Dawn of Man – Capítulo 9
Capítulo 9
El plan que tenía el peliblanco para asaltar era muy simple: atacar hasta que nadie quede vivo.
De todas formas, también deben aprovechar la noche. Tuvieron que esperar un poco más pero cuando la noche arribó, sabía perfectamente que todos estarán dormidos y su ataque será perfecto y sin ninguna falla.
Se acercaban en silencio y tratando de no pisar ninguna rama. No conocían si el sueño de algunos era ligero pero debían evitar cualquier ruido. Esto lo han aprendido al asaltar a los alrededores de su tribu, donde el más mínimo ruido puede llegar a despertar a aquella persona que tenga un sueño ligero. Esto lo aprendieron del peliblanco, su líder. Estaba acostumbrado a hacer estas cosas desde que salió a explorar el mundo. A pocos les agradaba pero aquellos que demostraban su odio hacia él, terminaban muertos. Su fuerza y sus ideas, que eran básicamente asaltar y violar, le dieron la oportunidad de convertirse en un líder de una tribu.
Pero hubo algunas dudas una vez que llegó a la pequeña tribu.
Lo primero fue ver que no había nadie. Eso le pareció bastante normal, muy seguro que todos estaban durmiendo en sus tiendas. Ordenó a sus hombres que miraran alguna de las tiendas. No había nadie. También se fijó dentro de las tiendas y sí, no había nadie en ellas. Encontró algunas cosas, pieles más que nada pero no era suficiente para él. Necesitaba matar a alguien y no le basta con sus hombres en caso de llevarle la contraria.
“¿Por qué no hay nadie? ¿Acaso de verdad sabían que vendríamos?” El peliblanco estaba pensando y hablando consigo mismo. Se habían reunido en el centro, confundidos de que no ver a nadie. Casi parecía que todos se habían ido y abandonado el lugar. “¿Encontraron algo ustedes por allí?”
“Nada. Parece realmente que se fueron de aquí hace horas”
“¿Cómo puedes saber eso?”
“Aquí. Mira la hoguera. Si hueles un poco, se puede todavía oler un poco el olor a madera quemada. No deben haberse ido hace mucho, quizás hace una hora quizás o poco menos de eso. Probablemente todavía estén viajando”
“¿Qué dirección crees que tomaron?” El peliblanco estaba algo sorprendido y no sólo él. Los demás miraban al hombre que sólo con ver la hoguera podía sacar el tiempo que fue apagado.
Le tomo unos segundos al hombre, no respondió enseguida por algunas dudas. Miró el viento y miró la tierra alrededor. “Probablemente fueron para ese lado y estén cerca si los alcanzamos corriendo” Señalo a un costado, lo que parecía ser el oeste de donde ellos se encontraban. El peliblanco miró y si su memoria no le fallaba, en esa dirección se encontraba otra tribu, un poco más grande en la que estaban.
“Cuando llegué la hora del botín, recibirás una gran parte. ¡Muy bien! ¡Todos prepárense para correr, vamos a buscar a esas basuras!” Los gritos se escuchaban en la noche, alzando sus armas al cielo.
Entre medios de los gritos, uno de los hombres que gritaba con todas sus fuerzas mientras miraba al cielo, cayó al suelo sin poder moverse de nuevo.
Los demás que estaban gritando y a punto de partir, particularmente otro hombre, vio a su amigo que cayó al suelo, petrificado y con sus ojos abiertos y su boca abierta. Miró que en su cabeza una flecha estaba clavada. No le dio tiempo a reaccionar tampoco que otra flecha zumbaba en el cielo, impactando ahora en su cabeza, cayendo muerto al instante.
Fue un poco tarde darse cuenta que cayeron en una trampa y lo que es más, rodeados por aquellos que iban a asaltar, cargando y gritando contra ellos.
Era la primera vez que le tomaban por sorpresa de esta manera y por lo tanto, la eficiencia para estar preparados y concentrados era menor de la esperada, estando en desventaja ya desde el principio.
Ambos lados chocaron, teniendo más ventaja el grupo de la tribu, quienes no tuvieron compasión alguna. No importaba que fueran superados por número, luchaban como si no hubiese algún mañana. Nadie se contuvo y dieron todos en sí.
