DD Volumen 3 – Capítulo 4 -2

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Volumen 3 – Capítulo 4 – Parte 2

El Rey de los Campesinos, Dantalian. 71º Rango.

Calendario Imperial: Año 1506, Mes 3, Día 11.

Llanuras de Neris – Campamento del Ejercito de las Llanuras.

— Shh.

Barbatos me despertó.

— Tranquilo.

Mi cuerpo había quedado exhausto luego de haber jugado con Barbatos desde el mediodía, por eso me quedé dormido. Barbatos tampoco debería estar completamente bien debido al cansancio, pero durante la noche, durante esta ambiciosa noche donde incluso el sonido de las aves no se podía escuchar, ella me había despertado. Por referencia, la gente que yo más odiaba en el mundo era esa que me despertaba mientras yo dormía plácidamente. Gente que despierta a otros son unos pacientes psicópatas y mentales. No aceptaré argumentos.

— ¿Sucede algo?

— Sígueme tranquilamente.

Barbatos disminuyó su voz y sonrió. Aunque ella me había dicho que la siguiera, ella abruptamente me tomó por la mano y comenzó a arrastrarme. Barbatos y yo actualmente estábamos en un estado donde no teníamos siquiera un maldito hilo encima, es decir, estábamos desnudos. Dios mío. Barbatos estaba tratando de sacarme de la tienda mientras estábamos sin ropa. No tuve más elección que quedar en shock.

— Oye, ¿estás loca, chica?

— Te mostraré algo bueno.

— ¡No sé lo que sea, pero no pienso salir desnudo!

— Te dije que te quedaras quieto, idiota.

Barbatos seguía riendo. Ella era una chica sin una pizca de sentido común. La parte más atroz de esta chica era el hecho de que ella era insensible, la fuerza de su agarré también se incrementó innecesariamente. ¿De dónde venía la fuerza de ese pequeño psique que tenía? Cuando Barbatos me arrastró, inevitablemente yo era movido como un trozo de paja vagando por el río. Oh, señor.

¡Esta puta loca realmente me sacó arrastrado de la tienda!

Era bastante tarde, por lo que el campamento estaba en calma. Solo las antorchas ligeramente difundidas que los guardias de turno sujetaban brillaban en la distancia. Yo emití un gritito.

— ¡Sálvame, Diosa Budista de la Misericordia!

— Shhh, cállate un poco, ¿quieres? Realmente no haces caso a lo que otros te dicen, ¿no?

— ¿Me estás diciendo eso a mí? ¿Ahh? ¿Eso es algo que me estás diciendo a mí?

— Oh, Ascuas de la Consolación.

Barbatos sopló su aliento en su palma. Luego tocó mi rostro, cuello, hombro, pecho y culo con su mano derecha. El momento en el que lo hizo, una calidez se esparció por las áreas donde tocó. La noche de invierno ferozmente fría se había tornado tan calidad como el atardecer durante el pasado otoño. El aguanieve que estaba batiéndose a través del aire se derretía antes de poder llegar a mi piel.

— ¿Mejor?

— Gracias, tienes mi gratitud. Estoy muy agradecido, pero un problema más fundamental, ¿no crees que quizá haya un problema más fundamental?

— ¿El hecho de que eres feo?

— Esta desgraciada…

— Coño, te estoy llevando para enseñarte algo bueno, solo sígueme. Estaría bien si solo tu verga fuera larga, pero es que tu boca es lo jodidamente larga también. Tu lengua es tan extensa que podrías hasta establecer una granjita en ella, maldito verga floja. ¿Debería cortarte la bocota esa y metértela por el culo, maldito inepto? El bastardo que menea el culo cada vez que abre la boca y también crea el olor de la mierda acumulada del Mar del Norte hasta el Mar Blanco eres tú, maldito hijo de puta. ¿Hm? No me hagas convertirte el hueco de mierda en hueco diarreico y que derrames mierdita liquida cada vez que camines, novato. Asi que cierra la maldita boca y sígueme.

—………

Enfrentarse a Barbatos en una batalla de maldiciones era lo más increíblemente estúpido que uno podía hacer.

Ya que yo era un individuo que por cuenta propia había conocido la educación apropiada y un hermoso refinamiento desde una edad muy joven, más que eso, como la blasfemia era lenguaje de otro mundo, inevitablemente solo podía ser arrastrado por las manos de la villana conocida como Barbatos. ¿Qué podría hacer en contra de la gracia divina de insultos de Barbatos, los cuales contenían 500 años de labor? Si era un pecado haber nacido amable, entonces yo era ese pecador. Trataba mi crimen con simpatía.

Barbatos me llevó fuera de la base militar. Los patrulleros casi nos atrapan en varias oportunidades. Mientras evitábamos a los guardias, tuvimos que dar vueltas y girar a través del campamento. Durante ese tiempo, Barbatos ocasionalmente se volvía y me besaba sin ninguna razón en lo absoluto. Barbatos era una chica que besaba cuando sentía ganas de besar. Solo pude rendirme.

Debido a la nieve, el exterior del campamento se había convertido en un campo blanco. Cadáveres estaban enterrados en el campo de nieve, y sobre esos cuerpos, más nieve caía y los empujaba a una capa más profunda en el suelo. Luego de haber llegado a ese lugar, Barbatos soltó mi mano.

— De acuerdo. ¿Qué piensas hacer aquí…?

Barbatos caminó hacia el campo cubierto de nieve.

