Pequeña Quin Capítulo 214

Modo noche

Antes de cruzar el umbral de la habitación, tenía una idea bastante precisa sobre qué es lo que encontraría detrás.

Una joven de vestido blanco y rojizos cabellos, con un pequeño gorro marrón tapando su frente cerca de unos vivaces ojos zafiro. Con una edad tan escasa como su imperceptible cultivo.

Resultaba en toda regla una perfectamente normal y entrañable niña, cuyos delicados rasgos e inusual personalidad eran lo más extraño que uno podría encontrar a simple vista. Tal era la perfecta y acertada descripción que su pupilo le había entregado.

Pero no había abandonado todas sus tareas bajo una premisa tan monótona e irrelevante. Cuando su discípulo le dijo que había conocido a una bruja legendaria, su primera reacción fue de incredulidad, y aun cuando le permitió interrogar uno por uno a sus acompañantes, todavía se negó a considerar tan lógica como la explicación más certera.

Pero, todavía estaba aquí, y por una razón bastante más simple de lo que parecería.

Orgullo.

El orgullo de confiar firmemente en el criterio de su propio discípulo.

Lo que reposaba en su mano era una de las bestias sagradas más esquivas y orgullosas. No sólo capturarlo fue una odisea memorable, sino que tomó años de paciente interacción lograr la más básica de las obediencias.

Y aquí estaba, viendo cómo se interesaba por el más rudimentario e infantil de los llamados.

– Emm… no está viniendo… – se quejó, algo decepcionada.

El ave no había avanzado, pero sostenía su expresión curiosa ladeando levemente su cabeza.

~Fruuuu

La pequeña acercó aún más su mano e infló sus cachetes intentando imitar el silbido sin éxito.

A pesar de su adorable fracaso, parecía haber logrado acumular el suficiente interés en el indeciso plumífero, quién lento y perezoso levanto una de sus patas y la apoyó en su pequeño dedo.

– ¡……….!

En ese instante, las pupilas del sabio se estrecharon como alfileres y sintió un estruendo golpearle por dentro. Era el sonido de su concepción del mundo siendo destrozada.

~Tap

– Wiii… eso es. Ven, mira, te presento al señor detector de comida. También tengo otros compañeros, como la princesa, Marroncín y la reina tacañ… ¡Hey! No, no… eso encuentra la comida, no es para comer…

Mientras la pequeña sumía el cuervo en su propio mundo, el buen hombre observó petrificado esa mano vacía. Nada en su extensa vida lo había preparado para enfrentar tan inverosímil situación, pero aun así esa niña seguiría estando frente a él de manera irrefutable.

Cuando finalmente cayó en la cuenta de esta realidad, sintió el despertar de una gran emoción qué creía ya extinta en su antigua alma.

¿Cuándo fue la última vez que había sentido algo parecido?

– … mhm. También podríamos volar con la princesa… ¿Te gustaría venir?…

– ¡………!

Fue arrancado repentinamente de sus pensamientos al percatarse de que esa inocente niña estaba intentando reclutar su preciada bestia sagrada. Al ver el cuervo meditarlo inclinando la cabeza, comenzó a sudar como en sus días de novato.

~Fiuuuuuu

Ejecutó su llamado inmediatamente, y unos eternos segundos pasaron mientras veía como el ave se giraba hacia ambos en un indeciso dilema.

~Swish

– Wa…

Cuando finalmente volvió leal a su mano, pasó su brazo por la frente dando un largo suspiro de alivio. Le susurro algunos comandos y desapareció tan rápido como vino, no sin antes darle sus perspicaces ojos dorados un último vistazo a esa misteriosa niña.

– Ho ho… no te preocupes podrás verlo nuevamente si lo deseas.

– Mmm… – asintió a regañadientes, al ver cómo el “pajarito” partía.

Barerov hizo un momento de silencio para procesar este trascendental descubrimiento, que sin margen de error respondía fiel a la descripción de su pupilo. Ese verde brote de procedencia desconocida desprendía inconscientemente un mágico hechizo, el cual se diluía en relación a la fuerza o el estímulo del hechizado.

Sobraba decir que ella era completamente inocente e ignorante de sí misma, incapaz de controlar los efectos de su propia magia… incapaz de comprender lo precioso e irremplazable de su delicada existencia.

– Es un gran talento el que tienes allí. ¿Te gustaría aprender más sobre las bestias con este sabio como maestro?

– ¿Maestro? Tengo uno… el único e irremplazable maestro de esta pequeña. Abuelito, debes saber que no podrás tentarme… – declaró con orgullo, palmeando su pecho.

|| ……… ||

– Vaya, vaya… esa es una honorable declaración. ¿Puede ser que tu maestro esté enseñándote a entrenar bestias?

– Emm… – frotando su mentón, rememorando su tiempo con él – … aprendí muchas cosas, pero nunca hablamos de bestias.

– Lo ves. Sabes, en la vida tendrás muchas cosas que te gustaran, cosas de la cuales querrás aprender, y en cada caso alguien capacitado te servirá de guía. No hay nada de malo en tener varios maestros y aprender de ellos. Este anciano es llamado “Sabio domador”… un título que indica gran maestría sobre un oficio. Tal vez podría enseñarte cosas que tu maestro no.

Al escuchar esa última frase, ella frunció los labios e infló sus cachetes en señal de descontento.

– Hmpf… abuelito, no conoces a maestro. Él sabe de todo, y es llamado “Super erudito”… – tono jactancioso.

– ¿Un erudito extranjero? Bueno… eso es inesperado… – levantando una ceja.

Aunque separados por una inmensidad oceánica y conflictos inmemoriales, aún conservaban grandes similitudes con los extranjeros en los aspectos fundamentales.

Si sabio era el reconocimiento por grandes logros en una materia, un erudito era básicamente un sabio en al menos tres de ellas. Una distinción que nació debido a la longevidad creciente de los máximos cultivadores, que en el transcurso de su vida eran capaces de ahondar en los más profundos misterios de múltiples áreas.

– En ese caso estaría encantado de conocer tal ilustre individuo. – imaginando en su mente a un anciano de blancos cabellos y arcaica mirada – Sin embargo… sobre eso…

Frunció el ceño, mirando a su alrededor. No necesitaba experiencia para darse cuenta que ella estaba siendo retenida y viajando sola en estas tierras poco amigables con su raza.

Había demasiados misterios por resolver detrás de este travieso individuo.

– Puedo presentártelo, cuando termine mi misión seguro hará algún fushhh y aparecerá para darme el gran regalo… pero no antes.

– Oh… – entendiendo vagamente algo de la situación – … pero, mientras estés aquí no podrás cumplir ninguna misión. Cuéntale a este anciano la verdad… ¿El hombre malvado te ha secuestrado? ¿No?

– Mhm… mhm… – asintió alegremente – … estoy siendo secuestrada.

– ¿……?

Esa definitivamente era y a la vez no era el tipo de respuesta que esperaba. En cualquier caso, puso una sincera sonrisa amable y extendió su mano.

– Pues, ya no más. Este viejo se encargará de rescatarte y sacarte de aquí sin falta…

– ¡Weeee…! ¿Me vas a rescatar?…

Totalmente contrario a lo esperado, la pequeña Quin exclamó en un tono lastimero, mientras miraba hacia abajo con un puchero en sus labios, aparentemente a punto de sufrir una gran injusticia.

– Esto…

Su confundido salvador se rascó la cabeza torpemente. En su vida había visto alguien tan triste por ser liberado.

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