Sangre y más sangre volaba por todos lados. Los asaltantes perdían números poco a poco hasta aumentar más sus bajas. El otro lado, sólo sufrían heridas y casi ni una baja entre ellos, aumentando su moral y bajando la de su enemigo. Para variar, los asaltantes habían perdido parte de su fuerza en el bosque, aquellos que servirían como apoyo lanzando piedras a los demás. Cabe decir que fueron aquellos que intentaban correr por su vida, lo cual fueron unos pocos, morían por un flechazo en la cabeza, imposibilitando la posibilidad de escapar.
Horas después, la pequeña batalla había terminado.
De los asaltantes, la única persona viva y aún con resistencia para seguir luchando era el líder, quien no iba a darse por vencido nunca. De la tribu, sólo unos pocos terminaron muriendo pero a diferencia de otras veces que sufrieron asaltos, esta vez tuvieron muy pocas bajas.
La decepcionante Elisa estaba entre la multitud, mirando al peliblanco a los ojos. No era el que esperaba pero por lo menos la idea de matar a alguien con pelo blanco le bastaba, fuese quien fuese. Era ella la que mató a todo aquél que quisiera escapar y ayudo a sus amigos, eliminando una pequeña parte y salvando a aquellos que podía que estaban a punto de morir por una lanza en la cabeza.
“¿Te rindes?” Preguntó al vencido peliblanco quien yacía en el suelo, agotado y demasiado herido. Su resistencia llegó a su fin y no podía moverse.
“¿Rendirme? ¿Crees que voy a rendirme tan fácilmente?” Incluso enfrentando un destino cruel, era valiente pensó Elisa. Ignoró los comentarios posteriores a eso. No eran dignos de mención o reconocimiento y más si todas las palabras iban dedicadas a ella.
“Entonces tu destino está decidido” Tomo prestado la lanza de alguien y no la clavó directo en su pecho. Al contrario, la clavó en una de sus piernas, ocasionando un grito sofocante de dolor enorme del peliblanco. “¿Pensabas que iba a matarte directamente? Jajaja…” Tomaba más lanzas de los demás clavando las mismas en sus extremidades y en su vientre. Su mirada era fría y sin vida. No había compasión alguna en su acto y buscaba hacerle sufrir.
Los demás no tenían palabras para describir el nivel de sufrimiento que sufría el peliblanco. La clemencia y las disculpas y promesas de que nunca más volvería hacerlo no funcionaron. Es más, parecía que esas palabras incitaban más a Elisa a ser más violenta y más cruel. Insultos, golpes, más lanzas clavadas, una tortura que el peliblanco al final no pudo soportar y terminó pereciendo en el suelo con los ojos abiertos.
Elisa se dio vuelta, sólo para ver gente asustada y mirándole con ojos lleno de miedo. Tuvo que disculparse, que el intento de ataque a su tribu realmente le había nublado la vista. A pesar del miedo, igual todos se acercaban a ella para celebrar el hecho de que habían ganado.
Ahora faltaba deshacerse de los cuerpos, quitarles las armas y enterrar a los fallecidos que murieron luchando. Ella estaba feliz de que nada malo hubiese pasado.
“Oye Elisa” Estaba por irse a su tienda para poder descansar. Ella al igual que muchos otros estaban ahora cansado luego de estar horas luchando pero alguien la llamó y se volteó a verle.
“¿Qué sucede Liam? ¿No vez que estoy cansada?”
“Lo entiendo perfectamente pero, tengo algo de curiosidad. ¿Has escuchado cuando luchábamos contra ellos mientras se defendían?” Se puso a pensar para luego negar con la cabeza. “Algunos de ellos insistían que si no le hubiesen atacado en el bosque, serían capaces de habernos matado. ¿Sabes si hay algún animal peligroso en el bosque?”
Liam siempre se mantenía callado y sin hablar mucho. Socializar no era lo suyo. Era una persona que hablaba por medio de acciones. Hoy estuvo al tanto de la conversación entre los asaltantes y al oír esa parte, llamó su interés.
