The Loud House: New Lincoln - V1C11 - Una mañana de domingo
Capítulo 11 – Una mañana de domingo
Cuando ya era de noche, obviamente, llegó a su hogar con toda la calma posible para que no supieran que estuvo involucrado en algo serio como una pelea.
Antes ya se vio involucrado en una “pelea” y casi se volvieron locas por querer ponerle encima hielo en su ojo para aliviar la hinchazón.
“¡Familia, ya llegué!” Gritó al entrar como si nada. Dio unos cuantos pasos sólo para ver a sus padres sentados cómodamente en el sofá, acurrucados en cierta manera viendo la televisión con una sonrisa en sus rostros. “¿Dónde están las demás?” Preguntó a sus padres mientras se sentaba a su lado.
“Cada una está en su habitación hijo. Dentro de poco haré la cena y antes de eso, tu madre y yo estamos viendo algo juntos en la televisión” Su padre le señalaba que estaban viendo una serie juntos pero no le dio tanta importancia. Aunque, ver una serie de romance o la que estaban viendo, le estaba siendo interesante en cierta manera con lo poco que veía.
“Entonces esperaré en el cuarto” Simplemente se levantó y se fue directo a su cuarto a pasar el rato hasta que la cena estuviera hecha.
Al ver que su hijo se iba, su madre miraba a su esposo con algo de duda. “¿Viste la cara que tenía nuestro hijo? Parece diferente a la que solía tener” Su madre era buena para ver pequeños detalles y la cara de su hijo Lincoln no era esa cara inocente que siempre tenía, además de la pequeña marca en uno de sus ojos lo cual llamaba la atención de esta.
“Debe estar creciendo querida, no te preocupes” Fue lo que dijo él. Estaba en la edad de estar creciendo por lo que era sumamente normal que empiece a presentar cambios. A todo esto, cuando pensaba un poco, veía a su hijo un poco más alto que antes. “Aunque… Te puedo dar la razón con respeto a lo de su rostro, no lo sé, creo que tienes razón con respecto a ello” Posó su mano en su barbilla mientras la acariciaba y pensaba acerca de ello para terminar negando. “Empezaré a hacer la cena” Se levantó, separándose de su mujer y fue directo a la cocina en donde realizaría la cena y más que nada, un poco de arte culinario.
La cena consistía de spaghetti con albóndigas bañadas con un poco de salsa.
Todos comían como si no hubiese un mañana, degustando la comida de su padre que era bastante buena salvo Lincoln quién miraba la comida algo extrañado y con bastante curiosidad.
A todos les sorprendió su pequeña confesión de que era bastante delicioso al probarlo y que este sería uno de sus platos favoritos si es que tenía otros. La familia le cuestionaba diciendo que siempre comía tal comida y que si era una de sus favoritas a lo que brevemente dijo: “No recuerdo comer esto antes” logrando que todos intercambiaran miradas y miraran al peliblanco quién seguía degustando su comida y pidiendo otro más cuando se lo había terminado.
Pasando por ese pequeño problemita, la cena pasó sin ninguna otra sorpresa.
Cuando se dirigía a su cuarto, al entrar, la breve sensación de sentirse observado le hizo inquietarse demasiado, mirando en todo su cuarto de arriba abajo. No encontró nada al final. Se puso su pijama, fue al baño para lavarse los dientes y mirarse al espejo nuevamente, viendo que su cara. No pensaba en los cambios que estaba sufriendo, al contrario, se veía y no podía evitar murmurar: “que bien me veo” más sabiendo que le faltaba un pequeño diente.
Tras cepillarse los dientes, volvió a su cuarto con esa breve sensación de ser observado y se recostó en la cama, tapándose y empezando a cerrar los ojos para dormirse.
———
No vio la hora a la que se había acostado pero si cuando se levantó, marcando el reloj las 8 de la mañana. No se iba a levantar todavía por lo que trató de dormirse nuevamente. Al cabo de un rato, abrió los ojos sintiendo que habían horas, sólo pasó 10 minutos.
“Debo ser un idiota al levantarme un Domingo a tal horario” No podía dormirse más por más que intentara y por eso, debía levantarse. Se miraba las manos y notaba que su pijama le estaba quedando corto. Con el dinero que había ganado “limpiamente”, estaba decidido a comprarse algo de ropa nueva acorde a su talla.
