Un reemplazo para el diablo - capitulo 20
Pequeños, molestos y ruidosos. No había necesidad de que alguien le explicará a Bartolomé lo que estas curiosas e irritables criaturas eran, la verdadera pregunta era ¿porque hay niños en la mansión de las rosas?
Aunque los consideraba ilógicos y tediosos, al demonio interno de Bartolomé no le molestaban los pequeños humanos, pero tampoco le interesaba relacionarse con ellos. Como su alma estaba protegida por Dios hasta que cumplieran los 10 años Bartolomé no tenía interés en corromperlos y aunque pudiera no tendría sentido hacerlo. Con el poco tiempo que tenía permitido quedarse en el mundo mortal, no importaría cuánto se esforzará en modificar su conducta en la dirección del mal actuar, una buena disciplina sería suficiente para corregir el camino de estos pequeños renacuajos; desviar el camino de un adolescente ciertamente era más sencillo que desviar el de un niño pequeño.
-hermaita…te extraine – decía una pequeña de casi 3 años a Alicia mientras la sujetaba del uniforme – Vamo… A jugá -añadía con dificultad, pese a su edad parecía que recién aprendió a hablar
– Susan, no seas un problema para la hermana Alicia – indicó molesta una niña de 6 años intentando apartar a la pequeña del uniforme de Alicia
– Gretel, deja a Susan en paz. Ella es pequeña es evidente que querrá jugar – comentaba otro niño de 6 años de apariencia desaliñada
– York…, no pelees con Gretel – dijo tímidamente un pequeño de lentes de 7 años, aunque era el mayor de todos carecía de valor
– ¿¡Que has dicho Harry Potter!? – respondió de mala manera York a su homólogo masculino, evidentemente ese no era el nombre del pobre chico, pero York se negaba rotundamente a la idea de ser enfrentado por alguien a quien consideraba su inferior, especialmente delante de su hermana Alicia. «La naturaleza humana es cruel, desde una edad tan pequeña el más fuerte domina al débil, muy parecido al panorama del infierno «, Pensó Bartolomé en su mente
– Vamos niños no peleen, lleven se bien – decía Alicia con una sonrisa forzada mientras acariciaba la cabeza de la pequeña Susan – York recuerda llevarte bien Fred, no le pongas sobrenombres raros – añadió
-lo siento hermana Alicia… – decía el pequeño diablillo mirando hacia abajo con arrepentimiento, como un cachorro que acababa de ser regañado por su amo
– Disculpa no quiero interrumpir está molesta escena – dijo Bartolomé parándose delante de Alicia – pero ¿qué hacen estos niños aquí? – pregunto
-bueno…, no sabría cómo explicarlo – contesto Alicia desviando la mirada
-hermaita ¿qué es él? – pregunto la pequeña Susan
– yo soy el dueño de esta mansión – contesto Bartolomé agachándose ligeramente para estar a la altura de la pequeña criatura – ¿puedo preguntar quién eres tú? – añadió
– yo soy Susan, engo tres años – respondió la niña mostrando tres de sus dedos con orgullo, pese a no saber hablar bien parecía poder contar hasta el tres
– hummm… ¿Y qué haces aquí? – pregunto Bartolomé, a lo que la pequeña niña no supo responder y comenzó a mirar a su alrededor preocupada, esperaba que alguien pudiera ayudarla a responder esta pregunta que no entendía
– bueno… – intentó intervenir Alicia para salvar a su hermana, pero Darlia intervino
– los señoritos y las señoritas aquí presentes provienen del orfanato la caridad de Dios, la señorita Alicia me pidió que los recogiera ayer por la tarde, se quedarán aquí durante los 6 días que dura el permiso otorgado por el orfanato
– ¿orfanato…? – repitió extrañado Bartolomé
Cuando Alicia fue abandonada por sus padres a la edad de 7 años, el gobierno se hizo responsable de su cuidado y la envió a vivir a un orfanato de mala muerte llamado la caridad de Dios, un nombre muy bonito para un verdadero infierno. Aunque el estado cumplió su rol y se hizo responsable de la manutención económica del lugar, la malversación de fondos por parte de las monjas encargadas convirtió la calidad de vida de los niños en algo ciertamente lamentable. Mientras los niños sufrían por escases, los administradores vivían una vida plena, este contraste de realidades provocó que Alicia decidiera a la edad 15 años emanciparse y vivir alejada de este sitio. Cuando se fue presentó una denuncia en contra de la institución, pero al ser una chica pobre sin poder nadie nunca le hizo caso. Vivió dos años en la pobreza y pudo sobrevivir gracias a la becas que la academia Baltazar le dio, pero aún en su precaria situación vivía mejor que estando bajo los cuidados de estos cuidadores corruptos.