Hacia el cielo nocturno de donde la nieve venia cayendo, Barbatos extendió los brazos. Comenzó a cantar. Suponiendo qué tipo de acción era esa durante la mitad de la noche, miré a la chica.

Era una canción que fluía sin letra, solo sonido.

Barbatos miró al cielo como si ella fuese una santa recibiendo la epifanía de Dios y mientras caminaba hacia los campos nevados interminablemente vastos, ella tomó la ventisca en sus brazos como si fuese a desaparecer para siempre. Era difícil distinguir el campo cubierto nieve con el cuerpo blanco completamente desnudo de Barbatos.

Su canción se sentía como si esta viniese de la ventisca y no de sus cuerdas vocales, y la ventisca se sentía como si se lamentase en el distante cielo de invierno.

-…

El invierno estaba aullando en ese lugar. Los fríos llantos de invierno atravesaban fácilmente la calidez que cubría mi piel. Mi cuello se envió.

Poniendo más fuerza en sus cuerdas vocales, la canción de Barbatos se tornó más poderosa. Barbatos abrió su boca completamente y mantuvo sus ojos entrecerrados. Ella recibía la ventisca que venía de arriba con su melodía, y hacia que el viento regresara hacia arriba. Se sentía como si su voz hubiese entrado a un rango vocal que mis oídos no pudiesen soportar.

Ahh… el viento nevado lleva el ruido. Llevado por el viento, desde este lado de la tierra nevada hasta el otro lado, hasta el borde del bosque de los álamos hyun, hasta el lobo que ha asomado su cabeza entre los bosques y nos observaba silenciosamente, hasta las brechas entre los dientes del lobo, hasta los cadáveres que tenían sus rostros clavados en la helada tierra, hasta los ojos de los cuerpos donde la sangre se ha congelado, desde allá hasta aquí, e incluso hasta las áreas que están más allá de esos lugares y se encuentran aisladas, la ventisca se arrastraba hasta esos lugares y la melodía se filtraba en ellos también.

Thuck.

Desde debajo de la tierra nevada, el brazo putrefacto de un cadáver se levantó. Trozos de carne fueron rasgados del brazo, revelando el hueso. Incluso las motas de nieve que estaban en el hueso se podían ver. Con un “thuck”, el sonido hecho cuando un pisaba la nieve resonó levemente en toda el área. Thuck, thuck, cada vez que el sonido resonaba, brazos surgían de la nieve. Como si tratasen de agarrar algo, las manos heladas se sacudían en el aire vacío. Cientos, miles de manos rasgaban en el cielo.

La canción de Barbatos casi llegaba a su fin. Con ella en el centro, un incontable número de brazos muertos habían brotado de la nieve, mirando a esos esqueletos, Barbatos habló:

– Todos ustedes, vuelvan a la vida.

¿Ellos estaban esperando esa única línea?

Los movimientos de los brazos de los cadáveres se detuvieron. En el espacio vacío donde no había nada, los brazos apretaron sus puños. Mientras los cadáveres se levantaban, nubecillas de nieve se dispersaban también. Una vez que miles de montañitas de nieve se dispersaron al mismo tiempo, la ventisca se tornó más severa, y entonces, lentamente se calmó. Al hacerlo, había miles de cadáveres de pie en el campo cubierto de nieve.

Barbatos exhaló. Su respiración blanca y visible fluyó entre sus labios. Yo la miré.

— ¿Cómo estuvo? –Barbatos remarcó–. A pesar de pequeño frío, fue una buena idea seguirme, ¿no?

— ¿…qué acabas de hacer?

— ¿Hm? Reabastecer tropas.

Barbatos respondió de inmediato.

¿Reabastecer tropas? ¿Cómo es que esto puede ser un reabastecimiento de tropas? ¿Acaso esta no era una chica completamente demente?

Yo acababa de presenciar cierto punto en habilidad que yo no sería capaz de alcanzar sin importar cuanto luchase. También había presenciado la razón detrás del por qué el sistema social, que era parecido al de las tribus, aun no había colapsado en el mundo demoniaco. Los Lores Demonio no solo eran señores, sino que eran sacerdotes, chamanes y santos. Otros demonios eran obedientes debido a esa fuera horripilante contenida en ese nombre divino.

Un día, mi autoridad podría se lo suficientemente grande como para permitirme controlar las vidas de otros a mi voluntad. Sin embargo, yo sería incapaz de controlas las cosas que no tenían vida. Mi habilidad política repentinamente se tornaba cortes al estar en presencia de las habilidades propias de Barbatos. ¿Cómo tomaría esto? ¿Cómo iba a conquistar esto? Inseguro de cómo iba a aceptarte, pregunté.

— Barbatos, ¿quién eres tú?

Barbatos colocó sus labios en los cadáveres. Ella no distinguía los cadáveres con carne rasgada y los esqueletos que habían perdido la carne. Ella bendijo a todos los cadáveres con un beso. Una ráfaga de nieve sopló a través del campo. Con la cabeza de un cadáver en sus manos, Barbatos volvió solo su cabeza para verme.

Ella sonrió.

— Una puta.

Y así, el ejército de esqueletos avanzó.

El Guardián del Norte, Margrave de Rosenberg, Georg von Rosenberg.

Calendario Imperial: Año 1506, Mes 3, Día 12.

Llanuras de Neris – Campamento del Ejército Imperial.

El enemigo ha llegado al borde del campo que estaba oscurecido por una niebla de nieve.

