Dawn of Man – Capítulo 10
Capítulo 10
Los cinco estaban congelados sin poder moverse. Era de esperarse que no pudieran moverse, había in tigre frente a ellos y aunque estuviera alado de Nathan totalmente encariñado con él, no querían acercarse de todas formas.
Nathan notó esto y le dijo a los cinco que ninguno debía preocuparse por el tigre, que estaba calmada y relajada y no haría daño a nadie. No importaba lo que dijo, ellos todavía no se acercarían.
“Tal vez tengan curiosidad de saber que pasó aquí por la cantidad de muertos y huesos, ¿no?” No hubo respuesta. Suspiró y continuó. “Vi a un grupo de personas que iban en dirección a su tribu. No tenía idea de lo que iban a hacer hasta que los escuché hablar. Tuve la suerte de poder distraer a algunos para reducir sus hombres. Luego mandaron a un pequeño grupo tras de mí y bueno… Esos huesos son sus restos y al parecer a ella le gustó bastante” Acariciaba a su “gata” un poco y esta no respondía de manera agresiva como contra todo el mundo sino que, seguía siendo demasiado juguetona, algo que Nathan consideraba bello de un animal.
Los demás al oír la explicación, quedaron sorprendidos al saber que él les había ayudado incondicionalmente. No saben a cuántos de ellos mató. Sin importar cuantos eran, su ayuda fue más que bien recibida.
Sin previo aviso, Elisa se acercó hasta Nathan, ignorando el miedo del enorme felino quien a medida que se acercaba empezaba a gruñir y a mostrar sus enormes dientes. Él lo notó y le hizo calmar diciendo que era una amiga. No sabe como pero le podía entender perfectamente porque tras decir eso, se calmó y se recostó detrás de él. “Gracias” Eran sus únicas palabras.
Evelyn había notado la mirada de Nathan hacia Elisa y por lo tanto, no dudo en hablar por debajo con los demás. “Chicos, mejor volvamos a informar a la tribu que no hay nada que preocuparse” Los demás le miraban raro. No sabían a qué se refería.
“¿Por qué debemos irnos?” Dylan estaba confundido. No había razón tampoco de irse si Nathan decía que la tigresa no hace nada. “Debemos esperar a que Elisa nos diga qu–“
“Si nos quedamos aquí, sólo estaremos en problemas. Hazme caso, me lo agradecerás en el futuro” Evelyn se separó del grupo y miraba tanto a Elisa como a Nathan se miraba a la cara. Si podía ver la cara del peliblanco, era demasiado seria. “Elisa, iremos a la tribu a informar que no hay nada que preocuparse. Te esperamos allá también Nathan” Se dio media vuelta y se fue en dirección a su hogar, caminando rápido. Su hermana, Dylan y Liam miraban a los dos que estaban parados frente a frente unos segundos y siguieron a Evelyn de vuelta.
Solos. Nathan y Elisa se miraban frente a frente y no había nadie a su alrededor. Si se contaba a la tigresa había alguien más pero, no contaba como persona.
“Pensé que ibas a escapar” Elisa fue la primera en hablar. Ahora que la tigresa no era peligro, no dudaba en hablar seriamente a Nathan, del quien por fin pudo aprender su nombre.
“Lo pensé por algún tiempo” Dio una sonrisa y se reía un poco al pensar esa posibilidad y continuó, ahora con una sonrisa y acomodando su cabello. “Tu abuelo me ha contado algo de lo que vivió, me daba curiosidad con respecto de ir y ver el resto de las tribus pero…”
“¿Pero…?” La mano del peliblanco repentinamente tocaba su mejilla, haciendo que se sobresalte e instintivamente apartara su mano. “¿Quién te dijo que podías tocarme?” Su elevado tono hizo que la tigresa gruñera un poco y de un paso atrás. La tigresa luego del gruñido, se calmó nuevamente y siguió recostada.
“Jaja… No te preocupes por ella, no te hará nada y… debía pagarte de alguna forma que me hayas cuidado. Tu abuelo te obligó a cuidarme, eso lo entiendo. Reconozco que tampoco me hubiese gustado cuidarme a mí mismo así que… Esta es una forma de decirte gracias por cuidarme…”
Silencio incómodo se presentó entre ambos. Elisa por un lado abrió los ojos al escuchar las palabras agradecidas del Nathan por haberle cuidado y que conocía que estaba disgustada por cuidarle. Por otro lado, él sonreía y se reía de las reacciones de la primera. Le parecía bastante linda.
Momentos después, recuperó su compostura y le miró, seria y con varias cosas en su mente. “¿Por qué nunca me has dicho tu nombre?”
