The world of Pendor – Capítulo 5
Capítulo 5 – Aprendiendo sobre Pendor II: Religión y razas
Me fui a mi cuarto luego de obtener más libros por parte de Arthur. Tener que hacer un examen de lo que había aprendido durante estos días no era algo que quería hacer y por lo tanto, leer acerca de los nuevos libros tampoco eran unas de mis prioridades. Sólo hoy y mañana estaré o trataré de estar relajado y olvidar un poco sobre mis estudios. Los maestres quizás no me vean con buenos ojos por escatimar un día o dos de relajo por los estudios.
Eso mismo iba a hacer.
Llegando a mi habitación, dejé los libros que cargaba en el escritorio, todos apilados uno por uno. Miré mi cama un momento ya que una de las cosas que podía hacer era dormir todo el día. Pero había despertado hace algunas horas por lo que si hacía eso, muy probablemente sea levantado por la fuerza de Loretia y eso era algo de las últimas cosas que desearía en esta vida por lo que tomé los libros uno por uno para ver de que trataban.
“Religiones de Pendor… Damia Provideo… Razas y especies… Mm… Estos libros tratan sobre las religiones y las especies que existen pero… ¿este?” Miraba los libros uno por uno y el último de ellos fue el que me llamó la atención. “¿Noldor?” Di vuelta el libro para verlo de ambos lados y era muy pequeño. Tire los demás en el escritorio y me puse a leer este que decía “Noldor”. Fue la única palabra que podía entender de la tapa. Lo abrí y pasaba las hojas poco a poco y una por una… pero no entendía nada. Volví a pasar las hojas y miraba las palabras que aparecían y sin duda alguna, era el lenguaje Noldor… Esto vale oro. Busqué un lugar para guardar esto y atesorarlo para poder tratar de aprenderlo poco a poco o más que nada, guardarlo. “Quizás Arthur se habrá confundido… De todas formas, me lo quedaré.” Me puse a pensar un poco y con respecto a los idiomas, debería pedir también que me enseñaran otros idiomas… Sí, eso es.” Con eso en mente y otras cosas que había pensado, dejé los libros a un lado, acomodándolos para luego irme de mi habitación.
Cuando abrí la puerta, mi padre estaba allí, viéndome con una cara alegre. Parece ser que abrí la puerta antes que él, quizás una razón para verme de esa manera.
“¿Qué sucede padre?” Le pregunté mientras entraba en mi cuarto y caminaba por él. Vi cómo se detuvo unos segundos en mi escritorio, viendo los libros desparramados y otros abiertos. Pasaba las páginas de cada uno de ellos mientras seguía parado en la puerta con ella en mano mientras lo miraba.
“¿Has estado estudiando verdad?” Sus ojos no se separaban de mis libros.
“Si, he estado estudiando como corresponde padre por lo que no hay nada que preocuparse” Le respondí. Solté la puerta y me puse a un lado de él mientras le respondía. Mi padre observaba como me acercaba y dio una pequeña sonrisa acariciando mi cabello y cabeza. “¿Qué sucede padre?” Separe su mano de mi cabeza y me aleje un poco. Ya no quería que me acariciase la cabeza. Mi cabello tenía una forma que había estado peinado estos días y eso lo iba a arruinar.
“Arthur ha dicho que tus progresos van bastante bien. Dijo que no ha hecho hincapié en tus estudios pero ha dicho que has demostrado saber y eso es bueno” Se arrodillo y se puso a mi altura y puso su mano en mi cara. “Sigue así Sadren y quizás te enseñe a empuñar una espada” Dio unas palmadas y se levantó para retirarse de la habitación. Pero no se fue, quedó parado en la puerta y volteó su cabeza. “Tus primos y tíos aún quieren verte, ¿quieres venir?” Miré mis libros y luego vi a mi padre y la decisión fue fácil.
Fui con mi padre porque lo que menos quería hacer ahora era estudiar.
Dos días pasaron y en esos dos días lo que hice fue conocer más a mi familia dejando un poco de lado los estudios. Claro estaba que antes de eso, pedí a los demás maestres que notificaran mi decisión a Arthur ya que no lo pude encontrar en ningún lado por lo que Alexis y los demás lo notificaron porque no estaría estudiando con ellos.
Mis primos y primas, todos ellos eran buenas personas y me trataban con respecto y cariño. Por lo que supe de ellos, estos eran vasallos de mi padre. Tenían un pequeño territorio al oeste, cerca de una montaña donde tenían excavaciones de diversos minerales dándoles a mis tíos una enorme cantidad de ganancias y para ello, la familia también consiguió grandes cantidades. A pesar de ello, tanto mis tíos como mis padres no conseguían aumentar sus estatus de nobles, permaneciendo como vizconde y barón respectivamente.
Pero a mis primos poco parecían importarle. Tenía tres de los que eran dos chicos y la última una chica. Ella tenía mi edad, su nombre era Laelia. Cabello con una trenza color negro y unos ojos jade, muy llamativos. Vestía un vestido rojo con algunos encajes dorados. Sabía que cuando ella creciera, sería bastante hermosa. Como tal, ella estaba interesada en aprender a ser una dama, digna para cualquier esposo. Por otro lado, sus hermanos eran gemelos y por supuesto, eran iguales. Vel y Val, los nombres de ambos. Iguales a su padre en su juventud, cabello negro, ojos verdes claros no tan fuertes como los de su hermana menor. Para hacerlo peor, estaban vestidos igual, llevaban puestos una armadura de cuero, un conjunto completo portando también una espada cada uno. Para su edad, siendo estos 15 años, era normal que ya estuviesen interesados en el arte de la espada, algo que aún no podía aprender.