Era de noche. Escuchando que el explorador había llegado a dar el reporte, caminé al exterior. La ventisca y la niebla se habían mezclado, haciendo difícil distinguir nada en frente de mí. El explorador estaba respirando pesadamente.

— Lo vi, general. Lo he visto. Estoy seguro. Cadáveres, cadáveres helados estaba acercándose como una horda. Ahh, lo vi…

Sacudí la nieve del hombro del explorador. Dentro de la Casa Rosenberg, los registros de guerra escritos por nuestros ancestros fueron pasados por generaciones. El reporte que el explorador habían dado encajaba con las características que describían a la Lord Demonio Barbatos. No había nada extraño en ello.

— No te preocupes, te creo.

— ¿Cree eso, Sir Rosenberg? ¿Realmente cree en esas estúpidas palabras?

El Príncipe de la Corona, quien había llegado rápidamente tras escuchar que había un reporte urgente, rió para ridiculizarlo. El Príncipe de la Corona actualmente estaba vistiendo su ropa de dormir y tenía una capa de piel sobre sus hombros. Me preguntaba si el pasaba toda la noche bebiendo ya que su cuello y mejillas estaban rojos.

— Veo que debido a su edad, el elogio de que usted sea un gran comandante es una antigüedad ahora. Piénselo, Rosenberg, ¿cómo es posible que los cadáveres se muevan?

— La líder enemiga es Lord Demonio Barbatos. En los registros de la guerra pasada hay varios pasajes de Barbatos habiendo usado artes oscuras para controlar a los muertos.

— Ah, esos registros pueden estar errados. Debería pensar usando el sentido común. Esta grandeza puede estar borracha, pero aun así veo el mundo apropiadamente, mientras parece que usted está sobrio, y aun así, ve el mundo al revés. Es un problema que ocurre cuando no bebe alcohol. Ahora bien, algo de alcohol. Vamos y disfrutemos bebiendo.

— Su Alteza – Príncipe de la Corona.

— ¿Oh? ¿Estás diciendo que no recibirás una copa de mí?

— ¿Cómo es posible que este…? Simplemente deseo protegerlo de los demonios enemigos.

— ¿Puede una persona que es incapaz de defender un simple muro, ser capaz de protegerme? –el Príncipe de la Corona hizo una observación poco placentera. Yo cerré mi boca–. Estoy bromeando. No te enojes.

— Sus palabras son incalculables, majestad.

— Oh cielos, realmente no piensas beber conmigo. Aunque tú, Sir Rosenberg, eres la persona que más necesita alcohol. Esta grandeza siente preocupación. Estoy sinceramente preocupado, Sir Rosenberg. ¿Cómo es posible que soportes tu mundo sin alcohol?

— Este planea perseverar a través de lo que se debe soportar.

El Príncipe de la Corona sacó una botella de alcohol de su abrigo. Debido a que el Príncipe de la Corona estaba intoxicado, la botella se le deslizó de las manos, cayendo en la nieve, pero sin romperse. Oh, cielos, esta preciosura… exclamó el Príncipe de la Corona y se preocupó. Sacudió la nieve que la botella tenia pegada. Esta preciosura, que preciosura…

Traté de mirar a través de la ventisca, pero no pude ver nada. Aunque fui incapaz de ver, les ordené a los capitanes organizar sus tropas. Los soldados que la Princesa Imperial había dejado eran todos viejos y frágiles o eran individuos que estaban tan cansados y viejo que eran incapaces de soportar la fría noche. Los hombres y oficiales habían colocado sus ballestas en el suelo y comenzaban a frotarse las palmas contra las piernas. Ah, hace tanto frio que podría morir… exclamaron los viejos soldados. El sonido de ah… ah… mezclado con el ruido hecho por el viento nevado.

El Príncipe de la Corona preguntó.

— Entonces, ¿Elizabeth te dijo también que murieras?

— Su Alteza la Princesa Imperial le dijo a este que ella le proveería una ubicación apropiada.

— ¿Oh? ¿Esa ubicación es dentro de la Familia Imperial?

— Este no lo sabe.

— Entonces morirás sin saberlo –el Príncipe de la Corona habló directamente–. Elizabeth es un demonio. Sé que ella lo es. ¿Alguna vez has mirado esos ojos rojo puro que tiene durante un largo rato? Yo sí. Pude oler la sangre. Ella es una chica que hace que el olor de la sangre fluya a cualquier lugar que mira…

Abruptamente sentí curiosidad. ¿Cómo fue la infancia de la Princesa Imperial? ¿Acaso la Princesa Imperial fue la Princesa Imperial desde que era joven? ¿Fue así desde el principio? Tosí. Hubo una sensación húmeda tras toser. Debido a mi experiencia, sabía que era un mal presagia cuando una tos seca se convertía en una tos húmeda de repente.

— Majestad, ¿sucedió algo en el palacio?

—………

El Príncipe de la Corona tragó su alcohol sin decir nada. Aunque él miraba en la misma dirección que yo, no se sentía como si lo estuviese haciendo. Parecía que para el Príncipe de la Corona, la ventisca que rugía ante nosotros parecía una ilusión. En eso habló.

— Es mi pecado.

El Príncipe de la Corona no dijo más nada después de eso.

El Príncipe de la Corona, Rudolf von Habsburgo, era inferior a su hermanita por todos los lados. La rebelión que el Príncipe de la Corona fue incapaz de suprimir por 7 meses con un ejército de 5.000 fue eliminada en 15 días por el ejército de 1.000 hombres de la Princesa Imperial. El lenguaje antiguo, que el Príncipe de la Corona logró dominar a la edad de 14 años, fue dominado por la Princesa Imperial a la edad de 5. Como la mala gestión de Su Majestad el Emperador continuaba, los nobles comenzaban a desear un monarca competente. El Príncipe de la Corona era perfecto.

