Dawn of Man – Capítulo 29

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Capítulo 29

De lo que pudo saber Nathan antes de encontrarse con el tipo que vendía esclavos, esta persona se llamaba Henry y pertenecía a una tribu lejana, lejana de donde ellos se encontraban obviamente al otro lado del bosque.

¿Por qué vino a esta tribu? Según lo que Adam le contó, vino principalmente por las pocas tribus que estaban del otro lado del río pero, viendo que este fue rechazado, vino a las que estaban del otro lado obviamente y cuando miró que esta tribu, la suya, estaba construyendo una muralla con lo que él pudo saber, estaba interesado en conocer al jefe.

Para su sorpresa, Henry pensaba que la persona más grande y fuerte el cual estaba intentando comunicarse, no era el líder sino que este le señalo quien era y cuando miraba que el líder era un niño de pelo blanco, tenía sus dudas.

El peliblanco le invitaba a charlar a su choza, ofreciéndole algo de comer en caso de que no tuviera y si tenía sed, le ofrecía agua que justamente era del río. No tuvo ningún problema alguno y tan sólo le seguía el juego.

La pareja de peliblancos frente a él le trajo la atención mientras le seguía. Antes de seguirlos, claro estaba que ordenó a sus hombres y como decisión del jefe del lugar, que descansaran y que pudieran comer y beber siempre y cuando no toquen a ninguna mujer.  Tal orden no le parecía justa para ellos por lo que en silencio tuvieron que aceptarlo.

Una vez que entró a la choza de ambos, notó algo que hizo que su mirada no pudiera verlos a ambos. Una pareja de felinos jugaban con algo redondo. El objeto le daba igual, estaba más que interesado en los pequeños felinos.

“Tome asiento señor Henry, ¿verdad? Soy Nathan y esta es mi mujer Liz, ambos somos los líderes de la tribu aunque no lo parezca” Henry al ver que este le decía que realmente era el líder, ya no pensaba que era una broma pese a sus pensamientos. Aún estaba pensando acerca de ello. Ambos eran jóvenes y muy menores que él y por lo tanto era dudoso que lo sean.

“Sí, soy Henry. Un gusto a ambos jefes de la tribu” Lo único que le ofrecieron ambos fue una sonrisa y algo para comer, un pescado seco que mientras se lo ofrecían, lo miraban pensando que era algo que pescaron recién. Nathan le explicó acerca de esto y entendió más o menos a lo que se refería.

“Dejando de lado las presentaciones, pasemos a lo que importa. Alguien de la tribu me dijo que venías a intercambiar algo que otros no tienen o nunca podrán tener en su vida, ¿puedo saber si eso que se refiere son las personas que estaban atadas por tus hombres?”

“Sí, son en teoría esclavos pero también tengo algo que les encantará” Con eso dicho, al igual que Nathan, llevaba un pequeño bolso y dentro de él saco varias cosas. “Estoy seguro que a tu mujer le encantará estas cosas: collares y algunas baratijas que he conseguido en el viaje antes de llegar a las tierras detrás del bosque”

Henry estaba ansioso con esto. Estos collares estaban hechos de huesos de los animales más grandes y fuertes que uno podía encontrar. Algunos de ellos estaban hechos de restos de un tigre y uno en particular, estaba hecho con huesos de oso, siendo este el que más le había costado conseguir. Estaba seguro que si los intercambiaba, seguro que podía conseguir a uno de los felinos si explicaba cómo fueron hechos.

Notó que el peliblanco estaba cruzado de piernas y brazos, mirando las cosas que había sacado mientras que su mujer estaba tomando estos collares y se encontraba fascinada por dichos collares. Al menos a alguien le está gustando se decía a sí mismo Henry. Luego pudo notar que Nathan estaba alabando la belleza de su mujer al notar cómo le quedaba el collar, internamente feliz debido a que esto podía involucrar un intercambio.

“Son lindos tus collares, pero no estoy interesado en ninguno de ellos. Sí quisiera saber de dónde conseguiste este que está hecho con los huesos de oso, se ve bastante bien” Para su sorpresa, Nathan pudo saber de qué era uno de esos collares pero sobre todo, que no se encontraba interesado en ninguno. Aquí se encontraba debatiendo de qué decirle con respecto a ello.

