La Guerra de las Flores - La Guerra de las Flores - Capítulo 4 - Labios de luto
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Capítulo 4 Labios de luto
Aunque de todo lo que escuchó durante el día no estaba seguro de algunas cosas, sí pudo confirmar la veracidad de algunos de los comentarios gracias a su similitud con el contenido hablado de otras personas.
La máxima autoridad del campamento resultó ser una maga de cuarto rango de Agua.
Su nombre era Rocío Crelda, era una maga de Agua que gozaba de cierta fama a causa de su excepcional talento con las magias centradas en el hielo. Aquiro siempre había sido un reino donde los magos de Agua abundaban por encima del resto, por lo que dentro de sus fronteras los recursos de Agua eran más abundantes que cualquier otro elemento de los dos elementos.
Dicha maga había ingresado a la misma edad que el resto de compañeros de su generación en la Academia del Lago y en menos de diez años, logró avanzar hasta alcanzar el tercer rango. Dado su implacable avance, el hecho de que mostró talento en materias militares y un potencial futuro asombroso, resultó en que incluso algunos de los reinos vecinos le extendieran cartas de invitación.
Pero la familia real de Aquiro fue un paso por delante.
Nadie tiene claro los detalles exactos, pero lograron llegar a un acuerdo con ella de algún modo. Se comprometieron a proporcionarle la asistencia necesaria para impulsar un avance a cuarto rango y a cambio ella aceptó permanecer en el reino y defenderlo. Tras varios años, el reino logró cumplir su palabra y la maga logró avanzar con éxito a cuarto rango.
Pero desde entonces, su progreso se fue ralentizando y quedó atrapada a medio camino del quinto rango.
Tras eso, empezaron a correr rumores de que había agotado todo su talento después del último avance.
Pasó el tiempo y apenas mostró signos de mejora, causando que lentamente el mundo dejará de prestar atención a una estrella que dejó de brillar.
A pesar de ello, el reino de Aquiro la continuó apoyando. Después de todo, una maga de cuarto rango ya era un poder disuasorio a tener en cuenta para los reinos vecinos y una valiosa aliada.
En cuanto a su carácter, su reputación era algo ambigua. No le gustaba ser molestada por pequeños problemas y prefería centrarse en la magia o campos de batalla que aparecer en reuniones sociales, lo que causaba que su presencia en estas fuera muy esporádica y rara. Las lenguas hablaban de que a pesar de una aparente actitud infantil y egoísta, no era arrogante ni de mente estrecha. Recompensaba a quien lo merecía y castigaba a quien consideraba que lo merecía, todo según su propio criterio.
Lo que nadie negaba eran los rumores y elogios de su belleza.
El blanco, azul y dorado eran los colores que siempre la rodeaban.
Poseía un largo pelo azul claro celeste que ataba en cola de caballo con una cuerda de oro. Tanto sus ojos como el color del maquillaje que los rodeaban eran de un azul más oscuro y prístino. Lucía en sus orejas pendientes tan hermosos que parecían hechos de hielo y sus uñas siempre mostraban un color azulado pálido. Su túnica parecía estar hecha de seda de los Gusanos glaciares, que poseía no sólo un alto grado de tolerancia al frío, sino que su blancura y suavidad se decía que nunca desaparecerá. Delgadas pulseras de oro descansaban en sus muñecas y delicados collares dorados colgaban de su blanco cuello alto.
Solo había un punto de incertidumbre para todos y se encontraba en sus labios.
En el labio inferior, únicamente en la parte central, una delgada capa de pintalabios de color turquesa existía siempre.
Hace milenios que las mujeres adoptaron la costumbre en todos los reinos de pintar los labios con sus colores favoritos para mostrar y dar a conocer ciertos sucesos alegres.
Para empezar, las niñas no se pintaban los labios hasta su primer amor. Cuando la pareja entraba en una relación seria, la mujer pintaba su labio inferior por completo, dando a entender que ya tenía un amado en su corazón. Si todo iba bien, la pareja terminaría casándose y durante la boda se pintaria ambos labios, representando la unión de las dos partes. Después de la boda, la esposa se pintaría la parte central del labio superior hasta que diera a luz a un bebé, momento a partir del cual se pintaría todo el labio superior para mostrar con orgullo que había sido madre.
Todo esto se había convertido en una tradición hermosa, popular y feliz.
Siempre había ilusiones y discusiones sobre los mejores colores, hasta había negocios que se dedicaban únicamente a conseguir las mejores mixturas, resultando en algunas marcas de cierto renombre.
Pero, había una excepción. Si alguna mujer se pintaba únicamente la parte central del labio inferior, solo podía significar una cosa. Se encontraba de luto por su amor perdido.
Tal situación era extremadamente sensible.
Había ocasiones en las cuales pasaban meses antes de que la mujer decidiera dejar de pintarse el labio de este modo, demostrando haber superado el luto y encontrarse preparada para una nueva oportunidad. Pero también había mujeres que por fidelidad, dolor o tristeza, nunca dejaron de llevar la marca hasta que dia que fallecieron en soledad.
Y la incertidumbre era que nadie sabia quien era su amado perdido.
Las escasas personas que se atrevieron a preguntar al respecto, de un modo más o menos discreto, terminaron todas convertidas en estatuas de hielo antes de que se dieran cuenta.
Solo se supo con seguridad que hasta hace seis años, aún no tenía esa marca.