Miró nuevamente el reloj para ver la hora. ¿Qué iba a hacer ahora? Encontrar un lugar abierto que vendieran ropa. Aparte de gastar el dinero cómo pudiera porque algo que no borraba de su mente era la locura con la que se apoderaban sus hermanas al sentir y ver el dinero.
Esperando una fila larga para el baño, Lincoln salió con pocas esperanzas para utilizarlo solo para ver notar que no había tal fila. “Cierto… es Domingo por la mañana…” Insistía en ser un idiota en despertarse a tal horario nuevamente pero tampoco dijo nada en voz alta, corrió al baño, se tuvo que asear porque se había acostado el día de ayer con un mal aspecto. Ahora, luego de haberse bañado, se sentía mucho más relajado y más sereno. Al verse al espejo nuevamente, estaba decidido a cambiarse el peinado también, quería probar con algo nuevo pero de momento, debía dejar que su cabello creciera un poco para hacerle algo por lo que quedaría así.
Abrió la puerta para ver que no había nadie. Como no había un alma todavía recorriendo la casa, de todas formas, voló a su habitación para cambiarse, tomar el dinero como un rayo y salir en busca de nueva ropa.
Conforme el salía de su casa y buscaba una tienda de ropa, la familia poco a poco se despertaban.
Ya eran poco más de las 11 de la mañana, las chicas se levantaron una por una, acaparando el baño cuando fuese posible para hacer sus necesidades y arreglarse.
Tras pasar una por una al baño, empezaron a realizar sus diferentes actividades cada una.
Lori, como siempre, estaba apegada a su teléfono incapaz de soltarlo en ningún momento mientras hablaba con su novio y paseando por toda la casa.
Leni, mientras a veces Lori paseaba por la casa volviendo nuevamente a la habitación hablando y hablando, ella estaba probándose algunos vestidos así como planeando hacer algunos nuevos con aquellos que no utilizaba.
Luna, tan casual como siempre, practicaba con su guitarra y sino, utilizaba la batería que había en su cuarto compartido con la comediante Luan, quien tuvo que dejar la casa para seguir con sus funciones.
Lynn estaba disfrutando de la hermosa mañana saliendo a correr una pequeña cantidad de 20 kilómetros como hacía normalmente. Toda esa distancia era principalmente para mantener su estado físico en óptimas condiciones.
Lucy practicaba silenciosamente su poesía y sus poemas pero no encontraba la inspiración suficiente como para poder continuar por lo que fue a buscar a su hermano quien siempre le ayudaba a encontrar inspiración así como palabras que rimasen con las que demandaba.
Las gemelas, sorpresivamente estaban las dos jugando juntas en la habitación, algo que haría a toda la casa sorprenderse por el vestido que llevaba Lana.
Había que aclarar que Lola había chantajeado a esta Lana vestida de princesa que en caso de negarse, le contaría a sus padres quién había sido la responsable de hacer entrar hace algunos meses atrás un enorme perro que estuvieron al menos 6 horas para echarlo de la casa.
“¿Sabes dónde está Lincoln? Necesito un mayordomo para que me sirva mi té y mis pasteles” Tenía en mano un traje de mayordomo perfecto para su hermano para que lo usara y además, que se uniera a la fiesta. Aparte, quería verlo usar el traje.
“No está” Dijo Lana con una cara inexpresiva. “Lo busqué antes de estar aquí “jugando” contigo pero no estaba en su cuarto”
“¿No está?” Miró a su hermana al escuchar lo que dijo. “¿A dónde se pudo haber ido un Domingo?” Que su hermano mayor se vaya de la nada sorprendía a la pequeña princesa. Pero, esos pensamientos deben ser borrador porque su hermano no era el mismo de antes. ¿Qué puede hacer él ahora mismo? ¿Un Domingo a la mañana? No se sabe.
“No lo sé. Sólo sé que cuando lo fui a buscar, no estaba. Tampoco te molestes, las demás no tienen idea de donde está” Como por si fuera poco, Lana se sumergió en su papel de princesa por cómo estaba vestida y tomaba el té imaginario que su hermana le había servido, degustando de manera positiva dicho té.