“Siempre que quería decirte, siempre estabas haciendo algo o me obligabas a hacer cosas que nadie quería. Si tu pregunta viene para saber porque Evelyn lo sabía, era la única que me preguntaba cómo estaba al igual que otros… Creo que eras la única que no lo sabía. “Repentinamente empezó a reírse pero frenó su risa para volver a hablar. “Cualquier otra pregunta que tengas, mejor hablarlo en la tribu para estar más cómodos ¿no?” Llamó a la tigresa quien se levantó, estiró y se puso a su costado. No dudó en subirse encima de ella. “¿Vienes?”
Estaba temerosa pero no perdía nada tampoco. Se acercaba a pequeños pasos, expectante de que haría el felino quien sólo le miraba. A pesar de ello, se subió detrás de Nathan callada sin decir nada.
———
“¿Qué estás esperando Dylan?” Un hombre se acercó hasta Dylan, quien estaba un poco alejado de la tribu mirando en dirección al bosque, esperando que alguien saliera.
“¿Eh? Oh, eres tú padre. Espero a Elisa” Respondió con algo de calma. Sabía que su padre le diría algo por no hacer sus tareas pero, curiosamente no le dijo nada. “… ¿qué pasa padre?”
“¿Acaso te gusta la hija del anciano que la estás esperando?” Su pregunta hizo que Dylan vacilara un poco. Su padre soltó una fuerte carcajada al ver la reacción de su hijo. “No creo que tampoco te sea difícil. Debes demostrar quién es el más fuerte y listo. Con eso, estoy seguro que ella será tuya y nadie podrá hacer nada para quitártela” Su padre le daba consejos.
No estaba equivocado, le gustaba ella pero estaba más al tanto que se quedó sola frente a la persona que tanto decía ella que odiaba. Estaba preocupado de que realmente se la haya comido el tigre.
No dudo en contarle a su padre quien estaba mirándole con una sonrisa. Escuchar los hechos hizo que su padre borrara su sonrisa y cambiara a estar más serio que antes.
“Si realmente alguien puede domar a un animal de ese peligro… Hijo…” Apoyó ambas manos en su hombro, haciendo que Dylan mirara a su padre confuso. “Es imposible entonces si buscas que ella sea tuya”
“¿No deberías apoyarme?”
“Soy realista, no un soñador” Las palabras de su padre, sus palabras las cuales siempre respetaba, ahora casi estaba seguro que quería matarlo por “apoyarle” con respecto a su decisión o su deseo de Elisa. Dicho eso se retiró e intentó dejar a su hijo. Dylan entonces, tampoco escatimó en seguir esperando y se fue detrás de su padre.
“¡Alguien está viniendo!” El repentino grito de alguien hizo que padre e hijo voltearan. Además, otros también escucharon tal grito y se acercaron hasta el límite de su tribu.
Un tigre caminaba hacia ellos. Estaban preparados para actuar contra el animal pero luego notaron que había una persona encima y saludaba a todos con una sonrisa. Se paró frente a todos, quienes de nuevo le miraban con caras de asombros. Pero no fue el primero en bajarse, la chica que estaba detrás de él se bajó primero, atrayendo todas las miradas.
Elisa se acercó a todos, ignorando las miradas que recibía. Les dijo que la persona que les había ayudado en cierta parte con los asaltantes era Nathan, quien al mirarlo, jugaba con el felino y les volvía a saludar con una enorme sonrisa. Muchos suspiraban y se tapaban la boca al saber que él sólo había reducido una parte considerable de los asaltantes y que pudiera domar a un tigre.
Nadie pudo contenerse y fueron corriendo hasta él, llenos de felicidad y alegría. Por un momento la tigresa se puso delante de él creyendo que vendrían a atacarle y estaba más que dispuesta a defender a su amo. Nathan notó esto y los demás también. Le dijo que no se preocupara, que toda esa gente son amigos a lo que ella se relajó y se quedó sentada a su lado.
“Realmente lo siento. Parece que no le gusta la idea de que mucha gente se abalance contra mí”
“¡Vaya! ¡Es hermosa! ¿Puedo tocarla?” Uno de los niños de la tribu propuso eso y Nathan le miró. Su madre había reprendido a su hijo por tal pregunta y además, no quería que se le acercase. Estaba temerosa de que le pudiera morder. Su pregunta hizo que los demás niños y aquellos adultos interesados, pero no queriendo decirlo, quieran acariciarle. Por ende, le dijo algunas palabras a su “mascota”. No sabía cómo le entendía perfectamente pero aun así, le decía cosas y ella las hacía.
Se levantó y caminó, precisamente frente al niño que había hecho la pregunta. Se sentó frente a él, mirándole. La madre del niño temblaba de miedo, un animal de tal tamaño y uno sanguinario, estaba pensando en hacerle algo si realmente se atreviera a dañar su hijo. Por otro lado, su hijo se había liberado del agarre de su madre y se acercó a la tigresa, poco a poco con su brazo extendido para apoyarla en su cabeza. Se detuvo frente a ella. La tigresa olió la mano del niño unos segundos y acto seguido, la lamió un poco. Luego de eso, el niño por fin pudo tocarla y apoyar su mano en su cabeza y acariciarle un poco.
