Dawn of Man – Capítulo 23

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Capítulo 23

Antes de que el gigante y sus hombres le siguieran para que vinieran a enseñarles una lección, Nathan estaba expectante de esto pero por sobre todas las cosas, debía hablar con alguien muy importante.

Fue al siguiente día, momentos antes de que los demás se presentaran y todos se alinearan para prepararse para el ataque, él fue a una tienda en particular que había estado vigilando en los días que estuvo de vuelta aquí.

Era el lugar donde estaba viviendo Dean y Liz y cerca de ellos sus seguidores.

La razón era que, debía ver a Liz luego de tanto tiempo estar separado de ella. También estaban Evelyn quien, en cierta medida, debía verla para saber el estado de su hija y Alice, que seguro ella ya había descubierto quién era él.

Frente a la tienda donde Liz seguro estaba descansando, respiraba hondo y movía sus manos un poco nervioso de lo que puede llegar a decirle de su apariencia. Vio su reflejo en el rio que, suerte que se podía ver así mismo y sí, su rostro estaba en la miseria.

“Bien Nathan, es la hora del momento. Haz rápido esto y luego ayuda a los demás” Tomó un poco de aire y entró en la tienda. Era igual que la que había visto cuando les había conocido. En cambio ahora, no contaban con la pequeña hoguera que tenían dentro para mantenerse calientes.

Su vista luego reposo en la mujer de tez morena y cabello blanco. Le era imposible evitar sentir las ganas de abrazarla a Liz quién, estaba de espalda y no parecía haberle notado.

“¿Ya has vuelto?” Fueron sus palabras que, al decirlas, se levantaba de terminar de acomodar sus cosas y se volteó para ver a lo que seguro esperaba que fuera su padre pero, vio otra persona en vez de él. Le miró raro por unos segundos mientras que Nathan no sabía que hacer o decir. “Perdona, pero creo que te has equivocado de lugar al entrar aquí…” Se alejó unos pasos y se agachó ahora para tomar un cuchillo, cuchillo que sabía que venía de ser de uno de los dientes de un tigre que ella había cazado. “Te sugiero que te vayas de aquí…”

Nathan se pasaba la mano por la cara mientras le miraba con una pequeña sonrisa en un costado de su boca. Esa actitud, esa amenaza, realmente podía decir que verla estaba enamorado de ella.

En esa fracción de segundos, notó que su estómago no era tan delgado como antes así como su cintura, al contrario, sus caderas parecían un poco más anchas y su estómago había crecido un poco. Allí fue cuando su mente quedó en blanco.

“Te lo advertí…” Dio un paso y estaba a punto de cargar contra él.

“¡Alto alto alto Liz! ¡Soy yo, Nathan!” Gritó cuando veía que esta se estaba por balancear con el cuchillo. Estaba desarmado y con una mano le mostraba la palma para que frenara mientras que con otra mano, cargaba a sus pequeños felinos quienes querían bajar.

“¿Nathan? ¿Eres tú?” Su cara de sorpresa era enorme. El Nathan que recordaba antes de irse y el que tenía ahora frente a ella era diferente. Este que tenía en su cara, aparte de tener el cabello corto, su apariencia no fue la mejor de todas, es más, parecía en mal estado. “No te creo…”

“Huh… Sabía que me dirías eso así que, mira, soy yo” Bajó a los felinos los cuales caminaban dentro de la tienda para verla de cerca y todas las cosas que encontraban interesante. Se quitó su la piel de oso que ahora tenía un chaleco que le habían hecho en una tribu que visitó o mejor dicho, que robó de alguien y mostraba su torso, su trabajado torso que en él, se veía contables cicatrices así como aquella enorme de las garras de un tigre. Extendió ambos brazos con una cara seria le miraba. “¿Me crees ahora?”

Liz miraba al hombre que afirmaba ser Nathan y ver sus cicatrices así como su expresión seria que tenía, no pudo dudar más. Soltando su cuchillo por volver a ver la persona que tanto tiempo imploraba, cargó contra él pero esta vez, no para hacerle nada malo sino para abrazarlo con todas sus fuerzas.

