Moshikashitara Capítulo 1
Capítulo 1 – Conociendo a una niña
Un joven hombre caminaba por un profundo bosque.
El bosque no había sido tocado por manos humanos y, a pesar de la luz del sol, estaba oscuro. No se oía nada más que algún pájaro ocasionalmente. Era un lugar con una persistente presencia opresiva.
Su cara mostró una expresión bastante antipática, mirando la espada que sotenía en la mano.
-Ah… Joder.
Escupió a un lado mientras frotaba la espada contra la hierba. La mugre apestaba.
-Normal que nadie quisiera hacer este trabajo… Diantres, tendré que enjuagarme antes de volver.
Su expresión se agravó todavía más al notar que había mugre incluso en su abrigo de cuero.
Acababa de terminar la petición de acabar con unas ranas demoníacas que sobrepoblaban el bosque. Subyugarlas no había sido difícil con la confianza que tenía en su espada y habilidades mágicas, lo parte más complicada había sido caminar hasta allí y volver.
-Me sobraba tiempo antes de mi siguiente trabajo así que me lo tomé como una forma de matar el tiempo pero… Vaya pérdida de tiempo.
Sus hombros cayeron al exhalar un suspiro que se mezcló con el sonido de sus pasos chapoteantes que dejaban huellas en la viscosa hierba.
La principal razón por la que eligió este trabajo fue porque estaba muy cerca del pueblo donde vivía en esos momentos, por lo que no tendría más que un día de viaje. Se maldijo a sí mismo por tomar una decisión tan irreflexiva.
El trabajo en sí mismo no fue la gran cosa.
Ambos, descubrir y examinar las colonias que las bestias demoníacas habían hecho en lo profundo del bosque eran tarea fácil para él.
Si no fuese por sus fluidos y la mugre, no estaría empapado.
Lo único bueno es que su sentido del olfato había desaparecido por el horrible olor.
Sin embargo, si volviese al pueblo tal y como estaba, incluso los guardias de la puerta le repudiarían.
En esos momentos, estaba en un país en el que la mayoría de edad era considerada los dieciocho años, pero en su pueblo natal le habían reconocido como adulto ante la ley a los quince. Fue en ese entonces cuando decidió dedicarse a su vocación de aventurero y se convirtío en un experto unos pocos años más tarde. Ahora, era tan conocido que algo como la edad no era suficiente como para que le subestimaran.
Una cabellera negra y marrón, un abrigo de cuero hecha de piel de una bestia demoníaca y un guantele en el brazo izquierd. Esa apariencia hacía que la gente reconociese a Dale Lecky.
-Agua, en mi nombre te lo ordeno, escucha mi llamada. Busca agua.
Recitando el hechizo, invocó su mágia. Al sentir una fuerte presencia de agua, inmediatamente, cambió su ruta por la de un sendero animal.
Finalmente, halló un arroyo. Dale sintió alivio al ver su objetivo.
Se sacó el abrigo y lo lavó en la efusiva agua. Limpio la mugre lo mejor que pudo, pues el abrigo era la mejor pieza de su equipo mejorado con magia. Dale lo colgó en una rama cercana para que se secara, algo que, gracias a su resistencia contra el agua, no tardaría mucho.
Reflexionó un rato.
Se inspeccionó el cuerpo, se acordó del olor pútrido y la mugre, así que decidió lavarse. Puesto que las bestias demoníacas y los animales del bosque no eran amenaza alguna para él, las acciones de Dale eran tranquilas.
Su abrigo se secó en nada, pero su túnica y los pantalones todavía estaban empapados. Dale encendió una hoguera, se sentó encima de su abrigo en ropa interior y, mientras, asó los peces que había atrapado.
Para cuando su ropa se había secado, el sabroso olor de pescado impregnaba el ambiente. Dale se puso, rápidamente, la ropa vigilando el pescado. Como era de esperar, ni siquiera él era tan temerario como para comer en ropa interior en un lugar como ese.
Entonces, escuchó un crujido.
Dale pensó que el olor había atraído a algún animalito, pero cuando miró se quedó sin palabras.
Encontró a una niña muy pequeña observándole.
Su pequeña cabecita asomó de entre los arbustos.
En primer lugar, Dale estaba sorprendido de haberse equivocado.
En segundo lugar, le asombraba que una niña tan pequeña estuviese deambulando por un bosque lleno de monstruos demoníacos.
La niña tenía unos cuernos pequeños y negros como el carbón sobresaliendo de las sienes.
-Una de la raza demonio… Qué faena.
Metalmente chasqueó la lengua.
Entre las siete razas, ésta era la poseía más poderes y eran sumamente hostiles e intolerantes con las otras razas. La característica diferenciativa de la raza demonio eran los cuernos que sobresalían de sus cabezas.
-¿La mato…?
Era un método rápido y sucio.
La pequeña sólo le acabaría dando problemas.
Dale agarró la empuñadura de su espada con fuerza… y la soltó.
No quería verse calado hasta los huesos de sangre justo después de haberse molestado en lavarse.
Esa fue la principal razón que le pasó por la cabeza.
La chica que parecía que rompería a llorar en cualquier momento, le observaba con sus grandes ojos grises.
Tras soltar la espada y echarle un buen vistazo a la niña, por fin, consiguió enfriarse la cabeza. Entonces, descubrió lo que le había estado molestando desde que puso su mirada en ella: uno de sus cuernos tenía la base rota.