— ¿Lo ves?

El Príncipe de la Corona murmuró.

Inseguro de lo que se suponía que viese, miré al Príncipe de la Corona. Él estaba mirando oblicuamente la ventisca que rugía al pie de la colina.

— Alguien ha venido.

La neblina del amanecer apenas tocaba la región inferior de la colina. Una pata esquelética salió de dentro de la ventisca. El pie del esqueleto pisó ligeramente en la senda inclinada oscurecida por la niebla. Al dar otro paso al frente, la forma de un pie huesudo fue dejada impresa en la nieve en el lugar donde el pie estuvo.

-………

Al pie de la ladera, el esqueleto nos miró. Parecía que tuviese la mirada de un vagabundo que cuidadosamente examinaba la cordillera que ahora tenía que escalar. Aunque el esqueleto no tenía ojos, pude sentir su mirada. Era una mirada fría y transparente. El Príncipe de la Corona soltó una risa que fluyó en el viento nevado.

— Ha llegado un montón, ¿eh?

Desde la niebla mezclada con la nieve, miles de cadáveres comenzaron a salir. Apuntando al campamento de nuestras fuerzas, los cadáveres ascendieron lentamente por la colina. El sonido de un cuerpo resonó en nuestra base. Los gallos quedaron alarmados por los cuernos y comenzaron a cantar. Una vez el sonido de las aves, el cual parecía como si nunca cesaría, finalmente cesaba, la ventisca rugió con fuerza una vez más y cubrió a los esqueletos. Nada era visible a través de ese torbellino de nieve. Nada se podía ver, y aun así, nuestras tropas levantaron sus lanzas y ballestas.

— ¡Ya veo, es el invierno!

El Príncipe de la Corona aulló fuertemente. Juntó sus manos alrededor de la boca para amplificar el sonido y gritó con fuerza.

— ¡Es el invierno! ¡Se acerca el invierno[4]!

Nuestros soldados tenían miedo de la locura del Príncipe de la Corona. Se sentía como si él no estuviese informándoles a los soldados que los cadáveres habían llegado, sino que, estaba llamando a los cadáveres para que se acercaran con más prisa. El Príncipe de la Corona embriagadamente sacó una espada y la levantó al aire.

— ¡Todas las fuerzas, a la carga! ¡A la caaaargaaa!

El Príncipe de la Corona saltó sobre la valla de madera y comenzó a correr. Todas las fuerzas, siganmeeee… ese sonido del Príncipe de la Corona resonó ampliamente. No le teman a la muerte, señores… los soldados se quedaron en su lugar. Inseguros de lo que tenían que hacer, se miraban entre sí y luego me miraron.

La figura del Príncipe de la Corona desapareció en la niebla nevada.

Poco después.

El Príncipe de la Corona regresó de la niebla. Estaba respirando pesadamente. Tras empujarse a través de las aberturas en las vallas de madera con dificultad, caminó hacia donde yo estaba. Bajando su espada, el Príncipe de la Corona levantó sus hombros arrogantemente.

— Wow, no vino una sola persona. Parece que no tienen intenciones de luchar.

—………

— Solo retirémonos, general.

Volviéndome hacia los capitanes, ordené.

— ¡Rueden las piedras!

Los capitanes repitieron la orden. Las rocas, las cuales habíamos preparado de antemano, comenzaron a rodar hacia adelante. Debido al hecho de que las rocas eran incapaces de girar apropiadamente, ellas solo caían frecuentemente hacia una ubicación completamente aleatoria, sin embargo, ya que había demasiados no-muertos en esas ‘ubicaciones aleatorias’, las direcciones en las que rodaban no se les podría considerar netamente aleatorias. Las piedras colisionaban contra los esqueletos y hacían sus huesos pedacitos.

— ¿Qué? ¿Por qué escuchan las palabras del general e ignoran las órdenes de un lord? Esos tipos realmente están discriminando a la gente. Una vez que regrese a la capital, los castigaré como rebeldes.

La batalla estuvo ardiente desde el amanecer.

Aunque nuestros soldados eran viejos, ellos tenían bastante experiencia también. Ya que habían visto cosas más sorprendentes durante sus vidas, los soldados veteranos no estaban alarmados por la marcha de esqueletos. Aunque había un soldado que escapó, nadie trató de detenerlo. Los veteranos parecían haber comprendido que incluso si uno huyese solo en unas llanuras solitarias y nevadas, solo terminaría muriendo de hambre, congelándose hasta la muerte o devorado por las bestias. Los viejos soldados masticaron el pan rancio, el cual fue distribuido como desayuno, durante un largo tiempo y lo tragaron con un poco de agua.

Una vez que las rocas habían caído, los viejos soldados agarraron las ballestas. Estas eran armas clasificadas que absorbían la energía mágica de sus alrededores y disparaban flechas usando esa energía. Los proyectiles volaban sin naturalidad si el arma era disparada demasiado rápido, y retrocedería pesadamente y haría que la flecha se desviada si se disparaba con retraso. Los capitanes no tenían que dar instrucciones separadas para disparar ya que los veteranos podían disparar sus ballestas mientras hacían cálculos vagos de tiempo en sus mentes. Las flechas disparadas por los viejos soldados volaron rápidamente y perforaban con firmeza a sus objetivos.

