Dawn of Man – Capítulo 8

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Capítulo 8

Oír que una persona de cabello blanco participaba o estaba del lado de estos asaltantes, solamente pudo pensar en una persona en concreto. Esa persona vino a su mente, ahora realmente convencida que desde el principio él planeaba traicionarles.

Lo sabía. ¡Lo sabía! Planeaste traicionarnos desde un principio pero no creas que te saldrás con la tuya.

Dentro de ella, la ira que se contenía por el bien de su abuelo contra ese peliblanco, ahora se encendió en su totalidad y estaba lista para no sólo asesinar a los asaltantes sino que estaba muy interesada en ese muchacho de pelo blanco.

“Avisaré a los demás que se preparen abuelo” Elisa no perdió tiempo alguno y salió fuera de la tienda, ignorando los pedidos de su abuelo, quien le advertía que no debía decirles todavía y de manera apresurada tal noticia. Sólo le quedaba suspirar y pedirle al explorador que también se preparara y que avise a aquellos que todavía no se encontraban en la tribu, que hay que advertir a todos.

No llevo mucho tiempo tampoco a Elisa comunicarles a todos que una pequeña horda de personas venían a atacarlos. La reacción de todos fue de sorpresa así como miedo. La última vez que había pasado fue hace algunos meses y parecía que algunos no se recuperaron de los asaltantes que hace meses habían venido a saquearles. Pudieron repelerlos pero, después de un tiempo parecía que volvían y Elisa, sospechaba demasiado de que el peliblanco les haya vendido.

¿Por qué llegaba a esa conclusión? Él a veces en esos días, desaparecía más de lo normal. No volvía a la hora acordada y siempre tardaba. Además, le tocaba vigilarle y cuando lo veía, su expresión a veces se mostraba perdida. Entre otras razones más, sabía o estaba con toda seguridad que él era el que estaba con ellos.

Algunos se rehusaron a combatir, no querían perder más seres queridos así como ellos mismos evitar su propia muerte. Otros estaban más que decididos a combatir. No iban a dejar que nadie tome lo que es suyo y lo más importante, que nadie tome sus mujeres.

Principalmente, la razón detrás de los asaltantes para atacar otras tribus e incluso algunos pueblos, eran por las mujeres. No sólo buscaban también bienes materiales, las mujeres eran importantes para ellos y sin mencionar que aquellos que quieran que vivan, serán usados como esclavos por sus respectivas tribus o vendidos.

Con esa y tantas razones, aquellos que estaban dispuestos a no tolerar esto de nuevo tomaron las armas y se prepararon para la llegada de ellos, impacientes y ansiosos de lo que pudiera llegar a pasarles.

———

“Muy bien. He podido cazar un total de 10 conejos y con algo de suerte, algunas ardillas. Realmente hay veces que mi propio cuerpo y habilidades me sorprende hasta mí”

No era broma lo que él mismo se decía a sí mismo. Cazar animales tan pequeños con una lanza con una punta afilada era casi imposible para cualquiera pero ya no para él.

Cuando parpadeaba un poco y se concentraba, su vista cambiaba. En esa vista a la cual no ponía algún nombre, podía ver el nivel de peligro de los animales así como poder reconocer la gran mayoría de las cosas y ver la distancia entre él y animales. Por eso mismo tuvo la chance de encontrar una buena cantidad de conejos y en los árboles ardillas. Lamentablemente eso eran los animales que se encontraban en el bosque. Se había adentrado lo suficiente como para sentir que estaba de nuevo perdido pero, esta vez reconocía bastante bien el lugar.

Más suerte tuvo por el hecho de que esta vez no había lobos, no había ningún otro animal que tenga que causarle muchos problemas. Por ende el día de hoy o lo que quedaba de él había sido bastante relajante. Estaba demasiado al tanto de que Elisa se iba a enojar con él por volver más tarde pero tampoco le importaba. Su abuelo claramente le trataba mejor que ella y ni hablar de la gente de la tribu. Todos parecían apreciarle bastante. Algunas mujeres lo miraban más allá de la apreciación. Aparte de su apariencia, mostraba ser alguien fuerte, siendo algunas razones justas para poder estar con él. No fue difícil rechazarlas. Con la poca vestimenta que solían llevar y la exposición de su piel así como sus hermosas figuras, era imposible no caer en la tentación pero de alguna forma, pudo rechazarles diciendo que ahora no quería nada.

