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Proyecto Estigma: Orígenes - Capitulo 3 Parte 2

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-Lo lamento, no quería reírme… pero. –

-No hay problema, es patético… lo sé, pero todos los demás pagaron caro y lo que no pude hacerle sufrir a él, se los hice sufrir a ellos. –

-Aun no entiendo qué hicieron para ganarse tu odio, ¿todos ellos hicieron algo malo? –

-Es una larga historia… –

– ¿Cómo lograste hacer que ninguno huyera de tu plan? –

-Los drogué, usé una planta del bosque qué causa un estado de letargo muy fuerte en poco tiempo. Todos tenían la costumbre de comer a la misma hora, todos los días… decían que era una manera de unificar al pueblo, finalmente esa costumbre fue lo que me dio la mejor oportunidad de dejarlos a todos desarmados. –

-Es bastante inusual ver cómo una niña de tu edad tiene ideas tan concretas y avanzadas. –

-Para alguien que jamás ha tenido una zona de confort, es simple ocupar su mente en otras cosas. –

-Hay algo de ti que me agrada, tus habilidades pueden ser mejoradas, ¿quieres matar para mí? –

– ¿Por qué mataría para alguien diferente a mí misma? –

-Te diré la razón por la cual no disparé, la razón por la cual me encuentro charlando contigo y mintiendo a mis hombres, debería tenerte amarrada y lista para llevar ante un juez por lo que hiciste, sin embargo, creo que personas como tú me dan más confianza, necesito personas como tú para lograr mi cometido. –

La chica le miró extrañada y antes de poder decir algo el hombre continuó.

-Tus sentimientos han sido rotos en pequeños pedazos creando una inmunidad a la debilidad del cariño, el ser humano tiende a dudar en los momentos en los que ponen frente a él aquello que quiere de verdad. Tú ya no quieres nada… ni a nadie, para lograr mi cometido necesito personas que no tengan miedo de pasar por encima de aquellos que intenten detenernos, personas como tú. –

Una leve risa salió de la chica y con un tono irónico procedió a preguntar.

– ¿Qué es aquello que se supone quieres lograr? –

-Una purga… –

– ¿De qué hablas? –

-La única manera de que el ser humano salga del camino asqueroso y maloliente que está tomando… es erradicar toda la plaga que solo desea el bien propio. Hay un proyecto secreto en el cual están tratando con algo que puede brindarles habilidades sobrehumanas a ciertas personas, el fin del proyecto es crear un nuevo orden mundial en el cual el controlador de dicho poder sea quien reine, usaré ese proyecto como camuflaje para castigar a los impuros y para controlar a los indeseados. –

– ¿Por qué te importa lo que suceda con la raza humana? –

-Somos humanos… y nosotros hemos visto lo que la peor parte de nuestra especie puede hacer, deseo evitar que alguien tenga que pasar de nuevo por el sufrimiento o el dolor causado por alguien que se quiera creer superior. Crearé una nueva humanidad en donde todos tengan su lugar y en donde la corrupción sea castigada con muerte. –

-Un hombre que ha visto la muerte tantas veces… con un ideal tan estúpido, creo que me has hecho sentir enferma. –

-Supongo que en tu enorme sabiduría solo los matarías a todos. – respondió con un tono algo molesto.

-Solo a aquel que trate de quitarme mi libertad, me tiene sin cuidado que hagan las ratas con sus vidas. –

– ¿Entonces es un no a mi propuesta? –

-En efecto, no me interesa tu estúpida idea…-

Un estruendo hizo eco en la zona, el sonido limpio de una bala que acababa de incrustarse en la pierna izquierda de la joven, un grito de dolor llamó la atención de varios de los soldados dentro del pueblo, sin embargo, estos solo lo ignoraron y continuaron buscando en los escombros del pueblo.

– ¿Qué demonios te pasa? – exclamó la chica mientras sostenía su pierna con fuerza evitando que la sangre siguiese saliendo sin control.

