi señor, are lo posible por servirle, si aun así no lo logro, quedo a su disposición. –
– Puedes retirarte. –
Una vez terminaron de hablar el demonio en el altar, se acercó a mí, en el lugar donde se encontraba.
– ¿Sabes dónde estás? –
Me pregunto como si una niña de cinco años fuera a responder, aún tengo horribles pesadillas de ese lugar.
– No importa si no respondes, igualmente no pasaras de hoy, primero serás torturada, luego ocupare tu cráneo para decorar la puerta de entrada, no muchas veces soy capaz de masacrar a un despertado, considéralo un honor.
En ese momento, yo no existía, mi cuerpo no respondía, mi mirada estaba perdida y la última esperanza de vida me fue quitada mientras era arrastrada hasta acá.
Mi vida hubiera sido increíblemente corta si no fuera por él.
֎֎֎