Dawn of Man – Capítulo 12

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Capítulo 12

Nathan planeaba ir a cazar en seguida. Pero primero tenía que ayudar a llevar algunas cosas a la cueva o mejor dicho, traer las cosas para que los demás lo hagan y luego sea llevado hasta allí. Él estaba pensando en serio en invitar a Elisa para ir a cazar pero no precisamente “cazar” sino para hablar, hablar de ella.

No importa cuántos días, semanas o meses ayude a los demás, Elisa estaba siendo demasiada fría con él. Pocas veces se demostraba amable o le daba signos de calidez al hablar. Pero nunca le hablaba como a los demás: con una hermosa sonrisa. Era como si realmente no importase cuanta amabilidad o sacrifico haga, nada parecía aumentar su felicidad.

Antes de buscar las cosas, acarició a Tora un poco y luego montó encima de ella. Como no encontraba caballo alguno por ningún lado, con la piel de un animal puesto en su lomo, lo montaba como si fuera uno.

De nuevo se aventuraba en el bosque, buscando palos y pedernales. Los materiales, justamente esos, empezaban a escasear en los alrededores de la tribu y por lo tanto había que caminar poco más para buscarlos. Había que pasar por las corrientes del rio y llegar al otro lado para buscar dichos objetos.

En el bosque encontró todo lo que necesitaba. Tanto pedernales como palos para seguir haciendo herramientas. El hueso de los animales lo usaban también para hacer lanzas y puntas de flechas. Gracias a Nathan habían hecho pequeñas hachas con los pedernales y servían no sólo para defenderse y atacar, podían cortar árboles. No era muy filoso y tardaban un largo rato cortando árboles. Por lo que al cortar algunos árboles decidieron no usarlo para ello.

“Espero que con esto no vuelvan a pedir hacer más lanzas, ya hay más que suficientes. ¿Por qué tanto empeño en hacer muchas?” Nathan seguía contemplando la cantidad de palos y pedernales en su poder. Suspiraba, incapaz de saber la razón. Ayudaba a los demás y tampoco debía preguntar o indagar mucho sobre ello. “¿Qué más me había pedido Black? Oh sí” Recordaba que también había pedido si podía cazar algunas cosas, que lo haga.

Últimamente, las mujeres estaban haciendo bastantes ropas con las pieles, las suficientes como para poder cubrir todo el pecho y algunas especies de bufandas para cubrir el cuello. También habían hecho algunas cosas algo raras. Especies de gorros para cubrir la cabeza. A pesar de querer uno, rechazó cuando le habían ofrecido uno. Estaba contento en dejar ver su largo cabello blanco. Y algo que incluso él estaba sorprendido era la resistencia al frío que llevaba. Sólo andaba con sus botas de cuero y su pantalón del mismo material, hechos y dados por la Diosa al ser invocado. Su pecho al descubierto lleno de las cicatrices chocaba con el aire frío pero no sentía nada, es más, se sentía como la brisa cálida. Incluso Tora parecía no afectarle tanto el frio. Sabe que los tigres pueden soportar parte del frío por su pelaje y su grasa pero, al parecer tampoco sentía nada.

“Mm… Antes de seguir… Tora, ven. “La tigresa se acercó y se sentó al frente de Nathan que le acariciaba la cabeza un poco. Pese a ser un tigre, seguía viéndole como un gato… nada más que muy grande. “¿Puedes ir a buscarla a ella? Ya sabes, cabello corto negro, ojos azules, algo alta, ¿puedes?” Le asustó ver que Tora asintiera y empezara a correr hacia la tribu. Sabía o ya sentía que los animales pueden entenderle perfectamente pero tampoco pensaba que les entendía a tal nivel.

Ahora, le tocaba esperar sentado cerca de un árbol mientras esperaba el regreso de Tora y tenía expectativas de que Elisa le siguiera.

———

Todo el mundo se preparaba para llevar sus cosas a la cueva. Como el invierno se estaba acercando y poco a poco haciéndose notar, sino tenían sus cosas listas y partir antes, era posible que se morirían congelados, una experiencia para nada buena.