El abrazo fue correspondido mientras que, por un lado Nathan besaba su cabeza y por otro, ella lloraba luego de meses de no tener su presencia.

———

Hubo una pequeña charla entre ellos antes de que Nathan buscaba entre las cosas que tenían algunas lanzas y las tomara para sumarse ahora mismo a la ayuda con los otros.

Le dijo que, por favor, en caso de que entrara alguien que no sea la gente que estaba acostumbrada a ver, que no dude y asesine lo mejor que pueda y en tal caso de no poder salvarse, caso extremo que grite que acudirá volando

Luego de escuchar el discurso de ese mastodonte que era de hombre, Nathan se encontraba un poco más lejos de lo normal, es decir, no estaba a la vista de los otros.

Cuando estaban cargando, sabía que el enorme hombre era el jefe de ellos y cuando se acercaron lo suficiente, tomó una de las lanzas que tenía una punta de hueso de animal, lanzó con todas sus fuerzas.

El resultado fue que había asesinado a este jefe pero, le pareció sorpresivamente que su puntería fuera tan buena que se clavara en su pecho que, si se había clavado como esperaba, atravesaría su corazón.

Para esto, ambos lados habían perdido algunas personas pero esto fue ahora un detonante a su moral que, cuando vieron esto, los que venían para asaltarles empezaban a retirarse poco a poco mientras que Elisa ordenó a todos que cargaran.

Aquellos que no pudieron correr lo suficiente perecieron por el impacto de flechas en sus espaldas o lanzas clavadas en ellos. Incluso Nathan luego de matar a su jefe, logró matar a un par más para que luego estuvieran fuera de su alcance.

Habían escapado algunos lamentablemente para los pensamientos de todos pero, no importaba. Era para celebrar que habían vencido nuevamente a personas que buscaban dañarles y querer robarles todo por lo que, en la noche, todo el mundo celebraría esta victoria con mucha comida y con mucho amor entre hombres y mujeres.

Nathan había sido precavido en caso de que algo llegara a pasarle a él o a Liz. Al final, era todo en vano. Había ayudado de una manera descomunal sin querer hacerlo pero, no estaba descontento con ello. Estaba feliz por defender un lugar donde se siente identificado.

Rato después, todos estaban quitando las cosas de los muertos y despojándoles de sus pieles que vestían.

Luego le prenderían fuego a estos cadáveres para evitar que su mal olor se propague por la zona y evitar pestes.

Nathan estaba a punto de volver con Liz para contarle lo que hizo. Entrando otra vez en la tienda, se veía a una chica que jugaba con los felinos que había traído muy felizmente. Una escena que le parecía muy hermosa.

Ella notó que alguien le miraba y vio a Nathan con una sonrisa. “¿Ya has vuelto? ¿Qué pasó?”

“Mate al líder creo. Nada raro para mí”

“¿Nada raro?” Liz abrió los ojos y luego empezó a reírse un poco. “Parece que sigues siendo igual de tonto como antes…”

“Y tú estás más gorda que antes, ¿qué te paso? ¿Has estado comiendo más que antes?”

Ella no respondió en seguida, al contrario, le quedó mirando con una expresión muerta a Nathan quien, por supuesto sabía ahora al verla la razón por ello y evitaba querer llorar de la alegría por lo que  hacía fuerza para tener una expresión seria.

“Estoy a punto de matar… ¿Nathan? ¿Estás llorando?” La expresión de Liz muerta pasó ahora a preocupación. Verlo llorar era muy raro, inimaginable para ella. ¿Por qué llora? Se levantó dejando a los gatitos y se acercó hasta él. «¿Qué te pasa?”

