Dawn of Man – Capítulo 11
Capítulo 11
“Oye Nathan, ¿puedo saber la razón tener el cabello tan largo?”
“La razón…” Nathan trataba de pensar alguna excusa. Su largo cabello era siendo peinado por Evelyn y su hija Luna jugaba con su ya llamada mascota. “Antes de que todos murieran, los hombres tenían el cabello largo y atado como yo demostrando que nunca habían sido derrotados en combate… No era alguien que le gustase combatir de todas formas pero luego de ver aquello… Seguí la tradición o lo que queda de ella…” Aunque sonaba triste, era una simple actuación. Pocos sabían de sus “orígenes” y tanto Evelyn como su hija y su hermana menor eran de esas pocas personas.
“¿Eso quiere decir que tu cabello es largo por eso mismo?” Preguntó Alice mientras miraba a su sobrina jugar con la enorme tigresa. Luego se volteó y miraba a su hermana mayor ayudando a Nathan con su pelo para poder atarlo debido a lo largo que era. “¿Qué pasa si tu largo cabello se convierte en un blanco y corto cabello?”
“Aquellos con cabello corto, significa que han sido derrotados y son débiles”
“¿Entonces qué pasaría si… hipotéticamente… digo… alguien decide cortarte el cabello ahora?” Evelyn propuso eso, de alguna manera para ver su reacción. Nathan sólo se rió un poco y sonreía. Había captado la indirecta de ella.
“Cosas… no muy buenas” Su tono había cambiado y ahora usaba una voz gruesa y fría. El escalofrío de las hermanas e incluso la niña recorrían por todo su cuerpo. De todas formas, parecía que la persona que estaba sosteniendo su cabello, parecía que tiraba con fuerza su cabello haciendo hacer una mueca en su rostro.
“Dime, ¿y si esa persona está dispuesta a que le hagas cosas malas?” Nathan se congeló y se quedó pensando eso. ¿Evelyn está proponiendo hacer algo? Su pensamiento fue confirmado cuando ella misma le dijo a su hermana e hija que se retiraran de la pequeña choza. Ni hablar de la tigresa que les siguió sin siquiera escucharle. “¿Qué pasa? ¿Acaso no esperabas tal respuesta?” Sus manos repentinamente pasaban de su cabello a su cuerpo, deslizándose hasta su entrepierna. Las manos de ella eran una cálida sensación y cuando más abajo llegaba, él sentía que sus deseos carnales poco a poco despertaban.
Con algo de fuerza de voluntad, tomó ambas manos de Evelyn quien estaba más que expectante de ver lo que hacía el peliblanco. Pero lamentablemente, tomo sus manos y las apartó de su cuerpo. “¿Qué pasa?”
“Yo… Lo siento. Gracias por dejarme quedar un rato en tu choza” Nathan se levantó con prisa y se retiró. Dejó a una Evelyn suspirando y con una cara de tristeza por no poder haber hecho nada. Lo que no sabía era que, a pesar de tener un aspecto de persona adulta, la edad actual que tenía Nathan era casi de 15 años, 10 años más joven que ella y por lo tanto, eso y entre otras cosas, no quiso hacer nada. Aparte, estaba guardando su primera vez para alguien más. Por eso no quería hacer nada de momento o hasta que realmente sucumba ante el deseo.
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El día pasó como si nada, más cuando a uno se le asigna alguna tarea.
Toda la tarde, con ayuda de su mascota, estuvo cazando por los alrededores usando también el regalo que la Diosa le dio con respecto a su visión, haciendo que todo sea mucho más fácil que antes. Con eso ahora podía cazar y más cuando le ordenaba a su mascota ir a donde estaban sus presas, trayéndolas como todo animal obediente.
Criaturas pequeñas eran especialmente su comida. Alces, venados, siervos e incluso jabalíes cazaron ambos, animal y humano. La coordinación de ambos no era algo para bromear. Él junto a su espada recuperada, cosa que tuvo que pedirle a Elisa que le devolviera, ahora la llevaba siempre a su lado.
Conforme pasaba los días, Nathan no sólo se dedicaba a cazar sino que también se dedicaba a buscar cosas para mejorar en parte, las herramientas que usaban.
Al principio los demás no parecían importarte mucho las herramientas. Estaban acostumbrados a usar el pedernal ya que era un material que se podía encontrar a veces tirado por los alrededores y fáciles de usar para hacer sus herramientas.
Cuando vieron que los huesos de animales funcionaban perfectos como punta de sus lanzas, así como cuchillos, todos empezaron a notar la utilidad de los huesos de los animales y empezaron a usarles para sus lanzas. También pueden usarlos para hacer las puntas de las flechas y viendo que hacían poco más daño que el pedernal o aquellas ramas afiladas, nadie tenía queja alguna.
Además, del anciano pudo aprender algunas cosas, siendo más importante cómo era las tierras de su alrededor.