Ver que el animal no iba a hacerles nada, todos los niños se acercaron para acariciarle, siendo todos felices al saber que el animal era demasiado suave. Algunos hasta intentaron subirse encima pero, suavemente no les permitía subirse a su lomo por lo que aquellos que lo intentaron cayeron al suelo.
Mientras los niños intentaban jugar con el animal, los adultos, hombres y mujeres, se acercaban a Nathan, dando sus gracias y queriendo esta con él para divertirse. Habían prometido cocinar sus mejores comidas y tener una pequeña celebración en honor a la victoria. Las mujeres, aquellas interesadas en otra cosa, no perdían su tiempo en querer seducirlo. Lo que veían en Nathan era alguien alto, fuerte, capaz de resistir numerosas heridas, era hermoso y por si fuera poco, era capaz de domar a un animal salvaje como lo era el tigre. ¿Quién de las mujeres podría negarse a estar con alguien así de fuerte? Pero él las rechazó a todas, no porque eran feas, al contrario de eso, era porque de momento no quería tener nada. Su mente aún reflejaba a su familia, su verdadera familia y no quería nada de momento.
Aunque las mujeres estaban tristes por aquello, tampoco importó. Ellas seguirían insistiendo en usar su cuerpo para seducirle hasta que caiga en sus brazos.
Ignorando a las mujeres que buscaban tener sexo, Nathan les pidió por favor algo para comer y descansar y que si querían, podían acariciar a su tigre pero que nadie haga nada raro con ella por cuestiones de vida o muerte.
La noche llegó y todos estaban danzando y celebrando. Nathan por otro lado estaba más pendiente de comer algo y más para darle de comer a su tigresa. La pudo domar dando restos de hombres que había matado pero ahora, buscaba que comiera carnes diferentes a la de los humanos. En caso de que siga comiendo su carne, es posible que llegara a un frenesí y matara a todo aquel humano que se cruce. Ese era un pensamiento extremista y estaba al tanto. Aun así no podía dejar de pensar en esa posibilidad y por lo tanto debía asegurarse.
Mientras miraba a su tigresa comer algo de carne de un animal, él estaba sentado viendo como todos se divertían. Sonreía. Era el único que no se divertía con los demás, siendo incitado por los otros a que se uniera pero seguía rechazando la idea. No estaba acostumbrado y dijo que para la próxima vez, estaría más que encantado de participar.
La pequeña celebración cesó y todos y uno por uno iban a dormir. Nathan por otro lado estaba relajado, tranquilo y sentado junto a su tigresa a unos pocos metros de la tribu. No tenía cansancio alguno pero su mascota sí. Se recostó a su lado e intentaba dormir. Aprovechando esto, se recostó en su barriga. Esperaba alguna queja del animal pero nada, no hizo nada y tan sólo seguía intentando dormir.
Miraba el cielo, las estrellas. La noche aquí le parecía mejor que en su hogar, mucho mejor. Le traía una paz interior. No sólo la noche, el entorno era hermoso. No había cosas que se pareciese, vastas tierras, buenas imágenes, nada de contaminación. Simplemente era perfecto.
Con un ambiente calmado, Nathan estaba a punto de dormirse. Sintió algunos pasos y sus ganas de dormir se fueron. Sintió que la persona que estaba caminando estaba parada a pocos pasos. “¿Qué es lo que quieres?” Preguntó sin mirar a la persona.
“…” Silencio. No hubo respuesta alguna. Él seguía viendo a las estrellas y por eso no podía o no quería ver quien era. Unos pocos pasos se escucharon y una cabellera negra, una corta pero encantadoramente bella cabellera negra y unos fuertes ojos celestes le miraban. “…”
“¿Qué pasa Elisa? ¿Ha sucedido algo?” Ella le miro unos segundos para luego tomar un poco de aire y suspirar un poco.
“He dudado de ti y…” Apretaba su labio, incapaz de poder pronunciar dichas palabras por su orgullo. “… y… Gracias” No pudo decirlo y se fue, dejando a Nathan con su mirada perdida en la nada, confundido de lo que acaba de pasar.
“Vaya… eso fue… raro” No había palabras para describir lo que hizo o quería hacer Elisa. Tampoco desconocía que iba a decir. “¿Iba a decirme que le gusto…? No, imposible. ¿Qué sería?” Dudo unos minutos y sacó sus ideas de su cabeza.
Pocos minutos después de pensar en nada y mirar al cielo, empezó a dormirse de a poco. Sonreía. Estaba contento después de todo estar aquí. Dos meses casi habían pasado desde que fue invocado y debe estar de acuerdo con él mismo: a pesar de estar en contra de venir, aquí y ahora, estaba feliz. Era una buena vida. Y cómo la noche acompañaba y no hacía frío, pudo dormir plácidamente a la luz de la luna.
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