Dawn of Man – Capítulo 22
Capítulo 22
Efectivamente, Elisa había reconocido correctamente a Nathan al verle más de cerca. No lo reconoció para nada cuando este tenía una apariencia nueva y sólo pudo reconocerlo por las cicatrices que este llevaba consigo.
Cuando miraba la cara que este llevaba o cuando recordaba cómo su rostro mostraba un cansancio tanto mental como físico, así como la tristeza y melancolía que llevaba en él.
Increíblemente, ver a Nathan en ese estado pese a que se quería mostrar fuerte, sintió empatía por él.
“Mm…” El anciano pudo ver como su nieta miraba por donde se había ido recientemente el peliblanco. Si pudiera ver su cara, vería una cara sorprendida con los ojos abiertos y parpadeando varias veces incapaz de saber la razón de que este en ese estado. “¿Sucede algo pequeña?” Le preguntó logrando sacar de su mundo a una chica que ante la pregunta también, se volteó rápidamente para mirarlo.
“¿Qué crees que le habrá pasado para que tuviera esa cara, esa expresión en su rostro tan mala?”
“¿Oh? Jajaja, ¿acaso ahora si te importa Nathan luego de tanto tiempo? Jajaja”
Escuchar su pregunta y su risa, la expresión de preocupación pasara a una expresión de enojo, arrugando su cara. “¡Claro que no!”
No faltaba decir que el anciano se estaba riendo de la forma que su nieta cambiaba de estados de ánimos debido a ese muchacho. Su nieta parecía un libro abierto cuando le veía actuar de esa manera. Pensaba que en el fondo, le debía querer al menos un poco para sentir un poco de compasión por lo que acababa de decir.
“Querida pequeña mía, algún día debes ser sincera contigo misma” Decía por debajo mientras miraba a su nieta quien tomaba algunas cosas y salía fuera de la tienda.
———
Nathan estaba con sus pequeñas crías encima de él, mirando a los alrededores notando de como la vida en la tribu crecía más y más.
Había desaparecido varios meses y estaba consciente de ello pero, realmente estaba sorprendido de como todos trabajaban y hacían muchas tareas.
Por su suerte, como tenía un cabello muy corto, la gente parecía que le veía raro, extrañado de ver a alguien como él por aquí y más cargando dos pequeños gatos encima de él. Se alegraba también de que haya gente que no le reconozca y menos en ese estado en el que se encontraba.
Caminaba y miraba a todos y a cada uno de ellos.
Secaban pieles, carnes, pescados, confeccionaban pieles y por algo que miraba a algunos, estaban construyendo algunas cosas que la intriga y la curiosidad, se acercó hasta ellos.
“¿Qué están haciendo?” Preguntó Nathan mientras miraba a los hombres que estaban construyendo.
Uno de los hombres, le miró a Nathan y con una sonrisa responde: “Estamos construyendo un pequeño almacén para guardas parte de las herramientas que hemos construido así como pieles y comida”
Esa respuesta le parecía correcta, correcta en sentido de que si construían un almacén, no se le ocurría otra cosa para guardar. Una construcción muy simple y sin necesidad de hacer muchas cosas.
¿Cómo es que sabían construir un almacén? No lo sabe. Había visto antes que construyeron una choza, más tirando una tienda, donde guardaban las cosas y ahora, tenían esto.
La verdad, la palabra impresionado no era suficiente para describir sus emociones actuales. La gente de aquí realmente progresaba rápido. Realmente, no había palabras.
Mientras miraba a los hombres que estaban viendo cómo seguir con el almacén, sintió una voz de fondo que le fue incapaz de no reconocerla.
Se volteó para ver de dónde venía la voz y allí vio a un enorme hombre barbudo y muy peludo cargando algunos troncos de madera. Lo miraba mientras aún cargaba a los pequeños gatos, curioso también de la razón de cargar troncos de madera, ¿qué hará?
Realmente debía ponerse al día con todos.
Habían pasado algunos días más y Nathan ahora sí pudo ponerse al día con todos.
Las únicas personas que parecían reconocerle eran Elisa y el anciano quienes no escatimaron problema alguno sobre quedarse con ellos mientras se recuperaba mentalmente y físicamente.
