Dawn of Man – Capítulo 30

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Capítulo 30

“¿Has dicho un plan?” Preguntaron los presentes exceptuando de las tres nuevas chicas que aún estaban mirando la situación sin entender.

“Sí, un plan. Ya sabes que no estoy de acuerdo con la esclavitud, más en este preciso caso nunca pensé que alguien se presentaría para venderme tales esclavos… Mejor dicho, mercancía de valor”

Eso lo dijo mirando a las chicas, precisamente a aquella que le dijo mestizo, desconociendo el termino completamente. Claro estaba que parecía que la muchacha en cuestión no comprendía su idioma pero, Nathan sabiendo que tenía la habilidad de conocer varios idiomas, lo último lo pudo entender rápidamente y estaba a punto de hacer algo pero, conociendo el hecho de que fue comprada por su mujer, no hizo nada.

“Y… ¿Cuál sería tu plan entonces? ¿Vamos a matarlos?” Preguntó Richard mientras mirada un poco desconcertado a Nathan. “¿Eso no nos hará quedar mal a nosotros por incumplir nuestra palabra?”

“Me alegra que preguntes y te puedo responder” Camino hasta donde las chicas estaban sentadas. Las tres le miraron sin decir nada, se quedaron en silencio mientras veían unos ojos claros que les penetraba dentro de su ser. “Si digo que voy a matar a una persona que comercia otras personas, ¿quién es mejor? ¿Él o yo?” Para esto, se volteó y miraba a Richard con una sonrisa pero conservando un rostro serio.

“Pues… Si te mencionas a ti, definitivamente eres mejor tú” Lo único que los demás escucharon fue un “Oh” de parte de Nathan quien ahora mirada a Liam y a Liz con una sonrisa.

“Liam. Avisa a los demás que estén preparados en cualquier momento para atacar a los esclavistas. Richard, ayúdalo. Que no levanten sospechas y que, aquel de esos hombres que toquen a alguna mujer o trate de obligarla a hacerlo con ellos, no duden en asesinarlos” Dicho eso, ambos asintieron y se fueron de la choza, dejando solo a 5 personas. Nathan se volteó para ver a las dos chicas que todavía seguían mirando a una persona que no valía nada en sus rostros. “Esta es la única oportunidad que te daré así que espero que escuches bien. Planeo matar a esas personas, esas personas que te han esclavizado, ¿te unes o no?”

“…” Como no hubo respuesta alguna, Nathan obviamente no iba a esperar a que ella le dijera algo.

Por otro lado, la chica que veía del gran desierto, cuando escuchó por parte de él que iba a matar a los esclavistas, no dudo ni un segundo y dijo que estaría más que dispuesta en ayudar siempre y cuando se le prometa un poco de su sangre y algo de comer. Si tan sólo los demás pudieran entender lo que dijo, seguro que Liz sobretodo no dejaría que ella le tocara pero, por suerte no lo sabían. Le prometió lo querido siempre y cuando respetase sus tradiciones a lo que ella, dudando un poco acepto.

“Mujer, espero que puedas arreglar las cosas con esas dos chicas de allí, me iré yendo con los demás porque, van a sospechar un poco si no estoy con ellos”

Se retiró de allí, dejando a las tres chicas de las tierras blancas mirándose unas a otras. Liz sonreía y se agacho como podía para hablarles de la situación, siendo ella una conocedora al menos de la lengua que las personas de las tierras blancas hablaban gracias a su padre.

———

Henry y su grupo estaba descansando por pedido de Nathan que según él, ellos harían un festín con un animal que el grupo de cazadores han cazado. Un animal que por palabras del peliblanco, describió que era enorme y no era uno, eran dos.

Por eso mismo, habló con sus hombres y no dudo en quedarse. Quería ver a dicho animal y cuando el grupo lo trajo, eran dos animales grandes como lo describió, teniendo cuernos y un pelaje bastante denso y peludo.

Según le contó, este animal era un bisonte y su carne era muy rica y su piel era igual de buena que la de un oso. Eso era lo que creía el peliblanco con respecto al animal que seguramente, al cocinarlo, iban a estar deleitándose y chuparse los dedos.

Le preguntó acerca de las mujeres, si podían estar con algunas de ellas pero su respuesta fue simplemente un no y que si quería estar con alguna de ellas, alguna de las mujeres debían demostrar un interés y no obligarles a nada.

Eso era algo que Nathan quería inculcar en ellos y ellas. Que si quieren demostrar o quieren a una mujer, que demuestres dándoles algo a cambio de su reconocimiento o como él le llamaba: cortejar a las mujeres. Claramente le iba bien porque algunos realmente demostraban que querían ser reconocidos por aquellas féminas a las cuales tenían ganas de que sean sus mujeres cazando y dando como regalo las pieles de estos animales.

Henry levantaba sus cejas sorprendido de esto. Entonces, ¿debería regalar los collares para poder tener a una mujer para que me acompañe en la cama? Se decía. Pero si se lo daba estaría perdiendo algo valioso.

