Pequeña Quin Capítulo 122

Modo noche

Partiendo desde su centro, en ese cuerpo exuberante y tenso, un elegante traje negro se fue materializando… sin escote y de una pieza, transmitía un aire de seriedad.

– Excelente… – aplaudió su propia obra – … también necesitarás esto… – entregando un par de lentes sin marco.

Violet se quedó por un momento estupefacta ante el simple “regalo”. ¿Para que tuvo que desnudarse?

– ¿No podías simplemente dármelo?… – exclamó, algo indignada.

– Oh… no es tan simple como eso… – sonriendo sereno – … en cualquier caso… pruébatelos… puedo cambiarlos… – exhortó, señalando los anteojos.

Ella los tomó, levantando una ceja.

– ¿Acaso tienes ese tipo de fetiche?… – criticó, poniéndolos en su anillo sin mirarlos.

-Bueno, al menos… no concibo a mi secretaria sin ellos… – confirmó tranquilamente – … pero, en cualquier, no son un mero adorno… – pausa – … partiremos en breve… prepárate.

– ¿A don-………? uffff… – suspiró.

Ya no tenía a nadie en frente.

¡Ese hombre iba totalmente a su ritmo!

Por su parte, Tiana había acabado su tarea y esperó un momento. Sin noticias, decidió buscarlos… o, tal vez, después de lo pasado, su curiosidad había sido despertada y no pudo evitar investigar.

Llegó a la puerta de la habitación contigua y escuchó, pero, no había señales de movimiento. Se acercó lentamente a la rendija, y observó el interior.

Allí vio algo inesperado. Violet estaba con un elegante traje nuevo, mirándose frente a un espejo, y usando unos lentes, probando cada uno de sus perfiles… tal como una adolescente a la moda.

Frunció el ceño, confundida sobre si interrumpir o no.

– ¿Descubriendo un nuevo pasatiempo?… – sonó una voz en su oreja.

– ¡Kyaaaaaaaaaaaaaa!… – gritó, dándose vuelta de un salto – … s-señor Lehm… ya… quería avisarle que ya que terminado lo que me pidió… – excusó torpemente, mientras se alejaba a paso lento – … así que… bueno… s-se lo encargo… – se inclinó en saludo y huyó con rostro avergonzado.

El sacudió la cabeza, y entró a la habitación, donde Violet estaba sentada distraídamente y sin anteojos, como si no se hubiera movido desde que se fue.

– ¿Lista?…

– Supongo… aunque no tenga idea de para qué… – indiferente – … por cierto… ¿No están tus discípulos en la isla?… Deberías preocuparte más por ellos…

– Mmm… – mirando a la distancia – … uno está por extender sus alas al peligro… pero, ignorarlos es una forma de preocupación…

– ¿Lo es?… – confundida.

– Por supuesto… – asintió, con una sonrisa gentil – … mi presencia no es diferente a un veneno letal para su crecimiento… uno que puede derramarse al mínimo descuido… – extendiendo su mano.

– Vaya… – murmuró, analizando sus palabras – … debes confiar bastante en ellos… pero, ¿Qué sucede si son atacados por un poder muy superior en tu ausencia?… como el de un imperio… – indagó, mientras tomaba su mano.

– Pues que pena… – con una sonrisa, que no era una sonrisa – … por el imperio.

A pesar de que su tono era sereno… mientras el entorno cambiaba, hacia un destino misterioso, Violet sintió un escalofrío por esas palabras.

 

 

En una situación normal, este lugar presentaría una tenue luz, proveniente de las rocas luminiscentes… pero, ahora no era distinto al pleno día, de sol en vigor y constante brillo.

El responsable era un objeto en el centro de este amplio espacio. Una roca, de perfecta forma rómbica, estaba incrustada en un tercio de su superficie. Los dos tercios sobresalientes eran la luminaria más intensa, que también presentaba un aumento por pulsos ordenados… como si de un corazón se tratase.

Frente a esa anomalía, un hombre de extraña apariencia observaba impasible, con sus brazos cruzados.

A decir verdad, la expresión “al frente” era bastante engañosa. En primer lugar, el tamaño de esa roca era cientos de veces más grande que el individuo en cuestión.

Había mucho para destacar de su presencia. Su piel tenía un tono sumamente pálido, muy diferente a lo habitual. Sus facciones eran “afiladas”, coincidiendo con unas orejas de agudas terminaciones, más parecido a la de ciertas bestias que a un humano. Su cabello, de un color gris oscuro, estaba entrecortado en líneas ordenadas, que acababan uniéndose en una trenza.

Tal vez, lo menos atípico resultaba ser lo más perturbador, con unos ojos profundamente negros, capaces de dar escalofríos a quién se atreva a indagar en su interior. Ni siquiera la imponente luz que enfrentaba lograba reflejar algo en ellos.

Su vestimenta consistía en dos hombreras negras y estilizadas, con una armadura fina cubriendo desde abajo hasta la mitad de su torso, uno de marcados músculos. En la mitad desnuda, podía observarse parte de un gran tatuaje, que cubriría seguramente gran parte de su pecho.

De lo que podía verse, representaba círculos negros entrelazados.

Swisss

El sonido de visitas interrumpió su meditación, pero no su postura.

Dos hombres de mediana edad se acercaron lentamente hasta estar a algunas docenas de metros. Era difícil determinar si no querían acercarse más, o simplemente no podían hacerlo.

– Mayor K’erus, disculpe nuestra intromisión… – saludaron respetuosamente.

No hubo cambios o movimiento en su expresión. Ambos hombres contuvieron sus ansias y esperaron pacientemente.

No fue hasta varios minutos después que escucharon una voz grave y gutural.

– ¿Qué hacen ambos aquí?… – tono molesto.

– ¡Señor!… confíe en nosotros… hemos tomado todas las precauciones al venir. – explicaron de inmediato – Algo grave a ocurrido… ¡El supremo Calius ha sido asesinado!

– Lo sé… – indiferente.

– ¿Lo ha visto?… – indagó uno, sorprendido.

– Ha liberado su poder imprudentemente… y, luego desapareció… – explicó sin voltearse – … sólo por eso, de haber regresado… lo habría matado yo mismo…

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