Grimgar – Volumen 3 – Capítulo 11
Capitulo 11 – Guerreros de la Frontera
Su nombre era Anthony Justin. Él era una Guerrero digno y con mucho honor adjunto a la Primera Brigada del Ejército de la Frontera, Regimiento de Guerreros. Aunque él no era un peleador común y corriente, él era habilidoso y dominante. Anthony comandaba el regimiento de guerreros asignado a asaltar la puerta principal de la fortaleza Capomorti como el ilustro capitán de regimiento, apostando su nombre en hacer su parte en la Operación Serpiente de Dos Cabezas. Y él y sus guerreros habían estado continuamente ganando terreno desde que el asalto comenzó.
Naturalmente, la posición más apropiada para un Guerrero con sus habilidades y estatura era en las líneas frontales. En consecuencia, él había estado dirigiendo sus valientes hombres en el ataque cerca de la muralla externa en el frente de la armada principal. Sin embargo, en lo profundo de su corazón, había algo sobre toda la situación que él resentía profundamente: La persona llamada Ren Waters.
General Brigadier Ren Waters era un viejo cobarde quien no podía lastimar una mosca- No había nada de Paladín en él. Él nació en el territorio continental y era un débil marica. Un verdadero Paladín se quedaría al frente de la armada, arriesgando su propia vida para proteger a sus compañeros soldados. De hecho, cualquier Paladín nacido en la frontera con un poco de agallas haría cuando menos eso, pero esa sucia burla de Paladín, Waters, era diferente.
Él se había rodeado a si mismo con otros cien paladines y varios Sacerdotes en orden de protegerse, posicionado hasta atrás de la armada principal, y entonces intentando parecer lo más autoritario posible. Él era un idiota. Un sin vergüenza, retrasado cobarde, peor que la basura. Él era un miembro de la bastante conocida Casa Waters, pero no poseía nada de las cualidades de su familia. Él debería solo morir. Morir y pudrirse en el infierno.
Incluso si el General Graham Lasentora no estaba disponible debido a que él estaba dirigiendo el ataque al Frente Steelbone, el General Brigadier Ian Latti debía ser quien dirigiera a los formidables, soldados sin par de la armada regular en el asalto a la Fortaleza Capomorti. Latti había nacido y se había criado en la frontera y tenía la reputación de ser un guerrero entre los Guerreros. Waters debería haber sido dejado atrás en Altana, encogido detrás de la fortificación de la ciudad como un pollo recién nacido.
Todo este tiempo los hombres de Anthony habían estado derribando las atalayas y campamentos orcos, desafiando torrentes de flechas mientras cargaban hacia las paredes, e incluso ahora intentando romper la puerta principal con arietes, a pesar de todo eso Waters estaba haciendo absolutamente nada para contribuir. Todo lo que él había hecho era gritar la orden, “¡Muévanse!” desde el comienzo y eso era todo. Incluso un mocoso de seis años podía haberlo hecho.
La Armada Fronteriza de Altana estaba compuesta en su mayoría de soldados quienes eran locales del área. Ellos eran toscos y fuertes, orgullosos de sus raíces, y trataban a soldados cobardes y sin carácter del territorio continental (capitalinos) con desprecio. Los soldados del territorio continental hablaban en grande y eran siempre rápidos para alardear, pero no podían manejar una espada para salvar sus propias vidas. Ellos eran tan patéticos, ellos merecían cada pequeña parte del menosprecio y bilis lanzados hacia ellos.
En realidad, cuando fue anunciado que Ren Waters estaría asignado comandar totalmente en el frente de Capomorti, la moral entre los hombres se desplomo. Era como echar más leña al fuego, habiendo sido asignados a Capomorti en primer lugar. Todos sabían que Steelbone era el objetivo principal y nadie quería ser dejado con el trabajo de atacar Capomorti, donde la victoria estaba asegurada. Como soldados, ellos harían sus trabajos y llevarían la fortaleza abajo, por supuesto… pero cuando ellos ganaran, esto contaría como otra medalla para la colección de Ren Waters. Y la victoria era el único resultado esperado.
Maldición, ese Ren Waters. Lo maldigo al infierno. ¡Este era el poder de la influencia familiar; no había nada más para explicar ya que Waters ciertamente no obtuvo su posición a través de los méritos! Waters no había hecho nada para levantar la escalera, él simplemente fue elevado. Esa era la forma en la que funcionaban las cosas.
