Dawn of Man – Capítulo 14

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Capítulo 14

Mientras algunos estaban preparando su nuevo lugar para el invierno, los demás que aún se mantenían en la tribu, o lo que quedaba de ella, empezaron a transportar los suministros restantes y abandonar las tierras. Una vez que terminara el invierno, migrarían a otro lado.

Nathan ayudaba con su tigre para llevar gran parte de suministros debido a su tamaño y fuerza. No creía que era algún problema tampoco y Tora no se molestaba en absoluto. Sabiendo eso, los demás le delegaron llevar sus cosas también pero tampoco era tonto. Él llevaría algunas cosas y descansaría. Él y su tigre estaban cansados. Si no descansaban un poco, se dormirían pronto o por el cansancio harían las cosas mal.

Su respuesta no contento a los demás expectantes de su ayuda. No era el tiempo de enojarse, era tiempo de hacer la mudanza. Luego sería tiempo para poder hacer todo el lío que gusten pero hasta entonces, en silencio todos.

Pasado el día, ya todos estaban en la cueva, refugiados. Se podía divisar desde dentro de la misma como el viento cambiaba su rumbo así como poder ver como el clima cambiaba y la nieve se hacía presente. Esta visión hizo que Nathan estuviera sorprendido. Nunca había visto la nieve y por lo tanto, quería salir a jugar con ella. Si con su edad se le consideraba un adulto, si supieran que quería jugar con la nieve, le llamarían niño sin lugar a duda.

En la noche, todo el mundo comía casualmente mientras hablaban. El ambiente en sí era el mejor. No había nada de frío y la cueva por suerte era enorme, suficiente para que entraran todos. Eran poco más de 50 personas, casi 60. No eran muchas y como se lo esperaba, había ya lugares hechos dentro de la cueva, teniendo algunas divisiones. Agujeros de la cueva hacían verlo como habitaciones. Había sólo dos, uno principalmente para el anciano de la tribu y para su nieta. El otro, como consideración del anciano, se lo dieron a él. No pudo rechazar tal oferta y se instaló enseguida allí, siendo Tora la que se puso a un costado de donde había formado su cama y dormir. No tardó en despedirse de todos para irse a dormir. Incluso se despidió de Evelyn, quien estaba muy expectante de lo que iban a hacer peor terminó desilusionada por saber que no harían nada. Tampoco podía ocultar lo hecho con ella y por lo tanto, quería una noche en paz.

———

Mientras dormía, una persona estaba a unos pasos de donde se encontraba, más precisamente mirando fijamente a su cara mientras el peliblanco dormía como un bebé. Mejor dicho, todo el mundo estaba durmiendo como uno por la calidez que había en la cueva.

Al estar a su lado, no podía evitar pensar lo que había dicho Evelyn sobre las cosas que podía hacer y el tamaño de su miembro, diciendo que largo como una lanza y grueso como la piel de un rinoceronte. Con tales descripciones, era imposible quedarse quieta y aguantar a tenerlo dentro.

“Veamos… no debo hacer mucho ruido sino su tigre puede comerme… ¿cómo haré para no despertarle?” Murmuraba. Si hacía realmente un movimiento en falso, terminaría muerta. Por lo que debería no hacer mucho ruido de todas formas pero, no funcionó.

Cuando estaba por tocar a Nathan, este al parecer abrió los ojos por sentir una respiración y un aire que soplaba en su vientre, haciendo que mirara y se sorprendiera al ver a una mujer frente a él.

“¿Evelyn? ¿Qué haces aquí?” Hablaba por debajo. Debido a la oscuridad y para variar el color del cabello, Nathan había confundido a alguien más con Evelyn. “Pensé que te había dicho de no hacer nada esta noche” No hubo respuesta. La chica no sabía que decir. Nathan notó esto como que estaba algo avergonzada de responder por lo que la tomó y la recostó a un costado de él, dándole un abrazo y calentándola con su propio cuerpo. “Vamos a dormir ¿quieres? Hace un poco de frío por lo que esto debe ser mejor para ambos”

Si tan sólo supiera que la persona con la que estaba acostado no era Evelyn sino su hermana, inmediatamente le soltaría y trataría de buscar alguna forma de explicar la situación. Pero debido a la poca luz del lugar, no se dio cuenta siendo Alice, quién estaba en brazos de Nathan, la abrazaba y aprovechaba para manosearle los pechos.

