Dawn of Man – Capítulo 13
Capítulo 13
Nathan seguía despierto mirando a la dormida Evelyn quién reposaba su cabeza en su pecho con una sonrisa en su rostro. Tal imagen en sus ojos era sencillamente hermosa. Acariciaba su cabello y su rostro y trataba de despertarla pero no podía.
“Creo que debo controlarme un poco” Se decía a sí mismo. Ya había pasado horas y esas horas que habían pasado fueron por haber tenido sexo con ella. Luego de esas horas, pasó al menos unas dos horas. Suspiraba al verla pero, le parecía tierna como se acurrucaba. Ella tenía frío y por eso mismo temblaba. “Vamos. Evelyn, levántate, venga” Pinchaba su rostro.
Él no lo notaba, para nada. Ella, por otro lado, sí y por eso estaba temblando. No tenía nada a mano para taparla, se había olvidado las pieles. Por otro lado y sumando un hecho importante, su hija Luna estaba probablemente esperando por ella; o bien puede estar con su hermana pero no tenía nada asegurado con ella.
“…” Segundos después y más por estar moviendo su cuerpo un poco (o bastante), logró abrir los ojos y mirar a Nathan algo dormida aún. “¿Qué sucede?” Su voz algo suave y apagada se debía justamente a despertarse. Se refregaba sus ojos para luego notar dos cosas: estaba desnuda con un dolor en las caderas que le era imposible levantarse. La segunda estaba en la oscuridad con Nathan, cerca de una fogata y su animal sumando a que no estaba con su hija y en su pequeña choza para dormir con ella. “¿¡Dónde estamos!?” Preguntó alarmada y viéndose a sí misma en tal estado.
“¿No recuerdas nada de lo que hemos hecho hace horas?” Ella pronto recordó todo. Su pasión y todas las veces que él la montó y cómo fue montada, haciendo que se sonroje y sus pezones ponerse duros otra vez. Nathan lo vio y no quería volver a perderse en sus sentidos y su lujuria por lo que buscó sus prendas al separarse de ella para que se las ponga y, decirle que debían volver de nuevo a la tribu. “No perdamos tiempo. Debemos volver”
Evelyn asintió y se puso su “sostén” de piel y su pequeña falda y con un poco de ayuda del peliblanco, se subió a Tora delante de él quien mientras viajaban de nuevo a su hogar, no podía evitar darle un pequeño abrazo y tocar y acariciar todo su cuerpo siendo Evelyn permisiva y contenta con esto.
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Al llegar, que no fue más algunos 20 minutos, había algunas personas despiertas pero eran muy pocas. Por suerte, ninguna de esas personas que estaban sentadas alrededor de una enorme fogata les había visto por lo que pudieron pasar desapercibidos.
Evelyn fue directa a su pequeña choza, con ayuda de Nathan, donde su hermana y su hija dormían plácidamente. Entró en silenció y se acomodó junto a ellas para dormir a su lado, más precisamente de su hija abrazada. Nathan, sólo espero a que ella entrara para dormir para luego volver al bosque. Se había olvidado de traer los animales cazados por lo que esta noche, permanecerá en vela hasta conseguir lo que había prometido.
Al siguiente día, todo el mundo se había despertado y todos estaban estirando y preparado para seguir con todas las preparaciones. Ahora sí llevaban pieles encima para cubrirles del frío, mucho mejor que antes con las prendas tan “cortas” que llevaban. La única persona que no despertó de su sueño fue justamente Evelyn, quién seguía un poco con su agotamiento pero, con el descanso que estaba teniendo ahora, su condición estaba poco a poco mejorando. Cuando esto lo notó tanto Alice como su hija Luna, trataron de despertarla pero no había caso.
“¿Qué le pasa a mamá tía?” Preguntaba Luna quién tocaba la cara de su madre quién todavía no despertaba. Alice, por otro lado, también estaba confusa y no sabía del porqué de ello.
“No lo sé pequeña Lu. Tu madre quizás esté cansada. Ve afuera un poco a ayudar si hace falta o a jugar si gustas” Luna asintió y se levantó para irse de su hogar para ayudar o mejor dicho a jugar un poco no sin antes ponerse un abrigo de piel para cubrirle del frío. Volvió a mirar de cerca a su hermana quien, como se lo esperaba, estaba fingiendo dormir. “Puedes despertar ¿sabes? Tu truco no funciona conmigo”
Evelyn abrió un ojo y miraba a su hermana quién le miraba indiferente. Ella sólo podía sonreír nerviosamente. “Jeje… me gustaría pero… aún me duele para caminar” La miró a la cara con una sonrisa, esta vez sincera logrando desconcertar a su hermana menor quién alzó una ceja en confusión.
“¿Dolor? ¿Te has golpeado ayer? No recuerdo que hayas hecho algo que implique tal accidente” Alice estaba nombrando y pensando algunas posibilidades de ello pero ninguna resultaba ser cierta o acercarse. ¿Ninguna de esas cosas le pasó? ¿Qué fue entonces? “¿Entonces…?”
