El señor de los Vikingos – Capítulo 5

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Capítulo 5 – Difundir la palabra del Señor

Me disculpo por la tardanza en subir un capítulo de esto. No estaba muy inspirado hasta ahora so… Espero que les guste.

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Aren miró de nuevo a los tipos que habían llegado al pueblo. Estos tipos vestidos con los hábitos marrones y con unos colgantes que tenían una pequeña cruz no eran otros que misioneros cristianos.

Ellos eran mandados por los señores de los condados, de no ser así, las iglesias que había en los territorios mandaban algunos jóvenes así como gente experimentada tierra por tierra a difundir la fe de Dios. Estos debían conocer por lo menos el idioma a donde iban y estar preparados para ser tratados muy hostilmente por los “paganos” como ellos llamaban a los demás ya que eran todos incultos y  ciegos y adoraban a Dioses falsos e inexistentes para ellos.

“Escuchen” Aren vio que uno de los hombres abrió sus brazos mientras que en una de sus manos sostenía un pequeño libro con pocas hojas “Todos ustedes están ciegos, siguen a los falsos Dioses, Dioses que nunca les guiarían por el buen camino…” El hombre siguió hablando y hablando de cómo la gente del pueblo pudiera salvarse de sus pecados, así de seguir al verdadero Dios.

Como era de esperarse, Aren miraba desde uno del tejado de la casa de su señor como los hombres y mujeres respondían de mala manera ante tales palabras. Ninguna persona aceptaría que otras personas les digan que su Dios o Dioses eran falsos y eso, ocasiono que la gente empezara a enojarse y otros ponerse furiosos.

Pero ninguno quería o podía hacer nada. Erik junto con algunos de sus hijos y su esposa llegaron a ver al hombre que hablaba sobre su Dios y sobre sus Dioses. Aren miraba la situación y no podía odiarse a sí mismo de tener algo a mano para poder comer mientras observaba la nueva escena que estaba por ver.

“¿Qué haces aquí?” Erik utilizó un tono serio y su expresión facial estaba de igual manera. No había otra cosa en su cara que no sea seriedad. Escuchar un poco sus palabras llego al punto de saber de lo que el hombre hablaba y se callado unos minutos hasta ahora.

“Estamos hablando sobre la palabra de nuestro señor” El hombre de mediana edad se acercó hasta el hombre, quedando a unos cinco pasos de él ya que veía que estaba tomando su hacha poco a poco.

“¿Con el permiso de quien haces esto?” Erik alzó su ceja mientras lo miraba con curiosidad, esperando ver que responde.

“Eh…” El hombre no pudo decir nada. No tenía miedo pero tampoco tenía mucho que decir ante la situación que tenía frente a él.

Ni bien llegó al territorio, buscó un lugar que estuviera muchas personas y empezó a hablar sobre Dios, logrando atraer la atención de todas ellas. Al principio, pocos los escucharon pero poco a poco, más se acercaron para saber de qué hablaba y a qué se refería. Viendo que sus palabras atraían a más gente, esto lo alegró internamente y siguió con su parlamento hasta que un hombre junto con varias personas armadas llegó a donde estaba él.

“¿Y bien?” Erik volvió a hablar “¿No me vas a responder?” El hombre empezó a sudar de los nervios mientras trataba de pensar una respuesta para darle.

“Señor…” Ya había figurado que Erik era el señor de este pueblo y debía al menor hablarle con respeto. Nunca nadie le había ingerido tanto miedo como Erik. Ya estaba preparado en cualquier momento para matarlo debido a que su mano ya estaba colocada en su pequeña hacha.

“Bien. Siguiente pregunta” El hombre iba a hablar pero Erik le dijo que no con la mano y tan solo pensó otra pregunta para hacerle. “¿Qué hacen aquí? Responde.”

“Vinimos para difundir la palabra de nuestro señor, señor” Las palabras salieron esta vez con naturaleza, olvidando el hecho que su vida estaba siendo amenazada. No debía mostrar miedo ante ellos pero la presión esta vez le superó a tal punto de estar temblando un poco. Como hombre que tuvo que viajar para divulgar la palabra del señor, ya había visto mucha gente peligrosa. Pero nada como lo que Erik era.

Erik y sus seguidores así como alguno de sus hijos se miraron un poco para luego volver a ver al hombre de mediana edad. El otro hombre que lo acompañaba estuvo callado todo el tiempo, mirando al su alrededor y analizando a cada una de las personas. Sólo se acercó al hombre por detrás para decir algunas palabras y quedarse parado a su lado mientras ponía sus manos detrás de su espalda.

“Con que sólo es eso…” Erik suspiró y ordenó que todos los presentes se retirasen a seguir haciendo sus labores diarias mientras que por otro lado, ordenó a sus soldados que llevaran a los dos hombres al gran salón. Ellos obedecieron y ordenaron que ambos hombres lo siguieran y no hicieran pregunta alguna.

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Aren, que observaba desde el tejado del gran salón, notó que ahora tanto los hombres e hijos de Erik así como ambos hombres que llevaban el hábito marrón se dirigían directo a donde estaba él. Rápidamente se bajó para que no le vieran que había subido ya que se preguntarían como es que subió hasta allí.

Tan rápido como bajó, fue directo al gran salón para poder ver y escuchar a los hombres que venían a extender la palabra de su señor.

Al entrar, vio como la familia entera de su señor estaba parada, salvo Erik y su esposa. Sus hijos estaban al lado de sus padres, que estaban sentados en sus respectivos asientos como señores del pueblo.

Los dos hombres de mediana edad se pararon frente a ellos, uno al lado del otro y sin decir nada. Varios de los  hombres de Erik permanecieron a su lado y con lanzas y escudos en mano.

“Ahora que sólo está mi familia y mis guardias, díganme y hablenme de su razón para hablar de su… “Dios””. Erik enmarcó la palabra “Dios” con un tono curioso ya que, como era de esperarse, nunca había oído algo de que sólo existía uno de ellos y no varios como sus Dioses.

“Estaremos encantados de hablar sobre nuestro señor” El hombre, previamente callado cuando estuvieron hablando ante el pueblo, habló y agacho la cabeza un poco con una sonrisa en señal de respeto. Si logro hacer que esta persona se haga cristiana, ganaré una enorme fortuna, pensó. Ahora, tenía una oportunidad de oro y no debía desaprovecharla. Debía quedarse un tiempo e irse una vez que esta persona se transforme, haciendo lo que haga falta para hacerlo…

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Como dije antes, espero que les haya gustado y gracias por leer.

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