Pequeña Quin Capítulo 103

Modo noche

Lehm sonrió amablemente… no era en absoluto la viva imagen de alguien amenazado de muerte.

– Debe saber que mis palabras valen más que el sol… – declaró – … pero… niña… – sus ojos brillaron tenuemente – … solo hay una forma de demostrarlo…

Ante la atenta vista de todos, desapareció e instantáneamente reapareció con una palma abierta en su estómago.

– ¡Hugh-¡… – tosió ella fuertemente ante el contacto, con expresión de shock.

– ¡No!… ¡¡Madre!! – Gritó Marco, completamente desprevenido.

– ¡Bastardo miserable!… ¡Despedazaré tu cuerpo!… – Gritó Rohan, enloquecido de furia, y atónito, al ver vulnerada fácilmente su defensa.

Ambos recortaron distancia rápidamente, tras la sorpresa inicial.

– ¡¡Deténganse!! – se escuchó, de golpe.

El grito provenía, no de Lehm, si no de ella misma, que extendía un brazo hacia cada uno, exigiendo un alto.

– De…tengan…se – repitió, con menos fuerza, pero una mirada intensa y suplicante.

Naciendo desde su vientre, un aura muy tenue comenzó a emanarse. Era débil, pero increíblemente oscura y escalofriante. Como imperceptibles motas de polvo, que atravesaban su cuerpo, fueron arrancadas por una fuerza plateada, con visible resistencia, para formar un pequeño grumo negro, encerrado en la otra palma de Lehm.

– ¡Esto!… esto es… – balbuceó Rohan, ante esa increíble vista – … no… ¡¡Im-imposible!!…

Un fino hilo de sangre negra corría por los labios de su esposa, y su boca estaba abierta en un grito ahogado, delatando el intenso dolor que estaba sufriendo… pero, aun así, nada de eso importaba ante lo que percibían sus ojos.

Finalmente, Lehm quitó su palma y sus ojos se atenuaron, mientras veía curiosamente esa energía familiar luchar violentamente, intentando salir de su encierro y devorar todo a su paso…

– Mmm… Un paseo fructífero, siempre es un buen paseo… – murmuró, satisfecho, mientras cerraba pesadamente su palma, y desintegraba todo resto en ella.

Por su parte, la dama había perdido las fuerzas, y cayó lentamente, para ser sostenida en brazos de su esposo. Aunque consciente… su mirada estaba perdida y desenfocada… tal vez intentando asimilar lo que acababa de suceder.

– Querida… t-tú… – tocó su vientre nerviosamente, con una mano, y acariciando su rostro con la otra. Su actitud era torpe e insegura – realmente… se… ha… s-se ha… – tartamudeó, temeroso de completar la pregunta.

Los ojos de ella volvieron a la vida, y lo miró, con expresión llorosa, mientras asentía lentamente con su cabeza.

– Amor… eso… se ha… ¡se ha ido!… – tocando su vientre, como queriendo confirmar su propia realidad – … jaja… no está… ¡ya no está!… – exultante.

La mano de Rohan tembló, tomando la de ella, mientras revisaba su cuerpo con todo su poder… quería asegurarse de que no era un sueño… que realmente estaba sucediendo.

– Esto es… esto es… – balbuceó, con una lagrima viajando por su rostro, y cayendo de rodillas, mientras se abrazaba a su esposa – … es maravilloso… ¡grandioso!…

– Mhm… si… – masculló ella, devolviendo el abrazo y frotándose en su pecho.

– Espera… eso significa… – sonó la voz de Marco, aun completamente confundido – madre… ella… ¿Puede ser que…?

– ¡Así es!… tu madre… jaja… ¡tu madre ya está bien!… – efusivo.

– ¿Queeeee?… ¡¡Wooow!!… – exclamó eufórico – madre ya está bien… ¡madre ya está bien!… jajaja… – dando saltos alrededor de ambos, gritando como un niño pequeño – … ~está bien~… jaja… ~madre ya está bien~… – cantó al ritmo.

Lehm frunció el ceño, ante ese grandulón… ¿Pensaba competir con su discípula?

– ~Bhee bhe bheee~… ~Bhee bhe bheee~… – se escuchó de repente. La pequeña oveja había abandonado su refugio y comenzó a saltar detrás de Marco, imitando su canto.

– ¿También tú?… – sacudiendo la cabeza.

Finalmente, todos se tranquilizaron, cerrando su alegría en un abrazo familiar, mezcla de llantos y risas. Viendo esto, la pequeña oveja volvió al trote a su posición de acompañante.

– ~Bheee~ – sonó, empujando a Lehm con su cabeza, en dirección al trío.

– ¿Acaso pretendes que me sume?… – rechazó sonriendo – quería destruirnos hace unos minutos… ¿recuerdas?…

– ~Bhe~… – se frenó, pensativa… como encontrando razón en sus palabras.

Mientras tanto, Rohan se incorporó, percatándose de la situación… olvidada ante la emoción del momento.

Se acercó a Lehm, con una expresión resuelta.

¡Plop!

Se escuchó el sonido de rodillas golpeando la tierra.

– Señor Lehm… En nombre de mi familia, por favor, reciba este gesto de gratitud… – solemne, mientras se inclinaba.

Lehm suspiró, tomando su hombro e incitando a que se levante.

– Comprendo su acto… Pero, no es necesario… lo que he dicho, es lo que haré… – aclaró, serenamente.

– Aún así… – insistió – … para devolver este pesado favor… todo cuanto esté en mi mano… no importa el esfuerzo, no importa el costo… considérelo a su disposición… – pausa – … que los cielos me castiguen si pongo una simple queja… – remarcó con mucha seriedad.

– Innecesario… – rechazó – … solo un poco de información… es el precio que he aceptado… no aceptaré más que eso.

– ¿Información?… – se preguntó, recordando las palabras iniciales de Lehm – … pues, incluso ahora, no se que tipo de información pueda ofrecer… – dudoso – … pero, haré mi máximo esfuerzo por ser de utilidad.

– Mmm… No debe preocuparse por ello… – tranquilizó – lo primero sería llevar a la dama a descansar – mirando en su dirección – … además… – volviéndose hacia Rohan – el verdadero problema aún sigue vigente.

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