Dawn of Man – Capítulo 15

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Capítulo 15

Al ver que ninguno realizaba alguna acción, Nathan se les acercó a pasos lentos y seguros. No iba a atacarles, no planeaba eso. Se podía notar de lejos que se sintieron inseguros por la presencia del tigre y por lo tanto intentaron defenderse de él.

Pero estos hombres salieron corriendo dejando al que estaba herido sólo en la nieve mientras aún se tomaba el hombro herido. Claramente lo habían abandonado. Se quitó con fuerza la punta clavada que tenía y planeaba matarse así mismo pero Nathan se acercó hasta él para detenerlo.

“Oye, tranquilo. No voy a matarte y no tienes que matarte tampoco” Tiró a un lado la punta y le ofreció la mano para levantarse el cual aceptó. Miró a Tora que siempre se ponía a un lado de él y volvía a mirar al hombre que de cerca, se le notaba la cara de miedo teniendo de cerca un depredador. “No muerde sino le ordeno así que puedes relajarte tanto como quieras”

Tora sentada a un lado de Nathan casi llegaba hasta su pecho y eso que el peliblanco era alto. Este le seguía insistiendo de que no quería dañarlo y tampoco matar a su compañero que, ahora estaba en el más allá.

“¿En serio lo dices?” Se notaba aún el miedo en su voz a lo que reiteró otra vez lo que dijo. Unas palabras más y este respiró hondo y liberaba todo lo que tenía dentro. “De acuerdo… confío en ti… ¿De dónde vienes?”

“Pasando del bosque de aquí, hay una tribu, una pequeña. Vengo de allí” El hombre asentía. Conocía de sobra a lo que se refería pero, ¿a cuál de ellas?

“Hay varias pasando este bosque, ¿Cuáles de ellas?” Preguntó con curiosidad.

“La que está cerca del río, viniendo de esa montaña” Le señaló la montaña que si se podía ver bien o se tenía una buena vista, se divisaría una corriente de agua que bajaba entre las rocas de la montaña. El hombre asentía y ahora conocía bien a la tribu que hacía referencia.

“¿Por qué sales en estas temperaturas? Tampoco veo que tengas o estés llevando pieles para sobrevivir en el frío” Nathan solamente se reía, explicando luego que podía resistir cualquier clima sin ningún problema. Estaba por preguntar algo más pero el dolor de su hombro era cada vez más fuerte.

“Oye, hay que ver esa herida cuanto antes” Le decía Nathan con algo de preocupación. “¿Hay algún lugar cerca en el que vivas o conozcas?” Tras su pregunta, el hombre señaló a una dirección. Preguntó curioso que había allí y dijo que en esa dirección era en donde vivía junto con los demás hombres que habían corrido. Le ayudo montarse en Tora y mientras él iba encima, el caminaba en un costado de ella. “Mi nombre es Nathan por cierto. Un gusto” Dijo con una sonrisa mientras conducía a Tora.

El hombre miraba al recién presentado peliblanco serio. A pesar de que le había ayudado, en su mente aún atravesaba la idea de hacerle algo pero, debía mantenerse cauto y no dejar que sus emociones salieran. “Frank” Dijo nada más. Ni bien dijo su nombre, ninguno de los dos habló hasta llegar a donde vivía Frank.

———

“¿Un joven domando a un tigre? ¿De verdad quieres que crea en eso?”

“¡Lo que dijo es cierto! No sólo eso, ¡también mató a Ben!”

“¿Lo mató? ¿No se suponía que él era el mejor? ¿No habrá sido asesinado por el tigre verdad?”

Varias personas mantenían una acalorada conversación sobre lo sucedido hace momentos atrás. Tras ver que no podían con el joven y el tigre, partieron corriendo dejando en el olvido a Frank quienes aseguraban que estaba muerto en este preciso momento.

Cuando estaban charlando más y más fuerte, alguien más entró en la choza llamando la atención de todos. “¡Frank sigue vivo!” Tal anunció hizo que todos salieran de allí. Vieron en dirección donde señalaba la persona que dio tal mensaje. Frank iba montado en el tigre tomando su hombro mientras que el peliblanco del cual aseguraban que era un peligro, caminaba a su lado tranquilo y sin hacer nada, tan sólo con un rostro serio mientras observaba a los que habían atacado en un principio a Tora.

Pero esto no le importaba ya. Sabía de por sí que si estos intentaban algo puede ocuparse de todos ellos aunque tampoco eran muchos. Pero le impresionaba otra cosa al verles más de cerca.