“¿Eh?” Respondió sorprendido y al pasar sus manos por sus ojos, efectivamente estaba llorando. Se reía frente a ella que su estado de sorpresa y preocupación ahora, se quedó parada viendo como cambiaba de estados a cada rato. “Lo siento, quería estar serio para decirlo pero, no aguante las ganas de llorar” Ahora él se acercó hasta ella, inclinándose y poniéndose a la altura de su estómago, una acción que llamó la atención de ella que, no sabía por qué lo hacía. Pasaba su mano por su estómago y no pudo evitar soltar algunas pequeñas lágrimas más. “Dentro de este estómago, dentro de esta panza, tienes a mi futuro hijo…”

———

Esa noche, todos celebraron por la fácil victoria que tuvieron.

Se encontraban celebrando en los alrededores de la hoguera, en el centro de la tribu.

Todo el mundo había dejado de hacer las cosas que hacían y se pusieron a cocinar las carnes de animales que habían cazado antes de la noche y otros, simplemente se reían, charlaban y las parejas no perdían el tiempo para hacerlo sin importar que otros le mirasen.

Nathan se encontraba junto con Liz y Dean, siendo este último llevándose una sorpresa de saber que su hija terminó siendo preñada por el peliblanco, peliblanco que tuvo que mirar varias veces para darse cuenta que era Nathan pese a su corto cabello.

Esa noticia, en cierta medida, le había alegrado bastante la noche, más de lo que podría estar cuando cazaba a asesinaba. Y eso que todavía no cumplía los cuarenta años. La idea de ser abuelo llegaba a parecerle buena.

En un momento dado, los niños que eran curiosos pasaron por delante de los dos únicos peliblancos que se encontraban sentados cerca de la hoguera junto con lo que veían, una persona que era más grande que una tienda y choza.

“Hola niños, ¿Se acuerdan de mí?”

Nathan ahora mismo se encontraba mejor. Si se lo comparaba hace un mes, el cambio era enorme.

Los niños le miraban raro al peliblanco que, cuando vio las caras confundidas de ellos, tuvo que aclarar que era Nathan. Esto hizo que los niños, algunos, se taparan la boca sorprendidos por recordarlo. Lo recordaron porque tenía un enorme tigre y los que no le recordaban, fueron recordados por los demás niños.

Todos se lanzaron encima de él, recibiendo a todos los niños que se acordaron de su existencia con los brazos abiertos y abrazando a cada uno de ellos con una sonrisa.

Tal imagen hizo que Liz sea expectante de cómo Nathan trataba a los niños y estos escuchaban y miraban al peliblanco con mucha felicidad, tanto que parecía que veían a su ídolo favorito. Ella se acariciaba su panza y murmuraba que tendría un gran padre.

“¡Papá!” La voz de una niña hizo que Liz levantara la cabeza y viera como Nathan abrazaba a una niña que, pasando de todos los presentes, saltara encima de él y lo abrazara como si de verdad estuviese viendo a su padre. Una sonrisa amarga apareció en su rostro y una mirada que podía tirar fuego de ella se clavaba en la nuca del peliblanco.

Nathan estaba siendo consciente de que alguien le clavaba la mirada en su nuca, logrando que sudara un poco por el miedo de la situación. Aun así, acaricio y le dio un pequeño beso en la frente a Luna quién, no tenía la culpa de que viniera a él. Eso sí, la culpa de que le llamara de esa manera era de su madre por decirle que era su padre.

Justo cuando estaba pensando en ella, aparte de sentir algo en la nuca, levantó la cabeza al sentir otra mirada que, como se lo esperaba, era la mirada de Evelyn que al verle, era imposible que ocultará su emoción luego de escuchar a su hija decir que era Nathan.

No pudo ocultar su emoción y se tiró encima de él. Tampoco podía resistir las ganas de frotar su cuerpo con el de él, tratando de excitarlo pero, Nathan no podía y no quería tener un estímulo por parte de ella y menos ahora que, ahora mismo, la mirada de Liz se intensificó mucho más que antes.

A ojos ajenos, la escena no le parecía nada del otro mundo pero para él, en ese momento, estaba sintiendo el verdadero terror al ver de reojo la mirada de Liz.

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