Ambos miraban en los días pasados como Nathan realmente estaba demasiado decaído y sin muchas ganas de hacer cosas salvo vivir solamente. Sólo se la pasaba jugando con los pequeños gatos que, viendo como Elisa estaba muriendo por tenerlos, le dejaba a su cuidado mientras salía a caminar para a veces despejarse.
Nadie esta vez vino a molestar a la gente con amenazas o insultos para ellos. La tribu estaba realmente calmada pero, en algunos, sus rostros mostraban signo de preocupación alguna.
Pero más allá de eso, todo el mundo seguía trabajando sin parar. Hoy en día, miraba que estaban preparando no herramientas sino armas.
Pequeñas hachas donde el material estaba entre pedernal y los huesos de animales así como las lanzas y puntas de flechas junto con la elaboración de arcos y las cuerdas eran hechas con tendones de animales fuertes y gruesos.
“Sí se preparan para defenderse al parecer…” Miraba como los otros trabajaban y a veces, era invitado para ayudar pero rechazó el trabajo, diciendo que había hecho o estaba haciendo algo pero que descansaba por aquellos trabajos.
La gente tampoco le decía nada. Miraban a este peliblanco que estaba alojado con el anciano de la tribu y por ende, se ahorraban sus comentarios pero entre ellos, charlaban diciendo que era un juguete por parte de Elisa quien le disgustaba su gente y por eso, llevaba una apariencia horrible por referirse a su cara.
Si supiera que para los otros era un juguete de Elisa, se molestaría tanto que estaría golpeándoles hasta que se cansara.
Justo en ese día, que miraba a los demás de un lado apartado de todos, alguien le tocó su espalda haciendo que se asustara y se diera vuelta rápidamente tomando lo que fuese que le tocara la espalda dándose cuenta que había tomado una mano de una mujer que sintiendo su fuerte agarre, su cara se torciera por el dolor.
“Oh… lo siento” Eso fue lo único que pudo decirle al ver que estaba haciéndole daño.
“No, no te preocupes… ¿?” La chica miraba al peliblanco frente a él, entrecerrando sus ojos tratando de verlo bien. “¿Te conozco…?” Esa pregunta la hizo porque le vio una figura reconocida. Miraba su rostro y notó la cicatriz pero, ver cómo tenía un cabello corto y una expresión facial así como una cara diferente a la que se le venía en su mente, no podía recordarlo. “Te pareces a alguien que conozco…”
“Adivino, ¿un joven de pelo largo y un tigre quizás?” Nathan sabía que la chica frente a él era Alice. Internamente, estaba riéndose sobre ella. En serio, se quería ver así mismo a ver si había cambiado mucho para no ser reconocido.
“¿Lo conoces? ¿Sabes dónde está?” Le tomó de los hombros y le sacudía un poco porque estaba con una actitud precipitada y desesperada por saber su ubicación.
Se soltó del agarre de la muchacha, parándola con la mano y tratando de no marearse por como lo había sacudido. Una vez mejor, le miró a la cara con una sonrisa. “Lo conozco… bastante. Podría decirse que es un familiar para mí y… También lo estoy buscando. Me dijo que se encontraba aquí”
La vio a Alice que con su respuesta, suspirar y poner una expresión triste en su rostro. Le dio ternura al verle así. También le sentía mal y quería decirle: soy yo, Nathan. Pero, se aguantaba las ganas.
“Ya va a volver, no te preocupes” Apoyó su mano en su hombro y habló en modo de consuelo para que no se ponga mal. “Procura seguir con una buena cara Alice”
Asentía con sus palabras y estaba segura que él tarde y temprano volvería por lo que aceptó las palabras de aliento y se retiraba de allí hasta que, Nathan viendo su repentino freno, se dio vuelta para verle a la cara, entrecerrado sus ojos y mirándole de una manera suspicaz.
“Nunca te dije mi nombre, ¿cómo lo sabes?”
“Eh… Bueno, veras… Es una historia graciosa… Um…” Luego de balbucear un poco, se fue corriendo sin dar una respuesta porque, sin darse cuenta, había dicho su nombre y ahora que pensaba de esconder su identidad de una manera casual por su apariencia, cometió un error enorme.
Alice notó como el peliblanco como corría para evitar para responder su pregunta. Lo miraba ahora realmente sorprendida por su velocidad. Ella quedó al final, plantada sin saber que decir o hacer ante tal escena.
