Dawn of Man – Capítulo 24
Capítulo 24
No había palabras para decir o para poner una excusa para Liz, que luego de ese reencuentro entre él y Evelyn en donde parecía que ambos estaban demasiado cariñosos, fue llevado hasta la tienda para discutir acerca de ello.
En estos tiempos, era común que las mujeres reclamaran a un hombre como suyo y eso era lo que Liz mentalmente tenía grabado en ella y, momentos atrás cuando las personas descubrían que ese peliblanco de cabello corto era Nathan y más las mujeres, simplemente con su mirada y su estancia alado de él demostraba perfectamente que ya era suyo.
Por eso había estado intentado hablar con esa chica de pelo castaño que tanto se lanzaba contra su hombre, Evelyn. Pero no pudo por razones que Nathan decía que no era para tanto.
Al final, terminó desquitándose con él cuando todos se habían ido a descansar al igual que ellos, terminando golpeadolo. Era una mujer celosa se decía a sí mismo Nathan mientras negaba con la cabeza y con una sonrisa. Ese era un dato que no pudo tenía en cuenta realmente en esta época. Le sería difícil compartir también.
Al siguiente día, nadie volvió con sus respectivas tareas, al contrario, también el día de hoy iban a descansar, salvo los cazadores. Ellos eran los encargados de buscar comida para los demás.
Por otro lado, Nathan había obtenido unas pequeñas semillas de una manzana que, de manzana en tamaño no tenía para nada sino era un poco más grande, buscó un lugar apartado para plantarlo.
Todo el terreno que veía era muy bueno, casi tanto que parecía que si llegaba a plantar algo, temía que de pronto creciera de la nada.
Un poco alejado de los demás, hizo un pequeño hueco en la basta tierra, puso las semillas de las manzanas y lo tapó. Para esto, también había traído un pequeño cuenco hecho de barro que, realmente servía y no se diluía, y tiró un poco de agua en el lugar donde había puesto la semilla.
“Bien, ahora es sólo cuestión de tiempo”
“¿Cuestión de tiempo?” Una voz vino detrás de él e hizo que se asustara repentinamente dándose la vuelta para ver el dueño de la voz. Ahí lo veía a Dylan quien miraba confundido y extrañado a un Nathan cambiado que, a pesar de reconocerle, sentía que se volvió diferente. “¿Qué acabas de poner allí?” Quiso acercarse pero le detuvo.
“No toques por favor” Dylan le miraba para segundos después, asintió y se alejó de allí quedándose parado esperando algo. “¿Qué… necesitas?”
“¿Por qué hiciste eso? Hacer un agujero para poner algo negro, ¿para qué?”
Puso su mano en su barbilla para pensar como decirle lo que hacía. “Estoy plantando unas semillas para que cuando pase algún tiempo, crezca un enorme árbol con comida”
“Oh…” Escuchar la respuesta de Nathan no le convenció del todo y por eso le dedico una mirada curiosa por aprender un poco más. “¿Dónde las conseguiste las semillas de esto?” Esa fue su pregunta y curiosidad. Quería conocer la procedencia de dichas semillas.
“¿Crees que estuve afuera por placer? ¡Fui a explorar!”
“¿Pasaste a través de los caníbales?” Nathan asintió y Dylan abría la boca con esto. De lo que escuchaba de algunas personas, ese lugar era realmente aterrador para aquellos que no pertenecían a su tribu.
Le contó su experiencia con esas tribus, contando que sí, aparte de comer carne humana usaban sus pieles y apreciaban las pieles humanas más que la fuerza siendo un sinónimo de prestigio. Con esto, aunque a veces la fuerza no predominaba en algunos lugares, demostraba su fuerza dependiendo de la piel de la gente que usase.
La historia luego de pasar de allí, bueno, eso era ya otra cosa que no quería recordar para nada.
“¿Dónde está Tora?” Dylan preguntó y la cara de Nathan se oscureció por su pregunta. Únicamente pudo decir que lamentablemente murió pero, quedando con sorpresivamente dos pequeñas crías de ella sabiendo que estaba embarazada, algo que nunca hubiese esperado. “Siento por preguntar…”
“No importa… ¿Cómo están los demás?”
“¿Los demás? Están todos perfectamente bien obviando que ayer sufrimos un ataque que quedaron algunos heridos, dentro de todo, se encuentran bien y sin peligro. También quieren saber de ti nuevamente. Desde que Evelyn dijo que habías cambiado bastante y que parecías un nueva persona, quería verte”
“¿Eso no quiere decir que van a burlarse de mí?” Se miraron unos segundos a la cara, serios. Segundos después, se empezaron a reír por lo dicho y entre risas, se dijeron algunas cosas más antes de volver con todos.