-Ya te lo dije, me pareciste interesante… pero si no me vas a servir solo serás un número más en mi informe de bajas. –

-Tus soldados no dejarían pasar esto, gritaré con fuerza y el soldado que sospecha de mí vendrá. –

– ¿En verdad crees qué estaba nervioso por ti? –

El hombre preparó su arma nuevamente y esta vez apuntó al cráneo de la joven, sus ojos cambiaron de expresión drásticamente, el ambiente se tornó denso, el sonido del metal deslizándose para retirar el seguro de la pistola creó un nudo en la garganta de la pequeña, sin embargo, en vez de mostrar miedo, una carcajada ruidosa salió de su boca, lentamente haló el cañón hasta sus dientes mientras balbuceaba frases inentendibles.

– ¿Esas son tus últimas palabras? –

Lentamente sacó el objeto metálico de su boca y miró fijamente al general mientras sonreía.

-Será un placer trabajar con usted, maldito enfermo desquiciado. –

-Un gusto mocosa, mi nombre es Demian Fuhr Christiani. ¿Cómo te llamas? –

-Rebecca… Rebecca Bonzkewitzz. –

-Interesante nombre, me gusta cómo suena, Rebecca… Rebecca… Rebecca… Rebecca… –

El eco de su nombre retumbó en su cabeza, todo a su alrededor empezó a dar vueltas y a distorsionarse hasta el punto de convertirse en una imagen turbia y oscura, sus ojos comenzaron a abrirse lentamente dejando ver el rostro de un soldado sobre ella.

– ¡Oh señorita Rebecca!, pensé que no despertara. –

– ¿Qué demonios pasó? –

-Una bala se introdujo en su tórax, quedó inconsciente varias horas comandante, pero está a salvo, ya nos encontramos en el jet rumbo a la base. –

Un dolor agudo evitó que la mujer se levantara de la camilla en la que se encontraba, unos vendajes cubrían la zona de la herida y una mancha de sangre indicaba el lugar afectado, su mano apretó el tórax con la intención de dominar la punzada que le mantenía inmóvil, sin embargo, esto solo causó que gotas de sudor frío bajarán por su frente y que un chispazo corriera sus huesos casi causando que su estado de inconsciencia volviera de golpe. El soldado trató de calmarla y mantenerla estática, pero una mirada de esta lo dejó petrificado en su lugar, la ira se palpaba en el aire casi como un navajazo en su pecho, el hombre dio unos pasos hacia atrás mientras un torrente de saliva bajó por su tráquea, no podía articular ninguna palabra, la mirada de esa mujer era la de un monstruo, Rebecca era conocida por toda la fuerza, pocos aceptaban trabajar a su lado y los que lo hacían, lo consideraban como su sentencia de muerte.

-Ayúdame a recostarme. – dijo la mujer.

El hombre algo aliviado tomó su espalda con cuidado y lentamente la devolvió a su posición inicial, ella seguía mirándole fijamente, pero el soldado trataba de no hacerlo, sus nervios no cesaban, para él era mejor estar en el campo de batalla, que compartiendo el mismo espacio con Rebecca. Su miedo aumentó cuando la mano derecha de la mujer tomó la suya, por acto reflejo este le miro impresionado y esperó lo peor, sentía como si su vida hubiese acabado en el mismo instante en el que ambas manos se juntaron.

-Ha salvado mi vida, buen trabajo soldado. –

-Gracias señorita. – respondió titubeando.

La comandante cerró sus ojos y giró su mirada.

-Retome su puesto soldado, si necesito algo más lo llamaré. –

-Entendido. –

El soldado se alejó aliviado, sin embargo, sus piernas perdieron fuerza, por un momento su vista comenzó a distorsionarse, su cuerpo se sentía pesado y un cansancio abrumador dominó sus músculos. Un dolor punzante apareció en su abdomen, sus manos se humedecieron al buscar la fuente del dolor, lentamente su cabeza se agachó para observar la causa de su aflicción, sus ojos se abrieron de golpe casi desorbitados al ver como un objeto puntiagudo de color negro había atravesado su cuerpo. Su grito fue apagado al ver como un objeto similar estaba rodeando su rostro y cubriendo sus labios, el miedo dominó su mente y un susurro femenino en su oído acabó con sus esperanzas.

