Proyecto Estigma: Orígenes - Capitulo 3 parte 1
Capítulo III “La hacedora de viudas”
Una ciudad cubierta por fuego se veía a lo lejos desde una pequeña loma por los ojos de una niña de cabello negro, los gritos desesperados de la gente inundaban aquella noche y el olor a carne quemada se sentía a varios kilómetros de distancia. El vestido blanco de aquella chica estaba cubierto de sangre, sus pies desnudos tocaban la hierba aliviando las cortadas en su superficie, en su mano derecha se tambaleaba un cuchillo de cocina cubierto de ese espeso líquido rojo. Su rostro se mostraba pasmado ante la horripilante escena frente a ella, sin embargo, sus labios dibujaron una sonrisa al ver cómo a lo lejos una pareja corría hacia ella, el tizne cubría su piel y sus ropas, ambos se detuvieron frente a la chica jadeando y asustados.
-Hola pequeña, ¿estás bien? – preguntó el hombre.
-Pobre chica, mira toda esa sangre, ¿dónde están tus padres? –
La niña mantuvo silencio y se acercó al hombre ocultando el arma a sus espaldas, este se dispuso a levantarle del suelo, pero aturdido notó cómo el rostro de la pequeña se llenaba de sangre, su propia sangre; el hombre puso sus manos sobre el corte en su cuello, sin embargo, era tan profundo que su sangre saltaba sobre su ejecutora. Un grito de pavor salió de la mujer quien trató de ayudar a su esposo.
– ¡No! resiste, por favor resiste. –
El hombre trataba de hablarle a su mujer, pero solo pudo dejar escapar un grito sordo al ver como una hoja metálica atravesaba el cráneo de su amada desde atrás terminando por salir en su ojo, la niña se asomó detrás de su cabeza aun sosteniendo el cuchillo.
– ¿Alguna vez le habías visto desde adentro? – una sonrisa macabra se plasmó en su rostro.
-Mal… mal… dita. –
-Dicen que los ojos son la ventana del alma, ¿Quiere decir que si lo sacamos podrás ver la suya? –
Las manos del hombre soltaron su cuello para tratar alcanzar el cuerpo de su esposa que caía luego de que el arma saliera de su cabeza, no obstante, solo sintió como su fuerza le abandonó y terminó por desplomarse.
– ¿Ahora ves su alma? – Preguntó la niña mientras levantaba la cabeza sin vida de la mujer y observaba por el agujero.
-Te… te matare. –
-Eso ya lo he escuchado antes. –
El pie derecho de la muchacha se posó sobre el rostro del individuo.
-Ustedes eran como mis padres… fingiendo preocuparse por los demás, pero al final son escorias que solo ayudan mientras les convenga o para sentirse bien consigo mismos. –
El sujeto cerró sus ojos dejando escapar su último aliento, mientras tanto los gritos a lo lejos cesaron. La pequeña tomó los zapatos de la mujer y comenzó a caminar con dificultad hacia las llamas del pueblo, de su boca comenzó a salir un pequeño tarareo mientras daba sus torpes pasos y zarandeaba el arma aún manchada de sangre. Finalmente se detuvo a unos metros de la entrada, desde ese lugar el calor ya empezaba a ser insoportable, el olor era nauseabundo y la madera de las casas cedía dejando ver cómo se desmoronaban y quedaban en cenizas. Las horas pasaron y el cielo se llenó de nubes, en cuestión de un instante un aguacero cayó sobre ella dando como resultado que el pueblo empezará a apagarse.