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Mientras Nathan estaba charlando con los demás, había algo más importante para charlar para Elisa y eso era el resultado del ataque y lo que debían hacer ahora luego de ello.
Para eso, sólo podía charlarlo con su abuelo que era el líder de la tribu por su gran edad. Pero con esa gran edad, sentía que en cualquier momento se podía ir.
“¿Qué vamos a hacer ahora abuelo?” Elisa estaba sentada a un costado de su abuelo, pasando un pequeño cuenco de barro que tenía un poco de agua para él.
Tomó un pequeño sorbo del cuenco con la ayuda de Elisa y tras terminar, habló. “Podemos tomar represalias contra ellos o tener una medida más viable para ambos” Su voz ya estaba sonando peor que antes. Le costaba hablar y parecía que cuando hablaba, su garganta le estaba doliendo y tenía que tomar un poco de agua al terminar una frase.
“¿Perdonarlos abuelo? ¿Crees que debamos perdonar a esas personas?” Elisa estaba escuchando y no creía que su abuelo diga que estaba buscando perdonar a la gente que les atacó. “¡Debemos hacerle lo mismo abuelo! ¡Es posible que ahora no se esperen que nosotros vayamos contra ellos!”
“Oh mi querida nieta… A veces buscar venganza no es la solución para todo… Espero que puedas entender eso tarde o temprano… Te dejo el resto a ti querida. Espero que puedas elegir sabiamente”
Dicho eso, tuvo que pedir ayuda a su nieta para que le mueva hasta su cama y descansar un poco. Quería descansar, estaba ya cansado de hacer fuerza para mantenerse despierto y siquiera hablar algo.
Cuando Elisa le ayudo y verlo que cayó dormido, ella ya estaba decidida de todas formas de lo que debía hacer con aquellos y, aunque su abuelo contenía razón acerca de pensar un poco, no iba a perdonarles nada.
———
Pasaron al menos dos días después de aquello, otros dos días más y Elisa ya había dicho que atacarían a los que le habían intentado atacar el otro día, buscando venganza.
Al contrario de la reacción que esperaba ver Nathan, vio que todos estaban más convencidos y con ganas de realizar dicho ataque contra ellos.
Elisa había juntado algunos varios de hombres y mujeres, mujeres que también estaban decididas a querer atacarles y con eso junto una buena considerable fuerza de ataque, la suficiente para aniquilar a esos bastardos.
Cuando todos se estaban preparando para irse, Nathan quiso aprovechar el momento de esto y pidió hablar con Elisa, chica que le negó con la cabeza a su petición para poder hablar. Es más, le había dicho que no se acercara a ella ahora mismo, que estaba ocupada y que no podía perder tiempo con sus estupideces.
Ella seguía siendo tan buena como siempre con él.
Quería participar porque quería conocer a la gente de esa tribu, más queriendo ver las cosas que ellos tenían. No podía pensar en las mujeres, ya tenía a alguien que le satisficiera sus necesidades. Pero había un problema. Ella estaba embarazada y no podía hacer nada. La carga debía liberarla y era algo que debía charlarlo por respeto a ella.
Cuando miraba como Elisa y una cantidad considerable de gente le seguía para ir para vengarse de los otros, Nathan quería ver dos cosas.
La primera era que, escuchando sin que nadie viera que estaba espiando a Elisa, tenía que ver con el anciano por las cosas que estaba contando de su estado y que, cuando ella saliera, que vayan a verle para checar su estado. Era muy posible que estuviera pasando sus últimos momentos de su vida y sabiendo que era la única familia que le quedaba, debía hacer algo.
Lo segundo era poder comunicarle a Liz sobre tener a alguien más le ayudase a liberar toda la carga que llevaba encima. No tiene problema alguno de ir y tener relaciones ahora mismo con una mujer. Sabía que nadie podía decirle que no y no era arrogante, era cierto. Pero, no iba a faltarle el respeto.
Por eso, fue primeramente a hablar con Liz sobre ello.
La única respuesta que esta le dio fue: “Haz lo que quieras”
Suspiraba con algo de pesadez y con algo de miedo al escuchar esa respuesta. Sabía que eso no lo podía hacer y, en su mirada al preguntarle aquello, se notaba de sobra lo enojada y celosa que ella podía llegar a estar cuando, al comentarle sobre aquello, ya seguro en su mente tenía a Evelyn.
