Dawn of Man – Capítulo 32

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Capítulo 32

Al siguiente día y tal como había prometido Nathan a Ale, se encargó de su hermana quien se encontraba cada vez peor sobre su estado.

Con su visión, pudo notar que el estado sí, estaba en un momento delicado y por lo tanto, se debía darle un cuidado realmente intensivo y si se descuidaba, pues no creía que ella pudiera estar en buen estado.

Descartaba que pudiera morir. Claro, eso lo pensaría si tuviera sus cosas médicas de su época a mano y por lo tanto, tratarla sería muy fácil.

Pero en esta época, según escuchó por Ale, esta enfermedad afectaba a la gran mayoría, a los débiles y que lograban matarlos. Claro, ella no pensaba que su hermana no era débil sino que era una maldición, una maldición que la perseguía todo este tiempo.

Llamó a Nida quien siempre estaba a su lado. No la culpaba. No saber la lengua común que, ahora pensando bien, las gemelas lo podía hablar bien, incluso llegó a pensar un poco con respecto al lenguaje que todos hablaban. “Trata de llamar a la chica que se parece a esta que está descansando por favor. Necesito hablar con ella” Con ello, Nida asintió y salió de la choza para buscarla.

¿Esperaba que le entendiera? No, para nada. Si Ale podía entender a Nida, haría algo para ella, un regalo tal vez. Era improbable pero, siempre se podía ser optimista.

Al cabo de unos minutos, ambas aparecieron.

Nida se sentó en un lugar apartado, manteniendo distancias con Nathan. Ale, por otro lado, se puso alado de él y viendo a su hermana recostada y tapada con una piel de oso y otro trozo de piel puesta en su frente.

“¿Qué pasa con ella? ¿Estará bien?” Preguntaba con algo de desesperación en su voz. Su hermana estaba en mal estado y tratar de adivinar por parte de Nida que Nathan le llamaba para hablar del estado de ella, dejó de ayudar a los demás y pidió disculpas a Liz sobre dejar todo y vino corriendo enseguida a la choza.

“Tu hermana no se encuentra del todo bien Ale…” Dijo primero Nathan mientras veía las aguas. Claramente, decir eso hizo que la cara y las expresiones faciales de ella cambiaran drásticamente, perdiendo toda esperanza. “Pero, se puede recuperar con el paso del tiempo siempre y cuando se la cuide muy bien. Eso sí, hay algo que me gustaría pedirte que hagas…”

“¿Qué? ¿Qué es? ¿Puede ayudar a mi hermana? ¡Tan sólo dímelo ya!” Nathan sentía que se estaba mareando debido a que ella le estaba zamarreando demasiado y que tuvo que apartarle bruscamente de un golpe que, hizo que la soltara y se tomara la cabeza por el golpe, casi gritándole pero reprimió su grito.

“Primero te pido que te calmes, segundo, el cuidado que ella merece no se lo puedo dar yo en su totalidad. ¿Me darías permiso de limpiar el cuerpo de tu hermana? ¿Me dejarías ver cada parte de su cuerpo con tal de curarla?”

“Si eso significa que puedes curar a mi hermana, estoy dispuesta a correr ese riesgo de que puedas hacer algo malo a ella. Eso sí, procura que no te vea”

No esperaba que respondiera tan rápido y encima de todo, que por más de aceptar dudara y le diera una advertencia sobre que si le hacía algo malo, le haría algo. Tal declaración le hizo reír.

“¿Qué? ¿Te parece gracioso lo que dije?”

“Demasiado. Debes saber que la vida de tu hermana está en mis manos. Además, puedo decirte que lo que tiene no es nada serio, sólo está débil pero… Ya que me estás amenazando, puede que empeore con el paso de los días niña”

“…”

“Silencio, esa es tu respuesta ¿no? De todas formas, dejemos de lado la pelea. Lleva a tu hermana al rio y frota en su cuerpo ese trozo de piel que te voy a dar ahora. Dale un baño. Luego, tráela de nuevo y quédate a su lado unas horas dándole un poco de agua que hay en ese cuenco y algo de comer. Tengo muchas cosas que hacer. Nida, ven, vámonos”

Llamó a Nida que se paró y siguió a Nathan fuera de la choza. En la otra mano, Ale, miraba su espalda callada y con un rostro serio. Internamente dudaba si realmente esa persona podía ayudar a su hermana pese a la falsa confianza que le daba pero, tampoco perdía nada e hizo caso lo que dijo cargando a su hermana con sumo cuidado para darle un “baño” como dijo él y cuidarla hasta que le diga que hacer luego.

———

Por más dudas que tuviera Ale con respecto al cuidado de su hermana, al final hizo caso a lo que dijo y luego de horas de un cuidado atento y sin sacar su vista para nada de ella, pudo notar que ahora ella podía al menos moverse.

Cuando habían atacado a la persona que los había esclavizado, ella parecía no tener ningún problema pero, al rato, ella claramente colapsó y trajo consigo la preocupación y su miedo a que algo malo le pasara.