“Pues… En mi tribu hay un artesano que a veces elabora estas cosas para el jefe y su esposa y pocas veces las hace para intercambiarlas por las diversas tribus…”

“¿De qué tribu vienes? No creo que sea de por aquí y por sobre todo, tampoco se encuentra cerca de la salida del bosque”

“Mi tribu está entre las tierras blancas y el gran desierto”

Henry miraba a Nathan que se tomaba la barbilla y le preguntó si de casualidad la tribu que pertenecía tenía como jefe de la tribu a una persona alta y de cabello largo y color negro con una mirada que incluso podía matar a alguien. Tuvo que decirle que no, que su líder era diferente pero que conocía a la persona que acaba de describir, sorprendido de que alguien le conociera y de hacerlo, seguir vivo.

Según sabía de él, esa persona era un asesino, un sanguinario y sin una pizca de misericordia con aquellos que le plantaran algún desafío o quieran robar sus cosas. Eso sí, las mujeres estaban claras de que un semental como él valdrían mucho la pena y sus hombres, le seguían por su enorme fuerza.

Entre más cosas hablaban, llegaron al acuerdo de que, pese a la belleza de los collares, él estaba interesado en ver a los esclavos que tenía. Le dijo que no le hacía falta pero, dependiendo de lo que él tuviera, estaría encantado de intercambiar algunas cosas por ellos.

———

“Estos son los esclavos que tenemos jefe Nathan. Espero que encuentres algo que te guste”

Para ese momento y para ahorrarse las molestias, Henry había ordenado que sus hombres vinieran junto con los esclavos a la choza del jefe de la tribu. Asintieron y les trajeron un total de 15 personas que, según Nathan, apenas con la mirada había ya un interés de parte de él sobre algunos de ellos.

Curiosamente y sin sorpréndele, los esclavos eran mujeres, algo que Nathan tampoco estaba en contra de eso pero, si necesitara mano de obra para hacer trabajos pesados, necesitaría hombres y no mujeres.

Por un breve comentario por debajo de Liz, escuchó que entre los esclavos, había dos mujeres que tenían las mismas características físicas al igual que los rasgos como ella. Es decir, mujeres que pertenecían a las tierras blancas. Incluso él notó a alguien entre ellos.

“¿Cuánto por los esclavos Henry?” Dijo Nathan mientras se separa de Liz y caminaba para ver a todas las mujeres que poseían una mirada casi sin vida y otras miraban al suelo sin decir nada ante la situación que se encontraba. No le importaba su seguridad debido a los hombres que llevaban lanzas con ellos, sabía perfectamente que ninguno le haría algo. Pero alguien de lejos le estaba vigilando y era consciente de una mirada en su espalda.

“Dependiendo de cuál estés dispuesto a elegir. Algunas valen más que otras” Nathan le señalo justamente que se encontraba a su lado esperando a escuchar el precio. “Esa mujer que señalas, resultaba ser la mujer de un jefe de una tribu, ella sola puede llegar a valer varias pieles y algunas armas” Nathan hizo algunas muecas, no esperaba que valiera un poco bastante para él. Tenía todo para pagar pero no era ningún tonto. Luego se acercó hasta otras dos mujeres más y para su sorpresa, una era una guerrera que peleo antes de caer como esclava, la otra, era hija de otro jefe de una tribu. El precio de ambas incluso quería agarrar a Henry y golpearlo hasta la muerte.

Luego se detuvo unos segundos para ver a la única persona que le trajo atención. Una mujer que tenía una piel algo oscura llevando varias pinturas en su cuerpo. Su memoria no le fallaba, esta mujer era alguien que pertenecía al gran desierto y sólo por notar sus pinturas y sus rasgos, estaba muy seguro de su procedencia.

“¿Cuánto por esta?” Estaba claro que se refería a la chica que tenía frente a él y Henry pudo notarlo.

“¿Ella? Pues, no te podría dar algún valor. Ninguno de nosotros sabe su lengua y tampoco sabemos algo de ella”

“La tomaré como un regalo de tu parte” Sin importar lo que Henry podía decirle, él sólo le tocaba la cara mientras se agachaba sólo para ver que su rostro y sus ojos casi que la vida no existía. “Oye, ¿sigues viva?” Sus palabras llegaron a oído de los presentes, sorprendidos de que pudieran escuchar otra lengua y sobre todo Liz que estaba parada tomando su panza con algo de asombro porque su hombre pudiera hablar otra lengua. La mujer del desierto le miró vagamente, pero no le importó que supiera su lengua, al contrario, le daba igual.

