El señor de los Vikingos – Capítulo 24

Modo noche

Capítulo 24

Si se tiene que hacer un conteo de los días que Aren y Freyr no estaban o mejor dicho, no aparecían amargando al hermano de ella a tal punto que tenía ganas de matarse, podía llegar a ser algo así de dos semanas casi.

No era que no podía encontrarles por más haya enviado gente a que miraran por todas sus tierras para encontrarle, era que ellos junto con su sirvienta Hemera, ya habían emprendido su viaje hacia el norte de donde se encontraban.

¿Por qué ir al norte? Había una respuesta para ello.

La razón era porque, según de lo que Aren les había dicho, en la ciudad que les comentó donde había alguien que quería conocer, podría llevarles al oeste siempre y cuando tuvieran confianza plena en ellos y, actuaran como hermanos para ellos.

Pero, una duda le llegaba al corazón cuando pensaba esto.

Su duda era Hemera.

¿Cómo reaccionaría la gente si vieran a una elfa como lo era ella? Más allá de eso, sabía que si los nórdicos la llegaran a ver, estarían estupefactos y casi de no creerlo. Pero estaba más preocupado si otras personas le vieran. Su belleza, para lo que él tendría entendido sobre lo que tendrían que ser los elfos oscuros en esta realidad, no tiene palabras para describirlo.

Sí, tenía miedo si era vista sin su capucha por gente no pagana y eso le atormentaba mientras viajaban y descansaban.

Al menos en dos semanas, habían logrado atravesar una gran parte del territorio del padre, ahora del hermano, de Freyr quien en el viaje no se mostraba muy alegre debido a lo largo que era y tampoco la culpaba. Debían llegar en al menos un mes más si se enfocaban en viajar… si tan sólo tuvieran caballos, sería un poco más corto.

Y la fortuna les sonreía porque luego de haber unos cuantos kilómetros caminando, después de tanto, una casa donde aparte de tener un pequeño rancho con animales de todo tipo, tenía varios caballos listos para usarse.

Aren no le importaba para nada sobre la moral de no robar. Ahora mismo, estaba más que dispuesto a robarlos y usarlos con los demás, cosa que hicieron sin que la gente que estaban dentro, visto por Hemera, se dieran cuenta alguna y empezaron a galopar cuando se alejaron lo suficiente para no atraer la atención.

A partir de allí, el viaje se hizo mucho más fácil con los caballos. Avanzaban, cazaban, descansaban y así como rutina era lo que le esperaba de ahora en adelante hasta que llegaran allí.

———

“¿Cuándo vamos a llegar allí?”

“Llegaremos cuando tengamos que llegar querida, no te impacientes nuevamente por favor que lo único que quiero es escucharte quejarte sobre ello”

Y realmente era así.

Freyr estaba a veces cansada de viajar y siempre le preguntaba a su esposo, Aren, que si ya estaban por llegar una y otra vez hasta el punto de que hasta Hemera le estaban dando ganas de querer hacerle algo a ella. Pero como había jurado ser servir a ambos, no podía hacer nada si uno no le daba la orden.

“Pero, ¿realmente falta mucho?” Freyr volvió a preguntar y por el tono que había usado, no se escuchaba que fuera para incordiarlo sino para realmente saber.

“Creo que si nos apresuramos… en unas horas más llegaremos allí”

Tampoco Aren podía mentir. No conocía mucho del lugar pero suponiendo bastante y teniendo algo de suerte, habían pasado no hace muchos días las tierras de un jarl que, al preguntar a uno de los hombres libres de allí, este le dijo que Kattegat se encontraba no muy lejos de allí y que si seguía el camino que estaba del otro lado del pueblo, entonces podían encontrar ya dicho camino que los guiaría hasta allá.

Efectivamente, tras algunos días y ahora algunas horas después, podían divisar un pequeño pueblo que si se observaba por encima de ella, algo de vida se podía divisar.

