Pequeña Quin Capítulo 260 – Sobre caminos y despedidas.

Modo noche

Su cuerpo se contrajo y quedó rígido a merced de esa repentina técnica. Sentía como si miles de hilos estuvieran atravesando su ser y envolviéndolo férreamente.

¿Qué es lo que pretendía? ¿Era esto un ataque? ¿O alguna especie de experimento? A cada momento su tez se tornaba más pálida y una debilidad inusual se extendía por todo su cuerpo.

– Hugh-…

Cuando finalmente retiró su mano, ella cayó vencida sobre sus rodillas y apoyó una mano en el suelo para sostenerse, mientras tomaba agitadamente su pecho con la otra.

– Q-Qué… ¡¿Qué me has hecho?!

– ¿No lo sabes?…

– ¿……? – intentó concentrarse, mientras la pequeña herida comenzaba a recuperarse a simple vista – ¡¡………!! Esto… ¡¿Q-Qué?!

Lo que fuese que sintió, levantó su cabeza hacia Lehm inmediatamente, con una expresión atónita. Esa extraña sensación, o la ausencia de ella, no podía estar equivocada, pero las implicaciones eran demasiado chocantes para procesarlas de golpe.

– ¡No!… ¿Cómo…? Él debería ser…

– ¿Más fuerte? – sacudió su cabeza, mientras el aro de metal aparecía entre sus dedos – ¿Es acaso la fuerza una variable absoluta? Hablas en grande, pero piensas pequeño. Cortar temporalmente tus cadenas no depende de tal burda premisa.

– ¡………!

¿Cortar temporalmente? Tales palabras bastaron para comprobar sus sospechas. Su presencia allí en calidad de celestial sin duda era una enorme sorpresa, pero no algo que no pudiera asimilar o comprender. Sin embargo, era la primera vez que veía a nadie con recursos tan avanzados como para anular una técnica de Mehel. Considerado entre los más instruidos desde la calamidad, tal vez había tropezado con un digno rival.

– Ya veo. La cadena cambia de dueño. – murmuró, incorporándose lentamente con expresión vacía.

En pocas palabras, ahora tendría que seguir los caprichos de ese hombre. ¿Querría experimentar con su particular don? ¿Ordenarle servirle? Se frenó de golpe al recordar su conversación con Quin. Definitivamente era un hombre con sucias intenciones.

– ¿Dueño? – levantando una ceja – Lo siento, no me apetece estar enlazado a un pequeño volcán irritable… – rechazó de plano.

– Depreciable. Dices eso, pero ahora eres tú quien puede encontrarme y controlarme. ¿Cuál es la diferencia?

– Presumes más de lo que mis palabras detallan. Las cadenas son molestas, largas y pesadas… tienes qué tirar de ellas, o ser tirado. ¿Por qué alguien querría llevar una consigo o tomar cualquiera de sus extremos? – extendió los brazos en vehemente incomprensión.

– Imposible. Tiene que haber alguna condición…

– Mmm… existe naturalmente una línea inalterable.

– ¿Línea?

– Considérala… su desarrollo. – mirando hacia la enmudecida Quin, quién era ignorada por ambos mientras protegía a Ákina de las garras de su maestro – Investiga sus secretos, aprende costura, se mesera, cuenta piedras en un arroyo… – enumero casualmente – Vigila tus pies, y la imaginación será el límite…

– ………

La confusión no hizo más que aumentar al notar instintivamente que había una cierta veracidad en sus expresiones. Más que interesado en controlarla y explotar sus habilidades, parecía carecer de cualquier interés en nada más que dejarla ser y simplemente observar el resultado. ¿Qué clase de persona haría eso? ¿No se daba cuenta de lo especial que era? De algún modo era tan extraño como molesto.

– Sin embargo… – agregó en un tono más serio – … me sentiría profundamente decepcionado sí la determinación de tus palabras es tan frágil.

– ¿Por qué? – atinó a preguntar finalmente.

Por supuesto, sus palabras no se referían al por qué de su decepción, sino al origen mismo de sus incomprensibles actos.

