El Resplandor Sombrío_Capítulo_1

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Ryu y Yami:

Resplandor Sombrío

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1: Una dura partida.

 

 

Caminando por el pueblo de Anna, aquella joven a la que nuestro grupo de héroes ambulantes ayudó, el joven usuario de rayos explotó en rabia. Ninguno se dio cuenta del motivo, porque ninguno podía leer los pensamientos despectivos de todos a su alrededor. Tan solo Jak se dio cuenta de que debía ser por ello.

Rodeado de toda esa negatividad y desprecio, Ryu caminó con rapidez, demasiado alterado para usar su poder, y abandonó el lugar. Una vez más relajado y calmado, se fue al desierto para pensar hasta que todos regresaran a la cabaña.

-¿Qué ha pasado? – Piensa Yami, la maga de oscuridad-

Ella, ya una con las sombras de las calles, se adelantó antes de que ninguno se diera cuenta, antes de que dijeran siquiera de ir a buscarle.

 

***

 

Ryu quedó en medio del desierto, rodeado enteramente por la arena, sin nada en el horizonte más que el azul del cielo.

Yami estaba a su espalda sin decir una palabra, estática, sabiendo que las palabras serían inútiles; al menos las palabras que cualquiera diría en este momento.

-Somos inútiles, ¿verdad?

-Habla por ti, “princesa”.

La molestia en Ryu persistía de tal forma que incluso su apacible y agradable personalidad se veía truncada.

-Ni siquiera puedes mantener tu sonrisa… ¿Puede un usuario de luz ser más patético?

Los gestos de la chica, junto con su tono, hieren tanto el orgullo como los sentimientos del joven.

-¿A caso tu no las escuchabas? ¿Esos pensamientos de odio, asco y superioridad?

-Claro que sí, pero siempre los escucho. Son lo único que escucho de las mentes de las personas. Excepto de vosotros.

-Pero sí… Somos unos inútiles. Su hubiéramos entrado con él a ese templo… por esa dichosa puerta… Él seguiría sonriendo de la misma forma, seguiría teniendo el poder de un dios. Nosotros le fallamos.

-Tienes razón.

La voz de la chica suena sincera y pesada, dolida. Esta sensación de vulnerabilidad llama la atención del chico, haciendo que la viera como una verdadera chica.

-Nosotros no tenemos tanto poder como Jak, pero seguimos siendo fuertes a nuestra manera. Y de nuestra manera se lo demostraremos. Tal vez… Podamos hacer algo para ayudarle. Nuestros poderes no son otra cosa que alma, ¿no?

-Eso es lo que dicen los eruditos, pero… No estoy seguro. -Contesta Ryu cabizbajo-

-Jak tiene el alma más fuerte que he conocido. Él no tendrá problemas para volverse tan fuerte como antes.

-No lo creo… La forma en que piensa… Jak no tiene ninguna confianza en sí mismo ahora. Él está completamente destrozado, él ya no tiene ese brillo en el alma.

-Por lo menos él todavía tiene una…

La pesadumbre tan marcada en su tono… Para el hombre y compañero de la chica es obvio una actuación, y por eso saca a relucir una sonrisa.

-¿A caso debo repetirlo?  -Dice con una notoria molestia la joven-

-Tal vez… porque con tu débil voz seguro que no lo escuché.

La luz y la oscuridad emanaron respectivamente de sus dueños, envolviendo todo su alrededor en una esfera de aquella ilusoria sustancia: una sombra incierta que proyecta una luz grisácea, pero de una tibia sensación.

-¿Quieres que lo repita?  -Dice él, casi como un juego-

Los ojos del muchacho, azules por naturaleza, brillaron como luceros cuando le levantó la mirada; y con sus rubios cabellos iluminando con una casi cegadora luz.

-Estoy segura de que tendrás que acercarte para que pueda oírte, pero dudo que puedas llegar.

El desafío había sido lanzado y la emoción rodeaba todo el lugar. Así comenzó una batalla, tan rápida, en que si parpadeas podrías recibir mil golpes.

Su entorno no se veía alterado, al menos no de la forma usual; con cráteres y desbordantes vientos. Esta esfera de luz y oscuridad se mezclaba y separaba una sustancia de otra con cada golpe, destellando o absorbiendo la luz.

Las sombras danzaban como el agua en las olas, bañadas por la luz que hay sobre y en ellas.

¡No quiero ser un lastre nunca más!

Se escucha en la mente de Yami al recibir uno de tantos cientos de golpes.

-¡El miedo no volverá a detenerme!

Pudo escuchar Ryu cuando la oscuridad impregnó su resplandeciente piel.

Los golpes no se detenían, y las voces que asaltaban sus mentes tampoco.

-Jak ha perdido su poder, ha perdido su voluntad, pero sigue siendo JAK.

– Sin ese poder él no puede cumplir su misión. Sin ese poder él no puede convertirse en el dios que es. Por eso…

 

-¡Le ayudaremos a como dé lugar!

 

Las luces y sombras se separaron por fin de esa sinfonía de sensaciones, y cada cual fue con su portador. Ellos tomaron forma lejos uno del otro, pero envueltos por toda aquella energía.

-Terminemos esto, y pongámonos en marcha. Jak nos necesita.

Dicen al destino a la vez, pues, los escuche o no, ellos harán lo necesario para cumplir sus palabras.

Fueron de frente, el uno contra el otro, acumulando el poder que les rodeaba en su interior y canalizándolo al extremo de sus puños.

En el choque de sus ataques las luces y sombras volvieron a danzar, ahora de una manera que, pese al caos que representaba, la armonía podía sentirse si ignorabas el conjunto. Solo un alma dolida, casi despedazada, podía sentir la verdadera calma que la atmósfera transmitía. Y los tres allí presentes lo sintieron, no así el resto.

Jak y el grupo habían llegado para ver finalizar la pelea, ver como al recuperar sus posturas las luces y sombras, junto con esos rostros brabucones y amistosos, volvían a la normalidad.

-Hey, me habéis encontrado.

Dice Ryu mientras se acerca a todos para abrazarles. Con una pícara sonrisa, y unas palabras sordas, el chico ayudó a Yami para que pudiera superar esa distancia que se había impuesto por costumbre.

Así que… Así se siente.

 

Compartiendo algunas palabras más con el grupo, tomaron una decisión: volver con el chamán, quien les enseñó las puertas al templo del volcán y les ayudó con grandes consejos, y pasar el tiempo hasta la mañana siguiente.

