El señor de los Vikingos – Capítulo 19
Capítulo 19 – Señor
— ¿Qué haces aquí? ¿No te dijimos con Freyr que esperaras unos días?
—Lo hicieron, pero era obvio que algo malo iba a pasar —Hizo una pequeña pausa para verlo de arriba abajo, mirando a Aren quien estaba encadenado y con un aspecto realmente terrible—. Y veo que tuve razón —La chica sonreía y se reía en la cara de Aren, quien no salía del todo de su shock por verla aquí.
—Entonces… ¿viniste para refregarme en la cara qué tuviste razón o vas a liberarme?
— ¿No puedes por ti mismo? He visto que eres fuerte por sí solo —Aren no pudo discutir con tal lógica y por ende, con algo de fuerza pudo liberarse de sus cadenas. Aunque pudo deshacerse de los grilletes, de todas formas pidió que se lo sacara a lo cual la chica lo hizo sin mucha queja—. En fin… ¿Cómo pudiste salir? —Se tomaba la muñeca con la mano debido a la sensación de tener el grillete puesto.
—Tampoco lo sé —Negaba con la cabeza—. Pero cuando me di cuenta que había salido, era tarde. Esperaba hacerme piedra… pero no sucedió. Y como no sucedió, vine aquí —Ella hablaba de manera casual sin saber que Aren, internamente, estaba tratando de procesar la información.
Aren sabía que su raza no podía salir de las profundidades de las montañas o de lo contrario, estos se convertirían en piedra significando la muerte instantánea. Por eso mismo Aren la miraba con un sentimiento raro, sentimiento que no podía expresarlo de ninguna forma. Sólo le miraba a la cara y más precisamente algo que le encantaba y no podía ocultar: sus orejas puntiagudas. Su piel oscura y su cabello plateado, ojos rojos y su cuerpo eran digno de mención, pero a Aren sólo le llamaba la atención sus orejas a tal punto que generaba demasiadas ganas de tocarlas. Él quería pero ella ya le dio varias advertencias sobre que pasaba si las tocaba. Como no la conocía del todo, simplemente no dijo e hizo nada.
— ¿Cómo entraste?
—Había algunos guardias afuera… Había —Se acercó hasta la puerta de la pequeña celda mientras comentaba eso. Los guardias, que eran pocos, perecían en el suelo y cubiertos de sangre. Se acercó hasta ellos para tomar una hacha y lanzarla a Aren para que la tomase—. Y luego estoy aquí frente a ti. ¿Sabes dónde está Freyr?
—No tengo ni idea. Fui encerrado aquí y desconozco cuanto tiempo ha pasado —Aren no bromeaba, realmente no sabía que pasó afuera desde que fue encerrado—. ¿Cuánto tiempo llevo aquí Hemera? —Se pasaba las manos por los ojos y por toda la cara mientras tomaba el hacha y se ponía la ropa que la misma le pasaba.
—No estoy segura pero lo más probable que haya pasado cerca de un mes, no tengo idea —Aren paró lo que estaba haciendo para ver a Hemera sin decir nada y con una cara incrédula. Esta sintió su mirada y lo vio que le estaba clavando los ojos a la cara—. ¿Qué?
— ¿Un mes ha pasado? ¿Cómo pudo pasar un mes? —Empezaba a cuestionarse el hecho de que haya permanecido encerrado un mes sin que alguien viniera a hablarle o checar que estaba bien—. ¿De verdad me estás diciendo esto? —Aren le tomo de los hombros mientras le sacudía.
— ¡Ya te dije que no sé! ¡No soy buena contando los días todavía pero el aproximado es ese! —Hemera se desesperó por ser tomada y sacudida de tal manera. Empujó a Aren para soltarse de él, teniendo éxito. Se lo quedó mirando por unos segundos, observando que se tomaba la cabeza mientras suspiraba y murmuraba cosas por debajo—. ¿Ahora qué te pasa?
