Dawn of Man – Capítulo 31
Capítulo 31
Al siguiente día, Nathan se levantó y pudo observar que esta vez no era el primero en despertarse sino el último, hecho que le sorprendió bastante.
¿Acaso estaba muy cansado? Se preguntaba a sí mismo.
Liz se encontraba a su lado, sentada mientras parecía verle a la cara mientras dormía y al despertarse, esta le pasaba la mano por la cara. “Has despertado, ya era hora de que lo hagas”
Nathan se sentó en su lugar y miraba a ambos lados. Ellos dos y Nida, persona que obvio estaban allí debido a la falta de conocimiento de la lengua común, estaba allí. Miró a su mujer con una sonrisa y preguntó: “¿Ya era hora? ¿Dormí mucho?”
“Los demás esperaban a que te despertaras y bueno, no había forma de que lo hagas. Por eso les dije a todos que continuaran con su trabajo. Por si llegas a preguntar, también he hecho y dicho que limpiaran la zona que fue afectada por el fuego” Segundos luego de escuchar su respuesta, Nathan empezó a reírse atrayendo la atención de su mujer. “¿Qué te da risa?”
“Nada, nada… Me sorprende tener una mujer que sea tan capaz, nada más” Le apretó la mejilla y se levantó rápidamente y estiro un poco. Miró a Nida que, sin importar que hablaran ellos, seguía quieta y mirándole a los ojos.
Con esa mirada que le daba, hizo que de la nada se empezara a tocar un poco el hombro y dándose cuenta de que, sorpresivamente, sentía que tenía lastimado.
¿No me habrá hecho algo ella mientras dormía verdad? Ese pensamiento estaba ahora en su mente y juntándose con aquel que se preguntaba la razón de no haberse despertado antes.
“Tú, arriba. Vamos, te enseñaré todo el lugar” Señalaba a Nida que, enseguida se levantó y se puso a un costado de él. En eso volteó su cabeza para mirar a Liz. “Le mostraré la tribu a ella y si puedo, le enseñaré nuestra lengua. Por favor, si necesitas ayuda pide a alguien que me vaya a buscar o que te ayuden esas dos niñas, ¿sí?” Al ver que ella asentía, suspiro de alivio y salió de su choza con Nida detrás de él para mostrarle todo.
Sólo esperaba que los instintos salvajes que esta chica tiene no salgan mucho a la luz.
———
Al cabo de un rato, Nathan ya le había mostrado una gran parte de la tribu.
Obvio que en lapso de ello, muchas personas se acercaban a Nathan para preguntarle si se encontraba bien debido a que no despertaba para nada. Tuvo que calmarlos y diciéndoles que sólo estaba cansado y que no era nada serio.
También preguntaban acerca de las marcas que tenía en sus hombros, marcas que cuando escuchó la descripción de ellas no pudo evitar a Nida quien, sorpresivamente pudo entender a que se referían y miraba para otro lado.
Sólo pudo decir que hubo algunos problemas con su mujer en la cama, cosa que todos pudieron llegar a entender y se retiraron para seguir sus tareas no sin antes claro, preguntar que más debían hacer.
Era poco más del mediodía de lo que pudo observar con su visión. Ahora también podía ver la hora en la que estaba, muy conveniente para él y agradecido en cierta forma por tal regalo de la Diosa.
Primero le preguntó que estaban haciendo y algunos seguían con la muralla. Cortaban los árboles, afilaban una punta y luego lo clavaban. Eran un trabajo tedioso pero todos lo hacían sin problema alguno. Otros estaban cazando y explorando por lo que era normal que se sintiera un poco vacía la tribu. Más allá de eso, las personas que estaban frente a él eran aquellas que liberó el día de ayer. De orden les dijo que buscaran ayuda de otras personas para construir algunas chozas para ellas y que, en caso de no hacer nada, que se unan a los diversos grupos que hay en el lugar.
Para su sorpresa, el estado de todas estas mujeres una vez escuchado su palabra, estaban todas bien y contentas. Esto en cierta manera le daba un poco de duda debido a que ayer se encontraban no muy bien y hoy, estaban más que mejor. Ignoró el hecho y prosiguió a explicarle más sobre el lugar a Nida que se la podía ver callada pero escuchando todo lo que decía.
A la tarde, no quedaba nada que tuviera que explicarle a ella salvo la lengua común.
Claramente, no había forma alguna de poder enseñarle pese a sus intentos de querer hacerlo.
No sentía que ella era tonta, al contrario, usando su lengua se dio cuenta que cuando le preguntaba algunas cosas de las cuales podría llegar a tener duda, era bastante lista y tenía en mente los mismos pensamientos que los de él. Pero, ahora, tener que aprender a hablar otra lengua, era muy diferente.
Por eso, esa tarde dijo que se iba a rendir de momento en enseñarle y que la única persona que iba a entenderle al final era solamente él.