Allí, en el cuarto donde todos dormían, en el frío suelo cubierto por las pieles que hacían de mantas, con todos profundamente dormidos, Ryu y Yami se despertaron dispuestos a comenzar su promesa.

Sus pasos son silenciosos y sus palabras casi mudas, pero aun así una voz les sorprendió.

-Puedo leer las almas, es casi como la mente. ¿Por qué os marcháis?

-Silencio… O despertarás a Jak.

Dice Yami con la voz más baja que le permitían sus nervios, a lo que el chamán responde con una risa tapada.

-Sus mentes están en plácidos sueños, tardarán en despertar. No os preocupéis por ellos, pero… Decidme al menos la razón de vuestra marcha.

El rostro de Aru, anciano y hundido en sus huesos, está apenado por esta marcha que sin duda entristecerá al resto del grupo.

-Aunque solo sean leyendas… -Dice Ryu- Aunque no sea real, por lo menos debemos intentar ayudar a Jak. Él nos ayudó a nosotros a volvernos más fuertes, es hora de devolver el favor. Él tiene una misión, y nosotros seremos los encargados de que pueda hacerla. El mundo cuenta con él, todos nosotros contamos con él…

La voz del joven se apagaba cuanto más decía, perdiendo la fuerza, que no así la voluntad, al final. Sus lágrimas casi habrían hecho más ruido que el aliento agitado de Yami, emocionada por el sentimiento puesto en esas bajas palabras.

-Vuestro viaje será digno de canción, sin duda. Id con cuidado pues, y no os preocupéis por ellos. Yo me encargaré de que sepan el motivo, y… “No dejéis que muera un buen dios”.

 

Con la sorpresa en sus rostros y el silencio como capa, se marcharon de la habitación. Sus pasos no se detenían ni para mirar hacia atrás, y sus bocas no emitían sonido alguno más que su respiración pesada.

-¿A caso él ha leído nuestras mentes y por eso ha llamado a Jak “dios? ¿O es porque él también lo piensa?

Ryu tenía una menor preocupación que Yami, se podría decir.

-El desierto por las noches es demasiado gélido para sobrevivir sin refugio, y estoy muy débil después de esa pelea con este idiota. Tendremos que encontrar alguna roca donde cobijarnos.

Las ropas que les cubrían eran simples mantas, de las tantas que había por la choza del chamán, gruesas pieles que no servirían de nada contra el viento helado que sopla por las noches.

-Ryu. ¿Podrías movernos a algún bosque cercano?

El muchacho se sorprendió de la petición, pero sobre todo por el trato no tan desagradable.

-¿Por? Estamos en medio de la noche, no podría concentrar suficiente luz como para movernos. Además, deberías ser tú quien nos moviera ahora. Yo ya lo hice antes.

-¿Cuándo, si se puede saber?

Ahora su tono sí es hiriente, pero el chico no cae en su treta.

-Cuando cargaba a Jak volviendo del volcán. Lo hice solo. ¿Qué te costaría hacerlo a ti esta vez? Estás rodeada de oscuridad, ¿no puedes?

-Estoy demasiado débil como para hacer algo tan complejo. Pelear siendo intangible… no sé ni como he sido capaz de aguantar tanto. Ya lo dije antes, no pienso ser la carreta de nadie.

-¿Y quieres que yo lo haga?

Ryu no podía creer que lo dijera de verdad, literalmente le trata como a un animal de tiro.

-Eres un taok de luz, se supone que debes ser un buen samaritano y ayudar a los que te lo pidan.

-Entonces… Todavía no te he escuchado pedirlo de buenas maneras.

La sonrisa y el tono gracioso fueron lo anterior al silencio, pues Yami no respondió ni tenía intención de contestar nada, y Ryu no iba a dar intentos para nada.

 

Ambos continuaron caminando sobre la arena, entre las tinieblas de la noche, rumbo al oeste.

 

Sus piernas comenzaban a cansarse, sobre todo las de la chica. Las pieles que portan tienen bastante peso, pues el pelaje que tienen las hace excelentes mantas; para un lugar cerrado, claro.

Por fin, después de horas escuchando solo el crujir de la arena, Yami abrió la boca.

-Dormiremos aquí. Supongo que es tan buen sitio como cualquier otro.

Y sin dar tiempo siquiera de que Ryu se detuviera, Yami ya se había quitado las pieles y las usaba como manta, tumbada sobre la arena.

-Espera, ¿no vamos a hacer fuego?

-¿Con qué madera, idiota?

Con esas palabras volvió el silencio, y ambos quedaron recostados en la dura arena cubiertos por sus mantas.

 

La noche había entrado ya bastante más que antes, y con ella el frío bajo las pieles; incluso entre sus ropas. Y aunque Ryu estaba tiritando para intentar calentarse, Yami estaba tranquila.

-Yami… -Sus fuerzas le abandonan- ¿Estás despierta? Seguro que me atiza.

Le sacudió un poco por el hombro, pero no respondió. Entonces se fijó en esa tez blanquecina iluminado por la tenue luz de los astros, con rostro tranquilo, y el muchacho no pudo evitar acariciar su mejilla.

-¡Está helada!

Exaltado y aterrado toma el cuello de la chica con su mano, que con el índice y anular toma el pulso. Es débil, pero sigue viva.

El cuello de la chica parecía nieve, blanco y frío. Pese a lo precioso que pudiera ser, era peligro.

Sin pensarlo siquiera, Ryu se quitó por completo la cubierta y se la puso a Yami, tapando lo poco que estaba al aire; su rostro y mano. El chico no sabía que hacer, nervioso y asustado, solo supo rezar.

-Ho, madre, cuyo seno es la luz que me guarda y guía, permíteme pasar esta noche y salvar a mi compañera. Sé que os he pedido mucho estos últimos años, pero esta vez os lo imploro. No tengo el poder para usar la luz envuelto por estas sombras, y los rayos… Los rayos…

Su tono ganaba fuerzas mientras su piel la perdía, por lo menos hasta que su pelo se levantó y sus ojos brillaron de un fuerte azul.

-Claro… El entrenamiento de los SIZAN. No pensé que aumentar mi temperatura fuera lo que confundía a las cámaras. Pensaba que era porque los rayos me envolvían… Vale, ahora, no la electrocutes. Concentra todo en ti, y no dejes que muera.