Alice sólo podía permanecer callada. La sensación de ser manoseada por los pechos era tal cual como lo había descrito su hermana. No sólo se los agarraba sino que apretaba sus pezones, reprimiendo con algo de fuerza un pequeño gemido. Además de eso, su respiración en su nuca así como los pequeños besos que este daba en ese lugar lograban poner la piel de gallina a una Alice que estaba con todas las luces de gemir en cualquier momento.

Él no notaba la diferencia. Pese al impedimento de la noche, conocía el cuerpo de Evelyn y pese a eso, lo que sentía en sus manos creía que eran justamente los de ella. Esto lo hacía casi dormido y sin darse cuenta, también estaba entrando en calor, más que antes. Alice podía sentir que algo se apoyaba en su trasero, haciéndose más grande a cada segundo. Cuando quiso darse cuenta, ya tenía algo metido dentro que le acariciaba y se movía de manera lenta y profunda.

Nathan escuchaba esos gemidos reprimirse y tampoco podía aguantarse. Acercó su boca hasta la oreja de Alice y le susurraba: “Al final, me dieron ganas de hacerlo…” Y antes de que ella pudiera hacer algo, ya tenía dentro otra cosa aparte de sus dedos.

A la siguiente mañana, todos estaban despertando y esperando que hacer. El día afuera demostraba ser frío y con todos los derechos de serlo. La nieve caía pero no tanto como en la noche y se podía ver la tierra cubierta con la nieve precisamente. Como decisión final, se tomó que todos quedaran adentro y que nadie podría aventurarse en las afueras.

Para entonces, todos charlaban, los niños jugaban y sino charlaban, trabajaban en las pieles o relataban historias de las cosas vividas o las que han escuchado de otras personas que han pasado por su tribu.

Para ese entonces, Evelyn había ido a buscar a Nathan para pasar el día con él y para su sorpresa, no lo encontró en su pequeño agujero dentro de la cueva sino que encontró a su hermana, desparramada encima de unas pieles con piernas y brazos extendidos y una sonrisa en su cara.

“¿Alice? ¿Qué haces aquí?” Evelyn al ver a su hermana menor en donde debería estar Nathan, sólo le hacía pensar en lo peor: que ella lo haya hecho con él.

No hubo una respuesta concreta al principio. Alice sólo se reía al escuchar a su hermana quien le preguntaba en un tono casi de desesperación qué es lo que había hecho. La mejor respuesta sería decirle lo QUE le hicieron a ella. “Hermana… tenías razón sobre él…” Decía con una sonrisa en su rostro y entre risas mientras miraba a su hermana quién le estaba mirando muy enojada por lo que hizo.

———

A las afueras de la cueva, más precisamente donde se encontraba anteriormente la tribu, estaba Nathan con Tora paseando entre la nieve.

Tenía dos razones para salir de allí. La primera era que no sentía ningún problema y aparte tenía muchas ganas de salir a explorar sabiendo que le frío no llegaba a afectarle. A esto, debe agradecer a la Diosa o más a su forma de pensar de haberle pedido poder resistir a cualquier clima que se presente.

El otro tema… era que al despertarse, la persona que estaba a su lado no era Evelyn, era su hermana menor Alice. Le tomó algo de tiempo procesar la información y al darse cuenta de lo que había hecho anoche, se apartó rápidamente de su lado, despertó a Tora, tomó sus cosas incluyendo un abrigo por si hace falta de piel y se fue de allí inmediatamente. Si vieran que estaba ahora con alguien más, precisamente Evelyn, no viviría y su razón para irse de allí fue esa.

“Próxima vez debo dormir envuelto de alambres para que no me pase esto de nuevo” Se decía a si mismo mientras montaba ahora a Tora dirigiéndose al bosque.

Usaría las lanzas que el cortó parte del palo para formas pequeñas lanzas de ellas transformándolas en jabalinas con las que usaría para cazar para él y su tigre.

Sentía de repente que su piel sufría un pequeño escalofrío. Sintió que alguien le nombraba y no de una buena manera. Sacudió su cabeza un poco y acariciaba la de Tora mientras se adentraban más y más en el bosque para tener la fortuna de, al tener su visión que le permitía buscar y encontrar muchas cosas, encontrar algunos animales que revoloteaban por los árboles y los alrededores.