-Espera, espera… ¿Una niñita como ella… es una criminal…?
Desconcertado, hasta Dale se percató de que su expresión debía de ser bastante estúpida.
Hacía tiempo, un compañero aventurero le había contado una de las tradiciones de la raza demonio.
“…Al ser una característica diferenciativa, el cuerno se considera sagrado. Así que a aquellos que han cometido un crímen gigantesco les rompen uno de los cuernos y los exilian…”
Al darse cuenta de algo así, no le quedaban más dudas. Después de todo, la niña ante él era demasiado joven aunque la hubieran marcado como criminal.
La esperanza de vida de la raza demonio era muy superior a la raza humana. Dale no estaba seguro si la edad humana funcionaba con ella, pero basándose en la cabeza entre los arbustos, la niña tan sólo parecía tener unos cinco o seis años.
La niña tenía los ojos puestos en él, pero cuando notó el fuego de la hoguera, inmediatamente, posó su mirada en este. Dale se había olvidado del pesado hasta entones y corrió a sacarlo de la brocheta. Estaba algo quemado.
-Mmm…
Cuando movió la brocheta de izquierda a derecha, la mirada de la chica se movió con él.
No eran imaginaciones suyas, la pequeña estaba intensamente concentrada en el pez.
-¿Quieres un poco…?
Si comía delante de la pequeña, sentía que sería como restregárselo en la cara y que le dejaría un mal sabor de boca.
Pensando algo así, se lo ofreció bruscamente a la vez que, internamente, se regañaba a sí mismo, sorprendido de lo que acababa de decir.
La voz de Dale captó su atención y le volvió a mirar a la cara, con la cabeza ladeada.
-***? ***.****?
-¿Eh? ¿Oh…?
Esta vez fue Dale quién ladeo la cabeza ante las palabras que salían de la boca de la muchacha.
Aunque no entendía lo que decía, se acordó de haber escuchado un idioma parecido en algún sitio.
-Mmm… Si mal no recuerdo, él…
Rebuscó más de lo que le había contado su compañero aventurero sobre la tribu demonio en su cabeza.
-El idioma de la tribu demonio es el mismo que el idioma usado para los hechizos, eso es…
Dio una palmada al recordarlo.
Un hechizo es una frase que se usa para invocar un poder paranormal al que llamamos magia. Sólo unos pocos pueden usarlos y son incapaces de usarlo bien… A excepción de la raza demonio. Eran tan buenos con el idioma que lo hicieron su idioma nativo.
Por eso se dice que los de la raza demonio nacen siendo magos.
-Mmm… Entonces…. ¿Lado ven querer esto?
Como era el idioma que se usaba para los hechizos, juntó varias palabras con la esperanza de que ella le entendiese. No estaba ni al nivel de una conversación por lo que se preguntó si tendría sentido.
Sin embargo, al ser un idioma que conocía, la niña puso una obvia expresión de alivio. Hizo crujir los arbustos al acercarse a Dale.
Aunque Dale era el que la había invitado a venir, otra vez, se quedó mudo.
Se acercó a un desconocido sin pizca de cuidado, y eso no era todo.
La niña estaba demacrada.

Las extremidades le colgaban de unos viejos harapos que probablemente, en algún momento, habían sido un vestido. Era solo piel y huesos. Un vistazo bastaba para darte cuenta que estaba desnutrida.
Ni siquiera necesitaba una espada para matar a la niña. Podría haberle rodeado el cuello con las manos fácilmente y rompérselo, sin resistencia alguna.
Pesé a que la raza demonio es conocida por ser intolerante, también tienen un fuerte sentimiento de compañerismo con sus congéneres, hecho por el cual el exilio es un castigo tan duro.
Además, la tasas de natilidad en razas de vida larga son considerablemente bajas.
Podría decirse que los niños son el tesoro de la raza demonio.
Aunque hubiese sido marcada de criminal, no podía comprender cómo la habían dejado en tal estado.
-Dar… comer… Ah, no tengo ni idea de qué decir.
Dale frunció el ceño mientras presionaba a la niña para que cogiese la brocheta. No conocía ninguna palabra en su idioma magico para decírle: “come”.
Por eso le paso la brocheta pero ella se limitó a mirarla y entonces, volvió a mirar a Dale.
-********?
-Venga, come.
La niña miró a Dale, intentando entenderle. Por ahora, él le contestó con un asentimiento de cabeza. Tomándose su acción como una afirmación, la pequeña se acercó el pescado a la boca, con lentitud.
Poco a poco, se lo comió dando pequeños bocados.
Mientras la miraba, algo aburrido, él no pudo evitar pensar que la niña era como un pequeño animalito.
-Ah… ¿Tú proteger persona junto con?
No estaba del todo claro si su guardián se había ido. La chica escuchó en silencio el quebrada charla de Dale, entonces, le respondió más lentamente.
-***, *********, *****, *******.
-Vale… ¿Juntos nosotros no? ¿Bestia rechazar…?
Dale solo consiguió entender una palabra de aquí y allí, pero al ver su rostro solemne, era obvio lo que quería decir. Ella hizo una pausa, y entonces, cogió la mano de Dale con sus dos pequeñas manitas.
Dale reflexionó una vez más mientras seguía a la niña, con sus pequeños pasitos, a través del bosque.
Llamarla y darle el pescado había sido fruto de un capricho, ahora, se preguntaba qué iba a hacer después de todo esto.
La niña se detuvo abruptamente. Dale miró hacía arriba con un rostro lleno de sospecha.