“Verás… anoche tuve la oportunidad de estar a solas con Nathan y bueno…” Hizo una pausa para ver el rostro de su hermana y lo que vio fue sorprendente. Ella estaba con los ojos abiertos y con la boca abierta. Ella parecía haber deducido rápidamente la razón de su dolor. Aclaró su garganta y se acercó hasta la oreja de su hermana para susurrarle: “Es un semental…”
Fuera de allí, los demás ya habían preparado casi todo para migrar y refugiarse en las cuevas. Sólo faltaba que alguien trajera la comida que había prometido. Entre esa nueva comida y pieles así como la que se ha reservado y conservado, podrían aguantar los meses necesarios o los meses del invierno.
“¿Aún ha venido Nathan? ¿No debería tener ya las cosas desde ayer?” Preguntaba Dylan quien estaba esperando a unos pasos cerca de Black quien estaba cruzado de brazos. El moreno tampoco le importaba esperar, sabía que él iba a traer lo que le pidió y tenía su confianza puesta en él cuando encontró varias herramientas y armas hechas por él a unos pasos donde se encontraba. Pequeñas hachas, lanzas cortas y largas y cuchillos de pedernal.
“No te preocupes, volverá” Calmó Black a Dylan quien seguía rascando su cabeza con algo de duda. Realmente no tenía mucha confianza pese al enorme trabajo y esfuerzo que ha hecho Nathan pero si el hombre musculoso y alto creía en él, entonces que así sea. Su padre también dudaba del peliblanco, algunos lo hacían. Pese a su esfuerzo, aún no lo tomaban como parte de la tribu, siendo pocos que confiasen en él y realmente valoraran su fuerza. Las mujeres, en cambio, estaban más que satisfechas. Lo calificaban con tantas virtudes que parecían que ellas mismas se peleaban para tenerlo para ellas mismas. Si supieran que alguien más les había quitado tal honor, estarían enojadas.
“Tal vez esté muerto” Dijo alguien que, aun conociendo la fuerza de él, dudaba mucho. Justamente era Jon, alguien que había discutido con Nathan en el pasado.
“¿Realmente crees que va a estar muerto? ¿Una persona que pudo domar un tigre?”
La conversación entre ellos dos jóvenes estaba siendo algo acalorada, discutiendo sobre el peliblanco que si seguía vivo o que estaba muerto.
“¿Qué le pasa a esos dos?” Preguntó alguien que se había acercado mientras miraba confundido a los dos jóvenes que estaban casi a los golpes.
“Nada. Sólo discuten por ver si Nathan sigue vivo o no” Black estaba negando con la cabeza pero a la vez, expectante de los comentarios de ambos.
La persona que había preguntado había estado tocando su cuerpo un momento, comprobando si estaba vivo o no. “Creo que estoy vivo, ¿no?” Dicho comentario hizo que el moreno se voltee para ver al peliblanco, cargando un venado en sus hombros y otros animales que Tora llevaba consigo encima y arrastrando. “¿qué sucede con esas miradas?”
Los tres lo miraban por el hecho de que, aparte de ver las cicatrices que poseía, tenía marcas de rasguños en su cuello. “¿Qué te pasó en el cuello?” Nathan no supo que le dijo hasta que le contó de lo que veía. Oh, parece que notaron eso. Tampoco era algo que podía ocultar, sólo mintió diciendo que encontró un pequeño animal que saltó encima de él y lo arañó. Le creyeron y suspiraba aliviado. No tenía ganas de tener que explicar lo que hizo.
Les dio los animales a los tres muchachos y con su tigresa se fue a descansar. Nadie sabía pero esta vez estuvo toda la noche cazando y había encontrado una buena cantidad de animales, principalmente venados. Se había adentrado y alejado del bosque, es decir, salir del otro lado y, encontró venados, siervos y más siendo los primeros en ser cazados por él. Pero más que nada, había encontrado algo que los demás no debían saber.
“¿Sirve esto?” Black asintió y se lo llevaron no sin antes pedir ayuda a los demás hombres para cargar los animales muertos. Una vez que lo hicieron, Nathan estaba ahora sin hacer algo por lo que retomó a la tribu para ayudar a los demás, esta vez a transportar todo porque algunas cosas ya estaban allí.
En su paso, notaba las miradas de las mujeres encima de él, golpeando y clavándose en su espalda o en su rostro dando un poco de incomodidad y preguntando en su cabeza porqué le miraban de esa forma.
“¿Por qué estoy siendo visto de esa manera…?” Preguntaba por debajo mientras caminaba. Realmente, las miradas de las mujeres de aquí le asustaban un poco debido a tal intensidad. Y repentinamente fue sacado de sus pensamientos al haber chocado con algo. Miró abajo y vio que era justamente Luna, quien se sobaba el trasero por haber caído sobre él. “Oh, Luna, perdona por no haberte visto. ¿Estás bien?” Le ayudó a levantarse y le acariciaba la cabeza con una sonrisa.