Como ellos habían vivido de acuerdo a su propia discreción, ellos luchaban también de la misma forma. La manera en la que luchaban era parecida a la psicología natural de la gente… por lo que la gente está luchando. Los que estaban luchando eran personas. Inhalé profundamente el frio aire de invierno.

— ¡Atención a mis órdenes, capitanes!

Los capitanes inmediatamente se situaron en una sola fila cerrada. Ellos eran capitanes adultos. Eran viejos soldados que habían envejecido en las bases de un grado militar bajo debido a que poseían estatus humildes, tenían habilidades insignificantes, o eran incapaces de formar una línea apropiada. Como la mayoría de ellos era gente nacida en el norte, fueron dejados también debido a la razón de haber nacido en el norte. Ya que sus columnas no se habían corroída, ellos tenían sus espaldas rectas.

— Schleiermarcher.

— Sí, señor.

Pronuncié el nombre de cada capitán. Un capitán cuya barba aún era marrón se situó de pie y realizó movimientos militares. Él era el segundo hermano menor del oficial menor que dirigía la fábrica de tejidos que estaba en mi territorio. Durante mi juventud, cuando compartía un enamoramiento infantil con una damisela de la aldea, me volví guardia de la fábrica de tejidos.

— Actualmente, la fuerza militar de nuestra fuerza central no supera los 2.000. Sin importar el costo, no debes permitir que el frente sea penetrado por esos cadáveres. ¿Comprendes? Defiende tu posición hasta tu último aliento.

— Como lo ordene, margrave.

— Aguanta cuanto sea posible. Las oportunidades de que nuestros camaradas en retirada sean capaces de sobrevivir se incrementaran mientras más resistamos. El Norte no enviará tu muerte al olvido.

— Entendido.

El capitán avanzó con sus sirvientes siguiéndolo. En la distancia, pudimos escuchar el débil sonido de un capitán gritándoles a sus soldados que avanzaran por la nieve.

Los demás capitanes restantes habían vuelto sus oídos hacia esa voz.

— Sir Roenbach.

— Si, general.

Un hombre de mediana edad usando una armadura plateada dio un paso al frente. En esta ubicación, este hombre era el único que no había nacido en el norte. Aunque su nombre era todo lo que le fue dejado, él una vez fue el líder de los Caballeros de la Guardia Real del Emperador. Había 6 caballeros en nuestras fuerzas actuales, y ellos tenían 20 valet siguiéndolos. Eran los últimos caballeros aquí.

— Mientras lidera a los caballeros, explore la ladera y acabe con cualquier no-muerto que sobresalga exageradamente. Su trabajo es prevenir que los cadáveres alcancen los 50 metros de nuestras vallas. Defienda la línea delantera con su vida, y caiga en las líneas delanteras.

— Cumpliré sus órdenes, general.

— El norte recordará sus muertes.

— Yo, Roenbach, logrará la gloria.

El líder de los caballeros ajustó su casco en su cabeza y montó su caballo. Los demás caballeros se reunieron alrededor de su líder. Los caballos de guerra, los cuales pertenecían a una buena raza, estaban exhalando aliento caliente incluso en este viento frio. Los caballeros bajaron sus cabezas hacia mi dirección una vez más, y luego lo hicieron en dirección al Príncipe de la Corona. Este asintió. No dijo una sola palabra a modo de queja porque yo usaba a los caballeros a mi manera. El Príncipe de la Corona simplemente miraba la ventisca con ojos borrachos. Uno por uno, pronuncié el nombre de los capitanes.

— Bergmann, pondré a 20 infanterías pesadas bajo tu comando. Si hay una porción de nuestras defensas que parezca estar en peligro, anda allí y lucha.

— ¡Si, milord!

Décadas atrás, durante el año de hambruna, el joven que una vez mostró su inocencia por clamar tímidamente que había cazado un campesino preocupado porque el joven maestro tuviese hambre, ahora se había convertido en un viejo capitán, y respondió.

— Gabuaer, reúne a los sirvientes y distribuye los proyectiles a todos nuestros soldados. Más que eso, entrega el resto de nuestras provisiones a nuestros hombres y oficiales. La gente lucha con la fuerza provista por la comida.

— Serviré como necesidad, milord.

La chica que había enlistado en la milicia a pesar de su género, la chica que frecuente recibía burla de los hombres, y que una vez, había replicado en voz audible preguntando dónde se encontraban los hombres y mujeres del Norte, ahora estaba respondiendo mis órdenes en este lugar después que muchas décadas habían pasado.

— Poderosos soldados de Habsburgo, escuchen mis palabras –me volví has mis tropas–. No sé a quienes les han jurado lealtad ustedes, y no creo que esa lealtad se necesite cuando sus alimentos están en riesgo. Sin embargo, todos deberían saberlo. La labor de una persona y la tarea de un soldado, son cosas que todos deberían conocer muy bien. Si huimos, entonces los jóvenes de nuestro país morirán. Si nos rendimos, entonces la tierra de nuestro país será quemada. Oh, grandes soldados de Habsburgo, quienes una vez fueron jóvenes y siempre vivieron en esas tierras, es hora de que pasemos las cosas que disfrutamos a nuestros hijos e hijas.

Desenvainé mi espada y la elevé en el cielo. La espada formal, la cual había sido pasada por generaciones dentro de mi familia, se había perdido en la batalla anterior. ¿Pero por qué habría de importar? Viví en el campo de batalla. Este era mi hogar. Esto era en donde se encontraba la Casa Rosenberg.