No le tomo mucho más de una hora en cazar algunos conejos, alimento exclusivo para Tora y un siervo que, pese a estar vivo, parecía estar agonizando; un recuerdo que le vino a la mente meses atrás cuando había aparecido aquí. “Mm… debe haber alguien por las cercanías entonces…”

Tras comer todo los conejos, Nathan le insistía si podía rastrear o buscar a otra persona que anduviera cerca por donde ellos se encontraban. Era imposible si otra persona aparte de él pudiera soportar bajas temperaturas. Al igual que él, también Tora podía soportar el frío. Aparte de contener una piel envuelta en todo su lomo, cubría y ayudaba junto con su grueso pelaje.

Se sentó un poco con un árbol en su espalda mientras estiraba un poco y esperaba a Tora si esta volvía para decirle sobre la presencia humana. Agradecía que le hayan confeccionado una especie de abrigo de piel ayudando a cubrir su torso. Los brazos ya era otro tema diferente pero agradecía el hecho de aguantar bien el clima.

Iba a ponerse a pensar algunas cosas, más precisamente sobre su futuro y de lo que podía hacer. Vivir bien, una familia, podía tener cualquier cosa gracias a las ayudas que la Diosa en un principio le dio. La idea de ser respetado y que muchos hagan cosas para él se instaló allí en su cerebro pero, debía demostrar mucho para que otros le siguieran.

“De momento debo pensar en explorar un poco antes de querer decidir qué hacer con mi vida” Se repetía una y otra vez tanto para sí mismo como en su cabeza.

Luego, un rugido se escuchó, un tanto lejos pero aún en sus cercanías. Nathan se levantó rápido y espero a escuchar otro rugido de nuevo. No sabía de dónde provenía el ruido. Cuando lo escucho otra vez, venía detrás de él y salió corriendo en esa dirección.

En unos minutos, no sólo encontró a Tora enfrentando a unas pocas personas, se encontraba en el límite de lo que era el bosque, el otro límite. Divisaba una montaña a un costado izquierdo que si llegaba a pensar rápidamente, era por donde venía el río que aquella vez había encontrado que le otorgo la chance de salir de allí.

Los hombres vieron a un peliblanco alto que se acercaba al tigre que intentaban matar. Inmediatamente uno de ellos, el que estaba más cerca del tigre y del peliblanco, cargó con su lanza para apuñalar directo al corazón de Nathan.

Nathan no lo esquivó, se quedó quieto al ver como venían hacía él. Al tener cerca al hombre, que antes de que llegara hasta él notó que llevaban botas de piel, parecidas a las que llevaba puesta. Estaba con un rostro serio pero estaba sorprendido por ver aquello. Cuando ya lo tenía a pocos pasos, se movió a un costado, inclinando su cuerpo un poco para tomar con fuerza la lanza del hombre y negarle con la cabeza con una sonrisa. Acto seguido, partió la punta de la lanza, dejando en manos de él sólo un palo roto y él cargando la punta afilada. Cambió el agarre de la punta de la lanza y apuntó al hombro del hombre quien no pudo hacer nada por lo rápido que era.

Al momento de clavarla, el hombre soltó un pequeño grito. El grito y el dolor eran más propensos cuando Nathan retorcía la punta dentro del cuerpo del hombre hasta que se clavase más profundo. Para terminar, soltó la punta afilada y empujó al hombre lejos de él y el tigre quién tras unos pasos cayó al suelo tomando su hombro del dolor.

El más cercano a él fue a socorrerlo y miraban a Nathan quien borró su sonrisa de su rostro y se enfocaba en los otros quienes tan sólo estaban con sus miradas en su rostro. No había expresión, sólo una cara seria y sin mover nada de nada.

Miraba a Toda quién, al parecer, se encontraba en buen estado pese a los leves cortes que poseía. Se inclinó un poco para pasar su mano por su cabeza, dando una apertura para que otro hombre se abalanzara contra él. Cuando se dio cuenta que alguien más se lanzó contra él, parecía ser tarde.

Alcanzó a ser cortado un poco en el rostro pese a haber esquivado. Tiro algunas estocadas más con la lanza, esquivando todas rápidamente. Tora se acercaba a los otros, como toda una depredadora al acecho de su siguiente víctima mientras que Nathan, luego de haber esquivado el último golpe que había apartado con sus manos desnudas, con el cuchillo que llevaba en su espalda, lo desenfundo y lo clavó directo en la frente del hombre que cayó muerto al instante al suelo.

“¡Tora!” Gritó el nombre de su tigre a la cual esta respondió y se puso a un lado mientras se frotaba en sus piernas. Miró al hombre muerto y al otro herido y luego, vio a los tres que quedaban, mirándole con algo de temor y sin saber qué hacer.

 

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