Moshikashitara Capítulo 11
Capítulo 11 – Visitando la capital
-Cuánto tiempo, Gregor. ¿No me vas a presentar a tu prometida?
-Hmph… Ya lo pillo, Dale. ¿Te puedo matar?
Así empezó la conversación con un amigo que Dale no había visto en mucho tiempo en la capital.
Que Dale viniese desde Kroix hasta la capital Aosbrick había sido por el bien del padre de su amigo, el duque Eldishtett.
No obstante, Gregor era el menor de tres hermanos. La segunda mujer, su madre, era una extranjera nacida en al este de la frontera y su apoyo en el país era débil. El mayor tenía un hijo y por ello, su oportunidad para ser el sucesor había sido completamente abandonada.
Siendo más cercano a la sangre de su madre Gregor era un joven de trazos marcados, de pelo negro que llevaba atado y con apareciencia de extranjero. Tenía una figura alta que casi le sacaba media cabeza a Dale.
Aquel día, las ropas que llevaba parecían de noble.
Gregor no sentía mucho apego por su título nobiliario. Perfeccionaba su manejo de la espada al estilo del este de la frontera y se rodeaba de estudios sobre su propio país, pues estaba considerando el hacerse aventurero.
El hecho de que se hubiese hecho amigo de Dale también fue a cause de tales circumstancias, otra de las razones para ello, probablemente fue que sus edades eran similares.
La mujer a la que Gregor llamaba “su prometida”, no venía de ningún acuerdo, sino que era su amiga de la infancia y ambos, se amaban mutuamente.
Ambos tenían un delicado problema respecto a sus estatus y eso significaba que era difícil casarse, que al mismo tiempo era uno de los motivos por los que Gregor no podía quitarse el título de noble.
-Quiero comprar un regalo e irme a casa pero tengo que escoger algo que haga feliz a una niña…
-¿Planeas irte cuando acabas de llegar?
-La verdad, quiero irme a casa ya.
-¿Y esa chiquilla? ¿Es una niña que ha nacido donde alquilas la habitación?
-Nah, es mi hija. – Dale no se percató que se había agarrado a Gregor. – Caray, es una niña tan buena, tan mona, adorable, cuca. De verdad… Y es muy valiente, incluso ahora mismo está cuidando de la casa… Ah… Quiero volver rápido. ¿Qué voy a hacer? ¡Qué clase de tortura es perderme como crece! Sí, me vuelvo. Me vuelvo ahora mismo. Hey, Gregor. ¿Qué trabajo es esta vez? Si voy ahora mismo, lo extermino inmediatamente y me voy no pasa nada, ¿no?
-En serio, ¿qué te ha pasado?
Probablemente, la reacción de Gregor fue normal.
-Tú… ¿has acogido a una niña con un solo cuerno de la raza demonio?
Gregor parecía estupefacto después de escuchar los detalles de la historia de Dale de cómo acogió a Latina en su habitación en la casa del duque.
-Ah… Es monísima.
Y Dale estaba completamente inmerso y satisfecho de narrar cuán adorable era Latina.
“¿Tú quién eres?“, es lo que Gregor quería decir.
-Miré en el tablón de Ahdar, pero no había información sobre Latina. Existe la posibilidad de que sea una nativa de un pueblo completamente aislado de la raza demonio o que sea una huérfana sin familiares ni nadie que la busque. No hay pruebas ni nada así que no puedo encontrar su pueblo… Tiene sólo un cuerno pero la niña probablemente no sabe cuál fue su “pecado”. Soy de otra espécie, pero no hay manera de que pueda ignorarla. -Gregor entendió lo que Dale dijo, lo que no podía entender era la transformación de Dale. ¿Cuánto había llegado a su corazón aquella niña de la raza demonio? – Aunque sea verdad de que es un demonio, es imposible que todos sean peligrosos. Aunque viva con Latina no habrá problemas.
-Un problema, ¿no sería que la niña supiera que has matado a su gente antes?
Dale se quedó callado unos momentos ante la voz de Gregor.
-…Dependiendo de los detalles del trabajo, aunque sean de mi misma raza, mato. No es un tema de demonios.
-Bueno, eso es verdad.
Es lo que significaba batir la espada. Las bestias magicas no eran el único peligro para la gente y tampoco era algo raro que los países “humanos” fueran hostiles hacia las “otras razas”. Y la “raza demonio” tenía una profunda relación con el “Rey demonio”.
Las siete existencias “rey demonio” de ese mundo se representaban con su número respectivo como prefijo, por ejemplo: “primer rey demonio” o “segundo rey demonio”. Sus habilidades y formas variaban pero tenían algo en común. Los “reyes demonio” estaban dotados de cuernos como la “raza demonio” y a cada uno de los reyes demonio les acompañan sus seguidores “demonios”. No hay muchos Demonios de nacimiento. Los Demonios permanecen al lado de su rey demonio y son cosas a las que se les otorga un poder superior al de su raza original.
-Se ha confirmado de que parece ser un seguidor de los siente reyes demonio.
-¿Demonio? ¿Sólo un criado?
-Aún no estamos seguros. Seguramente es por eso que te han llamado.-Dijo Gregor mirando a Dale. – También se ha decidido que iré contigo.
-¿Vas a estar bien…?-Respondió Dale entre suspiros levantándose.
El momento de la entrevista con su excelencia el duque estaba a la vuelta de la esquina y no hubiese estado bien presentarse vistiendo el abrigo de cuero que siempre llevaba, por eso hacía falta preparar su atuendo. Este era el motivo por el cual había ido a la residencia del duque antes de encontrarse con él en su oficina del palacio real, no para hablar con un amigo.
-De todos modos, en presencia de mi padre, levanta un poco más la cabeza.
-Ya lo pillo, caray.-Dale agitó las manos y se dirigió al aposento que le designaron.
El joven que se bajó del carruaje con el blasón de la familia del duque Eldishtett llevaba ropas negras. Se podía sentir un aire de soldado experimentado en absoluto apropiado para su edad del joven cuya presencia no se parecía ni un atisbo a la de los nobles.
Los guardias se irguieron intentando adivinar quién era.
Hasta la mirada que le dio al soldado que le saludó y guió era terriblemente tranquila. Severo y cruel, era un guerrero que excedía en ambos, magia y esgrima. Habrían rumores sobre él que probablemente no eran exageraciones.
Caminando al lado de Dale, Gregor, viendo que su amigo se comportaba con normalidad parecía aliviado, pero al mismo tiempo parecía no estarlo. Le embargaba un estado mental complejo.
Exacto, ese hombre era habitualmente conocido como Dale Reki. A la gente cercana les mostraba una encantadora y tranquila expresión pero, en el campo de batalla era un guerrero cruel que jamás consideraba perdonar a enemigos hostiles. Aunque todavía era joven, se puede decir que no tenía alternativa a hacer eso para dedicarse a su trabajo.
Con la espalda completamente recta, caminó por palacio con aspecto guerrero porque para él, ese lugar era, simplemente, otro campo de batalla.