A parte de botas de piel, también llevaban pieles, enormes pieles que casi le cubrían el cuerpo completo, muy parecido a un abrigo. No sólo la ropa, aquellas partes de su cuerpo que eran visibles se les podía ver parte de su cuerpo pintado. No podía resistir preguntar si ellos tenían frío o no.

“Así que tú eres el que atacó a mis hombres…” Alguien hablo y se dirigía frente a Nathan quien aún conservaba su mirada en el cuerpo de los hombres que llevaban pintura en su cuerpo. Cuando quiso darse cuenta, tenía a alguien parado frente a él. “¿No me has oído verdad?” Negó con la cabeza. No había prestado atención para nada.

La persona frente a él era alta, más alta que él y su cuerpo era robusto y se podía notar de lejos que era fuerte y, con tal físico, la gente probablemente debería tener miedo.

“Si debo repetirlo, me darás una razón para matar a tu pequeño animal que tienes contigo… Pero como has ayudado a un hombre mío, te perdonaré esto”

Nathan estaba callado, no por temor sino para evitar decir algo. Mencionar que iba hacerle algo a Tora era para él un detonante, una especie de forma de cruzar la línea. Pero se contenía con su rostro inexpresivo y sin intentar de demostrar su furia.

“¿Qué haces aquí?” Le preguntó una vez que las cosas fueron dichas. Le invitó a entrar en una de las chozas.

Antes de responderle, miró un poco el lugar. No era muy grande, había al menos 4 chozas con un diseño un poco peculiar. En el centro, en donde estaría la punta del techo había un pequeño agujero que si bien entraba el aire frío, al ver la pequeña fogata que había dentro de la misma cambió de opinión. Claramente estas personas, a pesar de formas una pequeña tribu, habían hecho algo bueno. No sólo eso, eran un poco más grandes en diferencia en donde estaba antes.

Tras mirar un poco esto, notó que habían pieles que usaban, notando que eran de animales grandes, para camas y abrigos siendo el cazo del enorme hombre que le hizo entrar en lo que parecía su hogar. “Estoy de pasó junto con Tora, mi tigre. Quería explorar un poco la zona y viendo que el invierno no me afecta en lo absoluto, creo que es buen momento de salir a ver un poco”

El hombre grande, aparentemente el líder a ojos de Nathan, le miraba alzando la ceja y con curiosidad en su rostro. “¿El invierno no te afecta dices?” Preguntaba aun con su confusa expresión. “Tengo entendido que tu gente está acostumbrada al frío pero de todas formas no son inmunes”

“Oh, jajaja…. Me confundes con uno de ellos pero no lo soy. Tendré su color de cabello y rasgos pero, le aseguro con mi corazón que no soy parte de esa gente”

“¿No?” El líder ahora si estaba intrigado por Nathan. No pertenecía a la gente de las montañas, no actuaba como uno de ellos pero sí compartía su color de cabello y rasgos físicos. ¿Cómo es posible esto? Se preguntaba internamente. “¿De dónde vienes?”

Para cuando Nathan quiso responder, alguien más lo había hecho. No era Frank pero seguro este hombre que habló supo del primero y cuando le invitaron a entrar en su choza, este también ingreso y le contó sobre los detalles al momento de la pregunta. El líder asintió y le ordenó que se fuera quedando solos ellos dos.

“¿No atacaron hace algún tiempo allí? ¿Cómo están todos?”

“Los asaltantes muertos, por supuesto. Los demás, vivos” Eso lo dijo con una sonrisa. El líder notó la sonrisa y también correspondió con la misma acción. Le preguntó otras cosas a las cuales respondió con sinceridad. No sabía las intenciones, mejor dicho, ni el uno ni el otro conocía sus intenciones por lo que ambos fueron sinceros.

“Bien. ¿Dónde planeas ir…?” No sabía que decirle por lo que le indicó con la mirada que le dijera su nombre.

“Nathan y planeo a ir a lugares donde he escuchado que contienen semillas… eh, comida que viene de la tierra y… chozas de madera” No sabía si estas personas conocían los términos que él dominaba por lo que hablaba como escuchó a los otros.

Algo que le resonaba en la cabeza era la forma en la que se comunicaban. Esta era la segunda tribu que visitaba y quería ver qué ocurría con las demás. Usaban una forma civilizada para hablar, no muy acorde a la época que vendría a ser transportado por la Diosa. ¿Tendría algo que ver ella en todo esto? Se discutía a sí mismo internamente.

El líder, que antes de decir algo, se presentó como Dean y que era el líder de estas pocas personas que vivían aquí. A diferencia de otras pequeñas tribus, ellos parecían poder sobrevivir en el largo frío y más con las formas en las que vivían.