 

Al principio lo guardó en sus manos, y una vez las sentía calientes destapó el rostro de Yami y comprobó que el frío no era problema para él. Cuando calentó todo su cuerpo lo suficiente se metió bajo las mantas, abrazando a Yami con todo su cuerpo; manos y piernas, casi echándose encima.

El muchacho solo podía pensar en no hacer daño a su compañera. Él sabe lo peligrosos que pueden ser sus rayos, además de que no tiene confianza para usarlos, pero sabe que hasta cierto punto los maneja con facilidad.

 

La noche pasaba lenta, pero ahora sin peligro. Con el cuerpo de Ryu irradiando un placentero calor y las mantas reteniéndolo, casi podría decirse que es agradable. Pero las cosas a su alrededor no eran tan confortables. El hambre apremia para todo morador del desierto, y la noche es el tiempo de caza.

Un gran cuadrúpedo, con poco pelo y algo escuálido, se acercaba a ellos olfateando el aire y relamiendo sus grandes colmillos. Una cabeza ancha y alargada, junto con grandes zarpas, parece una amenaza a considerar.

Los suaves pasos del animal en la arena, sumado al profundo sueño de la pareja, hacía que este no tuviera dificultades para abalanzarse sobre ellos, directos a sus descubiertos cuellos.

Los dientes se acercaron con rapidez cuando las patas dejaron el suelo, y se alejaron aún más cuando los ojos del hombre se abrieron emanando una cegadora luz. Los rayos les rodearon y cogieron por medio al animal, elevándole y lanzándole unos metros. Su pelaje humeó y sus patas se movieron por espasmos unos segundos, después de los cuales el silencio volvió a reinar.

 

 

Por la mañana, con el sol despuntando el alba, Ryu se levanta primero sorprendido de no encontrarse a metros de ella en alguna dirección y sin manta. Él se levantó, dejándola a ella con ambas mantas y ese rostro feliz y despreocupado.

-Parece que solo puede sonreír en sueños.

Piensa Ryu, recordando la batalla que tuvieron el día anterior donde pudo ver otro tipo de sonrisa de Yami.

Seguro de que su compañera seguía con vida y con buena temperatura, quiso ir a orinar lejos del lugar. Con sus pasos encaminados, un claro obstáculo se mostraba ante él: el cadáver de aquel animal.

-¿Qué hace esto aquí? ¿Habrá muerto de hambre?

Sin saber que fue su propio poder lo que acabó con esta vida, y sin indicios más allá que el pelo carbonizado, pensó en aprovecharlo como desayuno; pues no parece en mal estado.

Después de aliviarse lejos de donde Yami pudiera oler, comenzó a cocinar el animal. De día, aunque fuera con el sol bajo, ya sentía las fuerzas recorrerle para lanzar una luz que cocinara la carne. Por supuesto, antes de comenzar a cocinar, lo despellejó y limpió con un pequeño cuchillo que guarda entre su pantalón y ropa interior.

La chica abría los ojos con lentitud y pereza, pues, aunque hiciera luz, el fresco seguía en el ambiente. Su nariz la desperezó más rápido de lo que ella quería, pues olía bastante bien.

La carne, un lujo que no está acostumbrada a degustar de seguido; su fragancia se esparcía por los alrededores como un aroma que atrae su atención, y sin mirar nada más ella se levanta y va hasta Ryu.

-¿Ya has cazado el desayuno?

Pregunta ella mirando la carne tal como le gustaría a Ryu que le mirase a él.

-Sí. Si sabes donde buscar, los animales no escasean. Debo parecer lo más confiado posible. Si no muestro confianza, ella no la tendrá conmigo y no se acercará. Debo seguir el consejo de Jak.

-Deja de pensar en Jak. -Una pausa en que Ryu la mira con rabia- Al menos de esa manera. Hacemos esto para ayudarle, así que no le tengas tanta lástima. Ahora vamos a comer.

 

La comida no vino acompañada por ningún comentario, tan solo al terminar la chica dijo algo, pero algo que no sacó ninguna sonrisa a Ryu.

-¿Ahora podrás llevarnos a algún bosque?

-Claro… -Dice sarcástico- Y si no te importa, te llevo directo a las “Puntas Negras”.

-¿A caso podrías?

Su tono de reto, además de su mirada orgullosa, es un claro apelativo a su hombría para que haga lo que ella quiere, pero Ryu ya ha jugado muchas veces a estos juegos como para caer ahora.

-No. No puedo ir directo. Pero sí que puedo llegar a un lugar cercano con gente.

-Eso está bien. Así podríamos conseguir cosas para el viaje. ¿Tardarás mucho?

Su tono seguía sin ser siquiera cercano a una petición, parecía más una demanda, una orden. La impaciencia de su voz hace chispear el cabello del hombre, y eso saca una sonrisa brabucona en la chica, dándole una idea.

Hey, chispitas. No te frustres si no puedes. Todos tenemos una vez que no podemos…

Su tono y maneras son claramente un juego de situaciones y de doble sentido, que se resume en un menosprecio hacia su capacidad. Y esta vez, Ryu, no pudo aguantarlo de buenas.

-¿A caso quieres volver a perder? -Su sonrisa muestra el enfado-

Las chispas se incrementaban y sus ojos ganaban brillo. La mirada no fue hacia ella, pasaba de largo mirando al horizonte.

-Si peleamos… No quiero que te quedes sin fuerzas y no podamos llegar a un pueblo. Además, todavía no me siento recuperada del todo. Así que mejor lo dejamos para otro momento. Ahora concéntrate y llévanos a ese sitio.

Con un fuerte suspiro, que le despojó de los rayos y los destellos, se levantó y caminó unos metros para volver a sentarse.

-La próxima pelea… no será tan rápida. Te lo prometo.

Esas palabras parecieron una amenaza del chico, antes de envolverse en una celestial luz.

Yami solo veía su espalda, con esa manta de pelaje grueso, comenzar a brillar, y no pudo contemplar como esos ojos azules se palidecían con el resplandor de las estrellas con la mirada calmada y serena.

El lugar, antes en silencio con los murmullos del viento, ahora ensordecido por sacudidas que no parecían sentirse. Una vibración que ella había sentido antes, una vibración que le trajo un resquicio de tranquilidad. La arena se eleva lentamente mientras esta sensación persiste, y continua durante unos segundos hasta que Ryu baja su cabeza.

-Bueno… lo más cercano es un bosquecillo que parece habitado. ¿“Su realeza quiere marchar”?

