Dawn of Man – Capítulo 20

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Capítulo 20

Al otro día, tanto Liz como Nathan se despertaron dándose cuenta que estaba siendo de día. Abrazados y manteniendo sus temperaturas corporales calientes, se separaron y ambos empezaron a estirar, claro por incitación del peliblanco que si no lo hacía, apenas podría moverse ella.

Al levantarse, le vio que ella se tomaba el estómago y se sentía mareada un poco al igual de que algo quería salir dentro de ella. Al escuchar lo que dijo, pensaba que se refería sobre lo de vomitar, ignorando los hechos de que ella presentaba algo más que sólo vómitos.

Se prepararon juntos ayudándose uno al otro y con las cosas en mano, subieron encima de Tora mientras que ella se agarraba de él para no caer debido a la primera vez en subirse en un tigre, montaron y fueron de nuevo con los demás.

Los demás estaban contentos luego de volver a ver esa larga cabellera blanca atada con esa cara de inocente luego de lo que había hecho hacer a su tigre, diciendo que no recuerda hacer nada de haber hecho tales cosas a lo cual, quedaron mirándose entre ellos al ver que no recordaba aquello. Tuvo que reírse de ello para que no pensaran en serio que lo había olvidado a lo que tuvo que explicar que era una broma. Rieron también con él.

Compartió con aquellas personas lo que vio sobre el otro lado de la montaña, explicando que nunca supieron que pasó con aquellos hombres. Eso alivió a las personas, principalmente porque luego de contar la cantidad de personas que había en ese lado, temieron de que realmente ellos buscaran hacerles algo por aquello pero toda preocupación se fueron al escuchar la seguridad de Nathan.

Les contó que conoció cosas nuevas como los chamanes. Ellos parecían verse entre sí, incluso Dean le miraba raro. ¿Por qué le miraban así? Les preguntó con duda. La respuesta fue que los chamanes eran personas que tenían normalmente visiones, personas que podían hablar con los espíritus a través del fuego y otras cosas más, cosas que cuando las escuchó, no las había visto.

Entre conversaciones y algo de comida, siempre muy oportuna para contar lo que hizo en dos semanas, el día pasó rápidamente.

Aparte de comer y hablar, también algunas personas fueron a cazar más comida. Siguiendo el consejo que Nathan había dado sobre los osos, fueron a cazarlos mientras estos dormían plácidamente pero, llevando una sorpresa sabiendo que no encontraron ninguno, salvo uno nada más. Posiblemente era porque ya habían matado a muchos de ellos sobre la zona, dejándoles extintos posiblemente.

Compartió además sus dudas con ellos. La principal era justamente la cantidad de lugares y con lugares se refería justamente a biomas, ecosistemas. Oír sobre selvas en cercanías de un lugar donde la nieve estaba presente en estaciones cálidas no le cuadraba para nada en su mente.

Los demás no conocían mucho sobre los otros lugares de los que él hablaba pero sí conocían muy bien los desiertos. Le seguían diciendo que sólo tenían un conocimiento sobre lo que estaba detrás del bosque, ósea donde venía él, luego de esa montaña que había una tribu y de allí, por conocimiento general de lo que escuchaban de aquellas personas que viajaban de lado a lado, buscando lugares nuevos para asentarse. De allí, luego no sabían mucho más.

Entre más preguntas, el día pasó como si nada mientras él hablaba no sólo para saber de otras tribus sino sobre cómo se encontraba él y la gente.

No le pareció para nada mal que ellos se mudaran con él. Quería estar con ellos, más porque tenía ganas de estar junto con Liz quien ella misma también compartía el mismo sentimiento.

Pero al siguiente día, cuando en la pequeña tribu se despertaron todos, nadie encontraba a Nathan que al parecer, se había ido del lugar ni bien había despertado. Liz fue la que estaba triste, incluso los demás lo estaban pero, por alguna razón, Dean estaba sereno y tranquilo con la situación, sabiendo lo que realmente había dicho y hablado con él.

———

Sí, Nathan se había ido por la mañana.

Cuando lo hizo, Dean le había visto y le preguntó por lo que iba a hacer, de abandonarla a ella o si realmente iba a irse a explorar.

Simplemente él iba a salir a mirar por allí para que no se preocupara por su hija, que volvería tarde o temprano y de no hacerlo, que puede estar seguro que en su tribu de donde procedía le aceptarían sin problema alguno si estos decían que venían por parte de él. Claro, si iba ahora debían buscar en aquella montaña, montaña que a día de hoy geográficamente no entendía, donde estaban por el invierno estacionados.

Iba a ir a ver justamente la división de territorio y territorio, es decir, el límite entre zona y zona.