No había nadie que no hiciera nada. Los niños inclusive estaban ayudando en lo que podían a su familia y a los otros. Nadie iba a dejar a nadie sólo este invierno y la ayuda de todos con todos era prueba de ello.

Cuando Elisa estaba buscando algunas cosas, sintió repentinamente que algo se frotaba en su pierna. Miró abajo y vio un enorme felino y tal imagen de repente hizo que se asuste y se un acto-reflejo, dio un pequeño salto y se alejó algunos pasos.

“Oh Dios… es el gato de Nathan…” Pero empezó a sentir un poco de confusión y duda al verle. “¿Qué haces aquí?” Tora, la mascota de Nathan, caminaba como en círculos, dando a entender algo que ella no estaba clara de lo que quería expresar. “¿Estás tratando de decirme algo…? ¿Qué será?”

No había indicio alguno de que era lo que quería Tora. Por lo tanto, no estaba segura si pedía para comer u otra cosa. Miraba a unos costados y, recordando, en su choza había algo que podía darle para comer. Lo buscó y tenía por suerte un conejo, conejo que era un “regalo” de Nathan. No lo comió por miedo a que tuviera algo y por eso no consumió. Se lo dio a su mascota, que si algo iba a pasar que sea a su mascota y no a ella.

De tan solo un bocado devoró al pequeño conejo y parecía estar igual que antes, estar indicando algo a Elisa quien todavía no estaba al tanto de su manera de expresarse. ¿Cómo hace para entenderle Nathan? Pensaba extrañada. Luego pensó bien. ¿Y si él puede hablar con los animales?

Miraba para ambos lados y claramente, sabían del animal de Nathan los demás que lo veían. Para identificarlo, llevaba una piel atada en su lomo así evitar asustar a los otros o para que cacen a su hermosa mascota. Por ende, nadie le hacía nada y lo que es más, algunos acariciaban a Tora quien respondía afectuosamente.

El tigre seguía mirando a Elisa pero luego de un rato se fue directo al bosque de nuevo, dejándola confundida de nuevo. Pero antes de poder hacer algo, vio que la tigresa volteo a verla y luego seguir caminando al bosque. Allí llegó a comprender que tenía que seguirla pero dudaba. Debía ayudar a los demás.

“¿Qué te pasa Elisa?” La persona que se acercó detrás de ella miraba a la tigresa irse al bosque. “¿Acaso esa es la mascota de Nathan? ¿Por qué vino?”

“¿Eh? Oh, Eve, eres tú. No comprendo que quiere así que… no, no entiendo” Elisa trataba de narrar el pequeño momento con el animal. “¿Entiendes lo que quiere?” Preguntó confusa y mirando al animal que se iba al bosque perdiéndose en él.

“¿No está ella siempre con él?” Se cuestionaba Evelyn quien estaba pensando. “Tal vez vino para que le siguieras… otra cosa no se me llega a ocurrir”

“¿Para qué quiere que le siga?” Segundos después pudo hacerse una idea. Si la tigresa siempre estaba alrededor de Nathan y venía hasta ella, significaba una cosa. “No voy a seguirle”

“¿Por qué?” Preguntaba mirando a Elisa con curiosidad. “¿Acaso hay algo malo?” Escuchó su conclusión y entonces solamente pudo asentir. “¿Realmente crees que algo malo te va a pasar Elisa? Él es realmente una buena persona, ¿por qué siempre tan agresiva con él?” Su mirada fría le hizo asustar a pesar de ser mayor que ella. Pese a eso, no le gustaba hacerle enojar y parece que lo había logrado.

“Puedes ir tú si quieres” Elisa no quiso seguir hablando del tema por lo que, con algo de enojo y sin ganas de seguir hablando, se fue para seguir haciendo sus cosas. Evelyn por otro lado, quién no quería involucrarse en algo entre esos dos, sintió que esto era una buena oportunidad.

———

Mientras seguía esperando, Nathan ya había encendido una pequeña fogata en un lugar un poco cómodo. No encontraba un buen lugar para iniciar un fuego para mantenerse caliente y para cocinar algo de carne.