———
Otra semana ya pasó y ahora, aquel persona que vino por parte del líder de su tribu, volvió para volver a decirles que estos debían entregar sus cosas y de negarse de nuevo, no habría otra oportunidad de arrepentirse.
La respuesta fue la misma que antes. Se negaron completamente y dijeron que si querían sus cosas, que vengan a por ellas.
El “emisario” se fue con una mala cara y una actitud muy negativa con ganas de reportar esto a su líder y esperar a que este actuara personalmente para poder también tener parte de las cosas.
Cuando este emisario llegó para reportarse con el líder, se arrodilló frente a él para contarle todo.
“Líder, la gente de la tribu pasando la montaña ha dicho que si realmente quiere sus cosas, que debía retractarse porque si aparecía, haría lo mismo como aquellos que se atrevieron a asaltarle hace semanas y que, no solo eso sino que personalmente vendrían aquí para violar a sus mujeres y robarle todas sus cosas”
Estaba exagerando. La respuesta de ellos fue un no pero, quería que estas personas sufrieran por el mal trato que le dieron.
“¿Es así? ¿Realmente dijeron esas cosas sobre nuestras mujeres así como nuestras cosas?” El líder estaba rodeado de varias féminas que estaban buscando su atención mientras le acariciaban. Consta decir que esta persona era enorme. Era un gigante y con serlo, era muy fuerte y capaz de arrancar un árbol con sus simples manos.
El mensajero, cuando fue cuestionado por esto, realmente asintió. “Sí, realmente es cierto señor. Esas personas están con ganas de hacer estragos”
Con dichas palabras, el gigante se tomaba la barbilla y manoseaba a las mujeres como podía, se apartó de todas ellas y se levantó estirando su cuerpo y riendo tan fuerte como podía. “¡Pues veamos que tienen de demostrar esos malditos que dicen que violaran nuestras mujeres!”
Los hombres que miraban a su líder gritaban en señal de aprobación por su líder.
Avisó a los demás, diciendo que se prepararan que mañana, ellos gozaran de las mujeres de la otra tribu, que robaran sus cosas y que, luego de ganarles, celebrarían con sus futuras esclavas y a las mujeres de la tribu con una grandes carnes y una orgía inimaginable
Al siguiente día, una vez que todos estaban preparados y el gigante llevando en sus brazos un pedazo de tronco, una rama si se le puede llamar, en sus manos junto con sus hombres que llevaban lanzas y pequeños arcos.
Unas horas luego de llegar a las cercanías del territorio de la tribu que iban a asaltar, los habitantes de dicha misma se pusieron en línea, esperando a que estos vinieran contra ellos.
“¡Espero que estén listos para morir hoy malditos bastardos! ¡Este lugar será su tumba así como la tumba de sus hembras que disfrutaremos entretenernos con ellas cuando mueran!” El gigante gritaba alzando su gran trozo de rama gritando mientras sus hombres gritaban de la misma manera.
Los defensores, callados, no decían nada al respecto de esto salvo que acumulaban la ira de su declaración. No veían la hora de que ellos cargaran pero también estaban más tentados a ir contra ellos.
“¡ATAQUEN!”
El gigante junto con sus hombres empezó a correr en dirección contra ellos mientras que los que llevaban los pequeños arcos, buscaban una buena posición para disparar de una distancia relativamente alejada.
Pero, mientras estos cargaban, una flecha salió por detrás de la gente que esperaba esta carga y su dirección, apuntaba contra el gigante que por la inercia de su movimiento y su enorme altura, no pudo esquivar la flecha.
A pesar de impactar la flecha en su hombro, la carga no fue detenida sino que mientras cargaba, miraba a la gente frente a él para ver quién fue el gracioso que disparó esa flecha.
Elisa, quién estaba del otro lado, fue la persona que había disparado la flecha, ocultándose detrás de los demás, ordenando que esperaran al impacto y luego, pelear hasta que sus vidas terminaran.
Antes de que el choque ocurriera, la primera víctima había caído de ambos lados por el intercambio de flechas de ambos lados.
Aunque las bajas llegaban a aumentar para ambos lados, lo impactante y lo que hizo que los asaltantes frenaran en seco fue que su líder, el gigante, cayó de espalda al suave pasto con una lanza clavada en su pecho profundamente, atrayendo la mirada de shock no de ellos pero de Elisa y el resto también.
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