“¿Animal peligroso? Mm… no lo creo. No se ha visto nada hace meses por lo que es seguro” Ahora ella estaba dudando. Entre las colinas y árboles que se encontraban cerca de ellos muy pocas veces se veían depredadores peligrosos pero nada que habitaran en los bosques o que hayan visto. “Ordena que quemen los cuerpos de los asaltantes, entierren a los que han muerto luchando y aseguren todas sus cosas. Mañana a iremos a ver el bosque” Liam asintió y ordenó a los demás hacer lo que Elisa dijo.
Luego de quemar los cadáveres y enterrar a los muertos, todos estaba bostezando del sueño y cansancio que tenían. No habituaban tampoco a pelear y más de esa manera por lo que nadie decidió hacer algo más y fueron directos a sus tiendas a dormir.
———
Al día siguiente, todos despertaron y no había mejor cosa que hacer que comer y comer.
Tras lo de ayer, todos hablaban de ello, cuantos mataron, cuanta lucha hicieron y no olvidar que mientras hablaban y hablaban, no faltaba la comida. Habían conseguido cazar unos venados. La suerte estaba con ellos luego de la victoria, haciendo que venados pasaran por al frente.
Tras un rato de haber comido, hablado y descansado, Elisa y un pequeño grupo preparado y armado casi hasta los dientes les dijo a todos que iban hacía el bosque porque los asaltantes hablaban de algo que había matado a sus amigos. Por eso se despidieron de los demás y les pidió a cada uno de ellos que no dejaran de trabajar y que sigan haciendo las tareas de siempre.
El grupo constaba solamente de 5 personas, dos hombres y tres mujeres. Los mencionados Elisa y Liam, Dylan que ahora llevaba un conjunto de lanzas en su brazo y una lanza única en su brazo restante. Estatura un poco corta pero fornida y fuerte. Su cuero cabelludo y su pelo era de un fuerte color negro, Las otras dos faltantes del grupo, Evelyn y Alice, ambas hermanas, la primera siendo mayor con 24 años y Alice con 18. Aún por la diferencia de edad, las dos eran casi iguales y se podían confundir como si fueran gemelas. Color de cabello castaño, largo y sedoso y la más mínima brisa hacía que flotara en el aire. Pero diferían en su color de ojos. La mayor tenía ojos café fuerte y oscuro y la menor, sus ojos tenían un color verdoso oscuro. Tampoco hacía falta hablar de su figura, siendo ambas deseadas por los hombres de la tribu. Al igual que Liam y Dylan, también llevaban varias lanzas encima de ellas para actuar como soporte y lanzarlas sin ninguna duda o temor.
“¿Crees que tardaremos mucho en esto? Tengo cosas que hacer” Alice se quejaba por ser llevaba con ellos. No entendía porque traída con ellos. Preferia estar descansando o hacer “cosas” a explorar algo que no existe.
“Si con cosas que hacer te refieres ir seduciendo los hombres de otras mujeres, créeme que hice bien en traerte” Dylan sabía de las actividades de Alice. Generaba un poco de discordia entre ellos y por lo tanto, si se quedaba sin supervisión de su hermana mayor, quien sabe cuántas parejas habría roto.
“¿¡Ósea que por tu culpa tuve que venir!?” Ambos tenían la misma edad y se conocían mejor que nadie. Dylan sabía perfectamente que Alice acostumbraba a hacer tales cosas y por lo tanto, era lo mejor traerla con ellos. Ambos estaban por pelear hasta que Evelyn les dio un golpe a los dos.
“También tengo cosas que hacer pero no ando quejándome como tu hermana. Por favor, compórtate que la nieta del anciano está aquí” Todos tenían cosas que hacer pero por sugerencia de Elisa, decidieron seguirle.
Elisa también tenía cosas para hacer, la primera de ellas era buscar al peliblanco y quien sabe, también torturarle como al otro.
Liam por otro lado, había dicho a todos que se adelantaría un poco para explorar un poco la zona. Había olido sangre, más de lo normal y podía ver por la tierra que había sangre también.
