Pequeña Quin Capítulo 261

Modo noche

– No no no… maestro, ¡Yo conseguí otro!…

– No obtienes lo que no tienes… – rechazó.

– Buuuu… ¡Deaaaaaa!…

– ¡Olvídalo! No caeré en otro truco… esto es absolutamente imprescindible para mí.

Esta era la urgencia que estaba olvidando. Podía comprender que Lehm tuviese algo como eso en su poder, aunque no esa alocada misión de su discípula. En cualquier caso, ya había sido explicito en no ayudarla más de la cuenta, por lo que jamás entregaría su único ejemplar.

– Espera… ¿Eso significa… que no habrá gran regalo?…

– Los resultados son evidentes… – extendiendo sus brazos, indefenso.

Ella bajó su rostro con rostro dolido, como sufriendo un gran agravio, y sus labios se arrugaron en un triste puchero mientras le lanzaba miradas a su maestro.

– Maestro… voy a llorar…

– Considérame notificado…

– ¡Maestro!… – se levantó molesta, retirando su fachada – ¡No es justo! He trabajado tan duro… incluso aprendí la super técnica. Mi corazón ya no puede soportar tanta crueldad. Exijo una compensación…

– Mmm… ¿Esa técnica? – ojeando alrededor – Ciertamente, un sitio idóneo para tal suceso. Lo has hecho bien…

– Lo he hecho super bien… ya estoy lista para mi verdadero estilo. Prometiste que tendrías mi regalo de batalla para este momento.

– No con la prueba mediante… – corrigió, mientras ella unía sus manos y le lanzaba suplicantes parpadeos – Ufff… pero considerando tu avance, luce como una concesión razonable. Ten… lo he construido especialmente para ti.

– ¿Eh? ¿Maestro lo has hecho? – sintiendo una nueva felicidad de un tipo desconocido.

– Mmm… – extendiendo sus dos manos.

En ellas apareció un arma. Más precisamente un arco corto levemente recurvado, de un perfecto blanco y cuerda cobriza. Su apariencia era de indiscutida elegancia, pero en ningún caso algo llamado a ser un arma imponente, mucho menos considerando su origen.

Aunque tal vez esperaba algo más llamativo, ella lo tomó alegremente y comenzó a probarlo, haciendo poses de batalla. El resto no demostró demasiada emoción al vero, aunque si algo de curiosidad.

– ¿Cuál es el grado del arma? – indagó finalmente Azadea.

– No es un arma clasificada.

– ¿No clasificada? – con desconcierto.

– No admite refuerzos armónicos, ni posee mejoras prácticas o compatibilidad elemental. Pero responde tan bien como cualquier arco de entrenamiento.

– ¿Llamas a eso un regalo?… – criticó Ákina, saliendo un poco de su estupor.

Él sonrió sin molestarse.

– En este momento, no existe un arma más apropiada para ella…

– Me gusta. – abrazándolo a su pecho – Haremos grandes cosas juntos…

– ………

Si algo había que reconocer, era su facilidad para encontrar felicidad en las cosas más simples, aunque sus demandas rara vez lo fueran.

– Eso es todo cuanto obtendrás.

– Buuu… – resopló, aun algo molesta – Por cierto… ¿Cómo está hermano?

– Haciéndolo bien… a su manera. Concéntrate en tu tarea, y recuerda… el tiempo no apremia…

– Mmm… – asintió, volteando hacia Ákina – ¡Pequeña carmesí! Grandes noticias. Gracias a este trágico destino, podremos ir de aventura juntas hacia lo desconocido…

– Nunca dije que iría contigo… – replicó.

– Jiji… no seas tímida… escuché todo todillo. Piensas mucho en mi… quieres saber todo sobre mi… – extendiendo sus brazos al cielo – Puedo sentir el comienzo de una gran amistad…

– Chst… eres una cosa realmente molesta…

– Wa wa… shh… – poniendo un dedo en su boca.

– ¿……?

Tras formarse un momento de silencio, se percató del evento al que su actitud había dado desenlace. Pronto se sintió invadida por una mirada tan tranquila como penetrante.

– Mi discípula… Quin es su nombre. No es una cosa vana o carente de identidad…

– Estoy al tanto… – replicó con prudencia, pero sin dejarse intimidar.

– Eso es bueno. – sonrió satisfecho – Puedes disculparte entonces…

– ………

Un concurso de miradas dio inicio, mientras ella sopesaba las “terribles” consecuencias de su respuesta. No había olvidado la casual advertencia al respecto, pero se le daba pesimamente mal recibir órdenes.

¿Qué pensaba hacer? Un simple castigo no sería era capaz de doblegar su voluntad. Sentía que estaba subestimando el grado de tortura y dolor al que su cuerpo fue sometido.

– Yo… no lo creo… – resopló tercamente.

– Waa… maestro… sólo es el modo cruel… no es una niña mala. No me molesta…

Quin intentó excusar a su amiga calmando con sus manos. Había escuchado la conversación previa y conocía bien la fidelidad fáctica de su maestro.

Él le sonrió gentil frotando de repente su cabello.

– Odio, amistad, aprecio, desprecio… sujeta a cualquier otro juicio humano, nadie hará de tu existencia un objeto frente a mis ojos…

Entonces abrió su palma y ella fue impulsada suavemente unos metros.

– Waaaaaa…

~Tap

Un pie resonó a continuación y el área alrededor de Ákina y Lehm fue sellada por una barrera opaca.

– ¡………!

Ella no tardó en notarse atrapada junto a Lehm, quién la miraba impasible con sus manos detrás.

– Tú… no puedes intimidarme. Tampoco creas que porque me has liberado voy a obedecerte… – lo enfrentó sin miedo.

Manteniendo el silencio, Lehm caminó el breve tramo que los separaba, mientras Ákina se mantenía firme sabiendo que escapar era inútil y una seña de debilidad. ¿Qué tipo de técnica especial pretendía usar?

Sin mayor preámbulo él llegó frente a ella y rodeó su cintura, levantándola del suelo y cargándola en su costado como un tronco recién cortado.

– ¡¿Qué haces?! Suéltame… esto es tonto, e inútil. No voy a disculparme…

Aun en silencio caminó con ella unos pasos de vuelta hasta la silla en el centro. Entonces se sentó tranquilamente, levantándola y poniéndola boca abajo sobre su regazo.

– ¿Qué crees que…

¡¡Plap!!

Sin ningún aviso, levantó su mano y golpeó fuertemente su trasero, provocando una sonora respuesta y haciendo que los ojos de Ákina se abrieran con incredulidad.

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