Dice con un humor resentido, pero la joven no reacciona al igual que cuando lo dijo Aru.

-Claro. Cuanto antes estemos a la sombra antes podré darte derrota.

-¿Sombras? ¿No se ha recuperado del numerito de ayer?

Con una mirada abierta, pero que Yami ignora, Ryu se levanta y le pide que se prepare. Yami se levanta y recoge la manta que coloca a modo de abrigo.

La luz les envolvió lentamente con un suave torbellino que creció desde el suelo y, creciendo sin prisa, empezó a moldearse como una cúpula.

La chica se dio cuenta rápidamente de que esto lo hacía por alguna razón; la lentitud en la acción. Creía ella que sería por cansancio de buscar el bosque, o de que la comida le sentó mal de algún modo; mientras que el chico solo pensaba en que este numerito de luces le gustara a Yami.

Tal vez él no la mirase directamente, pero dentro de esta cúpula puede mirar donde quiera sin necesidad de dirigir sus ojos; y pudo ver un minúsculo brillo dentro del ojo negro de la chica, un brillo de vida.

 

No sintieron ningún movimiento en ellos, ninguna inercia, y, cuando la luz se disipó con la misma velocidad que formó, un bosque se erguía frente a ellos con enormes árboles.

-Lo has hecho bastante bien, chispitas.

El tono de por sí ya era ofensivo, pero al decir ese mote ya pasó a humillación.

-“Princesa”… -Su rabia se muestra junto a los rayos- Ya tienes todas las sombras que quieras.

Ella se voltea para mirarle, y lo que ve no es otra cosa que a Ryu abalanzándose sobre ella con una mirada deslumbrante. Él, envuelto en una luz blanquecina donde los rayos destacaban, embistió a la chica, obligándola a entrar en el estado intangible.

La luz, cargando la oscuridad frente ella, se detiene en mitad del bosque. Las sombras era casi lo único que había, los altos árboles no dejaban entrar demasiada luz.

-Creo que no tienes muchas luces, chispitas… Estás rodeado de la oscuridad del bosque, estás a mi merced.

-Es que no quiero derrotarte tan rápido esta vez.

La mirada del chico es brabucona, pero su tono es agresivo pareciendo otra persona del simpático hombre que siempre acompañaba a Jak.

-Cuando usa los rayos… parece que su temperamento cambia. Igual que en el volcán. Si va a ponerse igual que entonces debo usar todo lo que tengo. Debo terminar rápido, si no… perderé.

 

Habiéndose dado cuenta de que pueden leerse los pensamientos el uno al otro, cada uno usa un poco de su habilidad para impedir que el contrario entre, pudiendo pensar sin miedo mientras su concentración se lo permita.

 

Yami parecía animada con esta pelea, emocionada. En su vida, en su viaje en solitario, no tuvo problemas debido a su poder de oscuridad. Nadie se le acercaba por ello, y podía escabullirse con su cuerpo de sombras, por lo que siempre conseguía lo que quería con facilidad; pero contra Ryu no lo siente fácil.

Yami sabe que no tiene muchas opciones contra Ryu, sabe que tendrá que pensar y atacar en el momento justo.

Ella recuerda, mientras su compañero se lanzaba a por ella, la resistencia que mostró él al aguantar su oscuridad cuando apresó su corazón en tinieblas.

Ryu, esa amalgama de luz y rayos, se precipitaba contra ella, preparada para bloquear, y desapareció. Yami, desorientada y perdida, tardó en descubrir la posición de su compañero; no tardaría más de un instante, pero Ryu ya había atacado con un haz de luz.

-Esto… ¿Ha sido una burla?

El golpe de Ryu no fue más que un flash, un deslumbramiento. Los ojos de Yami, al recuperarse del fogonazo, vieron la sonrisa de Ryu junto con una mirada pícara.

-Parece que no eres la “princesa” de esta batalla.

Yami, de nuevo orientada hacia su contrincante, baja la mirada y levanta los hombros.

-Tú… deja… de llamarme así… -Dice antes de susurrar una súplica- DESGRACIADO

Levanta su mirada con ansias de batalla, un brillo abrumador en su ojo izquierdo y un vacío abismal en su derecho. Las sombras de los árboles se levantaron junto con sus ojos, apresando a Ryu en ataduras que no tardan en desaparecer.

-Entonces… hazme ver que mereces tu nombre.

Su seriedad fue implacable, parecía un muro inexpugnable frente la chica. Su resplandor hacía daño a su alma, haciéndola recordar la oscuridad que hay en su interior y su debilidad a la luz.

-Yo… Devoraré tu maldita luz… Si mi oscuridad es tan débil para él… Entonces debo usarla toda.

-Y yo someteré la oscuridad que ensucia el mundo. Parece muy enfadada. Creo que debo usar mi luz para tranquilizarla.

Absortos ambos en sus pensamientos, lo único en que coincidían era en terminar rápido esto. Con la idea de finalizar este tonto enfrentamiento, volvieron a reunir todo el poder que podían.

Tal como masas informes flotando en el aire, esa energía se lanza hacia el contrario.

 

La oscuridad se moldea en grandes serpientes que se enroscan sobre sus iguales y dirigen sus fauces hacia Ryu, quien continuaba acumulando energía.

Cuando el muchacho solo podía ver oscuridad cerró sus ojos, y al abrirlos solo contemplaba luz.

-Esta vez estaba preparada.

La inmensa luz no sorprendió esta vez a Yami, quien vuelve a lanzar dos negras serpientes contra Ryu. Sus ojos azules mostraron sorpresa, pero la sonrisa que los acompañaba enseñaba felicidad.

-Me alegro de que aprenda tan rápido.

Las serpientes, con ese retorcido movimiento, alcanzaron el torso del chico; o lo habrían hecho de no ser por la rápida reacción del mismo.

Como una amalgama de luz comenzó a recubrir las serpientes que le atacaban, y llegó frente a Yami en un instante, con un leve fogonazo.

La calidez de la luz no fue nada comparada con la de los brazos del hombre, presionándola levemente contra él.

-De nuevo esta sensación… De nuevo esta humillación.

Ryu estaba contento, pues por el ambiente pareciera que ella se había relajado, pero pronto su cálida mirada quedaría helada.

La oscuridad emergió de Yami y atravesó el cuerpo de Ryu como decenas de pequeñas estacas.

-Aparta. No me toques.

