Pequeña Quin Capítulo 123
– P-Pero… mayor… Calius era uno de los activos más importantes que teníamos en el imperio central. Esto puede afectar seriamente nuestros planes…
– ¿Nuestros?… – se giró por primera vez, acercándose al dúo. Sólo entonces se pudo apreciar su imponente estatura, de unos dos metros – … ¿Crees que me importan tus pequeños juegos?… – enfrentándolos despectivamente, logrando que se retiren un paso de manera inconsciente – … mi único plan es acabar cuanto antes y partir de esta pocilga que llaman hogar. Cada movimiento imprevisto que hagan, sólo puede retrasarlo… y, cada retraso… – mirada fría – … puede traer consecuencias…
El dúo lo miró tenso, apretando los dientes. No eran diferentes a reyes, pero, desde que había llegado este enviado, se habían convertido en poco menos que lacayos descartables en sus ojos. Aun así, no tenían otra elección, más que la obediencia.
– Nosotros… entendemos… – asintieron, cabizbajos.
– ¿Cómo fue?…
– ¿Sí?…
– ¡La muerte!… ¡No han venido aquí si no tienen información clara!… ¿No?… – entrecerrando sus ojos.
– ¡Si!… ¡Por supuesto, mayor!… – aplacándolo rápidamente – … Si bien Calius ha muerto, el equipo que lo asistía ha vuelto de una pieza…
– Ohhh… – levantó una ceja.
– ¡Exacto!… Es muy extraño, pero el mismo responsable los dejó marchar, e incluso… nos ha dejado su identidad… – rechinando los dientes.
– Suena como que alguien no los pone en sus ojos… – despectivo, casi disfrutando del hecho – … ¿Y bien?…
– Según sus declaraciones… Es un erudito errante sin afiliación. Su nombre es simplemente Lehm. Por su apariencia y nombre, fue visto fugazmente con la princesa Tiana al llegar a la isla, pero, él ya estaba aquí desde antes y no ha sido visto desde entonces.
– ¿Dices que logró matar a un supremo naciente de viento?… Por más débil que sea, si liberó su poder, debería tener una ventaja abrumadora para escapar… – frunciendo el ceño.
– Bueno… sobre eso… – tono dudoso – … por irreal que parezca, todos coinciden en que fue incapaz de ofrecer la menor resistencia. Atraído como un perro hasta sus manos y descompuesto por un extraño poder. Suponemos que es un supremo sagrado pico, o incluso esté en la fase saliente, al nivel de los reyes. – tono serio – ¡Por eso hemos venido! Alguien desconocido de ese nivel, es una enorme variable a tener en cuenta.
K’erus escuchó impasible, pero, en algunos fragmentos de la explicación, su rostro adquirió leves tonos de seriedad.
– Además… – continuó el otro visitante – … sabemos cómo ha reaccionado el mismo rey a semejante pérdida.
– ¿Y?…
– El rey ha ordenado que… – mirada confusa – … sobre la muerte de Calius y sus responsables… debe ignorarse toda investigación… – terminó, con el ceño fruncido.
– Parece que el vigía nunca duerme…
– ¡Entonces es así!… – reconocieron al unísono – … ¿Eso significa que no ha sido engañado?… ¿Realmente está buscándolo?… – con suma preocupación.
– No necesariamente… ni siquiera él puede encontrar este lugar… – subestimó – … es sólo un viejo cuidadoso. Razón de más para evitar movimientos estúpidos por un tiempo. – reprendió, con una mirada incisiva – Es muy temprano para cualquier enfrentamiento. Si, por su culpa, tengo que intervenir… – tono amenazante – … todos compartirán la misma suerte…
Los dos hombres tragaron saliva ante la presión ejercida por él, incapaces de formular una respuesta.
– Ahora… desaparezcan, y no vuelvan aquí, a menos que el cielo esté cayendo… – se giró y volvió a su posición original, ignorándolos.
– Entendido… Nos retiramos, mayor. – se inclinaron respetuosamente, antes de salir del lugar.
Luego de atravesar una entrada, se detuvieron a cientos de metros.
– ¡Hermano!… ¿Por cuánto tiempo debemos seguir soportando esto?… – reclamó indignado. Extrañamente, era el mayor en apariencia quién presentaba la queja.
Su hermano, de porte más joven, apretó sus puños tan fuerte que escuchó el crujir de sus huesos.
– ¡Auran!… ¡Sabes tanto como yo!… ¿Por qué me preguntas?… – replicó, furioso – … desde que el jefe enloqueció, todo había finalmente quedado en nuestras manos… ¡¿Por qué un enviado tuvo que aparecer justo ahora?! ¡¡¿Por qué?!!… – gritó al viento.
– ¡Boran!… tranquilízate… – apaciguó en tono preocupado.
– Olvídalo… – desestimó – … él no puede oírnos… no allí dentro… – volteándose para observar su anterior destino – … sólo poder sentir fluctuaciones de poder ya es algo extraordinario.
– Eso espero… – murmuró Auran, siguiendo la mirada de su hermano.
Si uno encontrara el camino, en esta tierra estéril, y llegara a cientos de metros bajo la superficie, encontraría una enorme cueva inhóspita, donde se erigía un inmenso domo, perfectamente liso.
Incluso si estuvieras a su lado, incluso si lo tocaras y usaras todo tu poder… no podrías dañarlo. De hecho, ni siquiera podrías percibir nada de lo que suceda un centímetro más allá de esas paredes.
—
—
¡Boom!…
¡Boom!…
Golpe tras golpe se sucedía, provocando sendas ondas de choque. La superficie, una vez lisa y estable, era un festival de cráteres y destrucción. Nada se salvaba de esa imagen, salvo una zona donde se erguía una extraña residencia.
– Ka ka… estás creyéndote demasiado mocoso… ¡Toma esto!… – advirtió, separándose de un golpe y levantando su mano. En ella apareció una lanza robusta.
En lo que tarda un pestañeo, retrasó su mano y la lanzó en vuelo furioso.
– ¡No es bueno…!
Sintiendo el peligro, extendió su mano y aplicó todo su poder restante. El aire se deformó en una barrera traslucida.
¡Booom!
El arma se estrelló contra la defensa, generando un estallido ensordecedor, y haciendo que retroceda decenas de metros antes de estabilizarse.
– ¡Eres un maldito lunático!… Igual que tu “amo bonito”… – se quejó – … aunque… jaja… que pena por ti, parece que tu nivel 10, ya no es la gran cosa para mí… – se burló, mientras se sentaba y unía la punta de sus dedos.
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