-¿Qué? ¿Adelante?
La niña señaló hacia adelante con el dedo y movió la cabeza de un lado al otro.
-*********
-¿Otra bestia? No, ¿no?
Mientras pensaba en lo que quería decir, Dale caminó hacia donde la niña había indicado.
-!!
Y entonces, recuperó el aliento.
Aunque Dale se ganaba la vida con su espada, hasta él titubeó al mirar al, que en algún momento fue, un cuerpo.
Es alguien de la raza demonio, ¿verdad? A juzgar por la forma de los cuernos… ¿un macho?
No consiguió saber cuándo había muerto o cuál había sido la causa de la muerte.
Las heridas eran demasiado extremas.
Este bosque tenía demasiadas bestias y animales demoníacos.
Seguramente le habían atacado o mutilado después de morir, pero Dale no sabía cuál de las dos opciones.
Y los cuernos… están intactos… ¿Es el padre de la niña? ¿Así que no permitió que la exiliasen sola?
Sintió alivio por ello.
Recordó las palabras de la niña.
Si las juntaba, probablemente eran las últimas órdenes de su padre.
“No puedes quedarte junto a mi cadáver. Las bestias empezarán a venir en nada. Una niña pequeña no podría defenderse”, o algo similar.
-Ah… Maldita sea. Ahora que he visto esto, no puedo irme como si nada, ¿no…?
Dale se rascó la cabeza con rudeza.
Él mismo había aceptado el último deseo del padre.
Aunque había seguido las órdenes y no se había quedado cerca, él se había cruzado con la niña que había sobrevivido en silencio en el mismo bosque.
-Tú, que perteneces a la tierra, en mi nombre te ordeno, transformate según mis deseos. Alteración de la tierra.
Puso la mano cerca del cadáver, en el suelo, y recitó el hechizo. El suelo se derrumbó de un golpe y un agujero se abrió.
Quizás fue porque escuchó su voz cuando recitaba el hechizo, el hecho es que la niña, en algún momento, se acercó hasta ponerse a su lado, mirándole con timidez.
Dale miró a la niña.
-Al menos, vamos a enterrarle… ¿Entiendes? Mmm… Enterrar tierra muerto persona.
La niña asintió tras, aparentemente, haber digerido las palabras de Dale.
Dale, por un instante, le preocupó dejar ver a una niña ver un cádaver en tal estado, sin embargo, parecía que la niña había aceptado. Como si le estuviese dando el último adiós, la niña miró a su padre sin apartar la vista.
Quizás a veces había ido a ver su condición.
La niña observó la serie de acciones de Dale que metió el cádaver en el agujero y lo volvió a tapar con magia.
-******
-¿Gracias? No ha sido nada, de veras.
Encima de la tumba que acababa de hacer, Dale volvió a usar magia.
Puso un megalito blanco cuyo atributo magico era la tierra.
No pudo grabarle un nombre, pero era una tumba bastante bien hecha para haber sido hecha precipitadamente.
-Ah… Bueno, supongo que esto también forma parte del destino.
Detrás de él, la niña miraba la tumba. Dale dejó escapar un suspiro.
-Mi nombre Dale, tú, ¿nombre ser?
La niña expresó lo que parecía sorpresa al girarse.
-Latina.
Una sola palabra cuyo sonido se alejó lentamente.
-Así que Latina… Latina, ¿yo juntos tú ir?

Esta vez, por las palabras de Dale, la niña puso una obvia cara de sorpresa. Latina sacudió la cabeza arriba y abajo, asintiéndo.
Una vez más mirando a la niña que se hacía llamar Latina, Dale aprecio que sólo tenía ropa que parecían harapos, unos zapatos rotos y un brazalete de plata, todo era de talla adulta por lo que eran demasiado grandes para Latina.
Admiraba el hecho que ella hubiese conseguido sobrevivir tanto tiempo en tales condiciones. Que el clima estuviese en la estación temperada había sido una bendición.
Cuando enterró al padre de Latina, buscó algo que puediese determinar su identidad, pero no encontró nada decente. Al menos, quería que la niña guardase alguna cosa en recuerdo de su verdadero padre, eso es lo que pensaba.
-Mmm… Si dejase a Latina andar… el día se acabaría, ¿no…?
Dale habló para sí mirando a Latina cuyo paso era menos que la mitad que el suyo. Además, estaba en una condición en la que no parecía tener fuerza física alguna.
-Supongo que no hay remedio…
Cuando extendió los brazos y la levantó, Latina se sorprendió. Los ojos de la niña, que ya eran de por si grandes, se engrandecieron más al poner esa expresión.
Latina no se resistió en absoluto y obedientemente se colocó en los brazos de Dale.
-¡Qué ligera!
Latina era tan delgada y ligera que involutariamente le hizo decírlo en voz alta.
-¿Está… bien de verdad? Esta niña…
Aunque, en realidad, no era nadie para decir nada pues cuando se la cruzó había pensado que era un animal salvaje.
Dale, para empezar, no era un humano malo. Más que decidir cuidarla, tenía una mente que se preocupaba de la niña en el trabajo.
-Ni siquiera se puede comparar con equipaje… Será mejor que vuelva rápido.
Cuando hubo recitado un hechizo de la tierra ágilmente y confirmado su aspecto, empezó a caminar a paso ligero hacia el pueblo.
El hogar de Dale estaba, en esos momentos, en un pueblo llamado Kreuz.