“¡Papi!” La palabra que dijo ella, no lo dijo para ellos dos, lo gritó. Las personas cercas conocían a Luna, hija de Evelyn. Su esposo, el padre de ella había muerto pocos meses después de su nacimiento y desde entonces, nunca ha tenido un padre. Pero ahora, después de lo que dijo su madre, ella estaba contenta, estaba alegre a más no poder y no pudo evitar saltar a los brazos de Nathan, quién por fuera estaba abrazándola, estaba internamente gritando y maldiciendo.
“¿Por qué me llamas papi Luna?” Preguntaba ya en sus brazos Luna quien no paraba tampoco de abrazarlo y refregar su cara en su pecho.
“¿Por qué? Mamá me dijo que eras mi padre” Su cara inocente le daba ternura pero con lo salido de su boca, no le generaba tanta ternura. Le dio un pequeño beso en la frente y la bajó, diciendo que debía ver a su madre. Por lo tanto, no le parecía para nada malo encargarle el cuidado de Tora a ella, quien siempre se mostraba juguetona y feliz a la hora de estar con la niña la cual, no rechazó la idea de jugar con la felina y lo que es mejor, que pudiera invitar a sus amigos a jugar.
Al verla irse con Tora y reunirse con sus pequeños amigos para jugar con ella, se dispuso a ir a ver a Evelyn y saber qué más dijo sobre su pequeño “encuentro” pero al voltearse para caminar, una mujer le miraba con un enorme disgusto y repulsión en sus ojos.
“¿Qué?” Nathan le miraba. No había muchas palabras que decir. Su expresión facial estaba toda arrugada. Se acercó hasta él, quedando a un costado y ella, sin mirarle, tampoco dijo nada.
Espero unos segundos y se acercó hasta su oído para hablarle. “Nunca te acerques a mí… “semental”” La forma en que dijo la última palabra, le hizo sentir su sarcasmo y darse cuenta de que lo que hizo con Evelyn se había extendido. Muy probablemente por Evelyn misma. Suspiró al ser llamado de esa forma y más por ella, quien era justamente Elisa. No había más que perder tampoco y le asintió, dando por hecho que su relación ahora, será peor que antes. Pese a lo hecho con Evelyn, de momento no podía negar que le gustaba la pelinegra y si iba a estar en esta situación, debe aclararlo al menos.
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Evelyn estaba en la cueva ya, acomodando sus cosas con su hermana mientras su hija, informada por su hermana que estaba jugando con Nathan, sonreía cada vez que escuchaba ese nombre. Su hermana notaba esa expresión de su hermana mayor cuando escuchaba su nombre. Encima de eso, también le había dicho a su hija que tiene un padre.
“¿Realmente crees que él será el padre de Luna?” Alice no estaba segura. Por su forma de juzgar a la gente, podía sentir que al peliblanco le gustaba alguien más que su hermana. Tampoco le importaba de todas formas si él tenía más mujeres. Mientras le dedicara tiempo a su hermana, realmente no le importaría pero esto era diferente. Por lo contado y lo que escuchó, estaba segura que no todo saldría bien.
“Pues… si no puede ser el padre de mi hija, puede ser padre de mi futuro hijo” Dijo mientras terminaba de acomodar algunas cosas más. Su dolor seguía presente pero no tanto como antes, dando la oportunidad de volver a caminar. Sonreía al pensar que daría un hijo con Nathan y la idea no salía de su cabeza para nada.
“Sólo lo has hecho una vez, ¿crees que vas a terminar embarazada por esa sola?” Alice discrepaba con ello. Sabía que lo habían hecho una vez y por eso, es imposible que pudiera quedar embarazada. De repente, vio que su hermana se reía y acariciaba su estómago un poco con una sonrisa y unos ojos llenos de esperanza. “¿Qué te pasa? ¿Realmente lo crees?”
“Jeje… no fue sólo una vez hermana, fueron varias veces hasta que me desmayé…” Hombres y mujeres que estaban acomodando sus propias cosas pararon orejas para escuchar el relato, un mejor relato de la virilidad de Nathan y de cómo lo hicieron por horas. Si bien antes había contado que duraron horas haciéndolo, entendían que él no podía acabar. Ahora que escucharon la historia por completo y sin partes omitidas de Evelyn, obviando lo hablado con Elisa, todos quedaron boquiabiertos.
Los hombres estaban impresionados y las mujeres, estaban asombradas y celosas de Evelyn, pero su hermana Alice era la que más estaba sorprendida. Su hermana mayor no lo sabía pero ya lo había hecho, sintiendo aquella vez como la mejor. Pero al ver a su hermana cómo decía que todo lo hecho era cosas que nadie antes, ella misma estaba celosa. Pero, inmediatamente, una idea se le cruzó a la cabeza haciendo que sonriera maliciosamente.
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