Este lugar era su nuevo destino y era un lugar en donde vivirán una vez que logren asentarse de una buena manera así como también su enlace al futuro para lograr convertirse en señores vikingos (osea jarls) siempre y cuando hagan las cosas como deben.

“¿Esto es realmente el lugar al que veníamos?” Dijo Freyr con algo de frustración en su mirada. “Las tierras de mi padre parecen ser mucho más grande a lo que es esto”

“Yo nunca he dicho que este lugar sea precisamente una ciudad enorme que digamos… Pero sí, es un poco más pequeño que él de tu padre” Aren sabía que este lugar en el futuro iba a crecer y mucho más grande que todo las otras tierras debido al prestigio de este. Era cuestión de esperar a que la historia pase como debe y no interferir mucho en ella o mejor dicho, no interferir.
“Pero aun así, este lugar es demasiado pequeño. ¿Vamos a pasar nuestras vidas aquí? Para eso, era mejor matar a los confidentes de mi hermano y quedarnos con las tierras…”

“Dije que vamos a quedarnos aquí y esa es mi decisión y se va a respetar, ¿sí querida esposa mía?” Dijo Aren mientras miraba a Freyr seriamente y apretando sus dientes. Debía respetar también su opinión pero ahora mismo quería lo mejor para ella y esto era lo mejor que podía darle por cómo se daban las cosas. “¿Sí?” Volvió a preguntarle una vez acercándose hasta ella y tomándola de la mejilla para estirarla a lo que ella respondió con un sí.

Hemera, quien estaba callada en su caballo mientras miraba a sus “señores” frente a ella y finalmente habló. “¿Aquí es donde ustedes van a estar?” También pensaba lo mismo que Freyr pero cuando esta dormía y preguntaba acerca del lugar a Aren, sus dudas se aclaraban con lo que este decía.

“Así es, este va a ser nuestro lugar de momento. También quiero pedirte algo justamente a ti”

“¿Qué es señor?” Aren le comentó su inquietud y con Freyr presente para que notase también lo que estaba queriendo decir. “Oh… ¿sólo eso es tu pedido?” Aren asintió. Era lo único que debía pedirle. “Puedo hacerlo. Quédense tranquilos señor y señora, voy a estar siempre vigilando sus espaldas” Lo siguiente que hizo fue bajar del caballo y repentinamente, desaparecer frente a los ojos de Freyr y Aren que aun conociendo esto que ella hace, seguía impresionándoles como la primera vez.

“Bien. Es hora de buscar un lugar en donde pasar la noche” El caballo restante sólo lo tomaron y lo asustaron para que se vaya de allí. No iba a ser falta alguna por lo que era la mejor opción. Podían darlo para el jarl del pueblo pero, no. Acomodando también las cosas que llevaba encima así como posicionarse mejor en su caballo, caminaban lentamente mientras se adentraban más y más dentro del pueblo.

———

Aren y Freyr mientras pasaban con su caballo y mirando todo en su camino, atraían la mirada de los pobladores por el simple hecho de su juvenil apariencia así como las ropas que llevaban que en cierta parte se podía sentir un poco de sangre de ellas.

Como dato curioso, ambos no habían pensado en lavar sus ropas porque no podían o no tenían otras de respaldo además de pensar que el olor no sería muy llamativo que se diga. Por ende, no pensaron que los pobladores del pueblo pudieran sentir aunque sea un mínimo de olor de la sangre.

Al final, el pueblo era como Aren recordaba en su vida pasada con respecto a la serie que había visto y como algunos libros que daban una descripción del lugar. Hubo algo que sí le llamaba la atención con respecto al pueblo. Había ciertas cosas que no recordaba a ver visto antes. Ejemplo de esto era la especie de “taberna” en donde según escuchó y luego preguntó, diciendo que él y Freyr eran dos huérfanos que las arreglaron hasta el día de hoy para vivir en las afueras de la sociedad, historia que uno de los hombres creyó, este lugar era para alojar a veces a la gente que venía de fuera, sitio perfecto para ambos para pasar algunos días.