Este pueblo, tal y como el nombre indica, tenía la forma de una cruz aunque irregular. Era un conocido punto de paso entre la capital real y el puerto. También, al estar cerca de bestias demoníacas era un lugar donde vivían aventureros, gente que vivía a base de sus propias habilidades.
La segunda ciudad del país de Raband, donde se reunía gente y mercancías, el pueblo llamado Kreuz.
Además de su desposición, ser generosos con los viajeros era otra de las características de Kreuz.
Kreuz pudo desarrollarse gracias a darles a los mercaderes que llegaban de otros lugares una cálida bienvenida. A cambio de cierta cantidad de dinero que se entregaba a la capital, el pueblo tenía protección contra las bestias demoníacas.
Kreuz fue creado por viajeros. Estaba rodeado de un grueso muro que tenía puertas al este, oeste, sur y norte con porteros en cada una. Para entrar la gente pagaba peajes.
Dale entró por la puerta del sur como solía hacer.
A un portero que conocía le cambió la cara cuando vio a Dale como diciéndo: “¿Esto qué es?”.
-El peaje de dos personas.
-Sí… ¿Esto qué es? ¿Y esta niña? ¿…es de la tribu de los demonios?
Sus ojos se detuvieron en Latina que Dale llevaba en brazos. El portero de mediana edad indagó sobre ello mientras revisaba las monedas que le habían dado.
-Me he quedado con su custodia en el bosque. Al parecer ha perdido a sus padres… No es un problema que me haya responsabilizado de ello, ¿no?
-Bueno, si te vas a hacer responsable supongo que no pasa nada. Por si acaso, lo confirmarás en el Ocelote Bailarín, ¿no?
-Sí.
-Entonces, todo irá bien.
En cuanto acabó de hablar, el portero dejó pasar a Dale y fijó su atención en el siguiente transeúnte.
La reacción del portero fue justo la que Dale estaba esperando. Sabía que su reputación tenía esa cantidad de poder.
Justo al salir de la puerta sur había un área residencial de gente común y un bloque de tiendas que se dedicaban a tratar con viajantes, el bloque que Dale más había usado.
Apenas necesitaba nunca nada del distrito aristócrata norte ni del área de clase alta oeste. Como mucho, iba al mercado y a la concentración de tiendas pequeñitas en el área de artesanos al este.
El país Raband decidió que el Dios Rojo, Afmal fuese su dios central. Por esa razón, había una tendencia respetada por el color rojo.
Visible desde la lejanía de Kreuz.
Por ejemplo, las paredes de los edificios, que se construían con piedra gris y estaban desnudas, eran de diferentes tonalidades como si las hubiesen recubierto de yeso o pintura, pero, la mayoría de techos eran de un rojo vivo.
Se decía que eso era un ruego para tener la divina protección del Dios para el edificio y también para mostrarle al Dios que existe en los cielos que su pequeño sirviente está ahí.
Aunque estuviésen en las partes bajas del pueblo, las calles rebosaban energía.
En ese momento cuando el sol empezaba a bajar habían gentes dándose prisa para llegar a casa, gentes que buscaban la posada, gentes que se iban a gastar las ganancias de hoy en comida y bebida, gentes que vendían comida a los viajeros… Habían muchos tipos distintos de gente yendo y viniendo.
En los brazos de Dale, Latina miraba para todos lados como si no se puediese tranquilizar.
En su cara, no había ápice de cobardía ni miedo, sino algo como pura curiosidad. Con una cara ligeramente insegura, en ocasiones los ojos se le habrían de par a par. Al parecer, estaba cautivada por las muchas siluetas de la gente y las situaciones de la calle.
-A la próxima daremos un paseo por el pueblo, ¿vale?
Aunque Dale le dijo algo así, en su cabeza, se dijo que probablemente no le había entendido.
-¿***? Dale.
-Ah… Como era de esperar, no poderse entender con palabras es un gran inconveniente…
Dale aceleró el paso mientras pensaba que era indispensable saber, al menos, el idioma del continente del Oeste, que era el idioma más hablado entre las tribus.
A paso ligero entró en la calle que conocía convenientemente.
En poco tiempo, se detuvo delante de una tienda.
En la entrada, había misterioso cartel de metal con un ocelote y una bandera de pegasos en un fondo verde donde se alineaban.
La tienda se llamaba el Ocelote Bailarín que se usaba como bar y posada.
Dale entró directamente sin pararse y fue a la parte trasera. Echó un vistazo a la tienda desde detrás de la puerta.
-Kenith, ¿estás?
-Oh… Has vuelto, Dale. Espera, ¿esto qué es?
Era una cocina. El enorme hombretón con una barba que resaltaba llamado Kenith, giró la cabeza ante la voz de Dale mientras sacudía una sartén, desconcertado.
-Bueno… Ya te lo contaré después con más detalle, pero… La he recogido.
-No lo digas como si hubieses recogido un perro o un gato.
Kenith, que había emplatado espléndidamente la comida, puso una cara aún más preocupada al escuchar la respuesta de Dale.
Fundamentalmente, este hombretón era amigable pero, hasta hacía poco, había sido un aventurero capaz de empuñar una enorme hacha de guerra. Un hecho conocido entre los clientes habituales de la tienda.
-Por ahora, ¿puedo usar el baño?
-Sí, no me importa pero…
Teniendo el consentimiento de Kenith, Dale abrió la puerta de la choza construida al lado de la entrada trasera.