Un aire de felicidad salió de la chica, esta comenzó a bailar bajo la lluvia mientras seguía tarareando con fuerza su extraña melodía, el fuego se extinguía con rapidez y aprovechando esto la pequeña ingresó en aquel lugar. Todo a su alrededor estaba en ruinas y varios cadáveres incinerados se encontraban esparcidos por las calles, puertas y ventanas del pueblo. Luego de un rato de caminata, esta se detuvo frente a las ruinas de una pequeña casa que estaba en un estado deplorable, sin embargo, aún mantenía gran parte de su estructura en pie y luego de pensarlo un rato decidió entrar. En medio de la casa se encontraba una mesa en cuyas sillas se veían dos cadáveres totalmente quemados, la niña se acercó a uno de ellos y le susurro con una sonrisa.
-Hice lo que querías madre, todos ardieron por sus pecados. –
Suavemente, la niña besó el cráneo tiznado de uno de los cadáveres, sus labios se ennegrecieron con la ceniza mientras pedazos de este caían al suelo, el olor era nauseabundo, pero ella recorría las ruinas sin siquiera hacer un gesto de desagrado, al contrario, en su mirada se veía felicidad y una sonrisa macabra se dibujaba en sus labios. Luego de un rato de revisar entre los escombros encontró los restos de lo que antes parecía ser un conejo de peluche, una de sus orejas estaba completamente quemada, sus ojos de botones habían salido ilesos al igual que su abdomen, pero sus extremidades estaban muy dañadas. La pequeña lo tomó y lo abrazó llena de euforia y luego se recostó al lado de los cadáveres hasta que se quedó dormida.
El sonido de motores se escuchó a lo lejos, una horda de vehículos militares se estaba acercando al pueblo, soldados comenzaron a recorrer cada lugar en busca de supervivientes, sin embargo, sólo podían ver horrorizados la escena macabra de todos aquellos que en su intento de escapar quedaron atrapados entre las llamas. Un hombre alto con traje de coronel caminó hacia la casa en la que se encontraba la pequeña y al entrar se encontró con ésta aun descansando en el suelo, antes de despertarle notó su vestido lleno de sangre y su sonrisa en el rostro, lentamente sacó su arma y le apuntó directo a su cabeza mientras la chica abría sus ojos.
-Dame una razón para no volarte los sesos, pequeña. –
La chiquilla lanzó un bostezo y se acarició los párpados mientras unas lágrimas salieron de sus ojos, sin embargo, estas no eran lágrimas causadas por la tristeza o el miedo, sino por la acción que se llevaba a cabo.
-No te importa lo que pasó aquí, solo finges para mantener un estereotipo con tus soldados. –
El hombre quedó en silencio y sintió como un pequeño escalofrío pasó por su nuca.
– ¿Crees que no dispararé? –
– Lo que harás o no, no depende de mis acciones actuales sino de lo que consideres conveniente. –
La niña se levantó y puso su frente sobre el cañón de la pistola.
-No te ves asqueado o molesto por lo que sucedió aquí, es más, no te importa. –
– ¿Por qué afirmas todo como si supieras que pienso? –
-Se ve en sus ojos señor, usted ha visto la muerte y la ha disfrutado como yo. –
El hombre fue interrumpido por los pasos de varios de sus hombres que se acercaban a su posición, lentamente guardó su arma y enfocó su mirada nuevamente en la niña.
– ¿Tienes habilidades especiales? –
La pequeña se río levemente.
-No es difícil distinguir a una persona solo por su mirada, por más que laves tu cara… el sufrimiento, la muerte y la ira siempre quedarán marcados. –
El hombre se quitó su chaqueta y cubrió a la niña evitando que la sangre que le ensuciaba pudiese ser vista, sacó un pañuelo y comenzó a limpiarle la cara mientras uno de sus soldados entraba en la casa.
-Señor, no hemos encontrado sobrevi… oh una niña, ¿está bien? –
-Lo está, sigan buscando, yo me encargo de la pequeña. –
El soldado sostuvo su mano en la cabeza y respondió afirmativamente a la orden, cuando se disponía a darse la vuelta vio como las manos de la pequeña aún mostraban rastros de sangre y como los ojos de esta estaban viéndole fijamente, con tal frialdad que su espalda sintió un choque eléctrico recorriendo su médula.