-Solo dolerá un momento soldado. –

Las patas de araña le rodearon y lentamente una tela viscosa empezó a cubrir su cuerpo, Rebecca había vuelto a su forma de araña y ahora se disponía a usar a su salvador como botana.

– ¿Quería salvar mi vida soldado?, pues ahora lo hará… –

El sonido de sus huesos rompiéndose acompañado de su carne siendo arrancada de su cuerpo, adornaba un leve tarareo de la araña mientras devoraba a su presa, poco a poco sus heridas comenzaron a sanarse y un brillo rojizo salió de sus ojos. Toda la recámara se cubría de entrañas y sangre, los últimos restos del soldado cayeron al suelo y la mujer retomó su forma humana sonriendo y lamiendo sus dedos para limpiarlos.

-Ha servido bien soldado, ahora descanse… –

La mujer se dirigió a la cabina y tomó el asiento del copiloto, estaba completamente desnuda y ensangrentada, las miradas del piloto no podían disimularse, era hermosa y ver su cuerpo desnudo, aunque lleno de sangre, era un privilegio.

-Mirada al frente soldado… sé conducir, no me obligue a prescindir de usted. –

-Lo siento comandante. –

– ¿Esa es el base soldado? –

-Si… si comandante. –

A lo lejos se veía como un enorme incendio iluminaba la noche, gran parte de la base estaba destrozada y muchos de los soldados luchaban para detener el fuego.

-Eso no tiene sentido… ¿quién atacaría nuestra base? –

-No lo sé comandante. –

Los ojos de la mujer se llenaron de ira, en su mente solo aparecía un nombre y su preocupación hacia cómo estaba dicha persona no podía ocultarse.

– ¿Demian estaba en la base? –

-Sí, comandante. –

-Baje ahora mismo… –

El piloto sin cuestionarlo comenzó el descenso en los alrededores del lugar, los gritos y la cantidad de heridos que sacaban de las llamas era impresionante, aquella base tenía un sistema de seguridad muy avanzado, un número de hombres superior a 5000 y uno de los generales más fuertes del ejército había estado en el lugar, solo una legión era capaz de asediar de dicha manera aquel punto estratégico, pero los rebeldes no tenían tal poder militar.

Las preguntas surgían como lluvia en la mente de Rebecca, “¿Quién demonios hizo esto?”, “Dónde está Demian?”, “¿Está bien?”, el estrés recorría su espalda, sin embargo, la silueta de un hombre esperando el descenso del jet le calmó de golpe. Ahí sobre la plataforma estaba él, su uniforme estaba destrozado, había tanta sangre sobre su cuerpo que no podía diferenciarse si era propia o de alguien más, su mano derecha sostenía un brazo lacerado y su ojo derecho estaba cubierto con algunos vendajes. La mujer bajó de golpe y le abrazó con fuerza.

– ¡Lo siento general! le he fallado… las chicas escaparon y además he dejado que le hicieran daño. –

El piloto quedó impresionado del cambio de actitud de Rebecca y más aún porque esta estaba abrazando al general completamente desnuda. Un empujón tiró a la mujer al suelo, Demian le observaba con mucha seriedad.

– Compórtese comandante. –

El hombre se quitó su chaqueta medio destrozada y la puso sobre los hombros de la chica, esta le miró con algunas lágrimas en los ojos.

– No es su culpa… alguien nos traicionó. –

Los ojos de la mujer se abrieron de par en par mientras se levantaba.

– ¿Quién ha sido? –

-Lo desconozco aún, pero el causante de todo esto nos dejó un presente. –

Demian lanzó el miembro cercenado al suelo, justo bajo los pies de Rebecca quién lo levantó y lo observó con una sonrisa macabra.

-El bastardo escapó, pero dejó esto antes de irse. Tengo una nueva misión para ti. –

-Lo que sea general. –

-Encuentra y trae ante mí al traidor qué dejó entrar a ese hombre aquí. –

-Entendido… –

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