Dice la joven con su característica condescendencia y agresividad, acompañadas por una mirada distante y airada.

-Claro…

El dolor que muestra el hombre es cierto, su alma escuece como si de fuego se tratase, y da algunos pasos hacia atrás.

-Pero… -Continúa él- Me alegro que puedas sonreír. Aunque sea solo en batallas.

-Yo… Yo no sonrío. Eso es para débiles.

-Pues has perdido…

La sonrisa del chico es placentera, anhelando que su compañera le siguiera, pero lo que sigue es una enorme zarpa de oscuridad que Ryu recibe sin cubrirse.

-Ni me hables.

La joven se marchó entre los árboles mientras Ryu todavía estaba en el aire, y cayó con fuerza sobre la hierba.

-Claro… “princesa”. Ese golpe… He gastado mucha más energía de lo normal. Su oscuridad… es inmensamente poderosa, pero no es de la que mancha el mundo, eso lo tengo claro. Ahora tengo que encontrarla.

Se levantó sin resentirse de ninguna parte y puso rumbo hacia la chica. La frustración que tiene Yami deja un flagrante sendero de oscuridad que a Ryu no le costó ningún esfuerzo seguir.

Pasaron unos minutos hasta que la encontró, y cuando lo hizo la chica estaba meditando sobre un gran tocón; rodeada en un anillo de oscuridad.

Ryu, al verla, se le pasaron dos pensamientos por la cabeza. Uno fue lo bella que estaba con ese rostro relajado y concentrado, y el otro fue meditar junto a ella; y eso hizo.

Se sentó con las piernas cruzadas y manos entrelazadas para comenzar. Dejó su mente en blanco con rapidez y, ese blanco, comenzó a salpicarse por erráticas líneas amarillas y azules. En su mente vacía comenzó a dibujarse un escenario; un estanque rodeado por enormes paredes grises y sin adorno alguno.

Yami estaba también allí, sentada junto al estanque mojando sus pies, jugando con sus sombras en la mano derecha. Su mirada era dolida y su concentración absoluta sobre su oscuridad, pues no se dio cuenta de que el chico estaba allí.

Ryu, conforme ella le dijo, no le habló, simplemente pasó frente a ella.

-¿Qué? ¿CÓMO?

Su sorpresa duró nada y menos, siendo cambiada por furia.

-Mi único lugar privado. Mi único remanso de paz… y él se atreve a ensuciarlo con su dichosa luz.

Al momento en que ella mostró sus tinieblas, Ryu levantó las manos hasta los hombros y negó con una sonrisa. La luz envolvió al muchacho y desapareció del lugar.

-¿Y ahora se marcha? ¿Qué es lo que quiere conseguir con esto? Espera… Si ha entrado significa que está cerca como para verme. ¡RYU!

Yami despertó sobre el tocón, rodeada de oscuridad y buscando con ella la luz de Ryu, pero no estaba. Cuando sus nervios se calmaron pudo notar que, sobre sus hombros y tapando su espalda, se encontraba la manta de Ryu.

-¿Pero qué…?

Se la quitó y la recogió, al igual que la suya, tirada en las cercanías. Con ambas mantas en su brazo izquierdo, anduvo buscando a Ryu. En su mente no podía entender el motivo de que le dejase la manta.

Mientras caminaba, un hilo de luz nítida llama su atención y, segura de que era Ryu, decide seguirlo.

 

Al llegar a avistar el comienzo de ese hilo, su corazón se sobrecogió. Sintió pavor, una impresión inimaginable. Decenas de hombres cubiertos por sangre y cortes, extremidades quemadas y amputadas. Railes de fuego permanecían por todo el claro además de tres excavadoras volcadas y reventadas en pedazo, y…

-¿Ryu?

Pregunta Yami, anonadada, mirando la única figura que quedaba en pie en aquel lugar.

El zumbido de los rayos que saltaban desde su piel, además del bravo viento provocado por las llamas, erizaba el poco vello de la joven.

Un rugido emergió desde el interior de los truenos, pero eso no asustó a la chica.

-Si quisiera atacar ya estaría frita.

Tan solo por ese pensamiento se tranquiliza, y decide avanzar hacia él.

-Parece que ya no podré llamarte “chispitas”.

Dice ella mirando sin impresión, ahora, los cadáveres del claro, dándose cuenta en este momento de que portaban armas de fuego. Ese detalle intrigó a la joven.

-¿Qué? ¿No vas a decir nada? Aunque debo agradecer no tener que escuchar tus estupideces por un rato.

Ella miraba su espalda, pues no tiene el valor para mirarle la cara al artífice de esta masacre. También por factor de sus potentes y desmedidos rayos.

-Venga, esto ya es raro. Para. Di algo, por estúpido y tuyo que sea.

Su rostro, viendo que Ryu está completamente estático, pasa de cierto asombro a pesadez; unos ojos medio abiertos y sus comisuras decaídas.

-Espabila, hombre. Te está hablando una señorita.

El golpe de oscuridad, una pequeña zarpa, golpea en la resplandeciente nuca del muchacho.

La cabeza de Ryu bajó, miró al suelo, y sus luces y adornos comienzan a difuminarse en el aire hasta desaparecer.

-¿Entonces puedo volver a hablarte?

-¿Qué?

La sorpresa de la chica vino por ambas, por la pregunta estúpida y por esa sonrisa de igual calificativo.

-¿Todo esto para que te dejara hablarme de nuevo?

-En realidad no. Yo estaba paseando y ellos empezaron a acribillarme a balazos. Después de eso… Me descontrolé por cierto motivo.

-¿Qué motivo?

-Porque soy un hombre.

La sonrisa que dio fue curiosa, ladeando la cabeza con esa mirada risueña e infantil y las manos en la nuca.

-Un hombre idiota. Tienes que recalcar eso.

-Lo recordaré la próxima vez.

El muchacho le sigue el juego, gesto que no convence a Yami. Ella acostumbra a que estas palabras generen una agresión o reacción negativa, no una sonrisa.

-En fin… Parece que estos hombres estaban trabajando en una excavación. ¿Echamos un vistazo? -Dice Ryu-

-¿Crees que tenemos tiempo para eso?

-Jak encontró algo que le quitó los poderes en un templo dentro de un volcán. Tal vez lo que estos encontraron fue otro de esos templos. Podríamos tener una solución incluso antes de lo que pensábamos.

-Mirándolo así… Si es por Jak, debemos buscar en cualquier rincón.