– ¿Qué espera soldado? – respondió el comandante.
-Na… nada señor, discúlpeme. –
El hombre salió corriendo de la habitación mientras los pensamientos en su cabeza daban vueltas respecto a las manos de la pequeña y más aún, a su mirada. Un momento fúnebre se apoderó de aquella casa en ruinas, las miradas de ambos personajes chocaban con la fuerza de un vendaval. Prácticamente la tensión era palpable y se combinaba con el olor nauseabundo de aquella cocina. Esta vez quien rompió el hielo fue la pequeña.
– ¿Ahora me matará? –
-No por ahora… hay muchas cosas que quiero saber y matándote no podré contestarlas. –
– ¿Por qué querría contestar tus preguntas? –
-Yo contestaría las tuyas. –
-Trato hecho. – los labios de la infanta mostraron una sonrisa de felicidad.
-Acompáñame, salgamos de este lugar. –
La pequeña asintió y juntos salieron de la casa, el hombre la cargó en brazos y gritó a sus hombres cercanos que había encontrado una superviviente. Acto seguido caminó hacia a las afueras del pueblo mientras algunos soldados preguntaron si requería ayuda con ella, sin embargo, este solo les ordenó que continuaran la búsqueda y finalmente se alejó. Algunas preguntas simples salieron del uno al otro, sin embargo, nada relevante al hecho ocurrido en aquel lugar, ¿te gusta el olor de las flores?, ¿cuál es tu animal favorito?, ¿por qué el cielo era azul?, fueron algunos de los cuestionamientos que hizo la pequeña. ¿Cuántos años tienes?, ¿cuál es tu color favorito?, fueron algunas del comandante. Parecían estar fingiendo alguna clase de empatía, pero sus miradas seguían frías y serias.
Grandes aves de rapiña rodeaban los cielos esperando una oportunidad para saciarse de la carne rostizada de los cadáveres, varios soldados habían vuelto a los puntos de llegada, enfermos e impresionados de las escenas crueles que se dibujaban en cada rincón del pueblo carbonizado. El hombre dejó a la pequeña en el asiento trasero y mientras le aseguraba usando el cinturón, esta notó como el soldado que los había visto antes estaba a unos metros observándose de manera discreta, pero un poco aterrada.
-Él lo sabe. – le susurró al oído mientras fingía abrazarlo.
-No hará nada, es un buen soldado, pero no es idiota. –
-Solo en los momentos de mayor temor es cuando se ve como una rata hace lo que sea para escapar. – Respondió la chica acomodándose de nuevo en la silla.
– ¿Dónde aprendiste todo eso? –
-Mi madre me lo enseñó. –
– ¿Quién es tu madre? –
-El cadáver más pequeño en mi cocina. – sonrió.
– ¿Por qué le mataste? –
Una expresión de ira se dibujó en el rostro de la muchacha por primera vez, sus ojos se desorbitaron y unas lágrimas se asomaron. El hombre impresionado retrocedió un poco por seguridad mientras todos los soldados presentes giraron sus miradas ante el grito desenfrenado de la pequeña.
– ¿Qué crees?, no soy un monstruo, ¡Yo no le mate!, ¡Era mi madre! –
-Cálmate… estás llamando la atención. ¡Todos ustedes, déjenme a solas con ella y sigan buscando pistas y recogiendo los cadáveres! –
– ¡Señor, sí señor! – respondieron al unísono. –
La niña se mordió el labio con ira y luego de un suspiro regresó su expresión a su forma inicial sin retirar la mirada del soldado que se alejaba aun viéndole.