Parte de lo que había cazado hoy no era para él. Con dos conejos podía comer tranquilamente. El resto era porque algunas personas les escuchó que estaban con ganas de comer conejo y escucho que un hombre quería probar ardilla. Por eso había cazado una gran cantidad de conejos y pocas ardillas. Estas personas a las cuales quería darle esto fueron aquellas que en estos días le trataron como una persona y no otros que lo miraban raro. Si debe sacar conclusiones, Elisa siempre decía que su “raza” era rara y muy extremista con sus pensamientos a los demás.

“¡Es por aquí! ¡Vengan!” Esa repentina voz le llamó la atención. Dejó los animales apilados en un costado de un árbol y fue en busca del dueño de la voz. “Todos. Espero que estén preparados para asaltar esa tribu que se encuentra cerca del río”

¿Cerca del río? ¿Está hablando de la tribu en donde estoy yo? No había otra de lo que recuerda y por ende, estaba seguro que hablaba justamente de donde él estaba quedándose. Entonces, ¿por qué justamente ahora van a atacar? ¿Qué era lo que buscaban o que razón tenían para hacerlo?

“¿No podemos atacar cuando el sol salga?” Un hombre preguntó y otros parecían concordar con esa pregunta. Parecía que ninguno quería hacerlo en la noche por la poca visión.

“¿Por qué tendríamos que esperar a atacar? ¡Debemos atacar ahora!” Por otro lado, había gente insistente en atacar en este preciso momento. Parecía que había algunos que estaban con la idea de atacar ahora y otros, ser algo conservadores y atacar en el amanecer.

“¡Todos! ¡Cállense ahora mismo!” Pelo blanco, tez algo morena y ojos claros que a pesar de que la luz solar se iba yendo, se podía notar todavía su color claro de ojos. El cabello era corto, demasiado pero no quitaba el hecho que tenía cabello blanco. Además era la primera vez que veía a alguien con ese color de cabello. “No saben nada de que estamos llegando por lo que si atacamos ahora nadie lo esperará. Por eso mi decisión es atacar ahora, ¡y el que no esté de acuerdo, que me lo haga saber ahora mismo!”

Nadie se animaba a quejarse luego de esa frase. Pero al parecer una persona sí tuvo el valor de pararse frente al peliblanco de tez morena y decirle que lo mejor sería atacar en el amanecer.

¿La respuesta? Se acercó hasta él, aceptando quizás su idea fuera muy buena pero, su respuesta no fue algo hablado. En cambio tomó la lanza que llevaba en su mano y la clavó directo a su garganta atravesando por completo todo su cuello. Lo pateo en el estómago para poder sacar su lanza clavada y con la piel que llevaba cubriendo sus partes, limpió su lanza.

“¿Alguno más tiene algo que decirme acerca de mi idea? ¿No? Perfecto. Espero que nadie más diga nada y acepten mi liderazgo”

Ya nadie dijo nada. Todos se quedaron callados al ver como el valiente que se opuso a su plan murió instantáneamente. Con esa advertencia, ninguno de los otros que tenían en su mente hacer o decir algo, quedaron callados. Siguieron sin importar qué dijera el peliblanco.

El otro peliblanco, miraba la escena sorprendido. ¿Son así realmente las personas de pelo blanco? No sólo notó eso sino otros actos que hizo que empezara a pensar la razón del odio de Elisa llegaba hacía él. Aunque con esos recuerdos de las palabras “hirientes” de ella, también vinieron con algo de procedencia o algo de información. Habitaban en las montañas, altas como ninguna persona pudiera imaginar, rodeados de nieve pero, en ese caso, ¿qué hace esa persona aquí?

También miró otra cosa de todos ellos. Si sacaba cálculos, podría haber casi 60 personas, casi todas ellas tienen lanzas. Lo que miró de algunos de ellos llevaban especies de bolsas. Estaban hechas de cuero y llevaban piedras.

