Dawn of Man – Capítulo 33

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Capítulo 33

Todos pudieron ver a Nathan salir con lo que era un niño en brazos y no escatimaron en esperar y se acercaron para felicitarlo sólo para recibir una sonrisa por parte de él y una pequeña despedida.

Lo vieron irse y las personas que lo veían pasar no entendían la razón de ello.

Minutos después, toda la tribu se enteró sobre lo que había pasado con respecto a su hijo nacido muerto.

Sentían que para que su hijo naciera muerto, creyeron que Nathan había sido maldecido por los espíritus y que, por lo tanto, seguro que le sería imposible tener hijos que vivieran.

Claro, esa teoría fue borrada de las mentes de todos cuando escucharon que tuvo dos hijos al mismo tiempo y que el bebé que quedaba era una hermosa niña según las palabras de las mujeres que le ayudaron a dar a luz a Liz.

Ahora, sentían en cierta parte lástima por lo sucedido y esperaban que tanto él como su mujer no sufrieran o no afectara tal hecho de una manera catastrófica a tal punto de que logre derribar a ambos.

El tiempo dirá eso.

———

Por si fuera poco, Nathan probablemente sabe las cosas que se pueden estar hablando sobre él y sus hijos. Conoce bastante o mejor dicho, tiene una idea clara sobre la situación de que un líder de tribu o de clan, la gente estará contenta que este tenga hijos. Pero claro, el hecho de que el hijo de uno nazca y no sobreviva ni siquiera minutos, pues para muchos, es algo muy raro. Y ese algo muy raro le acababa de suceder a él.

¿Por qué le acaba de pasar a él? No tenía idea alguna. Es más, por unos momentos mientras llevaba a su hijo para enterrarlo encontrarlo el lugar perfecto, sentía que se debía por alguna acción de la Diosa.

Pero no podía dudar de todas formas de ella. No tenía prueba alguna de ello. Además, no podía reprocharle nada a ella. Pero en su corazón, una pequeña parte llegaba a dudar de ella.

De todas formas, ya el tema no le era de importancia. Ahora mismo, estaba decidido a enterrar a su hijo, algo que nunca hubiese pensado pero la idea fue repentina en su cabeza al usar su visión en él y notar lo mal que estaba. De allí, cuando notó aquello, ya había pensado enterrarlo.

Había pensado enterrarlo a un costado de donde Elisa había enterrado a su abuelo pero, no. Pensó que ese lugar era especialmente para el anciano y, aunque seguro no afectara en nada a otros, si se habla de respetar el lugar de entierro de una persona, era algo que Nathan  respetaba y demasiado.

Encontró un lugar, un lugar perfecto.

Estaba alejado de todo. Curiosamente hablando, a Nathan le sorprendía que el lugar que encontró fuese un lugar en donde había pequeños árboles creciendo en la zona.

Volteo su cabeza para darse cuenta que de lejos se podía ver la muralla de troncos pese a que era de noche.

Apoyó a su hijo en la tierra y con sus manos, empezó a hacer un agujero. Minutos después de haber hecho el agujero, puso dentro a su bebé y mirándole a la cara, no pudo evitar soltar unas lágrimas y apretar fuertemente su labio para evitar gritar de la tristeza, ira, frustración y otras emociones que querían salir a la luz. Eso sí, las lágrimas eran cada vez más y más frecuentes y con ellas en su rostro, empezó a poner la tierra encima de él mientras tenía los ojos cerrados.

“Sólo espero que donde quieras que vaya a parar tu alma, alguien decida cuidarte y protegerte como a un hijo, algo que no podré hacer contigo” Dijo una vez cubierto con tierra el agujero.

De lo poco que había tenido en cuenta de los “chamanes” que había conocido era que sus espíritus se dispersaban y que, estos iban a un lugar sagrado donde convivían con aquellas almas que perecían.

Básicamente lo que escuchaba de ellos era lo que comprendía y relacionaba con el cielo. Obvio que si relacionaba esto, también era posible la existencia de un infierno.