-No hables de mi madre, ese tema está prohibido. –
– ¿Mataste a todos los demás? –
-El fuego lo hizo, yo solo me aseguré de que fuera posible y que ninguno escapara… ella ya había fallecido… –
– ¿Buscas una excusa para decir que tus manos no se ensuciaron? –
-Para nada, dos de ellos si fueron asesinados por mí, los demás solo a causa de mis actos. Son dos cosas diferentes. –
– ¿Dos de ellos? –
– A las afueras del pueblo encontrarás sus cadáveres. –
– ¿Por qué lo hiciste? –
– ¿Acaso importa la razón?, ellos merecían lo que les pasó y nadie llorará sus pérdidas. –
-Me pones en una posición difícil, tengo que arrestarte y por una masacre como esta no sería raro que tuvieras pena de muerte. –
-Dudo que me entregues… sino ¿por qué esconder lo que pasó a tus hombres? –
-Digamos que me generaste interés respecto a lo que dijiste sobre mí y mirada. –
-Sobre eso… es mi turno de preguntar, ¿de verdad no te causa sufrimiento lo que paso aquí? –
– En efecto, me tiene sin cuidado… para un soldado que ha vivido la guerra de cerca, la muerte deja de ser un miedo y se convierte en tu aliada, con el tiempo deja de sorprenderte y te acostumbras a la escena en la que la vida acaba para muchos. –
– ¿Quiere decir que la guerra forjó tu pensamiento actual? –
-Solo parte de él, en su mayoría lo ha hecho la misma humanidad. –
El hombre miró hacia el cielo y se recostó sobre la puerta del Jeep, luego de esto prosiguió.
-Podría decirse que somos ovejas descarriadas y necesitamos alguien que nos encamine a nuestro corral, nuestros conocimientos sobre el universo han aumentado, pero, aunque podríamos decir que somos más sabios… yo diría que solo nos volvimos más estúpidos. –
– ¿Entonces odias nuestra raza? –
-No lo definiría como odio… sería algo más como asco. –
– ¿Yo te doy asco? –
-Digamos que estoy confundido… tu manera de pensar es similar a la mía en ciertos aspectos, sin embargo, al no saber la razón por la cual murieron estas personas, no podría decidir que tanto nos parecemos. –
-Éramos los más pobres de este sitio, mi madre trabajaba arduamente para traer comida a casa, mi padre por otro lado solo bebía y robaba dinero de mi madre para satisfacer sus otros vicios. Mi madre le amaba tanto que era ciega a sus acciones, no le importaba nada con tal de tenerlo a su lado, sin embargo, cuando lo descubrió fornicando con una de sus mejores amigas perdió la cabeza… ella fue humillada, maltratada y aborrecida por todo el pueblo, pese a todo, fue amable, atenta y muy buena compañera. –
El hombre giró a ver a la niña.
-Era una estúpida, por más que se lo decía no me escuchaba, cuando descubrió el engaño de mi padre, pensé que despertaría de una vez, sin embargo, solo lo ignoró y continuó aguantando toda esa basura por él, hasta que finalmente él se aburrió y usando una borrachera como excusa, formó una pelea en la que el lindo cuchillo de cocina que adornaba la pared terminó clavado en la espalda de aquella imbécil. –
El hombre quiso decir algo, pero la expresión de odio y desprecio que se formó en el rostro de la pequeña lo detuvo.
-Sus palabras finales fueron patéticas, “oh… yo te amaba, ¿por qué me hiciste esto?”, era mi madre y por encima de todas las cosas malas que hizo, yo le adoraba, sin embargo, tenía sesos de bambú. –
-Entonces mataste a tu padre. –
-Quise hacerlo, pero el karma lo golpeó directo en la nuca… literalmente. –
– ¿A qué te refieres? –
-Asustado por lo que había hecho trató de ir hacia mí, sin embargo, se tropezó con su propia botella y su cuello golpeó contra el borde de las escaleras. Murió instantáneamente el muy hijo de puta. –
Una leve risa salió del hombre al escuchar esa parte de la historia, la pequeña clavó su mirada en él como si fuese un puñal, sin embargo, un momento después la risa se apoderó de sí misma y ambos explotaron en carcajadas.