Era el baño.
Hecha de baldosas de piedra, la bañera era algo simple pero cumplía a la perfección su función.
Dale echó polvos mágicos en e fuego y el agua que estaban al lado de la bañera. Mientras comprobaba la temperatura llenó la bañera de agua caliente.
La magia que había usado, es evidente, suministraba agua, también hacía que no fuera difícil conseguir agua caliente. Sea como fuere, en la mayoría de casas, no habían bañeras. Lo habitual para la gente era ir a los baños públicos.
La razón por la que había un baño en el Ocelote Bailarín era para ser considerados y tener agua caliente para los aventureros que volvían de trabajar sin importar la hora.
Latina observó las acciones de Dale. Se podía sentir que esa magia no era la normal.
Dale se quitó el abrigo y, tras poner juntos la espada y el guantele con el resto de equipaje y dejarlo todo en una esquina, llamó a Latina.
-Latina, ven.
Cuando hizo señas, Latina se puso a su lado.
Latina se le resistió por primera vez cuando intentó quitarle la ropa.
-Ah… Así que eres una chica, eh.
NT: Aquí podría ser: “Tal y como pensaba, eres una chica” o “Así que eres una chica”. Aquí es donde se especifíca su género.
Desnudó a la reacia Latina y cuando la lanzó a la bañera, Dale murmuró.
De alguna manera se lo había imaginado por su voz y vestimentas pero, no hasta el punto de estar completamente seguro. Le lavó el pelo y su cuerpo huesudo. El agua del baño se volvió, instantáneamente, negra.
Vació el agua y volvió a llenar la bañera.
Al meter jabón en la bañera, sin querer, salieron burbujas. Luego, lavó el pelo de Latina que se había convertido en algo como maroma de la suciedad y la grasa.
También le lavó el cuerpo. Otra vez volvió a cambiar el agua sucia.
Estaba lavando por segunda vez el pelo de Latina cuando Dale, de repente, se dio cuenta.
¿Eh? Esta niña es increíble… Es un diamante en bruto.
Al ser lavado tantas veces, el pelo de Latina recuperó su color plateado y su brillo.
Hasta el cuerno parecía una brillante gema negra.
Aunque por el momento estaba tan delgada que daba pena y se le veían las costillas, desde ese momento, probablemente, mejoraría.
Después de todo, la tribu Demonio era muy tenaz por naturaleza.
Como también tenía la cara demacrada, en esos momentos, sólo destacaban sus ojos pero los rasgos de la cara limpia de Latina estaban bastante bien delineados.
Ah… Esto me deja conscientemente intranquilo y cada vez me parece más imposible abandonarla.
Si dejase que se fuera, en un abrir y cerrar de ojos, probablemente captaría la atención de algún pervertido. Un miembro de la tribu Demonio sin uno de los cuernos va anunciando que le han abandonado y que no tiene ningún apoyo por parte de su tribu. Para la gente que disfruta haciéndoles cosas malas a los niños, son una presa fácil.
“Como he decidido ocuparme de ella… Tengo que tener más resolución.”
Murmuró Dale en su corazón.
En ese momento adoptó esa secreta determinación que poseía en su pecho.
-Dale, he oído por ahí que has hecho algo.
La voz de una mujer joven habló desde detrás de él. Si Dale se hubiese girado a ver a la dueña de la voz, habría visto a una mujer de pelo negro en la entrada trasera del Ocelote Bailarín.
Era la mujer de Kenith, Rita.
Esta joven pareja dirigía el Ocelote Bailarín.
Rita se sobrecogió ante la visión de Dale lavando con rudeza a una niña muy pequeña.
-¿Una hija ilegítima?
-¿Cómo se te ocurre? ¿Cuántos años tendría que haber tenido yo y cuándo habría tenido tiempo para que esta niña naciera?
Después, Dale continuó asombrado.
-La recogí en el bosque. El cádaver de su padre también estaba allí.
Y respondió francamente. Mientras escuchaba, Rita estudió con la mirada a la pequeña y notó su lamentable apariencia y que era de otra raza. También se fijó en los harapos que estaban en el suelo.
-Lo que la niña llevaba ¿puede ser que fuera esto? No pretenderás que se vuelva a poner esto, ¿no?
-Ah… Se me había olvidado.
-Espera un momento.
Rita se giró y corrió a la tienda.
Dale había pensado que tenía que lo primero era lavarla, pero no había pensado en absoluto en la ropa.
-Dale, ¿*****?

-¿Eh? ¿Ahora pregunta…? Quién era, ¿no? Rita, la dueña.
-¿…? ¿Rita?
-Sí, Rita.
Mientras hablaba con Latina que inclinaba la cabeza, Rita volvió. En las manos llevaba una gran variedad de ropa.
-¡Según parece no has preparado ropa ninguna! Usa esta. Es mi ropa vieja. Aunque creo que puede que le vayan un poco grandes. ¡Ah, también ropa interior!
-Ah… Culpa mía. Perdona por esto, Rita.
-No es nada, para de mirarme así. Es un nuevo producto que cosí el otro día. Ni yo me plantearía hacerla llevar mi ropa interior vieja.
Dijo Rita dándole la ropa interior sin ápice de sensualidad a Dale.
Rita era ese tipo de mujer. Si no lo fuera, no tendría una tienda con aventureros como clientes.
Levantó a Latina de la bañera y la envolvió en toallas que Rita le pasó. Mientras le secaban, Latina señaló a Rita.
