Dawn of Men – Capítulo 28
Capítulo 28
Al siguiente día, nuevamente Nathan fue el primero en levantarse que Liz.
Ella seguía recostada, agotada por lo de ayer y aparte, tampoco hacía muchas cosas debido al embarazo; además de que Nathan le tenía prohibido realizar tareas que tuvieran que ponerla en peligro o por si fuera poco, básicamente le prohibía caminar como ella le decía.
Al salir fuera, como siempre, respiraba hondo y liberaba todo el aire en seguida. Aparte de ello, estiraba y tronaba sus dedos y otras partes del cuerpo. Como el clima del día de hoy era hermoso y perfecto, no le hacía falta alguna usar el chaleco de cuero y eligió andar con el torso desnudo y solamente usar sus botas y pantalón de cuero, sostenido por su cinto que, como siempre, no se apartaba al igual que su cuchillo.
“Muy bien. Es hora de ver cómo se encuentran los demás y sí necesitan ayuda alguna”
Fue a la tribu, viendo que nuevamente era la primera persona en despertarse. A veces hasta le impresionaba el hecho y no se daba cuenta alguna de que él se despertaba a primeras horas del día mientras que los demás despertaban casi al mediodía.
“Bueno, al parecer no hace falta ayudar a nadie… aunque…” Pensando en algunas cosas para hacer mientras todos dormían y se le ocurrió de ir al bosque. No había nada que ver allí, sólo buscaba pasear un poco. Aparte, había algo que le trajo atención en su momento. Pero no curiosidad no le había ganado en aquel entonces. Ahora, ahora era diferente. Como no hacía nada o hacía poco, se aburría. Por eso quería indagar en aquello. “Sólo espero que nada malo pase en mi ausencia” Dijo. Fue directo a su hogar, que para él mismo llamaba tienda, en busca de unas lanzas por si acaso y un pescado seco que tenía dentro de la misma. Con eso, volvió a mirar a Liz quien seguía dormida con una sonrisa en su rostro. Se acercó hasta ella para besar su frente, pasar su mano por su estómago para sonreír y luego irse de allí. “Espero que tú no hagas nada malo”
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Efectivamente, Liz cuando abrió ojos no vio a nadie a su lado. No le sorprendía de que su hombre se fuera siempre. Es más, ya estaba segura que era muy normal. Pero una duda nacía en ella, ¿por qué él se despertaba antes y no aparecía hasta casi a la tarde a veces? Dudaba pero no podía decir nada ahora mismo.
Se levantó con algo de dificultad, tomando con ambas manos su panza que cada vez la notaba un poco más grande que antes.
Ella misma no sabía la razón de ello. Perfectamente conocía que estaba embarazada y tener una panza de este tamaño no era común. Tenía que preguntar acerca de esto.
Se puso su vestido, uno nuevo que Nathan había pedido que le hagan para que pudiera cubrir su enorme panza que crecía y crecía y su vestido no le cabía ya. Por eso mismo le hizo ese vestido, regalo que ella no escatimaba en usarlo. Con las botas puestas y atarse su cabello que ahora era más largo de lo normal, salió de la choza sólo para ver una niña que cuidaba de unas cosas que Nathan había plantado.
Ella al notar a Liz, se quedó callada y su mirada se dedicó plenamente en los cultivos de Nathan. Liz por otro lado, cuando miraba a la niña no la veía con buenos ojos. Había notado cuando ella entraba en su hogar y luego cómo su hombre entraba de igual manera para verlos también salir con algo de prisa. Desde allí, no tenía una mirada buena de ella pese a que tenía cierta confianza sobre Nathan.
Tan sólo la ignoró y siguió de largo para buscar primeramente a su padre para saber cómo se encontraba y luego preguntarles a algunas chicas si conocían esto.
Su padre al final le terminó por encontrarle y le preguntaba acerca de su estado y cómo se encontraba. Al escuchar la explicación de su hija, no pudo responderle porque tampoco sabía la razón detrás de ello.
Más allá de eso, Liz no le importó que su padre no supiera. Paso del tema y le preguntó acerca de él. Su respuesta fue que seguían poniendo todavía los troncos para hacer la muralla y que, gracias a Nathan y las indicaciones que hizo acerca de dónde y cómo colocarla, era mucho más fácil de lo que parecía. Por otro lado, supo por parte de su padre que Liam, aquella persona que actuaba como explorador, había visto a Nathan en el bosque pero no pudo verlo más luego de unos segundos, pareciendo que había desaparecido de la nada.
Compartieron algunas palabras más entre ambos para luego seguir Dean su trabajo mientras que ella iba a buscar a las mujeres para preguntar más sobre su estado. Era joven y por eso necesitaba orientación.
Cuando llegó a la choza donde las mujeres que habían sido capturadas, ahora liberadas y acoplándose al resto poco a poco, les preguntó acerca de su tamaño de su estómago. Ninguna pudo responderle algo que la llegase a convencer o al menos que le dé una idea del tema.
Les agradeció a pesar de todo y les dijo que en caso de necesitar algo, que podían ir a verla a ella siempre y cuando su hombre aceptase.
Con eso, se retiró y fue a buscar ahora a otras mujeres, más precisamente a las que ya eran madres. Cabe decir que las anteriores no lo eran curiosamente hablando del tema.
Buscó detenidamente mientras era saludada por hombres y mujeres de la tribu, obviamente, por ser la mujer de Nathan. Al encontrarlas y preguntarles a cada una de ellas, las mujeres que ya estaban de por sí, sólo le pudieron decir que su hijo muy probablemente sea grande y fuerte dando luz a un futuro niño fuerte. Con eso en mente, agradeció con todo su corazón a las mujeres y se retiró de allí, yendo a caminar y luego volver a su choza debido a que caminaba muy poco debido a su embarazo y moverse demasiado le generaba dolor.