Puede decir que era bastante enorme, siendo varios los ecosistemas que existían y también, miles de tribus, grandes, medianas y pequeñas desplazadas por todo alrededor. Selvas, desiertos, estepas, llanuras, mesetas y montañas y no olvidar los territorios gélidos. Cada detalle sobre estos venía de la larga aventura que había hecho el abuelo de Elisa antes de asentarse aquí y poco después de que sus padres murieran.
Eso era algo que quería saber y pudo saberlo. Sus padres murieron y para mejorar las cosas, murieron a manos de alguien de cabello blanco. De allí era la razón de su odio hacia él a pesar de haber ayudado bastante.
El anciano mismo estaba sorprendido de cierta manera de los conocimientos de Nathan acerca de las herramientas y de algunas mejores formas de recolectar suministros. Además, ayudaba en todo momento y no había algo que conociera, lo sabía todo. Que no había visto usar de una manera elaborada los huesos de los animales en otra tribu.
Al mencionar tribus, también preguntó algunas cosas con respecto a ello.
Al parecer, unas tribus tenían conocimientos de comida que sale de la tierra, otros tenían la idea de elaborar mejores ropas, otras sabían cómo construir chozas de madera y algunas muy específicas, tribus de las cuales ha oído poco, saben hacer murallas de piedra.
¿Cómo es que tienen idea de hacer tales cosas? Pensaba. A veces realmente tenía el presentimiento de que la Diosa lo había mandado a un mundo en donde estas cosas serían muy raras. Al mencionarle palabras como “rey” o “señor”, no había palabras, no existían. Le explicó rápidamente lo que significaban y al escucharlas, aun estando en su vejez, parecía estar brillando por tales palabras.
“Nathan… En tí puedo ver a una persona que llegará muy lejos en el futuro… pero debe atravesar muchas pruebas para poder obtener ese logro que tanto quieres… Aquellos que te sigan, serán beneficiados con muchas cosas pero deben pagar un alto precio para obtener aquellas cosas…”
Él quedó petrificado. ¿Puede que el sepa algo más allá de mí? Curioso, no pudo ocultar para nada sus dudas. “¿A qué te refieres anciano?”
El anciano se rio un momento, miró a Nathan y habló. “No hace falta que preguntes, seguro lo sabes” Hizo una pausa y se levantó a lo que Nathan hizo lo mismo para ayudarle. “Muchas gracias… oh… como extraño ser joven otra vez… Espero que nos ayudes a movernos dentor de poco.”
¿Qué? ¿Movernos? Pensaba un poco y llego a la conclusión de las palabras del anciano. Como la agricultura parece que no la conocen y aparte de que es imposible ahora mismo conseguir semillas, debían mudarse y buscar lugares mejores para establecer la tribu. Pero algo que tampoco cuadraba era que, sintiendo la sensación del aire, el clima poco a poco iba enfriándose. Un aviso claro de que el invierno se acerca.
“¿A dónde tienen pensado irse?” Lo acompañó fuera de la choza y unos pasos luego, le señalo unas montañas que se encontraba no muy lejos de donde estaban. “Oh… ¿cómo es que nunca lo he visto?” Murmuraba. Realmente tampoco se encontraba tan lejos. “¿Hay alguna cueva dentro no? ¿Por eso van allí?”
La risa de anciano se hacía presente de nuevo. “Realmente eres alguien inteligente, algo raro de tu gente” Tal aclaración de su “gente” le hacía resoplar y molestarse. No tenía nada que ver con esa gente. “No te enojes jeje… ¿qué haras? ¿Te vendrás con nosotros?”
Su pregunta le hizo pensar un rato para luego asentir. Iba a ayudarles en todo lo que pudiera. Luego, querría ir a explorar un poco para ver la zona más allá del bosque y ver si encuentra otras tribus. Quería saber como eran los demás: sociables u hostiles, buenos o malos. Su espíritu aventurero ardía en llamas en su interior queriendo concocer a aquellas civilizaciones en donde contenían semillas, ropas y aquellas construcciones que llamaban “chozas de madera y piedra”
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Al siguiente día, mientras estaba junto a su mascota descansando luego de haber recolectado algo de madera, su paz había sido interrumpida.
“Oye, necesito tu ayuda” Un hombre alto y de tez negra de piel se acercaba a Nathan. Mantenia sus pasos debido al tigre que estaba detrás de él.
“¿Qué necesitas Black?” Un nombre que no le gustaba para nada y su cara de disgusto lo demostraba. Aun así, no podía quejarse. La primera vez que lo hizo pensaba que en fuerza le ganaba. Terminó siendo derrotado. Luego, a la segunda vez, ya tenía un tigre y parecía que estaba a punto de atacarle pero él le detuvo. De ahí, no tuvo quejas algunas a pesar de odiar su nombre.