Dejando de lado ese momento, ya un poco más en la tarde cuando nadie estaba mirando, se metió dentro de la tienda del anciano y Elisa.
Allí veía a dos mujeres tratando de cuidar a un anciano que estaba recostado sin moverse para nada. En ese momento que veía que no se movía, le llamó la atención bastante.
“¿Por qué no se mueve?” Fue lo que dijo al acercarse a ambas mujeres que, verlo hicieron que se molestaran porque Elisa les dijo que nadie debía entrar y más que nada a Nathan.
Tomó la muñeca del anciano a costas de los agarres de las mujeres que querían evitar que le perturbaran el descanso al anciano de la tribu.
Quiso averiguar si este tenía o sentía algún pulso pero, al hacerlo, su cara cambio de repente. No tenía una cara seria, ahora estaba con una cara de preocupación.
“Que alguna de ustedes apoye su oreja en el pecho del anciano” Fue lo que dijo. Las dos chicas le estaban mirando confundidas. “¡Ahora!” Les tuvo que gritar y pese al grito, el anciano no estaba moviéndose para nada. Ya era una preocupación enorme. Cuando una de ellas, al final decidiendo hacerle caso aún con dudas en sus corazones, apoyó su oreja en su pecho con indicación de Nathan. “Espera unos segundos así. Dime, ¿escuchas de casualidad algún ruido? ¿Golpes dentro de casualidad?” Le dijo el sonido en cuestión de cómo late un corazón.
La chica, que estaba con su oreja en su pecho, miraba a Nathan cuando este le decía si escuchaba algo pero, tras unos segundos, separó su cabeza de su pecho y acomodaba su cabello rubio nuevamente mientras le miraba con dudas en lo que estaba haciendo. “No escuché nada de lo que has dicho”
Asintió y luego, para realmente checar y decir lo que pensaba, hizo lo mismo que ella recién: apoyó su cabeza en su pecho. Por unos segundos, realmente no escuchó nada por lo que, por un minuto casi dos, no había respuesta alguna.
Se separó y se apretaba los dientes y parte de sus labios, incapaz de decir lo que le había pasado. Sabía que las chicas les estaban viendo y notaron su cara, su mala cara.
“¿Qué le pasó para que tengas ese rostro Nathan?” Suspiró y tomo luego un poco de aire y cargarse de valor mental para decir lo que tenía que decir, además de un valor luego para darle las noticias a Elisa.
“Verán… el aciano ha…”
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Elisa y su grupo volvían todos felices luego de haber conseguido con éxito saquear todas las cosas de la tribu que les había atacado. Es más, también habían decidido emplear el uso de esclavos para que ellos trabajaran y ellos descansar un poco de vez en cuando.
De más está decir que pese al rechazo de Elisa sobre el tema, los demás no parecían querer hacerle caso. A regañientes tuvo que aceptarlo.
Cuando llegaron con los demás, ya el día estaba por acabar. La noche se empezaba a aparecer y todo el mundo se prepara para ir a dormir no sin antes comer con todos.
Pero a Elisa le trajo la atención al ver que habían algunas personas agrupabas en frente de su tienda todos con caras tristes y otros con pocas lágrimas en él.
Aquellas personas que se encontraba allí, vieron a la pelinegra y no pudieron evitar consolarla y dar su más sentido pésame por su pérdida.
Sin entender la situación de las palabras de todos le dedicaban, entró y pudo ver que, aparte de las mujeres que había dicho que cuidaran a su abuelo mientras no se encontraba, estaba Nathan.
Daba igual Nathan en este momento que, si pudiera ver su cara, podía ver una expresión triste, mirando con pena a un hombre mayor ya perecido.
“¿Qué está pasando…?” Había visto a esas dos mujeres llorar a un costado de su abuelo, sin comprender lo que sucedía. ¿Qué pasa? ¿Por qué lloran?
Sintió que alguien le puso una mano en su hombro y se acercó hasta su oreja. De reojo podía ver que este era Nathan. “Tu abuelo está muerto…”
Dichas palabras entraron en el cerebro de Elisa. Oírlas hizo que de la nada tirara las cosas que estaba llevando en sus brazos y corriera con su abuelo, moviéndole un poco para que despertara y llamándolo una y otra vez. Pero, lamentablemente no había reacción alguna.
Las lágrimas empezaban a aparecer, recorriendo toda su mejilla hasta caer en la cara de su abuelo, intensificando cada vez más sus gritos y su llanto empezaba a ser fluido y sus gritos, ahora eran desgarradores.
Su abuelo, la persona que le cuidaba hasta ahora, está muerto.
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