Cuando Bartolomé pago su deuda y compró cosas caras para ella se sintió confundida, vivió todo su vida en la pobreza recibiendo las miradas de pena y lastima de la gente, nunca espero que un extraño se ofreciera a cambiar su situación de una forma tan drástica. Muchos considerarían esta situación como un milagro enviado del cielo con el fin de recompensar su sufrimiento injustificado, pero Alicia no sentía esa clase de sentimiento en lo absoluto. No sabía lo que Bartolomé deseaba de ella, pero estaba segura de que no era nada bueno. Se sentía confundida, no sabía si debía aceptar esta oportunidad o rechazarla. Aceptar significaba relacionarse con un sádico hombre cuyo objetivo era desconocido, rechazar significaba volver a su penosa vida.
Cuando el pensamiento de rechazarlo atravesó su mente también se preguntó ¿cuánta gente en su situación lo rechazaría? Ante esta pregunta la imagen de sus hermanos de orfanato apareció en su mente, ellos vivían peor que ella ¿podrían darse el lujo de rechazar esta oferta? Ante esta pregunta Alicia tomo una decisión, no importaba que deseara Bartolomé de ella, con el fin de ayudará a sus hermanos ella haría lo que fuera, incluso si tenía que sacrificar su cuerpo.
Bartolomé le regalo una mansión, no sabía que tan cierto era este hecho, pero ahora que los derecho de propiedad estaban bajo su nombre no le quedaba más opción que creerlo. No podía vender la propiedad debido a restricciones en los derecho, pero ella no lo necesitaba. El orfanato de la caridad de Dios permitía sacar a los niños para convivir con otras familias 6 días al mes, esto con el fin de aumentar las oportunidades de que sean adoptados. Usando esta política a su favor y su nuevo hogar ella entregaría felicidad a estas pequeñas criaturas, aunque sólo fuera 6 días al mes Alicia usaría todos los medios disponibles para sacar a estos niños del infierno en el cual vivían y les entregaría aquello que ella nunca tuvo; un lugar al cual llamar hogar. No sabía cómo Bartolomé reaccionaria a esta idea ni tampoco sabía por cuánto tiempo podría usar este método para ayudarlos, pero aun así ella estaba decidida a cambiar el destino de sus pequeños hermanos.
***
-¿Así que le pediste a Darlia que rellenará los documentos por ti? – pregunto Bartolomé sentado enfrente de Alicia apoyando sus brazos sobre la mesa del comedor. Luego de enviar a los niños a sus habitaciones recién amobladas para que durmieran luego de la generosa cena que les proveyó, Bartolomé finalmente encaró a la avergonzada Alicia quien miraba con preocupación en otro dirección evitando el contacto visual
– así es…, como menor de edad yo no podía retirar a los niños del orfanato – explicó la muchacha. Cuando se planteó la idea de ayudar a sus hermanos de orfanato se enfrentó a los problemas ligados a su edad, se requería ser mayor de 20 años para poder retirar a los niños. Cuando Darlia se presentó voluntaria para solucionar su conflicto se sorprendió, desde su punto de vista la singular sirvienta tenía cerca de 16 años, cuando vio que podía retirará a los niños sin problemas no pudo evitar preguntarse ¿cuántos años tiene? Realizó esta pregunta a la doncella, pero ella hábilmente evitó la pregunta. No era justo que Darlia fuera una mujer hermosa y al mismo tiempo se viera joven para su edad, pensó con envidia en su mente
– ya veo… – contesto Bartolomé mirando de reojo a Darlia, aunque le dijo que ayudará a Alicia con todas sus necesidades nunca espero que la joven doncella se lo tomará tan enserio. Muchos podrían molestarse por lo que hizo Alicia, tomarse la libertad de invitar extraños a una casa que se le regalo hace tan sólo tres días superaba con creces la definición de «oportunista y aprovechado», pero a Bartolomé no le molestaba esto, mientras más malas prácticas adquiriera esta joven más cerca estaría de su objetivo. El verdadero problema era ¿se considerar una mala acción lo que hizo? Aunque se podía considerar cuestionable y una falta de respeto hacia él como benefactor de Alicia el que no le preguntará lo que hizo, moralmente ayudar a unos pobres huérfanos era considerado algo bueno y Bartolomé no podía permitir esto – quiero que se vayan de esta casa – indico el joven sin emociones