“Necesito que me ayudes a llevar algunas cosas al lugar donde vamos a pasar el invierno. Troncos, ramas, algo de comida…” Entre más nombraba, más anotaba mentalmente Nathan. Sabía que gran parte de las cosas que se nombró ya se tenían. Herramientas, comida, pieles. Se puso a pensar un poco mientras recordaba si realmente había una cantidad necesaria para pasar el frío. “¿Puedes con tu tigre buscar más comida?”
“Oh… ¿por tener un tigre de mascota debo ir a cazar? ¿Acaso esa es tu lógica?”
“Entre tu y tu animal, hacen parecer que cazar sea más fácil. Aparte de que nadie termina siendo herido o nadie trata de querer ser el más fuerte queriendo cazar animales que apenas pueden contener” Tenía un punto, no, tenía razón. Cazar con el tigre era más fácil que sólo y más cuando tengo una visión que me permite ver muchas cosas. La mente de Nathan pensaba y estaba de acuerdo con Black. Si él cazaba, realmente conseguía buenos resultados. Nadie podía competir con él y todos cuando iban juntos, conseguían muchas presas.
“Tienes razón. No te preocupes. ¿Cuándo empezaremos a mover todo?” Quería hacer algunas cosas antes de empezar a traer comida y demás, algo más importante.
“Dentro de cuatro a cinco días tal vez. Cada vez hace más frío y debemos irnos cuando antes. Aunque gracias a las pieles que nos consigues, es imposible que duremos con bajas temperaturas por lo que debemos ir a la cueva”
“Entendido. En algunos días, antes de irnos, tendré todas las cosas, no te preocupes” Se levantó y le dio un golpe suave en el pecho, un golpe de hermanos. Pese a la gran altura y su pecho como hierro, aún pudo moverlo con su pequeño golpe. Black sonrió y le devolvió el golpe, más fuerte. Apenas también pudo moverlo pese a su gran cuerpo y gran físico. Ambos sonrieron y se reían entre ellos.
Black se despidió de Nathan y se fue a seguir trabajando. Por otro lado, el peliblanco volteo su cabeza para ver a su pequeña Tora, revolcandose mientras le veía. Pese a su tamaño, le parecía apenas un pequeño felino. No podía dejar de acariciarle.
Mientras le daba un poco de carne que tenía para ella, no hace falta que sus sentidos auditivos habían escuchado pasos que se acercaban a su dirección. Permaneció jugando con Tora, ignorando o fingiendo ignorancia sobre la persona que se acercaba. Sabía que tampoco podían hacerle algo.
La persona dejó de caminar. Nathan esperaba que dijera algo pero, hubo silencio. Entonces, volteó la cabeza para ver la persona. Un hombre, alto, flaco pero con algo de músculo y un cabello largo con vello facial apenas creciendo de color rubio. Si su memoria no le fallaba, este era uno de los amigos de Dylan, Jon.
“¿Sucede algo?” Preguntó mirando expectante. La cara de Jon no mostraba ser de buenos amigos y por eso no sabía si algo bueno iba a salir de esto.
“Te lo diré así: no te acerques a Evelyn, menos a Alice y por nada del mundo, no te acerques a Elisa. No me interesa que nos hayas ayudado, no perteneces aquí y tampoco queremos a la gente como tú con nosotros…” Más y más palabras salían de su boca, no tan amables y algunas, llegaron a molestar a Nathan pero no podía esperar mucho de un adolescente.
Decidió ignorarlo. No gana nada escuchando. Esto hizo que Jon se enfurezca más y empezara a gritarle en vez de hablarle sutilmente.
“Oye, ¿puedes callarte de una maldita vez?” Sus palabras ya lo cansaron. Se levantó y se paró frente a él. Pese a la diferencia de edad entre los dos, él teniendo 14 y Jon 18, se podía ver que Nathan estaba más fornido y era más alto, músculos marcados y un cuerpo duro como el roble además de estar tonificado. Además Tora estaba detrás de él. Notó el cambio repentino de su amo y pronto miró a Jon. No había que explicar que Tora enseñaba sus enormes dientes y gruñía levemente. “¿Qué hice para ganarme tus insultos? ¿Qué derecho tienes para venir e insultarme? ¿Acaso estás celoso de algo? ¡Habla!”
El rubio se quedó callado. Su ira se había transformado en frustración y no pudo hablar. Su boca se abría pero las palabras no salían para nada. Apretó sus labios con fuerza y se fue sin decir nada más.
Tora estaba dispuesta a seguirle pero Nathan le detuvo. “No le sigas, quedate aquí conmigo. Tenemos animales que cazar” Ella se quedó a su lado y frotaba su cabeza en su pierna. Dio una pequeña sonrisa y le acaricio la cabeza un poco.
Iba a ir a cazar para ayudar a Black que se lo pidió y más a los demás. No irá sólo para hacer esto, claro que no. Sabía a quien invitar y qué hacer.
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