Borró ese pensamiento. No sabía si hacerlo o no pero al final terminó negando con la cabeza. Terminaría por usar una de sus esclavas para pasar el rato y en caso de irse mañana, pues pasaría la noche con una de ellas.

Al llegar la noche, notaba como la carne del animal llamado bisonte giraba y giraba y cuando más vueltas daba, más tenía ganas de degustar la carne del animal debido a que el aroma que este desprendía, invadía las fosas nasales de todos los presentes y logrando que sus bocas tengas cataratas en ellas. Era imposible decir que nadie quería probarlo; al contrario, ver como Nathan cocinaba el animal estaba haciendo que todos incluso se desesperaran con él ordenándole que lo haga más rápido.

Una vez cocinado y distribuido a cada una de las personas, parecía que el ambiente se había animado mucho más que antes. Cada uno de ellos degustaba al animal y realmente estaban seguros que el bisonte era lo mejor que podían haber comido en sus vidas.

Todos estaban charlando entre ellos y escuchando al parecer a Nathan quien narraba una historia de su viaje en el gran desierto, contando de cómo las personas de allí eran muy territoriales y de que pudo presenciar los desmembramientos de personas así como se alimentaban y bebían sangre de ellos. Los presentes se sorprendían por lo que escuchaban y los gestos que hacía, cómo hablaba y la voz misteriosa que lograba hacer, era un efecto que generaba un poco de temor y asombro a todos.

Tras terminar la historia, todos estaban sorprendidos y alababan a su jefe. Por otro lado, Henry y sus hombres se miraban entre ellos. ¿La razón? La historia que acababan de escuchar les hizo temblar un poco. Ellos mismos habían pasado por algo parecido pero nunca de la manera que él lo había hecho.

Entre charla y charla, empezaron a darse cuenta que la noche había llegado.

Entonces, por sugerencia del peliblanco, todos ellos decidieron quedarse y aceptar la hospitalidad de él para dormir y luego volver de nuevo con su viaje. Le agradeció bastante que le dieran una de las chozas vacías para que durmieran.

Desconocían que Nathan había planeado otra cosa para ellos.

———

Altas horas de la noche.

Nathan había estado despierto por un largo rato, repasando lo que iba a hacer con los esclavistas y más si su plan funcionaba perfectamente, qué hacer con las mujeres restantes.

Cada vez la tribu sentía que ganaba más mujeres que antes y eso generaría un pequeño desequilibrio en la población. Eran unos cientos, unas 160 personas donde 100 eran mujeres. De allí, sentía que agregar más y más realmente sería un problema.

Pero saco esos pensamientos y trato de seguir con el plan.

Cuando notó que Henry y sus hombres se habían dormido, sintió alegría. Con algunos hombres, rodearon la choza con varios palos y algunas ramas. Luego, tomó dos piedras y con el golpe y fricción de ambas contra un palo, las chispas saltaban y lograron encender dicho palo. Con el palo con fuego, lo lanzó alrededor de la choza.

Los demás que habían ayudado a Nathan estaban preparados por las dudas de que algunos de ellos salieran. Habían al menos dos chozas con ellos dentro y tuvieron que hacer un gran movimiento en silencio y si realmente llegaban a despertar a alguien dentro, tenía que actuar rápido y lanzar sus lanzas a matar.

Las mujeres, por suerte, no estaban dentro. Fueron dejadas fuera para que pasen frío. Nathan había notado esto e hizo que esas esclavas siguieran a sus hombres para buscar cobijo y comida.

Mientras, él sólo se quedaba mirando la imagen frente a él, las dos chozas donde ellos estaban ahora se encontraba ardiendo. Los gritos empezaron a sonar dentro de las mismas pero él no se inmutaba para nada.

Pronto, vio como intentaban salir de allí. Algunos pudieron salir a costas de estar envueltos en llamas por lo que cuando se acercaban corriendo a su lado, tomó su cuchillo y con un movimiento rápido, cortaba su garganta para evitar que sigan sufriendo. Era una muerte que nunca le gustaría experimentar, pero el sentimiento de frialdad era mayor que su pena y empatía por ellos. Acababa con las vidas justamente de los cuales se acercaban sin pena alguna y al darse cuenta, sentía que en ese momento no era él para nada.

Los gritos obviamente despertaron a los demás, sorprendidos por notar una gran llamarada que se extendía por los cielos. Cada uno de ellos estaban tomando a las personas queridas y alejarlas de allí, otras tapándose la boca y para variar, había gente que el shock generado por ver a los visitantes prendidos fuego, no podían evitar voltear a un costado y sentir que querían vomitar. Unos pocos miraban dicha escena sin decir nada.

Sorpresivamente, la persona que salía sin muchos problemas fue Henry. Su cara mostraba un susto enorme y su respiración ya era agitada. Cayó al suelo cuando estaba saliendo de la zona en llamas y al levantar su cabeza, miró a un peliblanco que estaba sonriendo mientras le aplaudía.

