Pequeña Quin Capítulo 188

Modo noche

Sosteniendo un vaivén acompasado, las flores se abrían en dirección al dúo, mientras hacía su paso a través del frondoso campo.

Una hermosa vista, un amigable recibimiento. Visto desde arriba, el contraste del límpido blanco y el intenso rojo era cuando menos llamativo.

La sonrisa nunca abandonó el rostro de Quin, mientras cantaba y acariciaba la vegetación, apoyándose de tanto en tanto sobre Draga, que la seguía muy de cerca.

No había bestias sorpresivas, no hubo accidentes o peligros. Todo era sereno y apacible allí.

– ¡Yey!… veo el final. Comida, espera por mí.

Apresurando la marcha, sus manos despejaron el último grupo de flores para dar paso a una imagen de maravilla.

Con el terreno tomando un leve pendiente, todo un entorno de verdes pastos confluía hacia un gran lago central. El campo de flores se extendía a la distancia, rodeando este ambiente, y acunando por sí mismo kilómetros de tierra y agua.

Las tranquilas aguas cristalinas, se convertían en uno de los espejos naturales más espectaculares de ver.

Era un sitio de ensueño, separado de todo. Por supuesto, bastaba con cruzar un simple campo de flores para verlo.

– Es tan hermoso. Pero… mmm. ¿Dónde está mi comida?

|| No deberías ver toda fuente de esencia como posible consumo ||

– ¡Estoy en etapa de crecimiento!… vamos princesa, utilizaré mi detector multialimenticio en la orilla.

Draga ya se había separado y caminaba por su cuenta hacia el lago. En este ambiente aislado y pacífico, nuevos sucesos fueron aconteciendo desde ese día, con el lago de testigo.

La niña en la orilla extiende su mano, la niña habla, una esfera brilla. La niña besa la esfera, la loba sacude su cabeza. La niña señala hacia el lago, como un general que ordena a su ejército.

La niña camina hacia lo profundo, la niña se sumerge. La niña emerge, la niña está molesta. Una mano en su cintura, un dedo efusivo hacia las aguas. Reprende a las aguas, dice que las cosas no quedarán así.

La niña conversa al aire, la niña frota su mentón. Ella rodea el lago, busca un terreno agradable. El tiempo pasa, se ve el atardecer, y la niña está formando alguna estructura de hielo. La niña no se irá.

Es de noche. Una loba duerme al filo del lago, la luna se refleja hermosamente sobre las aguas. Todo es calma y serenidad.

La niña se acurruca al resguardo de la loba. Su estructura de hielo ha desaparecido. La niña está cansada del viaje, mañana volverá a intentarlo. La niña no se desanima.

La luna se despide, la luz regresa. Es un bello amanecer.

La niña se estira y saluda al sol. Su energía está renovada. La niña corre hacia las aguas, la niña se sumerge. El tiempo pasa, la niña sale. La niña no está feliz. Sin embargo, más tiempo ha pasado, un progreso ha sido hecho. La niña lo intentara de nuevo.

La niña invoca un comando. Revisa algo frente a ella, aunque nadie puede verlo. La niña vuelve a crear hielo. Finas barras que intenta unir ordenadamente, en alguna especie de estructura triangular.

Es el atardecer, los ojos de la niña se han vuelto verdes, su trabajo muestra un progreso. La niña resopla, no está satisfecha. Todo vuelve a la nada.

La luna le devuelve un saludo. Sentada sobre la orilla, la niña sostiene un pacífico cavilar, lanzando piedras al lago, creando pequeñas llamas en sus manos. La niña no tiene sueño, pero la loba ha estado durmiendo, reposando cerca del lago. La niña la mira y pone una tonta sonrisa. La niña no tiene sueño, pero se acurruca junto a ella y cierra sus ojos. Mañana lo intentará de nuevo.

Ya es el quinto día de su estancia aquí. Nadie ha interrumpido su paz. Dando artísticos saltos, sus pies tocan el agua y vuelven a elevarse. Avanza unos metros sobre la espejada superficie, y finalmente decide sumergirse.

La niña se siente más confiada. El tiempo pasa, la niña sale. La niña no está satisfecha, pero no se desanima. Un progreso ha sido hecho.

Hielo nace de sus manos, y una estructura mayor comienza a tomar forma. La niña lo está intentando en grande. La niña asiente, frotando su mentón. Parece estar encontrándole el truco a esto.

La noche está cayendo. La loba ha dormido varios días. La niña sonríe, no puede evitarlo. Se recuesta a su lado y mira las estrellas. La niña le habla, aunque sabe que no escuchará. Menciona castillos y viajes fantásticos. Le pide paciencia, y le promete una eterna amistad.

La loba probablemente agradezca estar dormida.

Una docena de soles han recibido sus buenos días. La niña “corretea” sobre el agua, y se aventura cada vez más hacia el distante centro. Decide el punto y se zambulle como un elegante pez.

Mucho tiempo ha pasado. La niña emerge. Se muestra algo reacia, pero recupera rápidamente la sonrisa. Camina cantando por el verde césped, y detiene su paso en las cercanías del lago. Sus ojos zafiro se tiñen de blanco, su cabello se balancea mágicamente, y una estructura de hielo va tomando forma.

Es un esqueleto. Finas pero resistentes barras de hielo se van conectando enfrentadas, formando una V invertida. El proceso es fluido, ha hecho esto muchas veces.

Barras verticales hacen las veces de soportes. La niña apoya su palma, y una fina película de hielo va formando una pared a cada lado, reposando sobre las barras.

La niña golpea sus palmas. Esta vez ira por todas. La niña se sienta frente a su creación. Sus ojos se tornan verdes, las manos sobre el suelo, y la tierra que despierta.

Lentamente, el milagro sucede. Raíces y brotes se mezclan con la tierra, creciendo y creciendo, avanzando y descansando sobre la fina capa de hielo. Una estructura va tomando forma.

No es rápido, no es fácil, pero pronto la niña construirá un hogar con sus propias manos.

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