Para su sorpresa, las cosas que Nathan le había dicho en los siguientes días para mantener su salud en un nivel estable y que pudiera mejorar poco a poco, fueron muchas y casi ninguna de ellas pudo entenderla. Además, las cosas que le dijo parecían más acordes a lo que un curandero haría.

Allí, sus dudas acerca de quién era realmente Nathan.

El día de ayer, ambos junto con otras personas decidieron salir a cazar.

Uno de los exploradores de la tribu dijo a ver avistado un animal un poco grande y era un hueso duro de roer por lo que acudieron a él. Con una sonrisa les dijo que les iba a acompañar y que cazaría tal animal.

Pese a la condición de su hermana mejora poco a poco, le preguntó a Liz, quién como ella fue que las compró, si podía ir a lo que esta asintió con una sonrisa y con la que le dijo en voz baja “Verás de lo que es capaz”. No entendió eso hasta que realmente vio de lo que fue capaz.

Claro, antes de ir y de escuchar la descripción que le dieron del enorme animal, Nathan le dijo que si de donde ella venía había “toros”. Negó no por no haber sino porque no sabía que era el animal. El no conocerlo hizo que se riera un poco y le indicara como era el animal exactamente y lo fácil que era cazarlo.

Un poco alejado de la tribu, los exploradores junto con algunos cazadores y ellos dos justamente, vieron a lo que era el toro.

No era un solo al final, había varios.

Nathan que los había visto estaba frotándose las manos y estaba realmente sonriente de lo que estaba viendo. No entendía la razón, seguro había visto algo que los otros no y era expectante de verlo.

Él mismo llamó la atención de los toros y estos vinieron caminando para luego, el más grande de todos, empezara a correr directamente a Nathan quien se puso en frente de todos y esperando con una pose realmente extraña.

El animal embistió y Nathan no salió volando como ella esperaba, no. El animal se detuvo completamente porque él lo había tomado de lo que al parecer eran los cuernos. Trataba de separarse y trataba también de hacer que se cayera siguiendo con su embestida. Pero él parecía tenerlo dominado pese a todo los intentos de querer separarse.

En unos segundos, terminó embistiendo su cabeza contra el suelo generando que el animal diera un grito ahogado. Intentando pararse rápidamente, vio como el peliblanco levantaba su pie y aplastaba su cabeza logrando que pedazos de carne y sangre volaran para sus alrededores.

Tal imagen hizo que Ale se sorprendiera, demasiado. No esperaba que fuera tan fuerte o mejor dicho, no esperaba que una persona con su actitud fuera así.

Recordar aquella escena le sorprendía si vagamente la recordaba.

Lo que le dijo Liz sobre lo que era él era capaz era cierto. No sólo por hacer que dicho animal con tal tamaño pudiera derribarlo como nada, además trajo consigo esos varios animales que le seguían que, escuchando lo que Nathan le decía a los demás, estos animales eran vacas y que si se les cuidaba, no sólo les daría una carne realmente buena sino que podían darles leche.

Ellos, su clan y todos en las tierras de donde venía sabía sobre la leche. Claro, la leche de cabra pero nunca esperaba que otro animal también lo brindara.

Le tomó menos de unos minutos a él preparar lo que era un cuenco lleno de esa leche que vino de la vaca. Aclaró que no esperaba que les gustara a los demás.

Se lo dio a su mujer y ella al probarlo un poco, dijo que realmente era delicioso. Ella lo probó y sí, no sabía que hizo Nathan pero esta leche podía ser incluso mejor de lo que tienen en su clan. Claro, ella se lo bebió todo dejando vacío el cuenco y sin chances de que los demás tomasen un poco.

“Bueno… Siempre se puede conseguir más… Tú no beberás más” Fue sus palabras tras volver a buscar más leche para que los demás probasen.

Ella tenía que volver a rehacer su opinión sobre Nathan porque los días que pasaron y hasta ahora, él demostraba saber cosas que nadie parecía igualarle.

———

Al menos una semana después de aquello, sumando los días que habían pasado por estar ayudando a Ale a cuidar a su hermana, Nathan esperaba ahora que su mujer entrara en la última etapa de su embarazo y también, que los exploradores que había mandado volvieran.

Tras construir la muralla, obvio que las otras tribus estuvieron o mejor dicho, vieron unos troncos parados unos a lado de otros y que tenían que buscar una colina enorme para ver que por encima de ellos, había una tribu.

Él notó a gente que miraba por encima de la muralla, más allá de eso, también sentía plenamente que tarde o temprano iba a ver gente que se sintiera intrigada por ellos y que mandarían a alguien.

Tampoco iba a esperar que los demás vinieran y mandó a Liam junto con otros exploradores más a ver las otras tribus y según lo que le explico a él, que le dijera que si estaba dispuesto a someterse a él, que le daría la oportunidad de darle a conocer algunos secretos que otras tribus no llegarían a tener nunca en su vida.

Ahora sólo faltaba que volvieran.

Y le preocupaba en cierta manera que haya pasado una semana desde que se fueron y no volvieran. Algo que los otros no sabían era que Nathan pensaba que la cercanía de las otras tribus eran de al menos de días y no horas y cuando preguntó a su pequeño “consejo” que había hecho, todos le dijeron que tardarían al menos varios días más para volver.