En la noche, Nathan fue directo a su choza para pasar tiempo con su mujer debido a que desde que se despertó, lo menos que hizo fue pasar un rato con ella.
Al hablar con ella, se daba cuenta de que su estado era bueno y por suerte, nada malo le estaba pasando. Como tal, lo único que hicieron antes de que todo el mundo comiera nuevamente fue charlar un rato, preguntar cómo estaba y si podía caminar sin problemas algunos. Entre va y viene, pudo saber que hoy tuvo algunos problemas para caminar por lo que las dos chicas le ayudaban bastante.
Ahí había un problema también con las dos chicas. Ambas no parecían quererle mucho. La palabra “mestizo” que le dijeron era en cierta manera un insulto para ellos pero para él, quién desconocía el término, le parecía una forma más de llamarlo.
Algunos días después, la muralla de madera estaba finalmente terminada.
Se tuvo que talar una gran cantidad de árboles para hacerlo de los cuales, los que había en los alrededores ya no estaban y fueron talados.
Suerte que para Nathan, cuando admiraba la enorme muralla que rodeaba toda la tribu, encontró de casualidad semillas de árboles.
Con esa casualidad también encontró muchísima duda. Desconocía si los árboles daban semillas en esta vida y la otra. Aquí no era un conocedor de la materia por lo que, en sus manos, tan sólo las tomó y las plantó en las cercanías de su hogar, también poniendo palos en su alrededor para evitar que alguien entrara o pisara allí.
Sus cultivos, para su sorpresa esta vez, crecían ya un poco más de lo normal. El trabajo que Amber estaba realizando junto con su madre, al ver que estas cosas que Nathan les había encargado cuidar, era digno de felicitar a ambas.
De más estaba decir que ambas notaron el pequeño árbol de manzanas que crecía y con la descripción que les había dado, supieron que la comida crecía de él y que si se cuidaba de una manera buena, tendrían frutas para largo rato.
La construcción de algunos almacenes más para guardar las enormes cantidades de armas que tenían al igual que herramientas, las chozas para aquellas mujeres que no contenían un hogar alguno y por sobre todo, un pequeño puente que él mismo había hecho para cruzar al otro lado del rio que la muralla se extendía al menos unos 300 metros más. Ese lugar lo utilizaría en el futuro para seguir plantando y tener un suministro constante de comida o eso creía. Una cosa es pensarlo y otra hacerlo.
Parado y fuera de su choza, miraba a todos quienes estaban trabajando mientras tenían una gran sonrisa de en ellas, se sentía de igual manera y más sabiendo que en unos meses, sería padre.
———
Otros días más pasaron y al final se cumplió 6 meses de que Liz estaba embarazada.
Para ese entonces, Nathan estaría recién cumpliendo 16 años y curiosamente, cumpliría esa edad en el momento que sus hijos nacieran.
Para esta época de embarazado de su mujer, conocía que no podría hacer mucho y más sabiendo que dentro de ella habrían dos niños.
Por eso, se acercó hasta Evelyn para pedirle que en el momento de que nacieran sus hijos, esta le ayudase en el parto.
Sabía que él para pedirle esto a una mujer con la que tuvo relaciones era algo hipócrita en él. Para su sorpresa, ella respondió de buena manera. Eso sí, lo que le pidió a cambio era básicamente algo que no sabía si cumplirlo o no por lo que al final, no dijo nada y tan sólo acepto y que si conocía más gente que haya ayudado en el momento de dar a luz, estaría más que encantado.
“Las cosas que a veces hago por amor” Se decía a sí mismo tratando de no recordar el favor que debía.
En los días que pasaron, no hubo forma alguna de mejorar la relación que tenía con Ali y Ale para nada. En cambio Nida, ella parecía estar cada vez más cercana a Nathan debido a que, lo que pudo descubrir una noche era ella estando encima de él en todos los sentidos y haciendo una pequeña herida en su hombro para tratar de lamer la sangre que desprendía. Al darse cuenta de eso, le dio un golpe que la dejó noqueada por un momento y apartarla de encima de él.
Esa noche cuando intentó salir para verse las pequeñas heridas, notó de ante mano que una de las gemelas no estaba dentro por lo que le pareció curioso y salió para buscarla.
Ni bien salió de allí, la tenía cara a cara. Por la cara que tenía, una expresión siempre de estar enojada y unos ojos afilados, supo que esta era si mal no recordaba Ale. Contenía similitudes con Liz por lo que él creía pero esas similitudes eran diferentes cuando miraba su estómago, que estaba trabajado al igual que sus brazos y piernas. Músculos, ella tenía músculos en todos lados y eso en parte le estaba atrayendo bastante.
“¿Qué miras mestizo?” Le dijo al notar que los ojos de él parecían estar pasando por todo su cuerpo. Tampoco iba a hacer algo por respeto a Liz que según ella, era una persona amable y que no le perdonaría si este le hacía algo.
“¿No puedo mirarte?”