– no puedo hacer eso… Le prometí a esos niños que vivirían aquí… No puedo quitarles esta esperanza – indicó sujetando con fuerza su falda
– le has prometido algo que no puedes cumplir. No es mi responsabilidad hacerme cargo de ellos- indico Bartolomé con tono frío. Aunque no le costaría nada mantener a estos niños bajo su cuidado, nunca fue alguien conocido por sus buenos actos
– ¡pero me has dicho que esta mansión es mía! – exclamó Alicia desesperada, sabía que Bartolomé era el dueño original del lugar, pero no sentía vergüenza en exigir propiedad del lugar si al hacerlo conseguía ayudar a sus hermanos a vivir en un mejor lugar
– eres libre de destruir la propiedad tanto como quieras, así como vivir en ella de forma indefinida, pero la capacidad legal de vender este sitio, así como la toma de decisiones de decidir quién se queda o se va sigue estando en mi poder – indico el demonio mostrando el título de propiedad de la mansión. Cuando se cumpliera un año este derecho pasaría a manos de Alicia, pero hasta entonces no permitiría que nadie indeseable interrumpirá su diversión
– por favor, deja que se queden. Prometo que no te molestarán, solo estarán aquí seis días al mes – indicó Alicia rogando misericordia mientras inclinaba la cabeza.
-detente, no sigas haciendo esto, mi postura es definitiva – indicó Bartolomé poniéndose de pie. Las súplicas animaban el espíritu malicioso del demonio, pero una súplica pensada en ayudar a otros ciertamente le daban nauseas. Estaba listo para dejar el lugar, pero justo en ese momento York ingreso molesto seguido de los otros niños que escucharon a su hermana suplicar por ellos
-cretino – grito el niño abalanzándose contra Bartolomé para golpearlo, pero Darlia intervino rápidamente sujetándolo
-Suéltame, necesito golpear a ese tipo – indico el pequeño intentando zafarse, pero era inútil. Darlia no lo dejaría lastimar a su maestro bajo ninguna circunstancia. Sin ninguna clase de sentimiento de arrepentimiento la hermosa pero fría sirvienta golpeo sutilmente el cuello del infante y lo dejó inconsciente rápidamente
-¡York! – grito Alicia preocupada por el pequeño mientras se abalanzaba en contra de su pequeño hermano y lo apartaba de la cruel sirvienta – como se te ocurre golpearlo, es solo un niño- crítico la joven molesta
– es precisamente por esa razón que sólo lo deje inconsciente, si no fuera un niño en este momento no estaría vivo – respondió Darlia con tono frío. No parecía estar mintiendo, eso volvía aquella declaración tan aterradora.
Con cariño Alicia abrazo a su hermano, cuando trajo a los niños a la mansión no pensó que alguno saldría lastimado. Como Bartolomé había sido tan permisivo hasta ahora pensó que podría ayudar a otros ¿qué tan ilusa fue? Hasta hace tres días ella vivía en un basurero, solo porque alguien la estuviera ayudando no significaba que ella tuviera la habilidad de ayudar a otros. Miró con tristeza a los otros niños que trajo con ella y unas cuantas lágrimas cayeron de sus ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió que ser pobre era una desgracia. Podía vivir cómodamente en este lugar, pero no servía se nada sino podía ayudar a su «familia»
– solo seis días al mes…, tienes permitido traer a estos niños a la mansión solo 6 días al mes- dijo Bartolomé al ver la escena. Alicia lo miraba confundida, no entendía por qué cambió su decisión – ¿¡está claro…!? – pregunto Bartolomé al ver que no respondía
– ¡si…! – exclamó la joven rápidamente. No importaba que motivo tuvo Bartolomé para cambiar su decisión, lo importante es que logró su objetivo
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