“Las lanzas están hechas de pedernal y sus ropas son simples. Ninguno lleva algún arco pero llevan gente con piedras…” Pensando eso y murmurando escondido de la vista de aquellos, tuvo una conclusión. Había gente en la tribu que al preguntar algunas cosas en concreto, desconocían por completo lo que era o por historias que escuchaba de otras personas que pocas veces pasaban en la tribu, otras las tenían. “Parece que algunas personas están más avanzadas que otras, ¿no qué iba a ir a un lugar donde las gran parte de las cosas no existían? ¿Dónde me has mandado Diosa?” Miraba al cielo y estaba anocheciendo. Ya poco se estaba viendo y la vista de a poco iba a ser dificultada por la oscuridad.

Viendo también la dirección a la que iban que era la misma que la de él, pensaba entonces distraerlos un poco para retrasar su llegada a la tribu. Saber un poco sobre que algunos lugares tienen cosas que otros no, despertaba sus ganas de visitar esos lugares. Pero estaba la deuda que debía pagar a la gente de allí y por lo tanto, no podía irse.

Si tuviera éxito en ayudar a retrasarlos o matar al líder, entonces es muy probable que la gente lo alabe. Pero no busca alabanzas, buscaba que Elisa, ella precisamente le dijera que no debía quedarse allí y tenga la chance de explorar el nuevo mundo.

No tenía tiempo que perder. Aun llevaba consigo la lanza con un pedernal atado. Tuvo que hacer una nueva lanza porque cuando lanzaba aquella lanza que afilo la punta, al impactar en el conejo se había quebrado. También busco piedras para lanzarles a los rezagados que eran unos pocos. No esperaba que se dieran cuenta que de tantos que eran faltaran algunos.

Los estaba siguiendo, escondido entre los árboles y mirando a los que estaban atrás. Parecía que estaban por detrás de los demás y la distancia parecía alargarse. Parece que estos eran los que se oponían a atacar ahora.

Empezó tirando algunas rocas no contra ellos sino cerca, necesitaba llamar su atención y separarlos un poco más de los otros.

Aquellos rezagados, miraban en dirección en donde escuchaban el sonido de cosas cayendo al suelo. Empezó llamando a uno tirando piedras cerca de donde estaba él y cuando uno de ellos apareció y estaba a solo dos pasos de donde estaba escondido, salió repentinamente con su lanza en mano y la lanzó rápidamente, impactando y clavándose en su cabeza. No hubo reacción por parte del hombre quien antes que pudiera hacer algo, ya estaba muerto.

Sacó su lanza de su cabeza y prosiguió a hacer lo mismo con otros más, sumando a sus bajas un total de 10 personas. Todos ellos eran aquellos que llevaban la bolsa hecha de cuero, cosa que una de ellas se la guardó para él mismo.

El grupo de asaltantes que salieron del bosque y que ahora estaban un poco más cerca de la tribu, empezaron a darse cuenta que faltaban hombres entre ellos.

“¿Qué pasa?” El peliblanco estaba absorto de la situación hasta que alguien le dijo que faltaban algunos hombres. “¿Cómo es que faltan algunos hombres? ¿Acaso son idiotas y se perdieron? Algunos que vayan a ver qué sucede. ¡YA!” Su grito puso la piel de gallina a todos y un pequeño grupo volvieron de nuevo al bosque.

“¿Crees que alguien sepa que venimos a atacar a esta tribu?”

“Imposible. Si así fuera, lo más probable que estuvieran esperándonos fuera del bosque y no en sus tierras. Debe ser alguien que quiere morir pero no te preocupes, es muy probable que los que fueron de nuevo al bosque se encarguen de esa alimaña. Mientras tanto, ¡todos! ¡Síganme!”

Nadie pudo refutarle y por lo tanto asentían mirándose uno a otros. Hicieron caso a su llamado y le siguieron, preparándose para el futuro botín y mujeres que les espera.

Pero nadie podía prevenir que una persona realmente les haya avisado de su llegada y que, alguien más estuviera atacando a sus hombres por la espalda sin darse cuenta para nada y lo peor que pudieran pasarles es encontrar una tribu preparada para su repentino ataque sorpresa.

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