-Dale, ¿Rita?
-Sí, eso es.
-Rita, Latina.
Latina se señaló a sí misma e hizo una reverencia.
-Me has saludado, ¡qué chica tan buena eres!
Rita sonrió amigablemente y se agachó para estar a la altura de los ojos de Latina. Esta dueña, básicamente, amaba a los niños. Dale también sabía que quería ser madre lo antes posible.
-Rita. Latina sólo habla el idioma de la tribu de los Demonios.
-¿A sí? ¿Y cómo hablas con ella?
-Como es el mismo que el idioma de los hechizos, de alguna manera puedo decir alguna cosa.
-Qué divertido. Así que, ¿qué vas a hacer con esta niña?
-Por ahora, miraré el Tablón de Mensajes del Dios Verde, Akdul de la tienda.
Latina se vistió con la ropa que le habían dado sin ayuda de Dale. Al parecer podía hacer las cosas rutinarias sola.
Latina parecía ser más juiciosa de lo que aparentaba. Si no lo fuera, probablemente no habría sobrevivido en una situación tan dura.
Mientras Latina acababa de cambiarse, Dale dejaba su equipaje dentro del local.
Como no tenía zapatos, Dale volvió a llevarla en brazos. Entraron por la puerta trasera siguiendo a Rita, pasaron por la cocina y salieron a la puerta delantera de la posada.
Dentro del local había un número razonable de gente comiendo.
La parte de arriba del local, se solía atarear antes del mediodía y cuando el sol se había puesto al completo. A esa hora, Kenith aún podía apañárselas solo.
Se sentó en la esquina de la barra de cara a Rita.
-Y bien, ¿qué quierer mirar?
-Se llama Latina, de la tribu Demonio. ¿Puedes investigar con esa información? ¿O mirar si la buscan?
-Supongo.
Rita asintió y pasó la mano por la tabla que estaba en la parte de dentro de la barra llamada “Tablón de Mensajes del Dios Verde, Akdul”.
-Rauha, Seggel, Yonadei.
Respondiéndo a las palabras de Rita, la tabla se tiñó de una débil luz verde.
Rita pasó los ojos por la tabla pero, como si buscase algo que está muy lejos, buscaba algo que no estaba ahí, que estaba fuera de alcance.
-Mmm… No hay ninguna información. Si quieres, puedo intentar buscar otra vez por sus características físicas…
-Por favor.
El Tablón de Mensajes del Dios Verde, Akdul que Rita podía usar era lo mejor del negocio.
El Dios Verde, Akdul era el Dios que governaba la información y protegía a los viajeros.
El templo del Dios Verde, Akdul reúne cada ápice de información y la administra. El Sacerdote y el Pastor de este Dios pueden usar una poderosa magia de transmisión de información que no se puede siquiera comparar con el poder de la protección divina.
Por eso, en las regiones donde hay templos del Dios Verde, Akdul no hay ninguna disparidad regional y se comparte la información igualmente.
Parte de la información se comparte con el pueblo.
Los que se convierten en punto de contacto son lugares, al igual que este local, que tienen la bandera del Dios Verde, Akdul con un diseño de Pegasos en un fondo verde, en la entrada.
Se dice que la gente del templo encontraba la interacción con la gente del exterior que pedían información molesta, así que se lo encargaron por completo a otra gente.
La información que se comparte con el pueblo son mayoritariamente cosas como notícias del mundo, nuevos descubrimientos e inventos, y otra gran posición la ocupa la información sobre crímenes, información sobre aquellos que han cometido grandes crímenes y que son buscados mundialmente.
Es difícil hacer que el ejército y el govierno de otros países persigan un críminal, por eso, se puede poner una órden de búsqueda y captura. Entre los aventureros, también hay muchos que se especializan en perseguir a los forajidos.
Los templos también daban información sobre las peticiones de eliminar bestias.
El Tablón de Mensajes del Dios Verde, Akdul era una terminal que sacaba la información de los templos. Los lugares que lo tenían eran lugares donde se reunían los aventureros en busca de información. La gente que tenía los ojos en los aventureros también íban a esos lugares.
El Ocelote Bailarín era un bar y una posada con el deber de ser un lugar intermediario para los aventureros en busca de trabajo.
-Al final, no hay nadie relevante.
-Entonces, tal y como pensaba, Latina no ninguna crímial… Si no hay investigación alguna por parte de los padres quiere decir que, sin duda, el cádaver era su padre…
Dale y Rita hablaron con rostro serio, pero Latina entendió que estaban hablando de ella.
Latina estaba en el regazo de Dale mirando alrededor inquieta y entonces, miraba a Dale y no paraba de moverse.
Como era extraño que hubiese una niña así en un lugar como ese, los duros hombres que estaban comiendo allí, de vez en cuando, la miraban. Reiteradamente, cando Latina cruzaba con la de alguno, ella inclinaba la cabeza.
Poco después, un extraño sonido vino de Latina.
Más específicamente, su estómago retumbó.
-¿Latina…?
-Ah… Le atrae el aroma, ¿no?
Atrayendo la atención de ambos, Latina tenía una expresión intranquila.
Al ser notada por los dos a la vez, Latina puso una cara ligeramente tímida.
Rita se rio sonoramente, llamándo a Kenith.
-Kenith, ¿puedes hacerle algo a la niña? Algo que sea fácil de digerir, por favor.
-Ya que estás en ello, hazme algo a mí también, por favor.
