La Guerra de las Flores - La Guerra de las Flores - Capítulo 3 - Zona de Guerra
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Capítulo 3 Zona de guerra
-Mi nombre es Avidya – se presentó ante el dúo – Provengo de la Academia del Sol y soy un humilde mago de primer rango de Fuego. Espero que nos llevemos bien – concluyó con una ligera reverencia.
Nelo asintió en reconocimiento y Drian imitó la acción con algo de rigidez.
Quizás Nelo notó algo raro en Drian o solo quería ser educado, pero después de presentarse él mismo, también presentó a Drian a continuación.
-Ten cuidado Avidya – aconsejo Nelo – Recuerda que no se permite hablar de la fe de uno dentro del campamento. Aunque no me molesta personalmente, si otros te oyen puedes pasar unos días confinado por ignorar las leyes -.
-Gracias Nelo, por recordarmelo – respondió – Si no te molesta… ¿Cual es tu fe? – preguntó con aparente curiosidad por saber más de sus nuevos compañeros.
A Nelo no le importó la pregunta.
-Mi fe esta con el Templo Oceánico – La mayoría de los magos que practicaban algún tipo de religión o fe solían heredar las creencias de sus predecesores o bien empezaban a creer usando como base su elemento de afinidad, interpretandolo como una señal del destino. Y precisamente el Templo Oceánico era una de las cuatro grandes religiones, preferida por los magos de Agua.
Avidya asintió en comprensión y volteó su mirada hacia Drian, planteando la misma pregunta tácita con su expresión.
-…Yo no creo en nada de eso- se limitó a decir de forma seca y clara.
La mención de Avidya había despertado recuerdos amargos y cualquier humor que tenía se hundió como el plomo.
La mirada de Avidya destello por un instante con lástima, como si viera un cordero solo y perdido en medio de un bosque con tormenta y granizo, antes de ser borrada como si no hubiera pasado nada.
-Disculpad, no debería haber preguntado – indicó con las manos – ¿Ya escogisteis cama? – preguntó.
Nelo asintió.
-Todas son lo mismo, la única que tendrá que ampliarse un poco es la mía, pero no creo que tenga problemas al pedirlo, deberían entender mi problema… – dijo repitiendo la explicación que anteriormente le había dado a Drian.
Aprovechando que tanto Nelo como Avidya estaban hablando entre ellos, Drian vió la oportunidad para marcharse.
-Saldré a dar una vuelta para familiarizarme con el campamento, nos vemos después de la cena – dijo antes de esfumarse tras la cortina de la entrada que llevaba al exterior.
Dentro de la campaña, Nelo y Avidya miraron cómo se iba su compañero.
-…¿He hecho algo mal?- preguntó confundido Avidya.
-Mmm… – pensó desconcertado Nelo – No, ¡Creo que necesitaba ir con urgencia al baño!- concluyó.
-…- Avidya lo pensó como una posibilidad.
Si, de hecho esa prisa no era normal…
–Fuera de la tienda–
El hecho de tener un creyente de los Tres Dioses en la misma unidad y tienda que él, puso de un humor de perros a Drian, pero solo podía andar esperando que se le pasara el disgusto. Dado que el campamento funcionaba en su mayoría a base de méritos militares, no podía hacer como en el pasado y alquilar una cámara de entrenamiento para desahogarse.
Dado que no tenía ningún mérito con él como recién llegado, su primera parada fue el tablón de misiones publicadas en la salida más cercana que encontró. Es tablón estaba vació, dado que hasta que mañana no empezaban oficialmente a estar reclutados. A pesar de ello, mucha gente se acercó sólo para leer algunas aclaraciones que habían colgado en el tablón.
Una explicación que sacó de dudas a los presentes, fue la aclaración respecto a las misiones de asesinato.
Dado lo serio que era matar a otro mago en público de forma abierta, muchos de ellos estaban confundidos respecto al hecho de que anunciaran que existían misiones de este tipo. Cuando ahora leyeron a que se refieren con “asesinato”, muchos asintieron en comprensión.
Los objetivos a matar no eran los magos rivales, sino las bestias que los acompañaban. Los magos de Vestaar criaban de forma temprana criaturas que los acompañaban en batalla, por lo que eliminar a estas criaturas, causaba una seria debilitación del enemigo, ya que no podían reemplazar con facilidad ni con rapidez sus criaturas. Se trataba de un proceso largo.
Muchos de ellos se retirarían de la batalla en cuanto se encontrasen solos, ya que una parte de su tiempo fue invertido en entrenar y coordinarse con las criaturas. Se volvían más peligrosos juntos, pero más débiles solos.
Al lado del tablón donde se colgarian las misiones, había un gran mapa que representaba la zona del conflicto, ubicado allí para que los magos tuvieran una referencia de en qué dirección ir o tener una estimación aproximada de la distancia que podría requerirse para una misión. El mapa era ligeramente distinto del que Drian había observado con anterioridad, así que trató de centrarse en tener una idea general de la zona.
A causa de la geografía montañosa que rodeaba el río, los campamentos de ambos reinos habían sido forzados a ser erigidos a varios kilómetros río arriba. Como tal, el frente de cada campamento era territorio aliado mientras que la zona central y el trecho largo que bajaba hasta la isla de las flores, eran la zona de conflicto.
Drian se tomó varios minutos para tratar de imprimir esta reciente versión del mapa en su cabeza. No se molestó en aprender todos los detalles, se centró en memorizar la zona aproximada donde podía empezar a encontrarse con los magos de Vestaar, algunos puestos de avanzada y varias rutas. Era consciente de que no podría aprenderlo todo, así que empezó por esos puntos y posteriormente, crearía un mapa de guerra en su [Madriguera Secreta] que iría completando con el paso de los días.
Abandonó la zona y recorrió el resto del campamento, familiarizándose con este.
Fue testigo de cómo más grupos de magos ingresaban al campamento, antes de recibir las mismas instrucciones que había recibido el suyo. A medida que más y más personas llegaban, la construcción del campamento se aceleraba. Cuando pasó por los almacenes de suministros, pudo ver a Marcus gritando al personal para organizar el constante flujo de cajas que entraban. Marcus lo vió tambien y solo se detuvo un instante para saludarlo, antes de darse la vuelta y volver a dar gritos con órdenes.
Claramente se encontraba demasiado ocupado como para reunirse, pero no le preocupaba demasiado. Sabiendo que estaba allí, tarde o temprano se verían de nuevo.
Por otro lado, no pudo acercarse a las carpas médicas ni a los laboratorios. Los vigilantes argumentaron que los magos sanadores y los alquimistas se encontraban en medio de docenas de procesamientos y preparaciones, interrumpirlos ahora no era una buena idea.
Y nadie quería enfadar a alguien de los grupos que podía llegar a salvarle la vida.
Sin más remedio, tuvo que dar media vuelta y observar otro lugares.
Varios sitios estaban cerrados para prepararse para el día siguiente, pero mientras caminaba por los distintos lugares, no terminó con las manos vacías. Entre comentarios casuales, rumores, cotilleos y varias conversaciones que escuchó, recopiló información sobre algo muy interesante.
Información sobre el mago de cuarto rango a cargo del campamento y de la guerra.