En ese momento, Nathan tomó el cuchillo que llevaba en su cintura y se hizo un pequeño corte en su mano. Para ojos ajenos, esto era una locura pero para la chica que tenía frente a él, esto era una especie de pacto de lo que pudo aprender de ellos y en estos pactos, podía dejar claro una unión entre dos hermanos de distinta madre o en este caso, lo que hizo a conciencia, un pacto de hombre y mujer.

Cuando ella vio esto y escucho que le dijo que lo bebiera, casi que se lanzaba encima de él para lamer y beber la pequeña cantidad de sangre que salía de su herida. Para ellos, la sangre era como agua. Sí, también tomaban agua como otra persona pero la sangre para ellos era especial, deliciosa dependiendo de la persona y cuando la chica lo probo, casi que en ese momento colapsaba de la dulzura de este. Nathan le dijo unas palabras más y esta se quedó en su sitio, aun saboreando la sangre que tenía en su boca y por encima de todo, ahora se le notaba viva

Nathan cuando se levantó para seguir viendo a las chicas, notó la mirada de los demás que le miraban raro y asombrados por esto que hizo. “¿Qué? Lo que acabo de hacer es normal para ellos así que, no se preocupen por lo que acabo de hacer. Por cierto Henry, también quiero a las niñas de pelo blanco, ¿cuánto por ellas?”

Henry salió de su estupor una vez que escuchó su nombre. Si mal no escuchó, Nathan se refería a las mujeres de piel oscura y pelo blanco y no escatimó en mentirle para nada. “Esas dos niñas aparentemente son hermanas. Ambas pertenecen al clan de los Lobos Grises por lo que tengo entendido y por la marca que llevan en su cuerpo. El valor de ambas son alrededor de 10 pieles y 40 armas y 10 pedazos de carne”

Liz que estaba escuchando toda la conversación y viendo todo, su mirada se cruzó con la de su hombre que, ambos estaban de acuerdo que el precio era demasiado alto. Ella no pensaba que ambas niñas tuvieran tanto valor.

Se acercó Nathan a ambas niñas, mirándolas a la cara. Una de ellas levantó su cabeza para verlo y de inmediato su rostro que estaba apagado recobró la vida. Para su sorpresa, lo primero que ella hizo fue escupirle en la cara pero Nathan no se inmutó para nada.

“Preferiría morir como esclava antes que me salve un mestizo como tú” Nathan casi iba a decir algo hasta que escuchó ello. ¿Mestizo? Era la primera vez que lo escuchó. Le dio una enorme sonrisa logrando incordiar a la chica que acababa de escupirle.

“Que así sea entonces” Se levantó y se alejó de ella sólo para decirle a Liz lo que le acaba de decir. Ella se tapaba la boca sorprendida y se acercó hasta ambas que, luego de unos minutos hablando, se acercó hasta Nathan con una sonrisa triunfadora.

“Queremos a la que mi hombre eligió y a esas dos niñas” Nathan miraba a su mujer que estaba dispuesta a pagar por ambas tal precio. Pero no podía decirle nada.

Henry, por otro lado, ordenó que sus hombres desataran a las mujeres que pidieron ambos y pronto estaba casi que encima de Nathan para que pagara todo.

Tuvo que decirle que tendrías las cosas para más tarde, que podían descansar un poco y reponer sus cosas y convivir con los demás, contando un poco como era la vida pasando el gran bosque. Este aceptó y volvieron al pueblo nuevamente para descansar un poco y claro, mantener consigo a las esclavas para ellos para liberar un poco de estrés.

Cuando Nathan volvió, traía consigo tanto a Liam como al padre de Dylan, Richard. Liz esperaba a su hombre para hablar sobre las mujeres pero cuando entró Liam y Richard, de pronto empezó a pensar en que los invitó para hacer una orgía, cosa que Nathan repentinamente notó la expresión de ella y la calmaba un poco.

“Tengo un plan y por eso les invité a ambos” Fue lo único que dijo con una seriedad y algo de autoridad en sus palabras.

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