Tenía pensado charlar con ella, principalmente todo lo que el anciano le había dicho sobre ella. Su razón de ser tan hostil a pesar de todo con él.

Pero al estar esperando, vino Tora, su mascota, sola sin nadie encima de ella. Estaba confuso con ello, ¿quizás Elisa no entendió lo que interpretaba y tal vez pensaba otra cosa? Sus pensamientos sobre eso le hicieron dar cuenta que es posible que otros no entiendan a los animales tanto como él.

La acarició cuando se puso a su lado y le miraba, siempre sonriente y siempre alegre de que un animal como ella estuviese junto a él. Tampoco quería indagar demasiado sobre el porqué le entiende perfectamente pero con ello puede deducir que la Diosa realmente le bendijo con tal de “entretenerla” con su vida.

Paso un pequeño rato y nadie venia. No estaba esperanzado de que ella viniera y no habría problema. El odio que tenía realmente era algo que quería conocer. Conocía a casi todos pero justamente Elisa era la mujer que más llamaba su atención. No sabía nada de ella, solo su edad, que era dos años mayor que él. Pero en esta época, uno es adulto a los 14, su edad.

“Huh… Parece que debo rendirme con ella… Bueno, no importa mientras te tenga a ti a mi lado preciosa” No podía parar de acariciarle. Realmente le veía como un gato común y corriente. Para otros, era un animal asesino, salvaje, indomable. Y mientras le acariciaba, sintió que alguien le estaba viendo y volteó su cabeza para, justamente, ver a alguien que le clavaba la mirada encima.  “¿Evelyn?”

“Lo sé… seguro no me esperabas y esperabas a Elisa ¿no?” Nathan quiso contestar a su pregunta pero ella se acercaba mucho a él, sin dejarle replicar. “No hace falta que lo digas, realmente sé que la esperabas a ella y no a mí pero… “ Rodeaba sus ojos y su expresión facial cambió de ser seria a una alegre y con una sonrisa “…no hace falta que estés con ella si vas a divertirte… hay muchas más mujeres, mujeres que seguro te van apreciar mucho más…”

Evelyn le rodeaba y Nathan le miraba como caminaba. Sabía por dónde venía la cosa y ordenó a Tora que mirara los alrededores y que nadie viniera y en caso de ello, que sólo los aleje. Una vez alejada, se levantó y miraba todavía a Evelyn que seguía dando vueltas y vueltas en su alrededor. “¿Algún ejemplo de esas mujeres? ¿Alice es una de ellas? ¿Silvi? ¿Alexa?” Él nombraba a otras que eran de la tribu, todas mujeres realmente hermosas y con una edad un poco mayor pero aun así, seguían siendo realmente hermosas.

Evelyn se reía de su respuesta y tras parar de caminar, se acercó hasta él, cara a cara. Ella misma debía aceptar que el hombre frente a él, por más difícil de aceptar, le parecía un mejor hombre que su difunto esposo. Desde que ha muerto, no hubo nadie que realmente se mereciera ser su hombre, incluso el más fuerte fue rechazado por ella. Pero el que estaba frente a él era demasiado diferente. Más fuerte que todos a pesar su edad, hermoso y contenía un enorme tigre, ¿cómo dejar pasar esa oportunidad?

“Jaja… No me refiero a ellas. Hay una en particular, una mejor de todas”

“¿Mejor que Elisa?”

“Es mejor que ella inclusive. Sé que la deseas pero… ahora mismo tienes a una mujer perfecta frente a ti” Evelyn ahora si se puso frente a él. No perdió tiempo alguno y se lanzó sobre él cayendo ambos en el suelo y ella sobre él. Cabe decir que Nathan no esperaba esto y que, aparte de lanzarse sobre él, también se había sacado la poca “ropa” que llevaba, estando completamente desnuda.

Sus impulsos no pudieron ser detenidos y en el momento que vio los hermosos y grandes pechos de ella, pechos que parecía que todo el mundo los tenía medianos o grandes, no resistió la tentación de lamerlos y empezar a chuparlos.