Dijo Dale, entonces, se movió de la barra a una mesa. Como la mesa era demasiado alta para Latina, ésta se sentó después de que le pusieran algo que podía servir de pedestal. Dale también acercó la sella y se sentó a su lado.
-Así que, ¿qué vas a hacer con la niña, Dale?
-La voy a cuidar. Siendo incapaz de comunicarse si la dejase en algún orfanato del pueblo, no estaría bien.
Declaró el joven resuelto.
No es que Dale pensase que la responsabilidad de cuidar a una niña fuera simple.
-Me convertiré en el tutor (padre) de esta niña.
Los ojos de latina se agrandaron como platos al ver leche y un vaporoso risotto de queso colocados delante de ella.
Además de eso, había una sopa de carne ahumada y verdura pormenorizada.
Enfrente a la considerablemente compacta comida de ella, la porción de Dale era muchas veces más esa cantidad. En el plato de Dale habían hasta salchichas.
-¿La ración de Latina no es demasiado pequeña?
-Idiota. Es imposible que una niña tan pequeña fuese capaz de comerse la misma cantidad que un idiota como tú.
Dijo atónita Rita que hacía de camarera.
-Si comes demasiado te dolerá la barriga.
Cuando Rita le dio la cuchara a Latina, sonrió con dulzura. Había la misma diferencia que entre el cielo y la tierra respecto a como trataba a la niña y a Dale o los demás clientes del local.
-¿Dale? ¿********?
-Sí, come.
Dale también notó que la pequeña le pedía permiso por cada nimiedad.
Aunque no entendiese sus palabras, con solo un vistazo a su expresión, podía entender lo que quería decir.
Latina metió la cuchara en el ristto, tomó una gran cucharada y se la metió en la boca, y entonces, dio un bote.
Entró en pánico y abría la boca mientras decía: “hafu, hafu”, al parecer quemaba más de lo que pensaba.
-Rita, agua.
-Vaya, ¿quemaba demasiado?
La pequeña sopló con todas sus fuerzas a la segunda cucharada. Sonriendo por la situación de Latina, Dale alzó la voz y Rita hizo una mueca.
Tras soplar durante un rato, Latina dijo: “pakun” y se comió el risotto. Su expresión inmediatamente se tornó alegre.
Era muy fácil de entender.
-Ya veo, está bueno, ¿eh? Qué bien, ¿no?
Cuando Dale se puso su porción en la boca su rostro se suavizó. Es curioso como cuando alguien pone una cara con la que dice que algo está buenísimo, la comida que debería saber como siempre, mejora.
Probablemente, ella sintió la emoción que Dale puso en palabras.
Latina sonrió dulcemente.
Fue la primera vez que sonrió.
-Adelante, come más, Latina. ¿Quieres una salchicha?
-¡Ya te he dicho que no le hagas comer demasiado!
Rita, que traía agua, pegó a Dale le había puesto a Latina un trozo de su propia ración en su plato, con la bandeja.
Latina se sorprendió.
-Pero… Hay que darle nutrientes, ¿no?
-¡Te estoy diciendo que no la atiborres de una sentada! ¡Ya le prepararemos aperitivos para niños! ¡Kenith lo hará! ¡La primera vez no podrá comer mucho, poco a poco la cantidad que podrá comer irá aumentando!
A lo lejos, daba la sensación que se podía escuchar una voz, pero ninguno de ellos les importó.
-Pero yo soy el que cocina… Bueno, no es que me importe…
Latina siguió comiendo a pequeños bocados, como solía hacer siempre. Como resultado, a pesar de tener una cantidad muchísimo más grande, Dale terminó primero.
Como si hubiese calculado que Latina estaba a punto de acabar de comer, Rita trajó un plato extra lleno de compota de frutas.
En ese negocio normalmente no habían cosas dulces en el menú, esa era la primera vez que Dale había visto algo parecido a un postre en ese lugar.
-Y pensar que Kenith es tan suave con los niños… No va para nada con su apariencia…
Como aún estaba algo caliente, estaba claro que se había hecho de improviso para que Latina se lo comiera.
Cuando lo pusieron delante de ella, el rostro de Latina parecía pedir permiso, al ver a Dale asentir, se llevó la fruta a la boca y mostró la expresión más alegre que había visto hasta ahora Dale. Le brillaban los ojos.
-Parece que te gusta.
Absorta con ella, Latina parecía completamente satisfecha con la compota. Con sólo buscar algo que llevarse a la boca en el bosque le debió costar todas sus energías y, seguramente, no habían cosas dulces.
-¿Y? ¿Está bueno?
Preguntó Rita aprovechando que le llevaba comida a otros clientes, cuando ésta le echó un vistazo a Latina, Latina le sonrió todavía más.
Era una sonrisa que ocupaba toda la cara, como si hubiese una flor floreciendo.
Aunque no tuviese palabras con las que comunicarse, la respuesta llegó sin problemas.
Tengo que enseñarle palabras con urgencia… para que ningún rarito la atraiga con comida.
Agarrándose las manos con fuerza bajo la mesa por la cara sonriente de Latina, Dale era consciente que él mismo había atraído a Latina con comida.
Incluso de haber acabado de comer, Latina siguió mirándo el plato de la compota.

Dale le acarició la cabeza. Quizás sorprendida por el súbito contacto, el cuerpo de Latina se sobresaltó alarmado.
Sin embargo, la tensión desapareció cuando vio la expresión de Dale.