“Así que planeas ir hasta allí… No es un pequeño viaje, ¿sabes eso no?”  Era cauteloso. Si quería llegar hasta esos lugares, al menos debía atravesar territorios de tribus, tribus más grandes en donde si pisas sus tierras, eran capaces de matarte a sangre fría.

“Jeje… puede que sea peligroso pero no creo que haya problemas con mi tigre” Sonreía Nathan que, luego de sonreír un poco, un grito se pudo escuchar fuera de la choza alarmando tanto a Dean como a él, saliendo rápido y sin perder tiempo.

Vieron a unas pocas mujeres y algunos niños gritar por la presencia de Tora, el animal de Nathan. Como no sabían esto porque al parecer recién volvían, se asustaron y no pudieron evitar gritar, más precisamente por el hecho de que estaba esperando fuera del hogar de su líder y por el simple hecho de que los demás se limitaban a observar a dicho animal.

“¿Qué sucede chicas?” Preguntaba el líder quien estaba preocupado por tal grito. Las chicas miraron a Dean y luego al tigre unos segundos.

“¿Qué no es obvio? ¡Hay un tigre aquí! ¡Hay que hacer algo con él!” Una de las mujeres gritaba alarmada. Nathan miraba a las mujeres y la que hablaba, curiosamente también tenía el pelo blanco como él pero su piel era un poco más morena.

“¿El tigre? No te preocupes, es inofensivo y no hará daño a nadie” Tras sus palabras, intentó acariciar a Tora la cual, no se dejó y se puso cerca de Nathan quien observaba la escena. Dean no dijo nada, intentaba impresionar a las chicas pero tampoco perdía nada en que no se dejara tocar. Suficiente era que no atacara a nadie.

Las chicas notaron al peliblanco que estaba detrás de Dean y más cuando el tigre se posaba a su lado y apoyaba su cabeza en su estómago para ser acariciado. Tal imagen hizo que las mujeres y niños, curiosos, se acercaran ante el peliblanco.

“Oye oye, ¿ese animal es tuyo?”

“¿Cómo has hecho para domar a tal animal?”

“¿Qué tanta comida le has dado para domesticarlo?”

Esta vez Tora si se dejó acariciar. Por extraño que le parezca a Nathan, realmente notaba cuando alguien le ofrecía amor y cuando otros buscaban acariciarle porque sí. Cada vez que le miraba le daba más miedo saber cuánto más puede entender el animal.

“El animal es mío, lo domé porque le di de comer y la cantidad… no importa cuánto, le di lo suficiente para que me quiera y actúe de esta manera” Respondió esto y otras preguntas que, aparte de las mujeres, los hombres querían saber que debían hacer para domar tal animal. Tuvo que ser sincero y decirles que tuvo mucha suerte con tal hazaña.

“Todos, escuchen, dejen al pobre que respire y denle algo de espacio” Dean ordeno a todos que le dejaran respirar porque un poco más y saltarían encima de él para preguntar sobre Tora.

Se separaron de él y su animal. Cada uno de ellos ahora, por orden de Dean, deberían volver a sus respectivos hogares para aguantar el frío de esta noche y que, estaba agradecido de las mujeres que habían conseguido comida por encima de los hombres quienes fracasaron por culpa de Nathan que al saber esto, tuvo que disculparse y que, ayudaría si hacía falta.

———

La noche llegó a la pequeña tribu. Todos estaban en sus respectivos hogares. La entrada era tapada con una piel, siendo una puerta pero para él era una cortina. No hace falta decir lo ingeniosos que eran ellos. Lo que es más, el anciano, el abuelo de Elisa no mentía que algunos tenían mejores cosas que otros.

Le ofrecieron pasar la noche con ellos y comer algo también. No lo rechazó, es más, estaba realmente con ganas de comer algo. Pero también estaba Tora quien debía comer. La comida que le dieron se la dio a ella quien con mucha felicidad le recibía y comía como una gatita pequeña. Él podía esperar para comer, tampoco le importaba comer poco.

Ya una vez que todos se habían ido a dormir, había apuntado a quedarse pero también quería irse para seguir su camino. Exploraría un poco más para luego volver de nuevo con los demás.

Aunque Tora tenía pequeñas heridas, se podía mover mejor que nadie y aparte, podía aguantar ambos una noche más despiertos por lo tanto, se disponían a irse hasta que alguien se paró en frente de ellos e impidiendo que se vayan.

“Pensé que habías dicho que te ibas a quedar”

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