Pequeña Quin Capítulo 137

Modo noche

Su desprecio era tan evidente, que uno podría pensar que veía a la raza enana como una especie de enfermedad. Parecía haber una mala predisposición arraigada en sus ojos humanos, como quién ve a un ser inferior y debe soportar su presencia.

– Baba…

De repente, Violet sintió un tirón en su falda. Al girarse vio a un niño enano, de cabello castaño y ojos amarillos, con aspecto sucio y desalineado, levantando sus dos pequeñas manos hacia ella. En sus palmas sólo había algunas monedas de aspecto ajeado.

– Baba… Dia me an su matada. ¡Dia me!…

¡Pam!

– ¡Quita mocoso!… – exclamó el encargado, golpeándolo sin compasión… haciendo que caiga indefenso a varios metros.

Sin embargo, una mano gentil amortiguó su caída. Violet tomó al niño, permitiendo que vuelva a pararse, mientras le transmitía un poco de vitalidad.

Tal vez su acto fue gentil, pero su mirada se había estrechado, y su humor ennegrecido. Siglos de vida le permitieron conocer todo tipo de violencia gratuita, pero, no por ello le sabría mejor soportarla. Además, el niño fue golpeado por hablarle, en primer lugar.

– ¡No se moleste con él!… siempre está merodeando, ofreciéndonos sus miserias. No parece darse cuenta de que la mayoría no entiende nada de lo que dice. Jaja…

Ignorándolo, Violet acomodó la ropa del niño, quién abrió grande sus ojos en expresión asombrada. No esperaba realmente recibir ayuda de esta dama desconocida, y, en el fondo de esas amarillentas pupilas, apagadas y sin esperanza, se encendió un pequeño y modesto fuego.

– Está bien, todo está bien… – le sonrió amablemente. Entonces, para enorme sorpresa de todos, tocó sus anteojos y comenzó a hablar en lenguaje enano – … “dime que es lo que deseas”…

La reacción de los guardias no se hizo esperar.

– ¡Ohh!… increíble…

– Una mujer tan hermosa y además culta… deberíamos hacerla pasar…

– Jeje… si tanto le gustan los enanos… ¿Por qué no se queda y trabaja con nosotros?…

Por su parte, el niño fue el más sorprendido, al escuchar su lengua fluida, en boca extraña.

– “Señora… ¿Puede entender?” – indagó, aun dudoso.

– “Claro pequeño… dime… ¿Cómo te llamas?…”

Entonces, se agachó rápidamente para buscar las monedas caídas, y volvió a juntar sus pequeñas manos.

– Baba… Dia me ani su matada … (“Señora… por favor, ayude a mi hermana”)

– “¿Qué sucede con tu hermana?… ¿Se han separado?…”

– “!Sí!… mi nombre es Anh’ea… ¡Por favor!… mi hermana… se la llevaron los guardias… y nunca ha vuelto” – señalando hacia la puerta. Luego alzó sus palmas, poniéndose de puntillas – “Tome, es todo lo que tengo… pero, si me da tiempo, puedo conseguir más… lo prometo. Por favor, ayúdeme a buscarla”

Violet vio esas pocas monedas, y no pudo evitar apenarse. No importa que tan lejos estuviera de casa, aún podría decir que su valor aquí sería ínfimo. Sin embargo, también comprendía que ese pequeño había estado trabajando en ese lamentable estado, sólo con la esperanza de que alguien pueda ayudarlo.

Ella se agachó y tomó sus manos, cerrando sus palmas suavemente, y negando con la cabeza.

El rostro de Anh’ea se entristeció de inmediato.

– “¿No es suficiente?… yo… yo, realmente no tengo más… pero…”

– “Shhh…” – Violet puso un dedo en sus labios, mientras frotaba su cabello – … “no pequeño, no hay nada que debas darme. Te ayudaré a averiguar con los guardias. Ven…” – Abriendo sus brazos.

– “!De veras!… Gracias, señora… gracias… ¡Gracias!…”

Anh’ea exclamó, incrédulo, ante una simple muestra de bondad. No era difícil imaginar cuanto maltrato recibía de los guardias cada vez que intentaba preguntar por su hermana. Tal vez, el sólo hecho de hablarle a ella, ya era una muestra de gran valentía… una que Violet no tenía pensado ignorar.

Lo rodeó con sus brazos y lo alzó. Si bien era un niño de unos 10 años, su estatura un poco más reducida, y su cuerpo desnutrido, hacía que se pareciera más a un bebé en sus brazos.

Al principio se sintió tímido, y nervioso… pero, pronto se fue relajando, hasta abrazarse a ella, descansando su tierno rostro en esos generosos pechos. Por primera vez, Lehm dio señales de vida, levantando una ceja.

– Señor encargado… – dijo, en voz alta, volteándose hacia la puerta nuevamente – … es lógico que al menos usted entienda su lenguaje. ¿Sabe por qué este niño busca a su hermana?… ¿No es que sólo ingresan con un pago y su aprobación?…

– Tsk… ¿Cómo se supone que lo recuerde?… y… ¿Por qué debería importarme?… – replicó, molesto por tantas preguntas. Luego, mirando el semblante impasible de Violet, comprendió que no tenía planes de dejarlo en paz – … uffff… bueno… ya sabe… a veces los hombres pueden tener ciertos “criterios” más blandos a la hora de aceptar un pase. Estaría encantado de mostrarle un ejemplo… Jaja… – mirándola de arriba abajo, con una sonrisa cómplice.

– ¡Pero ella no querría entrar sin su hermano!… – replicó, frunciendo el ceño, cada vez más irritada con la actitud de estas personas.

El encargado puso una mueca molesta, disconforme por tanto alboroto. Desde su punto de vista, esas cosas importaban menos que el viento.

– Mire… Señora Virgil… creo que ya hemos sido lo suficientemente amables por aquí. Si no tiene nada más que hacer, le invito a que continúe su viaje, y nos deje encargarnos de nuestros propios problemas. No necesitamos que un extranjero se preocupe por ellos… ¿Sabe?… – invitó, con un rostro no tan cordial como la invitación.

Ella apretó los dientes y se dio vuelta, en dirección a Lehm.

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