Aunque su hermana le estaba diciendo la verdad, la pequeña princesa salió del cuarto para ir al de su hermano, entrando y viendo que realmente no había nadie. Entre más revisaba todas sus cosas, pensando que se estaba escondiendo, al final, no encontró nada y a nadie con lo que se fue.
“¿No viste a Lincoln de casualidad Lola? Necesito que me ayude con mi poesía” La mera presencia de Lucy hizo, aparte de las palabras que decía, que se sobresaltara y diera un pequeño grito. También se asomó a la habitación de su hermano sólo para ver que no había nadie. “Suspiro, me había dicho que iba a ayudarme”
“¿Podrías dejar de aparecer así Lucy? ¡Casi haces que me muera del susto!” Le protestaba la pequeña princesa a su oscura hermana quien no se inmutaba para nada ante sus gritos de miedo o más sus gritos de queja contra ella. “Y no, no le he visto…”
“¿Visto a quién?” Una tercera voz hizo que nuevamente Lola se sobresaltara al igual que Lucy quien tampoco esperaba que la repentina aparición de Lincoln quien les miraba extrañado bastante. “¿Por qué mi habitación está abierta?” Entró para darse cuenta que sus cosas estaban todas desparramadas al igual que su cama toda deshecha y parte de su ropa en los alrededores de esta. “¿Qué pasó aquí?” Salió para preguntarles a sus dos hermanas con algo de calma pero con un enojo latente que no tardaría en salir.
Lola y Lucy estaban calladas mirando a su hermano quién vestía una sudadera de mangas cortas de color naranja al igual que unos pantalones negros y un calzado de color azul.
“No… Nadie te encontraba… Por lo que revisaron tu habitación por las dudas…” La pequeña princesa seguía mirando el atuendo de su hermano mientras a la vez dijo una mentira, una mentira que no tuvo efecto en él.
“¿Fue ella?” Lincoln miró a Lucy quien asintió y volvió a mirar a Lola. “Está bien… Voy a jugar contigo… Eso sí, la próxima vez, vas a tener que limpiar mi cuarto ENTERO… Ah sí, esto es para ti Lucy” Antes de irse con Lola, entró en su cuarto para buscar algo que era exclusivamente para ella, cosas que anotó en un papel. Miró la bolsa que había traído y la trato de esconder para que nadie la viese. “Toma, espero que te guste”
Lucy miró el papel que contenía unas cuantas frases, unas frases que al leerlas, notó la melancolía y la tristeza de las palabras que contenían el papel, palabras que asemejaba a su vida y existencia.
“Estas palabras describen como me siento en la vida. Gracias Lincoln” Y se fue de allí sin mucho más que decir salvo darle una sonrisa a su hermano antes de volver a su habitación.
Lincoln miraba a su hermana irse para después ver a su otra hermana que estaba allí, sonriéndole de oreja a oreja, nerviosamente. La alzó como si nada mientras escuchaba a esta quejarse de levantarle. “¿A qué vamos a jugar?” Preguntó con una sonrisa para luego bajarla y, pese a estar sonriendo, se acercó hasta su rostro para propinarle un pequeño golpe en la cabeza, advirtiendo que no había otra chance.
Entonces ella sacó de la nada un hermoso traje a lo que Lincoln no entendió hasta que pudo ver la sonrisa nuevamente de su hermana. “No voy a ponerme eso” Dijo negando con su cabeza y brazos.
“Lo harás si no quieres que diga de tu ropa nueva y el dinero que tienes para comprar dicha ropa”
“…” Lincoln se quedó en silencio unos momentos y suspiró pesadamente. “Está bien, vamos a jugar” dijo apretando sus dientes, molesto con su pequeña hermana que le terminara chantajeando sobre esto.
Desde ahora hasta el final del día, no solo debía llevar puesto el traje sino que también en todo momento debe referirse a su pequeña hermana menor como “mi señora” pero lo bueno era que no estaba sólo en esto sino que Lana también estaba allí vestida como princesa a lo que ambos al verse vestidos de tal forma, no pudieron evitar reírse uno del otro.
Pese a su molestia de ser chantajeado, debía admitirlo: jugar con sus hermanas menores en cierta manera, le gustaba y le hacía sonreír.