– Mmm… es extraño. – sonrió con ironía – Exiges motivos a un despreciable hombre caprichoso. Tal vez simplemente quiero jugar contigo… ¿No lo crees?

– ………

Silencio.

_ ¡Mmmm!…  m… mmm… mm… mmmm…

Ya incapaz de mantenerse en silencio, Quin puso sus manos en la cintura y comenzó a sermonearlo entre sordos balbuceos, ante lo cual Lehm hizo un gesto casual.

– Mm… mmm…aces a mi amiga?… si la asustas no querrá venir con nosotros…

– Sólo le ofrecí un pequeño regalo. Cómo lo use depende de ella…

– ¿Mmm?… ¿Eso significa que ya me la puedo quedar?

– No soy participe de ese negocio…

– ¡Yey! ¿Escuchaste? – se giró para abrazarla, pero esta vez ella ni siquiera actuó por reflejo y fue atrapada – Maestro dijo que puedes venir… jiji… espera a conocer a la princesa…

– ………

La mente de Ákina estaba en blanco. Desde que abrió los ojos por primera vez en aquella incubadora, e incluso luego de completar el experimento, jamás concibió lo que era ser verdaderamente dueña de sus acciones. ¿Así como así, simplemente, era realmente libre? ¿Qué se suponía que debía hacer?

– Mmm… espera…  regalo… regalo… – frotando su mentón pensativa – ¡Regalo! ~Ma… es… troooo~, ¡Es finalmente el tiempo para mí gran regalo!… – girando artísticamente y extendiendo su mano en expectación.

– Mmm…

En silencio, él abrió su palma con los dos objetos encima de ella.

– Así que… ¿Has obtenido un segundo ejemplar?

– Como lo ves maestro… rápido y eficiente… ¡Ejem! – levantando su nariz.

– Mmm…

Frotando lentamente su mentón, él puso una sonrisa serena mientras miraba su mano pensativo.

– Maestrooo… – estrechó los ojos, frunciendo los labios – ¿Por qué tienes la sonrisa “voy a hacerle algo cruel a mi discípula”?… haces temblar este inocente corazón…

– ¿Cruel? Oh, no… sólo recordaba los términos de tu misión.

– Sí. La misión que esta pequeña recibió con gran valor fue viajar al sur y conseguir otra hoja misteriosa. Me complace anunciar que tras muchas batallas y grandes técnicas, la he completado maravillosamente…

– No es del todo preciso… ¿Qué hay sobre la parte de encontrar su origen?

– Wa… O… ¿Origen dices? He he… – rascando su cabeza torpemente – ¿Había algo como eso?

|| Los términos exactos fueron: “Debes encontrar su origen, al sur, y obtener otro ejemplar” ||

¡¿Y ahora me lo recuerdas?! Oh… sí… ya lo sé. ¡No lo digas!

|| ……… ||

– Sin embargo, el descubrimiento de una ruta alternativa podría ser considerado una variable afín…

– ¡Yey! Maestro, siempre eres el mejor… – limpiando el sudor de su frente.

– Mmm… llegados a este punto y cumpliendo lo pactado, tomaré las pruebas y recibirás tu premio.

– Jiji… vas a sorprend-…

– ¡De ninguna manera!

Una vigorosa voz de mujer ingresó a la escena e interrumpió su discurso. Sin contener su aura y con un aspecto mucho más saludable, la apariencia de Azadea había sumado varios puntos en belleza e imponencia.

– Señor Lehm, eso me pertenece y tomarlo está fuera de cualquier discusión. El préstamo acordado ha concluido. – acercándose hacia él y extendiendo su mano – Con su permiso…

Sin obtener oposición, removió el objeto de esa palma y lo guardó celosamente entre sus prendas.

Lehm dirigió su mano hacia Quin, exhibiendo el solitario objeto en ella.

– Kuhum… eso dice. Entonces… ¿Dónde está tu segundo ejemplar?

– ¡¿Weeeeeeeeeee?!

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