Arrodillado, levantó su cabeza y abrió los ojos. Las lágrimas aún seguían corriendo pero poco a poco las pequeñas cataratas que había debajo de sus ojos iban cesando hasta que, si alguien lo llegara a ver, sus ojos quedaran un poco hinchados.

Cuando se tocaba la cara y se pasaba las manos por los ojos, pudo sentir que sí, que sus ojos estaban un poco hinchados y para su sorpresa, no entendía por qué.

“¿Cuánto tiempo llevo aquí?” Se dijo así mismo. Se levantó y sentía que podía haber pasado horas llorando en silencio porque en ningún momento una persona llorando unos minutos pudiera llegar a tener los ojos de tal manera. Al contrario, se necesitaban algunas horas, por no decir muchas, para que esto sucediera.

Al volver a sus propios sentidos, pudo notar que se sentía observado y se dio la vuelta rápidamente porque ese sentimiento de ser mirado y observado era demasiado fuerte. Efectivamente, tenía alguien detrás de él que, en su mente, no debía haber estado hace mucho tiempo detrás de él.

“¿Qué haces tú aquí?” Preguntó Nathan quien se pasaba el brazo por sus ojos en señal de tratar de secar y quitar toda lágrima que haya quedado.

“Han pasado horas y no habías vuelto por lo que Liz me mandó a buscarte. Necesita que estés a su lado ahora mismo. No tengo derecho a decirlo pero, ella está peor que tú por lo que veo”

Parpadeó un poco y en su cabeza, ahora aparecía la posible imagen que tendría su mujer debido a lo que dijo y seguro que los otros podían llegar a sentir pena por él. Pero no quería sentir pena o dar pena a los demás.

“¿Cómo me has encontrado de todas formas?” Ignoró sus sentimientos por unos segundos y le preguntó a la joven chica que tenía delante.

“¿Crees que no tengo idea alguna de seguir el rastro de alguien? ¿Por quién me tomas?”

“Ah claro. Cierto que en tus tierras eras la hija de no sé qué y más fuerte que algo muy grande…” Claro. Hasta el día de hoy, las pequeñas charlas que tenía con Ale eran justamente de ella recordando su clan y su familia así como el lugar donde vivían. En sí, le parecía repetitivo sobre su superioridad sobre otras mujeres y más que nada, hombres de diversos clanes. “Bueno. Ignorando el hecho de tu ego, es cierto, debo volver y ver a mi mujer que debe estar peor que yo”

“¿Mi qué?” Preguntó Ale. Nathan pensando que sabía lo dijo como nada y claro, no conocía la palabra sorpresivamente. Le dio una pequeña explicación sobre ello y asentía con los ojos abiertos y tapando un poco su boca. “¿Eso es entonces ser egocéntrico? Una palabra nueva…” Se quedó pensando en la palabra nueva un poco y al darse cuenta, Nathan estaba frente a ella mirándole con los ojos hinchados pero serios y con una expresión que no reflejaba sentimiento alguno. “¿Por… qué me miras así?” Preguntó sintiéndose un poco intimidada por aquella mirada que le daba. Con los días que pasaban y ella conociendo un poco más acerca de él junto con su hermana, pudieron notar esa mirada y esa inexpresiva cara de él que para ella, le daba un sentimiento raro. Para su hermana, en cambio, era la mirada de alguien que divisaba a su presa y que tuviera cuidado.

“Aparte de venirme a buscar, ¿tienes algo más que decirme no? Tu cara tiene, mejor dicho, parece que realmente tienes algo que decirme”

“Pues… En cierta manera, aparte de buscarte por pedido de mi jefa, tu mujer, te había prometido que haría lo que querías conmigo si ayudabas a curar a mi hermana y bueno… Pensaba que habías mentido al principio con todo lo que habías dicho de cuidarla pero al final, demostraste que era cierto…” Estaba por decir algo más pero Nathan le apoyó un dedo en sus labios, deteniendo sus palabras.