Con las cosas que tenía, precisamente comida, le duraría algún tiempo, aproximadamente unas semanas sino consumía comida. Pero alguien más tenía que comer y era Tora.

Por eso cuando estaba vagando en busca de ese famoso desierto, tuvo que matar algunos animalitos para poder darle de comer a su transporte porque sin combustible no podía seguir y por lo tanto, en el camino encontró esta fuente de energía para Tora quién se alegraba por comer.

Los días pasaban, llegando a pasar una semana.

Nathan no llegaba o no encontraba rastro alguno de llegar a dicho territorio. Si era posible, aparte de ver el desierto, quería ver con sus ojos a los caníbales que tanto Dean le había comentado y, para saber cómo actúan o su lenguaje.

Sólo pudo encontrar más nieve y nieve por los alrededores. Ninguna tribu se encontraba por toda esta zona. Sólo tierras y más cubierta de nieve y los árboles que habían cubiertos de la misma. Las elevaciones del terreno eran, dentro de todo, pequeñas. Después de todo era un largo terreno llano.

Por su “don” innato para resistir el frío así como su visión, las cosas resultaban muy fáciles para él, haciendo que el viaje no sea problema alguno.

Para dormir tampoco había problema. La cantidad de árboles no eran abundantes pero tampoco eran escasos. Con ellos, él se ubicaba debajo y se recostaba junto con Tora quién arropaba con su piel para descansar y dormir juntos.

Por otras dos semanas más, Nathan y Tora viajaron por la nieve, nieve que poco a poco empezaba a desaparecer conforme a lo que viajaban.

El invierno seguía todavía y llegaba en una época en lo que puede considerarse una ventisca fuerte pero, pensando un poco, se daba cuenta que a donde quería llegar era a donde estaba llegando ahora mismo.

El único altibajo que tuvo fue que en una tribu que se encontraba cerca, sufrió repentinamente un ataque por parte de sus integrantes lo cual le hizo pensar que lo que dijo Dean sobre lo agresivo que eran las personas en el desierto. Esto lo confirmaba completamente.

Terminó siendo herido por la gran confianza que se tenía debido a que su cuerpo podía resistir una gran cantidad de daños. Con eso en mente no le importó pelear como si realmente le importara dañarse. Gracias a ese pensamiento fue que logró bastantes heridas las cuales no creería que fuesen de gran importancia.

Quedó prácticamente con el torso al desnudo, llevando ahora más heridas de las cuales ya portaba. Pero tampoco hay que decir que él no se llevó la peor parte. La parte atacante también tuvo la mala suerte de atacar a alguien que llevaba un tigre, un tigre que estaba hambriento para variar. Terminó en que la tribu que le atacó con bajas.

Cabe decir que esta tribu estaba expectante cuando vieron a Nathan, un joven alto y con un gran cuerpo, haciendo que sus bocas gotearan al pensar el manjar que iban a hacerse con él. Pero la realidad fue que se llevaron una gran sorpresa pensando que hiriéndole tendrían una nueva comida. No contaban con la repentina aparición del tigre.

“Creo que estoy siendo demasiado estúpido” Se decía así mismo, más luego de lo sucedido. Esto le sirvió de lección y una muy buena. La primera vez que fue lastimado, entendía la razón, eran animales salvajes y no tenía idea alguna sobre el cuerpo que tenía, más precisamente que luego de cortarle la cabeza a un lobo, no importaba lo que hacía luego. Ahora, teniendo idea de su cuerpo, ignoró la idea de que algo malo le pasase. Fue un gran error. Por confianza, sus brazos fueron cortados y su hombro sufrió una apuñalada.

Era una suerte de los dioses, literal, que su cuerpo pudiera aguantar un poco el daño.

Ahora, mientras trataba de recuperarse ahora un poco alejado de la tribu, miraba a un costado. Había logrado capturar a alguien. No porque quería un esclavo, al contrario, ya tenía a alguien o mejor dicho dos personas. Un hombre y una mujer que le miraban con odio.

Los tendones de los animales sirven bastante para hacer de cuerda, se decía así mismo. Los tuvo que atar y con algo de suerte pudo. Estaban heridos, un poco peor que él pero todavía daban lucha. Una vez atados y siendo vigilados por Tora, les miraba en cuclillas con una mirada seria.

“¿Por qué la necesidad de ser agresivos conmigo? Solamente estaba pasando por aquí” Nathan preguntó aquello sin darse cuenta de que las dos personas estaban mirando a un peliblanco que hablaba otra lengua.

Se miraba con los ojos abiertos, luego miraron otra vez a Nathan quién al notar su mirada de asombro, empezó a percatarse de algo. Su mirada. Luego empezaba a dedicarle un vistazo más cercano a ambos.

