Dawn of Man – Capítulo 4

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Capítulo 4

Cuando los cazadores volvieron a la tribu y fueron recibidos por los demás para ver si tuvieron éxito en la caza, no esperaban que tuvieran encima de ellos una gran cantidad de animales muertos y a la vez, comida.

Ninguno pudo ocultar su asombro, inclusive un hombre de gran edad que llevaba un enorme bastón con el que se apoyaba para caminar miraba a los cadáveres de los animales en silencio. Los miró un poco pero no entro en detalles y él junto con los demás, felicitaron a las personas responsables de traer tal cantidad de comida y por eso, celebrarían un pequeño banquete.

El grupo no dijo nada acerca de haber encontrado los animales. Se quedaron callados ya que no querían arruinar el ánimo de los demás. Aun así, sabían que nada pasaría si dijeran que lo encontraron volviendo  no dirían nada y tampoco les importaría. Tenían para comer y eso ya era suficiente.

Tras haber celebrado un pequeño festín con lo cazado, bailado y disfrutado la noche, todos se fueron a descansar y a dormir ya que al siguiente día, cada uno de ellos debía hacer muchas cosas.

Al siguiente día, cada uno de los habitantes de la tribu empezaba a trabajar en sus respectivos oficios.

Pesca, caza, secado de pieles de los animales recientemente cazados, elaboración de herramientas, búsqueda de palos, recolectar comida, entre otras tareas. Tareas que eran cotidianas no sólo aquí sino en el resto de las demás tribus de los alrededores.

Por lo tanto, cada persona tenía un trabajo que hacer y no podían tener el lujo de descansar ya que, su trabajo no sólo afecta a sus familiares sino a todas las personas de la tribu y, siendo así, no tenían otra forma de negarse.

¿Los niños y ancianos? Los primeros empezaban a aprender los diferentes trabajos que debían realizar, aprendían por parte de su padre a cazar y a defenderse por parte de sus padres o gente de la tribu. Los segundos, contaban historias, narraban los momentos que pasaban de jóvenes, hazañas entre otros relatos. La figura anciana en las tribus, era de respetarse. La vida actual que llevaba todo el mundo imposibilitaba la idea de llegar a la vejez. Por eso, los ancianos eran respetados. Eran de por sí los únicos que no realizaban tareas debido a su avanzada edad y también porque, normalmente ellos eran quienes encargaban las tareas a los demás.

———

Luego de las tareas ya asignadas y cada uno haciendo su respectivo trabajo, dos personas se encargaban de pescar con sus lanzas pescados en el río para, obviamente, conseguir comida.

“Oye, ¿cómo habrán conseguido cazar tanto ayer los demás?” su curiosidad estaba por los cielos. No quiso preguntar en el momento que llegaron porque seguramente no le dejaría comer. “Ninguno de ellos tenían alguna herida y se veían completamente sanos”

“Tampoco lo sé y tampoco quiero saber. Comida es comida y como la consiguieron no me importa” Esa fue su respuesta. No quería tampoco indagar en el tema.

“¿Pero no te resulta curioso?” La otra persona negaba con la cabeza mientras caminaban y portaba sus respectivas lanzas cada uno. “En fin…” Claramente se rindió en demostrar algo que le parecía curioso. Por lo tanto, olvidó toda idea y dudas y prosiguió junto con el otro hombre.

Minutos después, luego de estar cerca del río, ambos se detuvieron casi al mismo tiempo y viendo ambos lo mismo que el otro.

Se miraban entre ellos para realmente saber si lo que tenían adelante era cierto. Aunque no era extraño, tampoco era normal.

Un hombre, desconocían si estaba vivo o muerto, reposaba a un lado de la corriente, con una parte de su cuerpo sumergida en agua y la otra en la tierra. Parecía que la corriente en cualquier momento se lo llevaría y aunque no fuese profundo para nada, la corriente aún sería capaz de llevarlo hasta el mar o hasta que choque contra una roca.

Su apariencia era lo que llamó la atención de ambos y lo dejaron boquiabierto. Su piel era blanca como la nieve y al igual que su cabello largo y desparramado por todo su alrededor. No sólo eso sino su estado demacrado y mire por donde se mire, su cuerpo poseía múltiples heridas, leves y graves y hasta severas, dando a su aspecto horripilante.