Cuando más se adentraba de a poco en el bosque, más su reacción aumentaba. Cabezas ya podridas yacían en el suelo con una mirada de terror en sus ojos y expresiones de miedo. No sólo eso, también los cuerpos sin cabeza estaban desparramados por los alrededores. Miraba el torso de estos cadáveres, lleno de agujeros por todo el cuerpo.
“Esto ya no es obra de un animal…” Había analizado de cerca uno de los cuerpos que estaban a su alcance y con mirar sus heridas, un animal no hizo esto sino una persona. Luego empezó a escuchar el asombro de sus amigos y vio a su dirección al ver sus caras, shock y asco estaban en sus reacciones y no podía culparles. Él estaba casi en la misma situación de querer vomitar. Un salvaje pudo haber hecho tales cosas: decapitar y cercenar un cadáver.
“¿Esto puede hacerlo un animal?” Alice preguntaba asqueada. No estaba acostumbrada a ver muertos de esta manera.
“No lo creo. Mira el cadáver de esa persona, está llena de agujeros. Quizás todo esto fue obra de una persona” Dylan dijo lo que pensaba Liam. Las otras tres creían que estaba equivocado hasta que miraron de cerca los cuerpos. Unos sí tenían agujeros y otros simplemente se les desgarró su piel y sus extremidades.
“Creo que tiene razón. Sigo creyendo que es imposible para un animal hacer aquellas heridas pero las otras… Es cuestionable” Elisa sacó sus propias conclusiones. Ninguno de los cuerpos tenía ropa. Fueron saqueados en su totalidad. Con eso creía que una persona hizo esto. Luego vio otros cuerpos que estaban arañados y sin piel alguna así como extremidades faltantes. Una persona puede quitarle un brazo o pierna a alguien pero las heridas que llevaban no eran de una persona, allí cabe perfecto un animal con tales heridas. “Espera… no…” Su cabeza empezó a pensar en algo y sin previo aviso, se fue corriendo hacia el interior del bosque dejando con la boca abierta a sus amigos quienes la miraron confundidos.
Los demás le siguieron sin idea de la razón de correr repentinamente. Corrían y hablaban de esto. ¿Qué le pasó tan de repente a Elisa para correr así? Esa pregunta estaba en la mente de todos.
Más se sorprendían que vieran ahora huesos y algo de sangre en ello y pedazos de carne en él. Lo que les asustó era que estos huesos no eran de animales sino de humanos.
Dejaron de correr para caminar y ver al suelo la cantidad de huesos sin carne. Eran bastantes y esto no lo haría cualquier humano salvo aquellos que habitaban en los desiertos o animales hambrientos.
“Oigan… ¿no debemos irnos?” El temor de Alice ahora era alto. Su hermana mayor estaba de igual manera. Dylan y Liam pudieron aguantar un poco el miedo pero sus ganas de irse tampoco eran menor que las dos hermanas.
“Debemos ver a… ¿Elisa?” Evelyn levantó su cabeza y la vio parada sin moverse. “¿Elisa?” Ella se acercó con temor a lo que pudiera ver y cuando se puso a su lado, miró la misma dirección que Elisa. Una persona con un brazo de una persona, dándole en la boca a un enorme tigre quien comía pareciendo una escena demasiada tierna. Miró al muchacho y reconoció ese cabello blanco largo y esos ojos blancos eran imposible no reconocer esa herida en el pecho. “¿Nathan? ¿Eres tú?”
Escuchar como Evelyn llamaba al peliblanco, le hizo mirarla con los ojos abiertos y preguntando cómo sabía su nombre. No hubo respuesta sino una risa nerviosa, diciendo que él mismo fue el que le dijo.
“¿Eh?” El peliblanco, Nathan, alzó la vista, viendo a dos mujeres que le miraban con ojos bien abiertos y otras tres personas que se acercaban a ellos, dando la misma vista que ellas dos. Notó su mirada y no le quedó más que sonreír. “Muchachos, un gusto volverles a ver. ¿Quieren acariciarla? No muerde para nada y es una chica muy buena” Le daba pequeños besos a la enorme tigresa quien respondía con alegría y felicidad.
Los cinco miraban a Nathan incrédulos de haber domado a un animal tan peligroso o porque él mismo le estaba dando restos de personas para comer. Ninguno tenía algo que decir.
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