“Increíble. Nunca pensé que pudieras salir con vida de allí… No puedo decir lo mismo de los otros de tus hombres…”

“¿¡Por qué lo  has hecho!? ¡Pensé que eras alguien de palabra!” Dijo a los gritos Henry.

“Lo soy. Soy hombre de palabra. Pero también soy alguien que no se encuentra a favor de la esclavitud… Y la verdad, como niego aquello, lamentablemente a ti te queda sólo un destino” La sonrisa de Nathan desapareció y tomó a Henry del cabello y lo empezó a arrastrar por el suelo un poco mientras este forcejeaba para liberarse sin éxito alguno.

¿A dónde lo llevaba? Al centro de la tribu donde la enorme hoguera se encontraba. No iba a prenderlo fuego, al contrario, lo llevaba para que alguien más lo asesinase.

Él mismo esperaba que todos murieran en el fuego pero algunos sobrevivieron. Aquellos que tuvieron suerte fueron asesinados por él rápidamente. Los otros, lamentablemente se cruzaron con los demás y sólo les clavaba las lanzas en las piernas logrando que estos cayeran y gritaran y agonizaran debido a que el fuego les calcinaba la piel y los órganos internos a tal punto de convertirse en cenizas.

En el centro le esperaba las dos niñas de las tierras blancas que, ahora mismo se veían un poco mejor y la muchacha del gran desierto se veía normal, sin nada que destacar. Para agregar, las otras mujeres que fueron esclavas, se encontraba allí con expresiones fáciles difíciles de describir pero se puede dar una idea de que no se encontraban felices para nada. Estaban furiosas, siendo algunas retenidas por otros para evitar que cargasen contra Henry.

De pronto, Nathan había lanzado a Henry cerca de todas ellas que sorpresivamente se habían quedado paradas allí sin moverse. Dejó de ver a Henry y miró a las chicas que, por orden que había pasado, les dieron lanzas. Era obvio lo que iba a pasar. “Espero que en tu próxima vida sepas que no puedes esclavizar a la gente”

Al escuchar eso y ver como las mujeres se acercaban a él, se arrastró hacía Nathan y colgándose de su pierna. “¡Por favor! ¡Ten piedad de mí! ¡Déjame vivir y te daré todo lo que quieras! ¡Lo juró en el nombre de mi tribu!” Pero su repuesta hizo que él se riera.

“Jajaja… A mí no me debes pedir piedad, son a ellas” Le señaló el tumulto de mujeres. “Y como las veo, no creo que te perdonen para nada. ¡Disfruten chicas!” Se apartó del tímido Henry quien, antes de poder decir algo más, una lanza ya le estaba atravesando. Luego vino la segunda y la tercera y así hasta notar que el cuerpo de él estaba o mejor dicho, fue perforado 15 veces, una por cada esclava.

Cada una luego de ello, algunas lloraron, otras sonreían pero mayormente, todas estaban contentas porque ya no eran esclavas.

Nathan sonreía con tal escena frente a él sabiendo que había hecho algo bueno pese a las muertes horrorosas que había provocado.

———

Pasaron otras horas más y el fuego empezaba a desaparecer.

En sus planes, esperaba un incendio controlado pero, al final terminó siendo uno incapaz de controlar. No hubo muertes pese a eso y con ello, se sentía feliz. Todos habían seguido sus instrucciones y por ello, las cosas que todos ellos llevaban, si quedaba algo, se las dio sin quejarse.

Quedaron algunos collares y los pagos que este dio, por suerte algo sobrevivió.

Aquellos que tuvieron los collares no dudaron en dárselos a sus mujeres o aquellas que ansiaban tener y como la fortuna parecía estar para ellos, estas mujeres aceptaron con gusto y bueno, lo que haya sucedido luego es otra historia.

De momento, tuvo que pedir disculpas a las mujeres ahora ya libres de todo tormento esclavista debido a que ahora mismo no había un lugar para acomodarlas por lo que encendió la gran hoguera y les dio las pieles para usarlas encima de la tierra o para que se taparan con ellas, que mañana harían un lugar para ellas.

Cuando llegó a su choza junto con Liz y las otras tres chicas, sabía perfectamente que el trabajo para mañana iba a ser más agotador o mejor dicho, para los demás. Él mismo tiene que pensar más cosas beneficiosas para todos.

De Liz supo que las gemelas eran Ale y Ali. Luego le dijo que la muchacha del desierto se llamaba Nida, persona que le hacía recordar a alguien que conocía de su mundo, precisamente de un juego el cual se había familiarizado un tiempo y no podía evitar relacionarla por el gran parecido.

Les dio algunas de las pieles que él reservaba. Pieles de osos que le sobraban en todo caso mejor dicho.

Aunque cautelosas, igual las aceptaron y las pusieron en el suelo para dormir. Por suerte mi choza es un poco más grande de lo normal murmuraba.

Al recostarse al lado de su mujer, le dio un pequeño beso en la frente para luego acomodarse para dormir.

Mañana y los restos de días siguientes iban a ser largos.

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