Grité. El calor de mis vísceras se elevó, ardiendo y perforando mi tos húmeda, y explotando en la atmosfera de invierno.

— ¡POR EL IMPERIO!

Los soldados levantaron sus ballestas y lanzas y gritaron fervientemente.

– ¡POR EL IMPERIO!

Mientras esperaba que mi voz llegara al otro lado de las posiciones, las cuales no podían ser vistas debido a la niebla y la nieve, rugí.

— ¡POR EL IMPERIO!

Los soldados repitieron.

– ¡POR EL IMPERIO!

La voces del otro lado de la base, las cuales estaban ocultas por la conmoción, llegaron hasta donde yo estaba también. Los soldados mayores, quienes habían nacido en diferentes lugares y vivieron de formas distintas, iban a morir juntos en el final de sus días en el mismo lugar. Los copos de nieve, los cuales se habían formado respectivamente dentro de las distintas temperaturas y estaban siendo llevados por distintos vientos, cayeron en el mismo piso y se desvanecieron. Vivir como un copo de nieve y, al final, morir como un copo de nieve. La nieve que se derretía primero con el fin de evitar la nieve, la cual iba a posarse sobre ellos, se derritiera. Agradecidamente acepté toda la nieve con vida similares y toda la nieve con muertes similares. El Norte era una nación nevada. Un hogar que estaba establecido para la gente que era incapaz de ir al sur. Volviendo mi vista hacia el cielo, suspiré. Este era un día perfecto para llorar. Un buen día para llorar… por la mañana, un capitán llegó corriendo hacia mí.

— Milord, la primera línea ha sido atravesada. Los soldados restantes en la primera línea se han unido a la segunda. Por suerte, hubo una pequeña confusión durante la retirada momentánea. Aunque muchos están heridos, pocos fueron los que murieron.

— Bien. Sigan defendiendo así.

Mientras miraba el mapa, di la orden. La ventisca era feroz por lo que era imposible percibir el campamento militar con mis propios ojos. Mientras trazaba las cosas que podían verse y las cosas que no en el mapa, sentí mi camino hacia una dirección e hice unas suposiciones de a dónde tenían que ir los soldados.

— Ya estamos ganando con solo ser capaz de resistir así. No luchen apresurados,  no mueran tan rápidos. Soporten siempre y cuando puedan. Instruyan esto a las tropas una vez más.

— ¡Entendido!

Tras un rato, un anciano llegó corriendo. Este era el asistente del capitán. Ya que el capitán había caído en batalla, el asistente estaba tomando el lugar de su superior. No le pregunté por qué el capitán había caído, y el asistente tampoco me dijo:

— General, el segundo grupo ha sido atravesado. El segundo y tercer grupo se han alineado y están resistiendo ante el enemigo. Nuestra moral a un no ha disminuido. El líder de los caballeros ha caído.

— Muy bien. Cuando regreses, infórmale a la comandante Gebauer que abandone la tarea que le fue dada y que participe en la línea delantera. Luchen mientras les quede tiempo, pero muévanse con prisa. Si se mueven rápido, serán capaces de luchar menos.

— Entendido, mi general!

Una vez que llegó el mediodía, cerca de la hora en que la ventisca había cesado, un mayor llegó corriendo. Una vez más, era una persona distinta. En la siguiente ocasión, un mayor había muerto y casi todos los demás capitanes habían caído, por lo que solo los que podían correr a reportar eran solo sirvientes de asistentes. El mensajero dio un saludo puntual y entregó su reporte.

— La tercera línea ha sido atravesada. Todo nuestro ejército está resistiendo en la última barricada de madera. Aunque los rangos de las unidades están desordenados y asimilados, no hay problemas en luchar juntos como un grupo.

— Bien. Les ordeno a los caballeros restantes que carguen. Si utilizan la vía estrecha entre las vallas, entonces la carga debería ser fácil de realizar. Golpeen los flancos enemigos que ocupen nuestro lado.

— Entendido, milord. Puede que logremos la fortuna en la guerra.

Luego un soldado distinto, y un soldado diferente… finalmente.

Todo se había quedado en silencio pues ya no había más nadie a mí alrededor.

Al igual que una persona del Norte, los capitanes luchaban hasta sus últimos momentos. No capturamos a los soldados que huían, y ya que no lo hacíamos, creía que más se habían quedado. En la Guardia Real, desde los caballeros reales hasta los sirvientes de caballeros, todos habían muerto heroicamente en la batalla. Durante el asalto final, el Príncipe de la Corona fue al frente con las tropas sin decir nada. No pregunté cómo había muerto el Príncipe de la Corona, y nadie tampoco me dijo cómo. El último mensajero que me dio el reporte no fue un capitán, ni un asistente, y ni siquiera el sirviente de un asistente. El último reporte fue dado por un soldado que no tenía rango. El soldado me informó que la última línea había sido atravesada e inmediatamente regresó al frente.

—…………

Mientras recibía el sereno sol de mediodía en mi espalda, miré el mapa.

La luz del sol derretía los desechos congelados, esparciendo un repugnante olor a humedad por todo el campamento. Era el aliento que había fluido de los Cielos. Ya que la nieve descendía del cielo, y esta era la esencia que emitía cuando la nieve se había derretido, se sentía como si este fuese el olor del cielo… ¿el país de la nieve era el país del cielo? ¿Era la gente de la nieve la gente del cielo? ¿Esa era la razón por la que la gente de la nieve regresaba con más facilidad al cielo?