“¿Estará vivo?” preguntó. Ver a una persona en ese estado era increíblemente sorprendente. Los dos se acercaron hasta el cuerpo de la persona de pelo blanco y lo picaron con sus lanzas, no con la parte filosa sino con la parte que no llevaba la punta afilada.

No hubo ninguna reacción. En vez de estar pinchándole con la lanza, lo movían con las manos, ignorando sus heridas. Tampoco nada, no hubo reacción por parte de la persona de pelo blanco.

“Está muerto. No parece que podamos hacer algo tampoco. Mira las heridas que tiene, es imposible que alguien sobreviva a ellas”

“Tienes razón” hizo una pausa y vio las cosas que llevaba en la cintura. Miraba extrañado y con una cara que acompañaba a su mirada. “¿Qué tiene en la cintura?”

El otro había ignorado ello y cuando miró mejor de cerca, notó algo largo hecho de un material que no reconocía. “Ni idea. Déjame ver” Acercó o mejor dicho, intentó tomar esa cosa larga que estaba en su cintura y, al estar a nada de tomarlo, casi se moría del repentino susto.

La persona que hizo que olvidaran su tarea de pescar, la persona que habían estado moviendo un poco y chequeado de que estaba muerto, la persona que estaba en un estado horrible por sus múltiples heridas, de la nada abrió los ojos y tomaba la muñeca del hombre que se había acercado para quitarle su espada.

“¡Sigue vivo! ¡¿Cómo es eso posible?!” El hombre que estaba detrás, miraba la escena y seguía sin creer lo que sus ojos veían. Una persona, herida de tal manera como la que estaba viendo, podía todavía moverse pero, ¡seguía vivo! Era una cosa de locos.

Mientras que él hablaba de ver algo que no creer, el otro trataba de quitarse el agarre del peliblanco pero no había éxito. La fuerza que ejercía era superior a la de él y no quedaba nada por hacer salvo, pensando en una idea desesperada que le había llegado, usar la lanza que tenía para matarlo.

No había dudas en su rostro y rápidamente, dio vuelta la lanza para usar la punta con filo para apuñalar directo a su corazón, traspasando las enormes heridas que estaban en su pecho.

“A… ayu… ayuda…” Fueron las palabras que salieron de su boca y, palabras que hicieron que el hombre a punto de impactar su lanza en él frenara en seco y lo miraba de nuevo.

Tras eso, el joven de pelo blanco se desmayó frente a los dos hombres quienes no salían de su shock de verlo vivo aún. Se miraban entre sí confundidos con la situación que acaban de pasar.

“Sigue vivo…  Con tales heridas, nadie es capaz de sobrevivir… es increíble… ¿qué hacemos con él?”

Se había podido separar del agarre del joven y miraba su muñeca roja y al desmayado que al menos, mostraba señales de vida. “Podemos dejarle morir aquí y quitarle eso que tiene allí en su cintura” Su pensamiento y su idea era algo oscuro pero tampoco podía dejarse llevar por ser misericordioso. Esto hizo que su compañero le mirara raro y con algo de enojo.

“¿Por qué dejarle morir?” preguntó con algo de enojo. “Mira su estado. Sigue vivo a pesar de las enormes heridas. ¿No crees que sería bueno tenerlo con nosotros una vez recuperado?” Esa pregunta le hizo pensar un poco.

Sí. Destacaba eso. Un joven que sobreviva a tales heridas, debe ser una persona fuerte. Pero, ¿qué hace alguien de las montañas en una zona que no acostumbran a verse? Eso le daba muchas dudas. La gente de las montañas y más la que vivían en las montañas más grandes nunca abandonaban su tribu y verlo aquí, alguien que parece ser parte de alguna de esas tribus, le daba realmente duda y un mal presentimiento.

Tras pensarlo un poco más, dejó la lanza clavada a un costado, miró fijo a la cara al otro hombre “Recuerda que tenemos que pescar. Llevamos a esta persona para que lo vean y cuiden los demás y luego volveremos aquí para continuar lo que nos asignaron”

Asintió y, entre los dos, se encargaron para cargarlo y llevarlo a la tribu para que alguien más se encargase de él y pudieran seguir con lo suyo. Desconocían que dirían los demás con respecto a este muchacho pero aun así, no le negarían el derecho de vivir a una persona que pueda sobrevivir a tal sufrimiento.

Sí. Sin conocerlo y sólo viendo su estado, respetaban al muchacho por luchar contra la muerte a pesar de su miserable estado

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