Charlaron entre sí acerca de lo que habría que hacer en caso de que las demás tribus, sintiendo curiosidad de las cosas que construían, quisieran lanzar un ataque contra ellos.

Para cuando llegara a suceder, estarían más que preparados para cualquier ataque.

Los siguientes días se llevó varias sorpresas y entre ellas, la mejor sorpresa de todas era que Liz había roto fuente y que, estaría ahora en camino de dar a luz. Rezaba e imploraba que nada malo pasase a ella o a sus futuros hijos y también claro, ordenó que vayan a ayudarla con los niños.

Además, también pudo ver a Liam junto con su grupo de exploradores y al parecer, algunos venían con unas sonrisas en sus rostros y bueno, algunos con una mala cara.

Pero ahora mismo, sólo les pudo decir que esperaban hasta mañana, que sus hijos iban a nacer y lo menos que le importaba ahora mismo era saber sobre las otras tribus.

Les dio permiso para que pudieran descansar o hacer lo que quieran siempre y cuando estuvieran dentro de la tribu y respetando las pocas reglas que habían.

Nathan caminaba de un lado a otro, esperando fuera de su choza mientras algunas mujeres trataban de ayudar en el parto, mujeres que tenían una idea clara sobre el tema y ya eran madres y por encima de todo, estaba Evelyn que si todo salía bien, debía cumplir su promesa con ella.

Los segundos se hacían minutos, los minutos se hacían horas.

La paciencia se le acaba y mientras caminaba, de fondo podía escuchar los gritos de su mujer tratando de parir.

Algunos que estaban cerca de Nathan y le miraban, trataban de calmarlo por la situación pero nada lo lograba, estaba realmente ansioso por su mujer y nada podía calmarlo ahora mismo.

Luego de estar tanto esperando, una mujer salió dentro de la choza y parecía buscar a Nathan algo desesperada. Él notó esto al escuchar que le llamaba y se acercó hasta ella. “¿Qué pasa?” Preguntó también con la misma desesperación que ella tenía o parecía demostrar.

“Ya nacieron” Fue lo único que dijo.

Con eso entro rápidamente en la choza, ignorando a la mujer que le había dicho la noticia de sus hijos.

Al entrar, vio a algunas mujeres, al parecer sonriendo mientras miraban a Liz y claro, esta estaba claramente agotada y se le veía totalmente desarreglada pero con una enorme sonrisa mientras sostenía lo que eran sus hijos.

“Liz…” La felicidad de Nathan no se podía describir para nada. Ver a su mujer dar a luz y ver que tampoco se equivocaba que tuvieran dos de ellos. Se acercó hasta ella y se agacho para estar a la misma altura para también ver a sus hijos.

“Tenías razón, eran dos… un niño y una niña” Tampoco Liz podía ocultar su felicidad y pequeñas lágrimas salían de sus ojos. Pensar que la primera vez que se vieron, ella contenía una actitud hostil contra él y ahora, parecía totalmente sumisa, era una cosa de locos para Nathan pensar en esto.

“¿Puedo…?” Liz comprendió a qué se refería y le dio a los dos niños, sus dos hijos y su mayor orgullo hecho hasta ahora.

Al cargarlos, Nathan sentía realmente una felicidad incapaz de describir. Las personas a su alrededor, las mujeres incluyendo a Evelyn, estaban también contentas por la felicidad de su líder de tribu.

Un niño y una niña pensaba Nathan al verlos recubiertos ambos con pieles para evitar que pasen frío. Ahora seguro se los daría a su madre para que estos tomaran leche de su pecho.

Pero, inconscientemente, había activado su visión especial y al ver el estado de ambos, hizo que su cara de felicidad se borrara.

[Estado del bebé crítico. Varios huesos y órganos perforados al nacer. Incapaz de poder aguantar más tiempo vivo]

Tal descripción al ver el estado de su hijo hizo que las lágrimas de su rostro no pararan de fluir.

Los demás al notar esto, creían que lloraba de felicidad y no evitaron elogiarlo y felicitarlo por sus hijos.

No les culpaba. Tampoco tenía nada que decirles a ellas sobre su estado actual por lo que le dio a la niña a Liz para que le diera leche y antes de irse, con su niño en brazos, volvió a checar el estado de él sólo para darse cuenta de que, pasando los segundos, su hijo había perecido en sus propias manos.

Miró a los presentes aun con las lágrimas en sus ojos y un rostro serio. “Querida… el niño en mis brazos ha muerto…” Con eso dicho, hizo que el ambiente feliz que había en su choza se esfumara completamente e hizo que una feliz Liz cambiara su expresión drásticamente e incapaz de creer lo que su hombre le dijo aunque, tras escucharle nuevamente lo que dijo, un llanto desgarrador e incluso comparable con lo de Elisa, se hizo presente junto con la expresión de pena y tristeza de las mujeres.

Para Nathan, al parecer, no todo eran buenas noticias el día de hoy

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