Pequeña Quin Capítulo 102

Modo noche

Lehm levantó su mano y comenzó a frotar su mentón.

– Bueno… es difícil de decir… realmente no puedo afirmar que me tenga especial aprecio… – explicó, vagamente – … de todos modos, solo estoy aquí buscando un poco de información… ¿Qué dices?… – indagó amigablemente.

– ¿Información?… ¿Qué más información puede querer tu amo?… ¡Tenemos un trato!… No me meto en sus cosas… ¡Y él no se mete en las mías! – exclamó, enfadado por la actitud indiferente de Lehm, por su intromisión y por su pedido… considerándolo irracional.

Sus ojos brillaron intensamente y ejerció una masiva presión sobre Lehm, con el suelo a su alrededor deformándose y la energía cayendo en caos. La oveja se presionó fuerte contra su cuerpo, sintiendo el peligro.

Él señalo con la mano, detrás de si, cubriéndola con un manto invisible de energía y evitando cualquier daño. Más allá de eso, solo se limitó a observar tranquilamente el ataque, sin mostrar ningún indicio de preocupación.

Viendo esto, el hombre frunció el ceño y cesó su presión. Después de todo, era una simple prueba.

– Vaya… vaya… parece que tienes un cultivo decente allí… – elogió – … realmente te ha mimado bastante… sin embargo… – su mirada se enfrió, a la vez que abría su palma y una esfera de energía traslucida tomaba forma – … aun estás muy verde…

Ese punto de energía transmitía una sensación completamente diferente a la energía natural… sobre todo, ejercía una presión incontables veces más peligrosa.

La pequeña oveja se contrajo, con absoluto terror, incapaz de reaccionar por el propio miedo. Lehm, por su parte, por primera vez cambió de expresión, frunciendo el ceño y poniendo una expresión más prudente.

– Si desatas ese nivel de poder… ¿no crees que el vigía realmente puede molestarse contigo?… – aconsejó, en tono neutral.

– He cumplido mi parte… – replicó – no tiene motivos para meterse conmigo… Ve y dile que no me provoque… y, sobre todo… ¡Que nos deje en paz!… – en actitud desafiante, mientras sostenía esa pequeña pero terrorífica masa de energía – … o verá que no le tengo miedo…

Lehm sacudió la cabeza.

– Estás siendo bastante irrazonable aquí… – suspiró – … en vez de obtener un intercambio productivo… pierdes el tiempo con amenazas… – entrecerró levemente lo ojos – … realmente… ¿deseas insistir en esa actitud?… – preguntó, con expresión más seria.

Ta vez, había subestimado el nivel de protección que tenía hacia su territorio, y lo que en el habitaba.

– ¿Intercambio?… Jeje… – despectivo, como escuchando un gran chiste – … hablando de grandes palabras… ¿que puedes darme tú o ese viejo que no posea ya?… – se mofó, agresivamente.

– No puedo hablar por otros… – desestimó – pero, por supuesto, desde que llegué sin ser recibido, estoy dispuesto a ofrecer una oferta razonable…

Silencio.

Se sentía muy confundido por ese joven enviado… con las agallas de quedarse, aun luego de mostrarle un poder abrumador… a la par del vigía.

– Oh… Vaya… escuchemos esa gran oferta… – con ironía, pero retrayendo lentamente su ataque.

No parecía el mero acto de un valiente, o un ignorante… ceder un poco podría aclarar algo del misterio detrás.

– Eso está mejor… – sonrió, satisfecho – … no seré tacaño… tal vez esté interesado en… – pausa – … liberarse de ciertas energías molestas…

Silencio.

El rostro del hombre se deformó, perdiendo cualquier actitud inquisitiva previa y tomando una postura puramente violenta.

– ¡Mocoso insolente!… ¡Deberías saber que hay cosas con las que no puedes jugar!… No se cómo sabes sobre eso… pero, no te irás de aquí luego de semejante burla… – gritó, a la vez que sus ojos brillaban intensamente y en su palma se creaba un ataque aún más grande que el anterior. Esta vez, no era solo una advertencia – … no me importa si tengo que soportar las quejas de tu amo.

– Ufff… aquí vamos de nuevo… – murmuró Lehm, algo resignado – … no recuerdo haberme burlado… pero, en cualquier caso… ¿No deberías consultarlo primero? – dijo, señalándole detrás suyo.

Allí, a poca distancia, una hermosa mujer de cabellos dorados se acercaba, junto a un joven de complexión robusta, siempre en frente… protegiéndola.

– ¡No!… ¿Qué hacen aquí?… ¡Vuelvan de inmediato! – exclamó, sorprendido. Estaba tan enfocado en ese joven y sus actos, que perdió toda conciencia de su entorno.

– Rohan… ¡Es suficiente!… – replicó la mujer, con tono férreo y digno – … no recuerdo haber conocido a un hombre ciego y necio, incapaz de diferenciar entre lo cordial y lo hostil… – reprendió – … ¿Desde cuándo un extraño protege de ti lo que deberías estar cuidando? – señalando a la pobre oveja, que miraba escondida entre las piernas de Lehm.

– Querida… eso es… – se defendió, con poco ímpetu – … yo… no pretendía… – balbuceó.

– Lo se… pero has perdido la razón, y ¡te estás avergonzando!… – suspiró – me haré cargo de ahora en más… – cortó, sin piedad – joven… – se giró.

– Lehm… – completó, cordialmente.

– Joven Lehm. Mi esposo puede parecer violento e irracional… pero, solo busca proteger la paz que hemos creado… espero sepa comprender su actitud – se disculpó, aunque su actitud era neutral y su mirada prudente. Mantenía cierta distancia, con Marco acechando en silencio, y Rohan protegiendo el camino… haciendo una mueca incómoda por los comentarios de su esposa.

– Naturalmente… – desestimó, más sereno, al dialogar con una dama bella y razonable.

– Sin embargo… debe comprender que sus palabras son dignas de tal reacción… – con un tono más frío y mirándolo a los ojos – … espero de corazón que tenga los medios para respaldarlas… o… – con expresión seria y amenazante – … no podré continuar disintiendo con mi marido…

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