Una mujer y un hombre. Ambos tenían un tono un poco más oscuro que los demás, pero no igual a lo que era Liz. Cabello oscuro, ojos marrones y por encima de las cosas, estaba mirando con algo de curiosidad las pinturas en sus caras y cuerpos. Eso le llamaba la atención de ellos obviando que su vestimenta era simple: parte superior que cubría a la mujer los pechos y una falda, ambos de piel obviamente. Para el hombre, era simplemente un vestido de piel que cubría hasta poco más de las rodillas, parecido el que vio antes pero para hombre.

“¿Puedes hablar nuestra lengua?” Fue lo que uno de los dos dijo. Ellos no entendían como hablaba su lengua. Para Nathan que estaba mirándoles, arqueó una de sus cejas al escuchar su pregunta. A sí mismo se preguntaba de que si la lengua que acababa de hablar no era la que todos tenían.

“¿A qué te refieres?” Preguntó tomando su barbilla.

Se miraron otra vez los dos, sin saber quién justamente de ambos hablar. Entre ellos, al final uno de los dos decidió hablar. “Nadie, casi ninguna persona de las tribus fuera de nuestro hogar conoce nuestro lenguaje…” Hubo silencio luego de ello.

Se quedó sin decir nada unos minutos, pensando aquello. Sin darse cuenta, había hablado otro idioma. Se comunicó como normalmente lo hacía. Las demás tribus que había visto antes de llegar aquí, ninguna presentaba un dialecto diferente, todo igual. Supuso entonces que todo el mundo contenía un solo idioma. Al parecer, también conocía su lengua.

“Olvidando que puedo comunicarme con ustedes, ¿por qué me atacaron?”

“Hambre…”

“Claro, también tendría hambre si viera a un tigre enorme como ella” Tora se acercó para ser acariciada por Nathan quien sonreía.

“No nos referíamos a… “ella”… sino a ti” Ahí fue cuando Nathan dejó de acariciar a su felino y miraba a los dos con los ojos abiertos, boca cerrada y sin mover un musculo facial. Estaba shockeado y su rostro bien mencionado antes no se movía para nada. Ellos lo notaron y no pudieron decir que la reacción era rara, era común. “Eres la primera persona que conocemos, hablando de tu raza, en venir a nuestras tierras. Nuestros antepasados, algunos ancianos dijeron alguna vez que la carne de su piel saben mejor que cualquier otra cosa viva”

Con esa declaración, tuvo que tragar saliva. Estaba impresionado. No dio esa descripción, dio algunas más, llegando a saber que estos sí eran caníbales y se lo tomaban muy a pecho si le preguntaba acerca de comer otra cosa que no sea carne humana.

“Muy bien” Se levantó y estiró un poco antes de mirar a Tora y a las dos personas capturadas. “Dos opciones: me cuentas más sobre las otras tribus, viven. No me dicen nada, mueren”

“¡Jamás!” Notó que el hombre y la mujer estaban siendo determinados en no querer contarle acerca de los demás. Por más que su vida estaba de por medio, igual rechazaron la idea. Sólo quería saber acerca de ellos, aprender un poco antes de poder seguir mirando el mundo. Pero debía volver lamentablemente. Mentalmente aprovecharía los inviernos para explorar.

“Es así…” Asentía. Se reía un poco también. Se sentó, no sin antes sacar un pedazo de carne pequeño seco del bolso que colgaba a un costado de Tora bien amarrado. Luego de comer un pequeño pedazo, miraba al hombre con la boca llena. “Curiosamente, mi tigresa le gusta comer carne… y solamente humana también” Con la cabeza le indicó con una orden a Tora quién, sin hacer falta decir sobre su comprensión, se abalanzó contra el hombre.

La escena que miraba la mujer era sorprendentemente sangrienta. La tigresa mordía y despedazaba al pobre hombre quién gritaba por ayuda y compasión por parte del peliblanco quién sólo miraba sin alguna expresión y comiendo su carne. Sus ojos, su cuerpo se podía ver que temblaban de cerca. Estaba aterrada.

Cuando Tora terminó de comerse al hombre, Nathan ahora miraba a la chica con una sonrisa. Esa sonrisa le asustó pero, pese a su susto, miedo y terror, ella parecía que no iba a ceder.

“Podré tener miedo… pero… ¡no voy a decir nada! ¡No me importa tampoco que tu tigre me haga algo!” Se escuchó un “Oh” por parte del peliblanco para luego ver que este estaba sonriendo, más precisamente riendo. Ella no sabía del porqué de su risa hasta que con su mirada pudo notar como le miraba. Sus ojos le miraban de arriba abajo, apreciando que tenía una buena figura pese a lo “pequeña” que se podía notar.

“Bueno… tengo una mejor forma para hacerte hablar…”

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