También estos dos días estuve viendo como mi padre ejercía como juez en algunos casos que ocurría en la ciudad de la cual los pobladores pedían la intervención del señor de la ciudad para sus casos. Eso hacía mientras que también leía un poco. Aprender ambas en un momento también fue una buena idea.
Leía sobre las religiones, interesado más que nada en la que predicaba El Imperio al cual éramos vasallos. Era interesante aprender esto. Nunca en el juego se tenía una oportunidad de aprender estas cosas ya que no había mucha información y ni hablar de que en Pendor todavía existiese otras especies conocidas.
En mano tenía el libro de “Religiones y razas” y él “Damia Provideo” siendo el primero el que leía por el tema de las razas.
Según el libro, Damia era la representación de la figura de una mujer madura galardonada con maíz y cubierta con diferentes sales. Su figura brillaba y más para todos los granjeros que sentían su protección y su mirada sobre ellos manteniéndoles calientes y daba lluvias que producía una excelente cosecha. Esta Diosa era la que se predicaba y la que se trataba de usar para poder reemplazar a Azi Dahaka, deidad que adoraban las personas que se unían al Culto de las Serpientes.
Culto de las Serpientes.
Eran iguales que los esclavistas, capturando gente y luego venderla pero este culto no vendía a sus esclavos y tampoco los llamaba esclavos. Capturaban bebés de preferencia niñas para educarlas y entrenarlas en su religión y sus ideales. Con su acento y su forma de hablar, podían cautivar a muchas personas atrayéndoles a su causa. Traté de no indagar más sobre el tema. Era algo que podía preguntar a los maestres para que me expliquen mejor ya que encontraba cosas que me parecían raras y que no formaban parte del juego por lo que los anotaba en un papel con mis demás dudas.
Entre tanto, mi padre seguía impartiendo justicia. Turnaba entre la lectura y esto y la verdad no paraba de parecerme interesante. Sabía que esta sería mi vida en el futuro si algo malo llegase a pasarle a mi padre por lo que atendía de a ratos. Mi padre mostraba una seriedad en el asunto, algo que pocas veces miraba de él. Miraba un rato todos los casos hasta que habían terminado. Mi padre me dio un saludo y me avisó y aconsejo de seguir estudiando y que si necesitaba un lugar calmado, debería ir a mi cuarto. Pero le rechacé la idea. Aquí podía recibir comida entre tanto por lo que no quería irme de aquí.
Minutos después de que todos se vayan, quedando yo y unos pocos guardias, había silencio total. Respire hondo y luego lo liberé. Esta vez mire la otra parte del libro, el que contenía las descripciones de las demás razas. Pendor no tenía otras razas que fuera la Noldor y la existencia de otras hace que me alegrara internamente y tuviera ganas de ver quiénes eran. Espera que fuese como los cuentos e historias que he leído. Enanos, ogros, muertos vivos, cosas de ese estilo.
Pero, no esperaba que lo haya tantas otras razas y todas ellas las que esperaba. Lo que si me parecía raro era la poca cantidad de información que había de ellos. Sólo ilustraciones de todos ellos. Pasaba página por página leyendo todo el contenido. Si, existían otros elfos. Aquellos que serían la estirpe de los Noldor, una rama menor y los elfos oscuros. Enanos, ogros, orcos, muertos vivos, criaturas raras y más. Cosas que nunca esperaría que hubiera aquí.
Las últimas páginas nombraban a los humanos. Miré extrañado esto porque no esperaba que los pusieran aquí. Fue hasta que leí un poco que nombraban a los Jatu, reino extremadamente fuerte.
“¿Los Jatu tienen un reino?” Leí atentamente todo lo que decían de ellos. No pensaba que lo categorizaran como una raza aparte de la humana con lo que leía. Monstruos era la palabra que se utilizaba para describirlos. Parpadee varias veces hasta que por fin entendí por qué razón lo han puesto aquí. “Deben pensar que son monstruos pero… ¿cómo es que tienen un reino ellos?” Contemplaba el libro en la página que mencionaba a los Jatu. Me puse a pensar un poco, ¿qué tantas cosas hay en este mundo que hayan cambiado? Despejé mi mente para centrarme en leer un poco más el libro. Retome un poco las religiones. Astraea, Diosa venerada por los Caballeros del Amanecer, Erida Occisor por parte de los Herejes, Eunomia Stabilitis, divinidad que estaba presente con el Imperio Pendor y sigue ahora mismo con el Reino de Sarleon, HafSigla, Dios de los invasores Vankerries, Indar, Dios de los Jatu, Thallo Ver Shures, una joven desnuda que era altamente alabada por el Fierdsvain, Ullr Vert, deidad que representaba a todos los arqueros del mundo y se manifestaba en un arco, dando también bendiciones a aquellos que lo alabasen, Vata, Dios del Principado D Shar y Vejovis, Dios de los Clanes de la Montaña. Había breves menciones de las mismas, no había mucha explicación de ellos.
Ya aburrido de estar tanto tiempo estudiando, cerré los libros. Le pedí a uno de los guardias que estaban allí que ordenara a alguien que llevase mis libros y apuntes a mi cuarto. Estaba cansado y aparte quería bajar la comida, una buena combinación. Me levanté de la mesa mientras una sirvienta llevaba mis cosas a mi cuarto y estire un poco.
“Ahora que me duele el cerebro, es hora de hacer que me duela el cuerpo” Dicho eso para mí mismo, mi destino ahora era ejercitar desde temprano para poder tener una buena forma y condición para que cuando sea adulto, tener una buena condición física-
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Espero que les haya gustado
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