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Al siguiente día, Liz se llevó la sorpresa de que cuando abrió los ojos, un peliblanco reposaba a su lado. “¿Nathan?” Pinchaba su cara para tratar de despertarlo para conocer la razón de su ausencia. “Oye Nathan, despierta, vamos. Ey… Huh…” Como último recurso, se le ocurrió sólo una cosa: mentir. Se acercó hasta su oreja para susurrarle: “Alguien ha intentado hacerme algo”
Como si fuese un detonante, Nathan se levantó rápidamente como si no hubiese un mañana y sin dudarlo tomó la lanza que andaba a su costado y estaba a punto de salir de la choza hasta que Liz le tomó del brazo, diciendo que lo que dijo era una broma y que quería que despertase.
“¿Una broma? Por los Dioses, no me hagas bromas con eso mujer” Se relajó y lanzó la lanza al suelo. Se relajó luego de suspirar pesadamente y se sentó mientras se pasaba la mano por la cara. “¿Qué pasó al final para que me despertaras de esa manera?”
“¿Razón? ¿Puede haber una razón para poder despertarte luego de que hayas desaparecido un día completo?”
“No lo sé, tú dime”
“Pues te lo estoy diciendo ahora mismo Nathan, ¿qué has hecho en el bosque?”
Nathan cuando escuchó la última palabra, le miró extrañado por unos segundos. “¿Cómo sabes que fui al bosque?” Liz le dijo que alguien le había visto y ver que maldecía en voz baja, suponía perfectamente quién fue el que le vio. “De todas formas, dime algo. ¿Pasó algo malo en mi ausencia?”
“Nada que destacar, salvo un peliblanco que se ausenta para hacer quien sabe qué con quien sabe quién… “Su respuesta hizo que él se riera un poco y al mirarle, le pusiera su mano en su cara mientras le acariciaba la mejilla.
“Puedes estar segura de que no he follado a nadie más que a ti estos últimos meses… aún” Dicho eso, no pudo evitar reírse un poco de la expresión que Liz hacía. Esperaba que ella misma le hiciera algo, no le importaba de todas maneras, él ya la amaba.
“…” Tomó la mano de Nathan que le acariciaba su rostro y se refregaba con él. Esta vez no estaba enojada, al contrario, sonreía. Luego movió su mano de su cara su estómago para que este sintiera que el niño estaba pateando ahora mismo. “¿Sientes? El niño está pateando. Será fuerte y grande como su padre” Ella miraba su panza y no podía notar la mirada de felicidad al sentir que realmente algo estaba pateando. Acercó ahora su rostro mientras posaba ambas manos en su panza y apoyó su oreja. Luego de dio unos cuantos besos mientras seguía pasando su mano.
“Vas a ser un niño fuerte y saludable y en caso de ser niña, serás la niña más hermosa que este mundo haya conocido” Sintió otra patada y sus pensamientos entraron en debate cuando luego de esa patada, sintió otra y otra sucesivamente tanto en una parte derecha de su estómago como en su parte izquierda.
“¿Qué pasa cariño?” Preguntó Liz cuando miraba los ojos abiertos de su hombre al ver su estómago. “¿Pasa algo?”
“Puede que sea ambos lo que tengas querida” Nathan se separó de ella y antes de que ella preguntara la razón de ello, le dijo que posiblemente tenga tanto niña como niño, gemelos o mellizos. Eso hizo que ella primero le cuestionara y de cómo él podía saberlo. Sólo le tomo las manos y las puso en ambos lados de su estómago junto con las de él encima de las de ella. “¿Sientes? Es imposible que un niño dentro de su panza pueda patear en ambos lados pese a que sea grande. Con eso creo que puedan ser dos hijos que tengas para darme… Vaya, soy una persona con suerte”
“¡Jefe!” Alguien repentinamente entró en la choza, viendo como su jefe y su esposa estaban mirando el estómago de la segunda mientras ambos sonreían. Para cuando este llamaba por Nathan, los dos voltearon a ver, ella contenía una cara enojada por interrumpir en su hogar mientras que él estaba curioso de la agitación y el sudor que llevaba en su rostro.
“¿Qué sucede para que entres sin avisar Adam?” La persona que nombro, Adam, al igual que él llevaba el torso desnudo y poseía tanto un pantalón como botas de cuero. Agradecía que la gente llegase a entender y hacer los pantalones. Eso sí, la idea de que las mujeres lo usaran no entraba en su cabeza. Él quería seguir apreciando las buenas vistas que daban ellas.
“Alguien le está buscando jefe. Dice que tiene cosas que intercambiar con usted y que vale la pena hacerlo”
“¿De verdad? Diles que iré pronto a verle, que espere un poco más y si quiere algo, que se lo den siempre y cuando no involucre a ninguna mujer”
Adam se retiró aceptando las órdenes de Nathan y se fue corriendo de nuevo para avisar a la persona que había venido a verlo. Por otro lado, él se volteó para ver a Liz, ayudarla a levantar y besarle la frente con mucho cariño.
“¿Quieres acompañarme?”
“Claro. Debo ver también que puede darnos para decir que incluso tú llegues a interesarte”
Ambos salieron, uno a lado del otro y caminando a un ritmo que Liz pueda aguantar.
Al llegar al centro de la tribu, pudo notar que había varios hombres parados, un poco alejados de los demás que en este caso era su gente.
No dio muchos pasos más que pudo notar que entre esa gente que vino que Adam mismo le avisó cuando le vio llegar junto con su mujer, algunas personas atadas. Por deducción rápida, pudo sacar que esta persona de aquí vino con una sola cosa: vender esclavos.
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