-Lo sabía. Si meto a Jak en el asunto, ella se apuntará a todo. Debo pensar en más excusas para el fututo.

En aquel claro, devastado por el fuego y levantado por el impacto de los rayos y uso de maquinaria, denotaba la presencia de una bajada en la tierra.

Una pendiente, no muy empinada, se adentraba en las profundidades del bosque, sosteniendo el techo enraizado con pilares de madera. El desnivel parecía que no fuera a terminar, incluso Ryu hizo brillar su mano derecha para no tener problemas con tantas piedras y raíces por el suelo.

Cuando Yami comenzaba a mirar a Ryu con ganas de clavarle un puñal, la luz alcanzó una descomunal puerta con gravados ya desgastados. Ambos miraron esa roca e intentaron averiguar por su cuenta el significado de los grabados, aunque fuera imposible verlos con claridad.

-Parece que ellos no lograron entrar.

-Esto es ciertamente similar al volcán. Solo gente digna podría entrar.

-¿Entonces…? ¿Nosotros no éramos dignos del volcán?

La pregunta de Ryu coge por sorpresa a Yami, regresando ambos a ese pensamiento de debilidad y abandono.

-No lo digas así. Esto fue idea de los dos. Este viaje. Y juro por los viejos dioses que lograremos traer a Jak, a “Puño de Roca”, de vuelta.

-Esa es la actitud que me gusta. Vamos a abrir esto.

Ese tono, esa expresión, esa vibración, hacen a Yami rememorar un momento concreto de su niñez. Un momento en que su alma encontró calma, y su sonrisa salió sin que se diera cuenta.

Ryu ya miraba para la pared cuando Yami se dio cuenta de la expresión en su rostro, y tenía que tomar medidas.

-Aparta. Tú solo destrozarías la puerta.

-Mi idea no era esa, pero…  Ya, lo siento. Todavía no controlo bien los rayos.

-Otra vez con esa actitud… Maldita sea. Enfádate de una maldita vez.

Su rabia hacia el compañero hizo que las tinieblas crecieran sin más, sin pensarlo, y las lanzó contra la puerta. Esos grabados que parecían deshechos por el tiempo y el movimiento atraparon las sombras, brillando con luz propia.

Ryu felicitó a la chica, lo que solo la enfada más. Las puertas se abrieron todavía con la luz en ellas, iluminando así el interior.

Una estancia pequeña, como si fuera un lugar para rezos individuales, estaba ante ellos, y en la pared del frente unas letras se iluminaron también.

 

“Solo la luz encontrará el camino entre la oscuridad, al igual que las sombras tomarán el corazón de la luz. Cuestionad lo que vean los ojos, alabad los ojos del corazón y alejaos de las palabras del ocaso”

 

Y bajo estas enigmáticas, casi proféticas, palabras se encontraba una máscara. Un pedazo de madera, muy similar al que porta Jak, pero sin dientes de adorno y con ojos de distinto color. El derecho era blanco y el izquierdo negro. Ambos la miraban con dudas, pues pensaban también en las palabras.

-Creo que debería llevarla yo. -Dice Ryu-

-¿Por qué? El texto habla más de la oscuridad. Debería tenerla yo.

-Pero una máscara así no se vería bien en ti.

La chica se frenó ahí, se quedó en blanco, pero no creyó en su alago.

-No pienso caer en un truco tan tonto. A mí no me importa si me queda bien o no, solo me importa si puede darme más poder. Así que lo cogeré yo.

Así se acercó, dando los pocos pasos que necesitó hasta coger la madera. Al colocarla sobre su rostro y mirar para su compañero, se tambaleó.

-No me encuentro bien. Esta máscara… Tiene un poder extraño.

-Pff… -Ríe Ryu- Pues le queda muy graciosa.

Él no se rió tanto cuando la joven hizo acto de caer hacia el suelo. Su cuerpo se movió solo a recogerla, haciendo bien para sujetarla por el vientre y hombro.

-¿Estás bien?

La máscara cayó de su rostro y ella recobra las energías.

-Creo que me toca probar.

Y sin miedo Ryu se coloca la madera. No pasó nada, parece que en él la madera no tiene poder alguno.

-Bueno… Parece que solo es un disfraz para mí. Qué pena.

El hombre esperaba que su tonto comentario suscitara una reacción de diversión, pero de nuevo nada. Solo una sacudida que sorprende a ambos.

El temblor desmoronó el techo sobre el túnel que usaron para entrar, sus elementos no podían atravesar tanta roca por sí mismos.

-Genial. -Dice sarcástica y enfadada- ¿Ahora que hacemos, hombre del disfraz?

El tono puesto en el mote improvisado fue doliente, pero Ryu se esfuerza por mantener su sonrisa incluso debajo de la máscara.

-No tengo ni idea. Pero esto parece que ha sido por coger la máscara. Y si este era el plan del que hizo la sala… Nuestra única pista son esas palabras. Luz y oscuridad… Vaya casualidad, ¿no crees?

Se levanta la máscara graciosamente, dejando descubiertos sus ojos y sonrisa.

-Sí… Que bien… -Dice con desgana y apartando la mirada-

Ambos, con la mirada fija en esas palabras todavía brillantes, estaban tan juntos que ni se dieron cuenta de que sus hombros se tocaban.

-¿Qué pueden significar? ¿“Tomar el corazón de la luz”?

-¿Solo yo puedo abrir el camino entre la oscuridad?

Sus mentes trabajaban y no era lo único, pues las letras y grabados dejaron de relucir a los pocos minutos en que ellos pensaban.

-No… Estamos encerrados… y sin luz. ¿Por qué tiene que ser la peor situación? ¿Y además con este inmaduro?

La respiración de la joven se agitaba, aunque intentaba aparentar normalidad, y Ryu, sin darse cuenta de esto, encendió su mano derecha para poder ver un poco la cámara.

-No me esperaba que se apagaran. ¿Ahora qué hacemos?

Yami regresó a su confiada expresión al momento en que hubo luz, y no podía callarse.

-Ya imaginaba que un usuario de luz estaría incómodo en la oscuridad. ¿De verdad peleaste con Jak? ¿O simplemente perdiste sin dar pelea?

-¿Se te ocurre algo o solo quieres burlarte de mí? Eso ya empieza a cansarme.