Para Evelyn, esta sensación nueva y extremadamente placentera. La única persona que antes había hecho esto fue su hija en su momento cuando era bebé que era para amamantarla. La sensación de ahora, era diferente a eso, era una estimulación placentera y no podía evitar no gemir con ello.

Luego de lamer, chupar y jugar con sus pezones, pasó a manosear su trasero para luego besarla. No había vuelta atrás y no podía ya contenerse más. En su mente ya estaba complacer como pueda a Evelyn y se había olvidado de Elisa.

Evelyn estaba no sólo sorprendida, sentía que estaba en los cielos. Aparte de que había amamantado de una forma extraña a Nathan, ser besada estaba haciendo que su mente se pusiera en blanco del placer. Además de ello, que sus dedos estén tocando su trasero y jugando con su parte baja, no había palabras para describirlo.

Nathan se separó de ella al sentir toda su mano mojada. Ella había llegado a un orgasmo y ver su cara roja y jadeante, respirando con dificultad e incapaz de hablar, le dio esa seguridad.

“Hah… eso fue… wow… “No había palabras para ella. Lo miraba a Nathan quien sonría y no pudo evitar colgarse de su cuello y abrazarle.

“Y eso que todavía no he terminado” Susurró en su oído. Evelyn estaba sorprendida al saber que, aparte de faltar aún más, él no la penetró. “Espero que puedas aguantar” Y con ello, bajando sus pantalones, liberó su miembro erecto y duro como una roca que golpeaba el trasero, llegando a hacerla sobresaltar. Al notar su reacción otra vez, le mordió la oreja con delicadeza y le soplaba también en ella. “Te dije que espero que puedas aguantar”

———

Lo que había sido una ida al bosque para cazar se convirtió en una tarde de placer y lujuria.

Con un nuevo cuerpo y una resistencia bastante mejorada en todo los sentidos, Nathan y Evelyn habían estado haciéndolo toda la tarde sin parar, hasta que ella no pudo aguantar mucho más y sucumbió al cansancio y se durmió allí mismo en el acto.

Él había hecho que ella estuviera como si fuese en el cielo, haciéndolo de maneras que ella nunca había visto o nunca había escuchado. No la montaba buscando su propio placer. Ambos podían sentirlo y ella pudo sentirlo mucho más que él. De allí fue cuando experimentó cosas que nunca en su vida lo hubiera hecho: acabar por primera vez y muchas más y formas de hacerlo.

Mientras ella recibía todo el amor por parte de Nathan, ella se decía así mismo que lo que le estaba embistiendo con tanta fuerza, era alguien que apenas no cumplía 15 años. Si con esa edad puede hacer que una mujer sufriera este placer, ¿qué le depararía más adelante?

Cuando Nathan sintió que ella no podía hacerlo más, la recostó a un lado de él y también se tiró a su lado, mirando al cielo y con sus brazos tras su nuca. Aún seguía con ganas de seguir y bastante. Pero estuvieron alrededor de 4 horas y ver cómo resistía ella a tanto, ya era un logro. Lo que es más, estaba impresionado por ello. ¿Cómo pueden durar tanto? Obviamente era por él. No se enorgullece de su pasado en su mundo, pero ahora puede sonreír feliz de volver a poder satisfacer a una mujer de esa manera. Sólo deseaba que nadie hubiese entrado en el bosque, pensarían que un fantasma ronda por él y lo que es más, que nadie les haya visto.

Ignoró esos pensamientos al verla a ella, ahora que estaba recostada en su pecho y con una sonrisa en su rostro. Él le acariciaba su mejilla y la abrazaba un poco. Ambos estaban desnudos al aire libre y el frío se hacía notar. Por suerte, la fogata aún no se apagaba y les mantenía algo caliente.

Por otro lado, ahora debe esperar a que ella se despierte. Él no tenía ningún sueño ya que no podía calmarse y tampoco buscaba o podía alejarse de la misma por cuestiones de que seguro moriría de frío. Por ahora, sólo le quedaba esperar.

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