“No digas nada más, sé a dónde quieres llegar y no hace falta seguir hablando” Le quitó el dedo de su boca y acto seguido, le pasó su mano por su cabello sintiéndose atraído por unas pequeñas trenzas que tenía en su despeinado y desarreglado cabello. Ella no hizo nada, es más, se quedó mirándole a los ojos mientras este hacía esto. “Te dejas tocar a pesar de llamarme como tu hermana, mestizo. En un buen progreso. Vamos, hay que volver”

Callados, ambos volvieron sin decirse nada el uno a otro de nuevo a la tribu.

———

Eran altas horas de la noche y Nathan al volver, pudo notar algunas personas que le miraban con cierta pena a lo que él les dijo que no se preocuparan por él, que todos volvieran a sus cosas o que mejor durmieran y descansaran.

Ni bien entró de nuevo a su choza, notaba que Liz estaba sola, despierta y en un estado preocupante por lo que cuando le dio un pequeño chequeo con su estado, se encontraba  en un muy mal estado, casi haciendo que su vida corriera peligro.

Para esto, Liz había notado que repentinamente Nathan se había acercado o mejor dicho, que había vuelto de nuevo a su lado y sosteniendo a su hija en manos, miraba a su hombre con sus ojos que pocos se podían ver debido a la oscuridad así como lo bien hinchado que tenía, más que él se podía decir.

“Escucha querida, por favor descansa y procura por todas las cosas que te repondrás bien y que nunca te vuelvas a quedar en este estado. Es horrible perder a un hijo pero, ¿crees que podré soportar si también te pierdo a ti?”

Dicho eso, al parecer hizo que Liz se recompusiera, no de su estado sino de su estado de ánimo lo que generó una pequeña sonrisa en ella y repentinamente sucumbiera y se durmiera con la niña en manos.

La tomó y también pudo notar que su estado era incluso mucho mejor que el de ella. Claramente había puesto la salud y el estado de la niña que el de ella y viendo un poco más a fondo sobre ella, parecía que no le había molestado el ruido de llanto de su madre, un dato que le parecía muy sorprendente.

“Heh… Eres bastante tranquila ¿no pequeña? Mm… Creo que ya se nombre ponerte… pero esperaré a que tu madre despierte y me certifique y me acepte tu nombre que te tengo… Sigue descansando preciosa” Le dio un pequeño beso en la frente y se recostó a lado de Liz y con la niña en mano mientras cerrar los ojos tratando de dormir e ignorando a una Nida y a unas gemelas quienes no dijeron nada porque dos, sorpresivamente, dormían y la otra recién se acomodaba para dormir.

———

Más tarde esa noche, el sol se asomaba poco a poco y con ello, estaba amaneciendo y haciendo que la gente de la tribu se levantasen de su sueño.

Nathan ya estaba despierto y para sorpresa de todos, no se encontraba tan mal como antes, al contrario, ya parecía estar mucho mejor, no, parecía que no le había pasado nada.

Pero el tema a tratar para él era simplemente lo que Liam le había dicho sobre algunas noticias sobre las diversas tribus de los alrededores que parecían estar al tanto de ellos luego de la muralla y que, a sabiendas de esto, mandó a Liam para recibir sus opiniones así como la obligación de someterse a ellos.

Para su sorpresa, la persona que vino a verle no era él sino Elisa quien a Nathan, le parecía ver a un fantasma porque no le había visto desde que ella le dio el puesto de líder de la tribu.

“¿Sorprendido verdad?” Le dijo Elisa cuando miraba a Nathan quien no sabía que decir al verle dando como resultado que ella le diera una pequeña sonrisa.

“Bastante diría yo… ¿Vienes de parte de él?” Ella asintió y también asentía un poco. “Bien, ¿qué puedes decirme entonces de las demás tribus?” Para esto, para saber acerca de las demás tribus, había dicho o estando mirando por encima a la tribu para checar el estado de todos, Elisa vino por parte de Liam y cuando le dijo de decirle todo lo que aprendieron, se alejaron un poco de todos, yendo por así decirlo, detrás de su choza.

“Pues no creo que te guste lo que voy a decirte de las demás tribus”

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