Un crujido, que sorprende más a la joven que a Ryu, parte la pared frente a ellos, la pared en que antes brillaba todo el texto y ahora solo unas pocas palabras:

 

“Alejaos de las palabras del ocaso”

 

Tras poder leerlas, se apagaron y una nueva puerta se mostró, se abrió y dejó entrar una extraña luz.

Un nuevo pasadizo, mucho más trabajado y seguro que por el que entraron, se abrió ante ellos y decidieron proseguir por él; pues no tiene otra forma de avanzar.

Al solo entrar en aquel pasadizo, adornado con murales esculpidos a lo largo de este, la puerta se cerró, sobrecogiéndoles con un estruendoso sonido.

-Al menos hay luz.

Dice Ryu sin saber que Yami pensaba lo mismo.

Pero esta luz es extraña, porque no hay resquicios por donde pudiera filtrarse y además es un brillo uniforme y tenue en todo el lugar.

La joven, curiosa como en la biblioteca, empezó a inspeccionar los dibujos en las pareces mientras avanzan.

-Claro… Una ciudad antigua del culto a la luz. Por eso la máscara me mareó.

Piensa al ver una parte del pasillo, pero el mensaje era claro.

Tampoco tardaron demasiado, o eso le pareció al muchacho, en llegar al final del lugar. Ese corredor da a lo que ellos entienden como una necrópolis. Un lugar lleno de tumbas y edificios dedicados al culto. Este lugar, bañado con esa tenue luz, se extiende por hasta donde les alcanza la vista.

-Esto se parece más a lo que harían los cultos de la oscuridad, no los de la luz. Tal vez sea solo por lo arruinado que está el lugar, pero me parece algo extraño.

-Esto es muy extraño.

La chica se sorprende pensando en que el chico llegara a la misma conclusión que ella, pero claramente no era así.

-¿Cómo termina todo esto bajo tierra y crece un bosque encima?

-¿Por qué tiene que ser tan idiota? Está claro que lo construyeron bajo el bosque… Idiota.

El suspiro de desahogo de Yami hace sonreír a Ryu, quien ve que su intención tuvo éxito.

-Busquemos una salida por algún sitio. Los techos son muy altos. No debe haber mucha tierra entre nosotros y la superficie. Tal vez pueda volarlo con un fuerte rayo, pero mejor buscamos una salida antes de hacer una.

 

El tiempo pasó y Ryu decidió atar la máscara a su cinturón, junto con las bolsas de comida que lleva.

No encontraron nada aparte de objetos religiosos sobre la luz: estrellas de cinco, seis y ocho puntas acompañadas por textos inspiradores sobre la vida. Al leer algunos de estos, Yami comprendió que era el tiempo y la umbría lo que la hacía pensar que era un lugar de la oscuridad.

-Sigue sin haber una salida. A este paso tendremos que comer aquí abajo.

-El hambre me está matando. Es como en los castigos de solo una comida al día. Yo siempre elegía la cena. -Piensa el muchacho-

Ryu, al frente de Yami, se detiene con los brazos extendidos; una señal para la chica.

-Paremos por aquí a comer.

-Espero que tengas algo, porque por aquí no se ve nada.

-Claro que tengo, si no, no diría nada. -Se sientan sobre sus mantas, el suelo de piedra está frío- Recuerdas en la iglesia de Úrogan, después de la pelea, que acompañamos a Jak a comer. Pues cogí unas cosas. Eran cecinas, así que no deben estar malas.

Yami no agradeció, simplemente devoró su porción sin degustar una pizca; acto que no agrada en absoluto al hombre.

Después de comer, Ryu extiende de nuevo sus brazos esta vez hacia arriba. Pareciera que el sueño se le apodera.

-Yo creo que dormiré ahora. No me tengo despierto.

-¿Qué? Pero acabamos de comer. ¿Cómo que a dormir ya? Vago idiota.

-Una magia de luz relativa. Crea una ilusión de que tu tiempo pasa más lento. Me pregunto si yo lograría algo así si entrenase lo suficiente.

 

Yami, sola en aquel enorme lugar, siente una ansiedad que la asfixia poco a poco. Nunca le han gustado los espacios pequeños ni excesivamente grandes, ni tampoco un nivel de luz tan particularmente constante. Todo este ambiente tan antinatural, tan controlado, angustia y aterra a la chiquilla.

Finalmente, y solo por puro sueño, Yami cae sobre la manta y su mente se adentra en los sueños.

 

La joven fue la primera en despertar esta vez, viendo y notando la cercanía que había tomado ella hacia el joven. Su calor la atrajo.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué hago tan cerca?

Se levantó con torpeza y el pelo revuelto, una maraña de un largo y negro cabello que solo habrían despertado las risas del chico; suerte que no estaba todavía despierto.

-Esta sensación… Me es familiar, pero… ¿Qué es?

Miró ella a su alrededor, y ahora se percata de la oscuridad que les rodea. Ellos, sobre un remanso de paz y luz, envueltos por tinieblas que no dejaban ver ni el edificio más cercano a ellos.

-No puede ser… Todo… ¿Ha desaparecido?

El temor regresó a sus venas, su respiración casi se reduce a cero, su corazón se sentía a punto de explotar y, sin ningún sonido a su alrededor, todo lo que escuchaba era su mente chillando de terror.

-Ryu… despierta. Alumbra el lugar, por favor. No puedo aguantarlo más, por favor…

Las lágrimas, a punto de caer de sus párpados, destellaban en sus ojos; destellaban con un tenue tono azulado.

Al caer esa agua en la tierra, el tono azul la sobrecogió; ella sabía su significado y quedó estática por el terror.

-No… No… Otra vez no…

Los recuerdos de su niñez, el terror de las noches, el dolor de los días, el miedo al exterior y odio a lo conocido… Todo regresó en ese instante para atormentarla de nuevo, para no dejarla respirar mientras lo que sabía que venía hacía presencia.

El brillo azulado apareció y, con él, el casi inaudible grito de temor de Yami. Esas cuencas brillantes, de aquel negro cráneo, se acercaban a la luz, iluminándose el resto de aquel ser.

Un torso esquelético, todo negro salvo las brillantes cuencas y garras, dos enormes garras que rezumaban el brillo y goteaban de sangre, eran las terminaciones de sus huesudos brazos.

-Ryu… por favor… No quiero morir… Todavía no he matado a mi padre.

El esqueleto, flotando en aquella oscuridad, se acercaba con lentitud a la inmóvil muchacha. Ella suplicaba a los dioses que su compañero se despertase, pues ella no tenía energías ni para llorar.