—Si lo que dices es cierto —Su mirada ahora era seria y le apuntaba el dedo hacia ella— entonces es capaz de que hayas visto a un grupo de gente venir hasta aquí ¿no? —Hemera asintió sin decir nada—. Eso significa que sea uno de los señores de la región… Muy probablemente ya sepan sobre Erik y los demás… —Aren empezaba a pensar y a sacar conclusiones sobre lo que pudo haber pasado en ese supuesto mes que estuvo encerrado.
— ¿Es algo que importe que ese señor del que hablas haya arribado a este pueblo? —Hemera recibió de respuesta un simplemente “no sé”. Ella también se puso a pensar un poco, llegando a sacar algunas conclusiones—. ¿Comercio? ¿Alianzas? ¿Tierras? No, eso último no creo que sea… Bueno —dio un pequeño aplauso mientras sonreía—. ¿Qué importa? Es mejor que nos vayamos ya que no sé cuánto tiempo tardaran en darse cuenta que hay hombres muertos por los alrededores
—Tienes razón. Hay que evitar también que la gente me vea
— ¿No te preocupa que ellos me puedan ver? —Aren sonreía mientras una pequeña risa salía de su boca al igual que su cara que, estando sucia, se podía notar todavía su expresión incrédula—. ¿Qué te parece gracioso? —Protestaba Hemera.
—A nadie le parece raro una mujer de piel oscura rondando por las calles, sería una esclava más. Raro sería que vieran tus orejas. Sabes que esta gente conoce a tu raza y creo que mejor de lo que podría conocer yo —Hemera se puso su capucha que cubría toda su cabeza salvo su cara y parte de su cabello principalmente para esconder sus rasgos de elfo oscuro, evitando así llamar la atención. No le mintió que si ella dejaba ver completamente mucha gente empezaría a preguntarle como hizo para no sufrir la maldición. Esto y algunas cosas más hacían que Aren se preocupase por ella, por eso mantener todo en secreto—. En fin, tratemos de irnos —quiso salir pero Hemera le puso la mano en el pecho, deteniendo que se vaya— ¿ahora qué pasa?
— Te olvidas de decirme algo ¿no? —Aren le miró hasta darse cuenta, luego de un minuto de silencio, que le faltaba agradecerle por venirle a salvar. No necesitaba ser salvado, podía irse cuando quería pero, sin ser una mala persona, le agradeció desde el fondo de su corazón, siendo esta la segunda vez que lo salva. Ella sonrió y no pudo evitar ponerse feliz con ello. Con una decisión en mente, desvainó su espada y la puso cerca de la cara de Aren.
—Oye, pensé que me estabas ayudando a irme —Varios pasos hizo para atrás mientras levantaba las manos.
—Lo sé… pero date cuenta que tampoco podía estar aquí de no ser por ti y tu… lo que sea Freyr—suspiraba mientras recordaba aquel día— por eso quiero hacer esto —Se arrodillo frente a Aren, este viéndole confundido—. Yo, Hemera Zeldrur, hija de Rolme Zeldrur, juro por Odín y por sus hijos, así como todos los demás, que sea testigos de mi juramento a mi nuevo señor hasta mi muerte —Dicho eso, se levantó y le hizo una pequeña reverencia a Aren quien seguía hasta ahora, muy confundido—. Bien, podemos irnos
— ¿De verdad estás segura de hacer eso?
—Ya es algo tarde para decirme si me arrepiento o no… Señor —aun haciendo un juramento, la forma en decirle señor era de manera sarcástica —por lo que creo que tampoco deba hacer falta decirle que estoy arrepentida sino no lo hubiera hecho
—Bien, es cierto… De todas formas, agradezco tu lealtad —También usó el tono sarcástico al igual que Hemera—. Ahora si hay que irnos… ¿No tienes nada más que hacer o decirme? —Ella negó entre risas mirando a Aren quien seguía con su cara inexpresiva debido a ella. Ahora, tanto Aren como Hemera dejaron de lado las bromas y las risas, ambos salieron de la prisión sin ser vistos o detectados.
Era imposible que nadie supiera o que nadie viera que faltara en la prisión o que haya cuerpos tirados por los alrededores pero pasaba de pensar en esto. Ahora, tenía en mente otra cosa por la pequeña información que Hemera le dio: saber de Freyr.
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