-¿Te he asustado? Perdona. Estás cansada, ¿a que sí? Porque hoy han pasado muchas cosas.
Mientras escuchaba la voz de Dale, Latina apoyó la cabeza.
Inlcuso mientras lo hacía, observó sin apartar la vista de Dale como si intentase averiguar las verdaderas intenciones de Dale. Parándose a pensarlo, la niña solía mirar los alrededores. Podría tener unos poderes de observación excelentes.
Aunque, inesperadamente, Dale sentía que su cautela era baja.
Cuando Dale cogió a Latina en brazos, ella puso los brazos alrededor de su cuello por voluntad propia. Fue algo torpe en algunos aspectos, pero aún así, tenía cierta fuerza en ello que adulaba a Dale.
Debido a que Latina era la que se aferraba a él, la postura de Dale era apropiadamente estable. Dale aguantaba a Latina con un sólo brazo y, una vez más, se dirigió a la barra.
-Rita, como es hora de que Latina se vaya a dormir, nos vamos a mi habitación.
-Vale. Buenas noches, Latina.
Latina, una vez más, sonrió dulcemente ante la voz de Rita. Como si en esas escasas horas, Latina hubiese reconocido a Dale y Rita como gente segura.
Su cara se había suavizado muchísimo desde la primera vez que se habían encontrado.
Había un sentimiento similar a la felicidad y la vergüenza.
En, prácticamente, nada, eso era Dale que podía asegurar. El poder pensar algo así de esa pequeña era algo inconcedible hasta ayer.
Entrando por un lado de la barra, salió a la cocina.
-Kenith, Latina ha dicho que la fruta estaba buenísima.
-Vaya.
Dale subió por las escaleras de dentro, donde se apilaban los ingredientes, pasándo por detrás de Kenith que le respondió sin mirar.
Al llegar al segundo piso, subió otras escaleras y así, llegaron al ático.
Había todo un conjunto de equipaje desordenado, la mayoría de este eran diversos bienes que se vendían en la primera planta, más adentro había una esquina donde había presencia humana.
Dale se alojaba en esa esquina.
El hecho que existiese ese lugar fue una de las razones por las que Dale decidió ocuparse de Latina.
Aunque no era un habitante del pueblo, para poderse quedar un buen período de tiempo, alquiló el lugar como vivienda pues moverse de posada a posada era una molestia, así que decidió apoyarse en su viejo amigo Kenith.
El espacio que Rita usaba como habitación privada antes de casarse quedó vacío, por lo que Dale lo alquiló. Era una vivienda bastante buena si pasabas por alto el techo bajo.
Dale no era un mal inquilino. No robaba bienes ni otro tipo de cosas que apestaban a pobreza y pagaba bien y a tiempo.
Dale dejó en el suelo de su habitación a Latina.
Una hospitalaria alfombra de un país extranjero se extendía por los uelos y, cerca de la ventana, habían un escritorio y una estantería. Después, había una cama y una caja enorme con una tapa. El equipaje era muy poco para un residente, sin embargo, para un viajero rozaba lo excesivo.
-Pequeño esperar aquí.
Al ver que Latina asentía, Dale volvió atrás un momento a buscar el abrigo y las valijas que se había dejado.
Cuando volvió, latina estaba deambulando por el cuarto. Tal y como era de esperarse, la niña parecía ser ligeramente curiosa, aunque no tocaba lo que miraba sin permiso y probablemente tenía un fuerte autocontrol.
A pesar de que le era difícil saber su edad exacta, Dale creía que para su edad era madura.
Dale se quitó las botas al entrar en su territorio. Como en su pueblo natal era costumbre sentarse en el suelo en vez de en sillas, al menos en su habitación, quería estar cómodamente en el estilo al que estaba acostumbrado. Esa era la misma razón por la que había una alfombra que no quería ensuciar de barro en el suelo, imitando las costumbres de su pueblo natal.
Dejó el abrigo en la caja y soltó lo que llevaba. Encima de la estantería cerca de la cama era donde dejaba las armas.
Tras abrir la ventana y dejar entrar el aire, se quitó la túnica hecha a prueba de espadas y los gruesos pantalones.
-Latina venir.
Al percibir el significado de las señas, Latina se acercó obedientemente. Dale se metió en la cama con ella.
Comparado con su estilo habitual de vida, era una hora muy temprana, pero ser capaz de dormir cuando toca es una de las habilidades de un aventurero. Aunque se fuera a dormir así, no tendría problemas.
Le preocupaba qué hacer si se comportaba de alguna forma que molestase a Latina, pero contrariamente a eso, Latina se tumbó, obediente, a su lado.
Latina se enrroscó como un gatito y en unos instantes empezó a respirar profundamente.
Ya decía yo. Cansada, ¿eh? Después de todo te he traído a un sitio plagado de humanos que no conoces sin saber nada.
Dale acarició el cabello de Latina con tanta paz y tranquilidad que hasta se sorprendió a sí mismo.
Al haberse convertido en su tutor hacía tan poco pensar que no estaba tan mal vivir así con alguien le parecía raro pero no pudo evitarlo.
Mientras lo pensaba, Dale se quedó dormido junto al cuerpecito cuya cálidez era mayor que la suya propia.
Hasta que Latina se puso horriblemente pálida, poco después, y le despertó repitiéndo algo así como: pechi pechi.
La primera palabra que Latina tenía que aprender era: lavabo.
De paso, su dignidad quedó protegida.