-¿Qué quieres? ¿Ya tienes hambre nada más despertar?

Frotándose los ojos para poder abrirlos, el hombre se incorpora, todavía sentado, y con el simple acto de mirar los tristes ojos de su compañera; ese rostro tan infantil y suplicante de protección, ese esqueleto se esfumó junto con toda la oscuridad que les envolvía.

Ryu, enloquecido por ese rostro tan humano, tan llamativo y simple, pregunta una vez más para centrar su mente en algo que no fuera en esos preciosos ojos frente a él.

-¿? ¿Qué ha pasado? -Mira a su alrededor- ¿Ya no hay oscuridad? -Sacude un poco su cabeza- Sí. Ya tengo hambre. ¿Qué sucede? Tengo que mantener este precioso cuerpo.

-Ese adorable cuerpo, querrás decir. Mierda, he hablado sin pensar.

-¿Adorable? ¿Cómo te atreves a llamarme así?

El chico no comprende cómo no podía gustarle un piropo así, pero simplemente se retractó y negó.

-¿Le parezco adorable? – Piensa con felicidad- Espera…

Tocó su pelo con quietud, lo más lento que pudo, y al notar lo alborotado que estaba bajó la mirada. Una preciosa y adorable mirada, si se lo preguntases a Ryu.

-Precioso peinado también. -Ríe sin malicia-

-¿Por qué? ¿Por qué pasa esto?

Ryu, sin decir nada más, saca la tercera bolsa de comida que guardaba; las otras dos fueron la comida antes de dormir.

-Perdona si te he molestado, toma. Toda tuya. Tenemos que salir de aquí como sea. La trampa mágica seguirá activa y moriremos de hambre. Debo reventar el techo.

Yami, sin mostrar su rostro más de lo imprescindible, envuelve su cabello en oscuridad y, al desvanecerse, su cabello queda liso y largo como siempre. Una apariencia que sigue encandilando al muchacho.

-Por cierto. -Dice Ryu cuando ella empieza a comer- ¿Has tenido una pesadilla?

-¿Pesadilla? ¿Por qué preguntas?

-Bueno… Tienes los ojos llorosos. Pensé…

-Cuando tengo seño me lloran los ojos. Solo es eso. No te preocupes por tonterías. No soy ninguna niña. ¿Por qué no deja de mirarme así?

Una sonrisa tonta y una mirada que no se separa de sus ojos y rostro, eso es lo que más nerviosa pone ahora a Yami.

 

Ella comió con esa mirada pegada a ella, pero al final aprendió a ignorarla, aunque no le gustase sentirla encima.

Así, y todo recogido, pusieron rumbo a alguna parte.

-¿Sabes siquiera dónde vamos? Ayer buscamos por todos lados y no había ninguna salida.

-Claro que no había nada. Este lugar es donde la gente venía a morir, por eso no hay salida.

-¿A morir? Pero no vimos ningún cuerpo. Ryu debe intentar asustarme.

-Un cementerio de taoks. ¿Sabes cómo mueren los taoks?

-Claro que lo sé. Los usuarios mueren convertidos en sus elementos.

-¿Y qué crees que era toda esa extraña luz?

Los ojos de Yami se abrieron de par en par, como platos, asombrada de la perspicacia de su compañero, y ahora asqueada de haber sido alumbrada por “cadáveres”.

-Y estamos yendo al lugar con el techo más alto, así será más fácil volarlo.

-¿Volarlo? Tú no tienes tanto poder, “chispitas”.

-Claro que sí, “princesa”.

Yami quiso atizarle, pero el aura que emitía era tan intimidante que no tuvo ni el valor ni el poder para oponerse.

-Soy mucho más fuerte de lo que has visto, pero nunca lo uso porque… -La vergüenza se apodera de él- Porque no lo controlo bien y me hago daño a mí mismo.

Parecía un niño pequeño, un comportamiento demasiado divertido como para que Yami no se riera. Por otro lado, esa presión causada por la intimidante aura de Ryu se había ido.

-¿En serio? ¿Qué clase de usuario no puede controlar su poder? Además, seguro que es una basura de poder y por eso vas al lugar más delgado.

Con las risas de Yami, que deberían ser hirientes para Ryu, el muchacho también expresa su felicidad; aunque fuera de la vista de la chica.

 

Llegaron al lugar, sobre el tejado de uno de esos edificios. El techo se notaba que ascendía.

-Creo que con dos dedos será suficiente. -Susurra-

-Dos nunca son suficientes. -Ríe para sí-

Con la duda de si esa risa es por lo que acontece o por el comentario, Ryu se prepara. Mostrando su índice y corazón los guía a su frente.

-Ho, madre, tú que alumbras mi camino. Guía mi luz para que los rayos no fallen.

Las chispas saltaban de un dedo a otro. Yami estaba algo sorprendida, pues hasta ahora no había visto a Ryu usar sus rayos.

Al Ryu extender la mano directa al techo; no directamente sobre ellos sino más al frente, en una diagonal; los rayos que salieron de esos dedos alumbraron la enorme sala.

Yami, asombrada por la luz, no supo reaccionar con el estallido del aire y mucho menos con la sacudida que hizo la tierra al caer desde tal altura.

-Creo que “chispitas” se me queda corto. Tendrás que buscarte otro mote.

Su risa es diferente, mostrando su orgullo y satisfacción al no haberse herido más que las puntas de sus dedos; negras y ensangrentadas.

-“Bigotes”.

Contesta Yami sin pensar, todavía muy impresionada por todo lo sucedido.

Ambos se miraron, incrédulos, pero por distintos motivos.

¿Bigotes? ¿Por mis cicatrices?

-Es… Es demasiado asombroso. Suerte que no sepa usarlo, porque, si no, no podría hacer nada contra él. Esa luz es demasiado potente, me quitaría las sombras en un instante, y la potencia que tienen sus rayos… Me mataría sin dudar.

 

Ninguno comentó nada. A Ryu incluso parecía que le gustaba, pero no como un mote amistoso precisamente.

Ambos subieron por el agujero usando sus Taoks, quedando al borde del gran cráter.

Escucharon pasos, unos muy agitados. Ryu dijo que estarían huyendo por el susto de la explosión pero, cuando nueve personas, armadas con lanzas y hachas, aparecieron de entre los árboles, Yami no podía evitar lanzarle una mirada de “¿Decías?” tan hiriente como acostumbra.

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