Mi espalda se sintió cálida debido a la luz del sol. Mientras recibía esa esencia húmeda, recordé la vez que la Princesa Imperial había lavado mi espalda. No fui completamente ignorante con respecto a la razón detrás del por qué la Princesa Imperial nos había dejado al Príncipe de la Corona y a mi aquí.

– ¿Qué debería hacer este?

– Bloquearás nuestra retaguardia.

– ¿Acaso le está diciendo a este que muera mientras defiende?

– No te detendré. Sin embargo, no solo serás tú. Mi hermano estará allí también. Si dejas que el Príncipe de la Corona del Imperio muera, entonces probablemente serás reconocido como un traidor por toda la eternidad.

Volverme un traidor eterno.

La Princesa Imperial dijo eso.

La gente susurraba entre sí que el Margrave Georg von Rosenberg era la razón del inicio de esta guerra. El Margrave Rosenberg perdió las Montañas Negras y arruinó el plan del Imperio de terminar esta batalla con una pequeña guerra. Más que eso, Rosenberg ahora fue incapaz de proteger al Príncipe de la Corona de morir y por eso la sala de la corte del Imperio se verá perturbada. Por eso, mientras cargaba los crímenes y tareas por sí mismo, Georg colapsaría y quedaría sumergido en los desechos congelados que el cómo contribuirás grandemente; estas fueron las verdaderas palabras de la Princesa Imperial. Sintiéndome cegado por esa inmensa gracia Imperial, le pregunté a la Princesa.

– ¿Le está dando una oportunidad a este, majestad?

– Simplemente deseo darte un lugar apropiado. Vete mientras cargas toda tu humillación solo.

Aunque fue una oferta diabólica, al mismo tiempo, era el único camino para salvar al Imperio, por eso se hacía una oferta innegable.

La Princesa Imperial realmente le ha dado un lugar apropiado a este viejo saco de huesos. Como esta región era mi hogar y mi nación y era el lugar donde la gente residiría y residiría nuevamente, su alteza ha logrado visualizarlo.

Una sombra entró desde mi espalda. La sombra pisó la nieve. Mientras hacia un sonido confuso, la nieve recibió el peso de la vida que pisaba en ella.

— Hm. ¿Eres Georg von Rosenberg?

— Así es.

Seguí mirando el mapa. Cada mapa era un lugar donde la gente había muerto. Pensé en la gente que había luchado de la misma forma que había vivido. Pensé en sus manos firmes y áridas que tiraban de los gatillos de las ballestas. Incluso después de haber disparado el proyectil, seguían tirando de la cuerda. Disparaban y volvían a tirar, seguían tirando. La batalla continuaba siempre y cuando la vida persistiera, y se sentía como si no había más que el único instante que demostraba esa continuación interminable.

— La batalla terminó, muchachito humano. ¿Qué estás mirando?

— La batalla.

— Y si esa batalla termina también, ¿qué mirarás?

— La batalla.

El sonido de un metal se acercó y cortó el aire de invierno.

Así que este es el sonido de mi vida siendo cortada.

Eso pensé. Me preguntaba si la carne se separaba con más delicadeza que el aire ya que no pude oír el sonido de ser cortado. Mi visión saltó y saltó muchísimas veces hasta que eventualmente miré al cielo. Ese era el lugar al que regresaré. Cerré mis ojos.

– Ya que no puedo limpiar tu mente, considera la idea de que estoy consolándote al limpiar tu cuerpo. El camino de la consideración al menos no será solitario.

Contemplaré el significado y lo contemplaré una vez más. Sin embargo, ya que el país de la nieve era el país del cielo, un día, ellos volverán a la tierra y se apilaran una vez más, por eso continúen con sus lamentables vidas. Lo que me consoló fueron esas vidas pobres y fue más reconfortante que la consideración de su majestad.

swoosh

Su gracia Imperial es infinita, majestad.

Por favor trátenos a los súbditos con simpatía.

El Rey de los Campesinos, Dantalian. 71º Rango.

Calendario Imperial: Año 1506, Mes 3, Día 12.

Llanuras de Neris – Campamento del Ejercito Imperial.

—…………

Bajé la vista hacia la cabeza de Rosenberg, la cual había caído al suelo cubierto de nieve.

Rosenberg miraba al frente con los ojos cerrados. Ya las cosas probablemente no eran vivibles en esos ojos y tampoco era posible ser capaz de apreciar más cosas. Sin embargo, Rosenberg apuntará siempre hacia una dirección con esa mirada congelada. Luego de volver mi cabeza para seguir esos ojos, vi el cielo. Luego murmuré.

— Ve a un buen lugar, margrave.

Levanté la cabeza de Rosenberg de la nieve. Sacudí la nieve que estaba en su cabello y usé un paño para limpiar el líquido que estaba fluyendo de su cuello. Barbatos había decapitado a Rosenberg.

Por eso, nuestro plan fue un éxito. Aunque había una variable donde el segundo ejército de Marbas fue derrotado por la Princesa Imperial, considerando las habilidades de esa chica, en todo caso, ese era un resultado aceptable. Sería mejor considerar un alivio que Barbatos no perdiese. Además, fue gracias a la Princesa Imperial y su victoria que yo fui capaz de obtener la mía. Un empate. Eso aún era un empate…

Durante un rato, la guerra había alcanzado un estado de calma.