“Para nada” Dijo Ale. “No me gusta que alguien como tú me mire”
“Pues es una lástima porque tendrás que soportar mi mirada todo los días. ¿Dónde estabas?” Le preguntó. Ambos se miraban a los ojos ahora mismo.
“Eso no te incumbe…”
“No, me incumbe. Soy el jefe de esta tribu y por lo tanto, debes acatar lo que yo diga y si digo que me digas donde mierda estabas, me lo vas a decir te guste o no”
La risa que escucho por parte de Ale le hizo sentir unas ganas inmensas de golpearla. Pero no podía hacer mucho. Aunque, ahora mismo ya le daba igual el aviso de Liz de no hacerle nada y avisarle a ella.
“En mi clan, una persona como tú que implora que le hagan caso por ser el jefe es una basura total” Pero ahora, ella le tocó ver a Nathan reírse de lo que acababa de decir, sintiendo lo mismo que antes había sentido él: ira. “¿Qué te parece tan gracioso eh?”
“Jaja… Aquí no hacemos esas cosas querida. ¿Pensabas que este lugar era así? Eres una idiota” Se rio un poco más pero paró para ponerse o tratar de ponerse serio para seguir hablando. “Como dije, no seguimos las reglas basuras que tienen en tu clan y por lo tanto, debes acostumbrarte a ello porque ahora vives aquí y agradece que mi mujer fue la persona que te compró porque yo, no lo hubiese hecho” Antes que dejara que ella entrara de nuevo a la choza, le tomó de la muñeca impidiendo que siga a avanzando.
“¡Suéltame pedazo de basura!” Pero era inútil. Por más que intentara salir del agarre de él, no podía. La fuerza que estaba ejerciendo era la máxima que ella podía hacer y eso que era muy fuerte a comparación de otros hombres de su clan; aun así, él peliblanco frente a él demostró ser más fuerte que ella. Para variar, cuando quiso intentar darle una patada en el estómago o de alguna forma para poder escapar, no hubo resultado alguno, él pisaba sus pies con fuerza haciendo que gritara del dolor. También le tapó la boca con la mano para que sus gritos no se escuchen y despierten a las personas dentro.
Nathan la tenía apoyada contra la pared de la choza y teniéndola tan cerca, pudo notar mejor su figura. En parte, se sentía atraído y su deseo estaba a tal punto de que se iba a descontrolar. Quitó su mano de su boca y no le importaba si gritara, con la mano libre, miraba seriamente cada parte de su cuerpo y acariciaba parte de su cuerpo, quitando sus pechos claro.
Le miró a los ojos unos momentos y sonrío. Por unos segundos, pudo notar la expresión de miedo que ella tenía. Sus ojos estaban bien abiertos y parecía que sus pupilas estaban contraídas (en caso de error, corregidme aquí) con un poco la boca abierta sin decir nada. Tal expresión hacía que cada vez su deseo por hacerla suya aumentara pero con esos pensamientos dentro de su cabeza, rápidamente los borró y soltó a la pobre niña que en cualquier momento, quebraría.
Ella no entendía por qué razón le había soltado y cuando iba a decir algo, Nathan le puso un dedo en los labios para que no dijera nada. “Obedece a partir de ahora a lo que te diga y haré que tu hermana siga viviendo”
“¿Qué…?” Quedó en shock cuando escuchó aquello pero, agitó su cabeza un poco para volver en sí. “¿Cómo tú sabes sobre mi hermana?”
“Promete que escucharás lo que digo y ayudaré a tu hermana. Es ahora o nunca niña. La salud de tu hermana depende de lo que digas”
Ale no sabía qué hacer. Si él decía y le ordenaba de desnudarse, tendría que cumplirlo. Si le ordenaba otra cosa que le implicaba algo que iba en contra de su orgullo, debía hacerlo y eso era algo que no quería.
Nathan al notar que no hubo respuesta, suspiraba. Parecía que ella le tuvo temor por un momento. Solamente le soltó y simplemente le dijo: “Has lo que quieras, ya me da igual”
“Espera” Ale le llamó antes de que él se metiera de nuevo para seguir durmiendo. Se volteó para verla y preguntar su razón para decirle que espere. “¿Puedes curar a mi hermana?” Nathan asintió ante la pregunta. “Si puedes curarla y si realmente lo puedes hacer, entonces sí, aceptaré cualquier cosa que me pidas”
Nathan sonrió y le prometió él mismo que la iba a ayudar. Solamente ella tenía fiebre pero para la época en la que estaba, una fiebre puede ser igual de peligrosa que muchos tigres juntos. Eso sí, la suerte era que tal resfrío no era contagioso de momento pero que si se dejaba estar, lo sería. Para lo que era el resfrío que su hermana tenía, aunque no encajaba a lo que él conocía, seguía siendo uno normal.
“Espero entonces que cuando la cure, tú estés preparada para lo que voy a hacerte”
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