Freyr podía notar la mirada preocupada de Aren estando cerca y también hacía que se preocupara de cierta forma. “¿Sucede algo?” Preguntó mientras asomaba su cabeza para que este pudiera verla.

“No… Bueno sí. Digamos que no esperaba que haya cosas que no recordara o supiera” La idea de que haya algunas cosas construidas aquí así como la presencia de cosas que desconocía le llegaban a aterrar un poco. Su respuesta hizo que Freyr en cierta manera soltara una pequeña carcajada. Una carcajada que parecía una caja musical para sus oídos. “¿De qué te ríes?”

“Me río porque hay algo que no sabes… además de que, no siempre en la vida todo lo que uno recuerda es TAL cual como lo recuerda. Tarde o temprano, las cosas cambian ¿no?” Aren levantó la cabeza, sorprendido y casi al mismo tiempo mirando a Freyr sin expresión alguna creyendo que lo que acaba de escuchar no había salido de su boca. “¿Qué? ¿Acaso dije algo que no es verdad querido esposo mío?” Esta vez se reía mientras veía la cara de Aren quien estaba blanca. Segundos después también se reía y asentía con respecto a lo que dijo anteriormente.

Entraron al establecimiento y las miradas de los presentes se posaron ante ellos. Estos hombres y pocas mujeres podían reconocer a la mayoría de la gente que habita aquí pero estos dos chicos frente a ellos, claro que no los reconocía para nada. Como Freyr era la más acostumbrada a estos lugares o mejor dicho, conocía más que Aren, se adelantó y hablo con la persona a cargo.

Le tomó exactamente 10 minutos conseguir algo para beber y comer así como un lugar para ambos descansar. Tal velocidad en cierta manera le impresionaba a Aren pero recordaba que la belleza de Freyr así como su uso de palabras eran perfectas para convencer a cualquiera. Sí, esa era su hermosa esposa.

Tras beber y comer algo, ambos directamente fueron a la habitación que el dueño le había indicado a ella sorprendiendo a ambos al entrar a dicho lugar.

Ambos no esperaban que fuera un agradable lugar para descansar. Una cama cubierta de pieles para que ambos usaran así como algunos muebles, pequeños pero seguían siendo muebles y a unos pasos, una pequeña mesa en donde se podía ver las velas encendidas.

“Es un lindo lugar para un edificio de este estilo” Decía Freyr mientras Aren asentía viendo todo el lugar detenidamente. La idea de tal lugar decorado tal vez puede que sea para dar una buena imagen del lugar y para que viajeros y comerciantes vinieran más seguido sabiendo que hay dicho lugar para quedarse. Eso sí, el lugar todavía seguía sin encajar dentro de la cabeza de Aren. “¿Aren?” Pequeños chasquidos sonaban e hizo que él volviera a la tierra cuando Freyr se lo hacía. “¿Qué vamos a hacer ahora?”

“¿Ahora?” Se puso a pensar y luego la miró con una sonrisa para luego poner su mirada en la cama. “Tengo algunas ideas en mente, algunas ideas que antes no habíamos podido hacer…” Aplicó el doble sentido a esto y Freyr no tardó mucho en entender cuando veía que Aren a la cama.

“Oh… Entonces… ¿Qué esperas entonces para demostrarme lo que vamos a hacer?” Sin importar la suciedad que esta tenía se lanzó sobre la cama llena de pieles mientras en su mirada había deseo y una invitación a Aren para que se uniera.

Sin importarle tampoco la suciedad que este podría llegar a llevar encima al igual que ella, caminó lentamente y se recostó al lado de ella, yendo poco a poco hasta su boca para besarla.

Esa tarde y noche y hasta el siguiente día, Freyr y Aren se unieron por primera vez como esposo y esposa.

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