Marbas había reclutado a las tropas una vez más y Barbatos tuvo que reorganizar a su ejército también. Los que necesitaban tiempo no eran solamente las Fuerzas Aliadas de los Lores Demonio, sino la Alianza Humana, la cual necesitaba tiempo para formar una nueva estrategia también.

Aunque parecía que los humanos esperaban que la guerra terminase en una pequeña batalla, yo me disculpaba. Esto aún era muy pronto. Por favor, participen un poco más en mi vals. Mientras miraba el rostro de Rosenberg, exclamé.

— ¿Qué estás tratando de ver incluso después de la muerte? Cierra tus ojos y descansa bien, margrave.

Bajé los parpados de Rosenberg con mi palma. Con eso, finalmente él había cerrado sus ojos. No sabía que gran causa y que gran sentido de justicia estaba tratando de ver este viejo en sus últimos momentos. Probablemente era algo tedioso.

Un capitán se acercó y me informó que Barbatos me estaba llamando. Ordené al capitán que sujetase la cabeza de Rosenberg. Intencionalmente lo intimidé.

— Planeo regalarle esto a la General Farnesio. Sujétalo bien ya que a la general le gustará mucho. Si por casualidad lo perdieses, la general se molestaría muchísimo. En ese momento, ni siquiera yo sería capaz de detenerla.

El rostro del capitán palideció y cuidadosamente sujetó la cabeza de Rosenberg. La forma en que sus dedos temblaban lo hacía parecer que estuviese sujetando su propia cabeza. Reí y me abrí paso hacia Barbatos. Dentro de la tienda vacía de los enemigos, Barbatos estaba limándose las uñas.

— Oh, ¿viniste?

— Estoy aquí para felicitarla por su gran victoria, majestad…

Exclamé mientras me arrodillaba. Yo era el tipo de persona que se arrodillaría incluso si era una broma. Barbatos resopló.

— Muy bien. Es bastante bueno ver tus palabras de mierda están ascendiendo. Sígueme.

— ¿Me vas a mostrar algo bueno otra vez? Tus cosas buenas están listas para cada día, por lo que no estoy seguro de cuando seré capaz de dormir apropiadamente.

Barbatos rió.

— ¿Puede seguirme sin decir una mierda?

Si empiezas a joder, entonces te voy a insultar hasta que me canse.

Eso es lo que la sonrisa gentil de Barbatos me sugeria.

Como un individuo que creía en el sentido común y lo refinado, seguí a Barbatos. Un prisionero estaba atado en uno de los rincones del campamento militar. Su armadura era bastante densa. Su posición social probablemente era la de un gran noble. Barbatos me susurró al oído.

— Este es el Príncipe de la Corona del Imperio de Habsburgo.

—……………

Seguro.

Esto era algo realmente grande.

Barbatos mordió ligeramente el lóbulo de mi oreja con sus incisivos.

— Dantalian, no me juraste tu lealtad a mí. Esta es una tragedia que considero bastante lamentable. Sin embargo, aunque no me has jurado tu lealtad, aun eres de confianza. No planeo aceptar eso sin un precio.

— ¿Oh? ¿Y qué quieres decir con eso?

— Te lo entregaré a ti.

Barbatos acarició mi pecho con su mano. Se sentía como si cada uno de sus dedos contenía una función orgánica. Por eso esto era lo que se sentía el toque de una mano que podía revivir a los muertos de la tierra. Así es como lo creía. Si era demasiado, entonces incluso yo me habría levantado inmediatamente si yo fuese un esqueleto.

— Puedes usar a ese prisionero como te dé la gana.

— Barbatos…

Gentilmente levanté la barbilla de Barbatos. Ella no se rehusó a mi toque descortés. Nuestros labios se acercaron.

— Podrás saberlo ya, pero desprecio a las mujeres con cuerpos pequeños.

— Hm, ¿y?

— Pero no puedo rehusarme a ti solamente.

— Lo sé, idiota.

Nos besamos un largo rato. Era un beso que contenía gratitud en lugar de lujuria. Barbatos, por la razón de que yo había forzado la marcha hacia el norte con el fin de salvarla, y yo, por la razón de que ella no ignoraría mi posición y me presentaría con una recompensa apropiada. ¿Cuán hermosa es una compañera que sabe cómo ser honestamente agradecido por lo que han recibido, y recompensa a la otra parte poco después? Éramos una hermosa pareja de negocios. Alejé mis labios y susurré.

— Aunque se siente que el deseo de llevar esto hasta el final en este lugar ya se ha acumulado.

— Tranquilo. Ayer ya tuvimos nuestra diversión sexual. Ve y encárgate de tu negocio.

Barbatos señaló al Príncipe de la Corona con su mentón. Asentí y me acerqué al Príncipe de la Corona del Imperio.

Me preguntaba si el Príncipe de la Corona se había revolcado varias veces en el suelo ya que su apariencia era más andrajosa que la de un perro callejero. Su cabello era plateado, y aun así, debido a la suciedad, estaba crudamente mezclado con un color marrón. Con un rostro completamente sucio, el Príncipe de la Corona me miró. Sus ojos estaban hundidos como un borracho que acababa de despertar de su intoxicación.

— ¿Quién eres tú…?

— Enemigo de Elizabeth.

—………

— ¿No deseas escuchar mi propuesta, oh, Príncipe de la Corona?

Sonreí calmadamente.

Sir Hermano Mayor.

Estoy aquí para informarte de algo bueno.

[4] N.T: Inserte voz de Ned Stark de Game of Thrones.

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