El General Graham Lasentora, el símbolo no oficial de la Armada Fronteriza, tendría 46 este año. Él era aún joven, pero había un fuerte rumor de que en el territorio continental estaban también sobre sus servicios militares. Le fue ofrecida la posición de Comandante (High General, fue la traducción más parecida que se me ocurrió, acepto consejos) no menos de tres veces, a las cuales se negó. Sin embargo, todos creían que él podría eventualmente transferirse a la capital. Había también varios rumores que Ren Waters estaba manipulando para tomar la posición de Lasentora después de que él se fuera.
Tres Generales Brigadier servían bajo Lasentora. General Brigadier Ian Latti, el Imbécil Ren Waters, y el General Brigadier Jorrud Horn, quien estaba constantemente al lado de Lasentora. Lógicamente, el sucesor más obvio debería ser Horn, pero la realidad era, la relación de Lasentora y Horn era muy cercana. Si Lasentora iba a la capital, entonces había una buena oportunidad de que Horn pudiera seguirlo.
En ese caso, la persona siguiente en la línea seria Ian Latti. En términos de habilidad u destreza, no había duda que él estaba muy por encima de Waters, pero ese imbécil de Waters debe ya estar usando el poder e influencia de su familia para tomar el título de General para sí mismo. Era definitivamente una posibilidad. Por otro lado, imbéciles eran imbéciles por lo que él podría querer regresar a la tierra civilizada. Bien. Apresúrate y vete. Un imbécil debe volver al mundo de los imbéciles donde él pertenece.
Anthony nunca ha visto la tierra que yace al otro lado de las Montañas Tenryuu. Aunque él imaginaba que era una tierra llega con docenas, incluso cientos de ciudades humanas. Sus áreas rurales, también, podrían extenderse tan lejos como el ojo puede ver, donde el ganado ronda tranquilamente los campos abiertos.
Las tribus salvajes en el sur permanecen sin conquistar y desafían la autoridad del Reino de Aravakia, pero ellos no son una amenaza mayor. En la ocasiones poco frecuentas en las que un conflicto estalla, es raro para los soldados del reino morir en batalla. Algunas veces incluso e meten para mediar entre disputas de las tribus. Es casi como si Aravakia fuera un padre comprensivo y las tribus salvajes fueran hijos pendencieros.
La industria estaba bien desarrollada, las personas amaban las artes y el entretenimiento, y ellos disfrutaban el favor del dios de la Luz, Luminous. Era una sociedad desbordando felicidad y prosperidad. Altana y el continente compartían moneda (las monedas eran acuñadas en la tierra continental), pero algo que costaba un oro en la frontera era tan barato como 10 platas en el continente. La tierra continental estaba tan altamente desarrollada que todo estaba disponible en los mercados. Incluso los pobres podían obtener comidas y ropas bastante fácilmente al mendigar e incluso los mendigos más miserables en la tierra continental vivían mejor que los soldados en la frontera.
Idiotas. Todos eran unos malditos idiotas.
¿Alguno de los imbéciles capitalinos piensa sobre que hace esto posible para ellos para continuar viviendo sus vidas imbéciles? La sangre de soldados como Anthony, aquí en la frontera, eso es. Si Altana caía, entonces solo sería cuestión de tiempo antes de que los túneles del dragón de tierra corriendo bajo las Montañas Tenryuu fueran descubiertos. Masas de orcos invasores y no muertos entrarían a raudales. Incluso si nunca ha habido una invasión a gran escala, la amenaza de una siempre estaría presente.
La tierra continental había construido sus riquezas y prosperidad sobre los cadáveres de personas como Anthony. Era como construir un castillo sobre cimientos de arenas movedizas.
Por lo que no importando que tan grande y asombroso el cuento lo hace lucir, no importando que tan paradisiaco era, la tierra continental era aún un montón de maldita mierda. Para ser completamente honesto, Anthony podría invadir la capital y saquear sus riquezas en lugar de pelear contra los orcos y no muertos fuera de aquí. Él tenía el derecho, después de todo. Él era quien protegía su salud al hacer su deber, y porque él hacia su trabajo, ellos eran capaces de continuar adquiriendo salud. Ellos les debían su libertad a Anthony y los otros soldados aquí a fuera y no era una exageración cuando Anthony decía que todas las riquezas de la capital les pertenecían.
Pero por supuesto Anthony no podría hacer tal cosa. No era solo lo impráctico, Era su orgullo como soldado. Tanto como a él le gustara el vino, y la comida lujosa, él sabía que el dominio de los hombres verdad era el campo de batalla. Los hombres verdaderos peleaban sus batallas aquí en la frontera
“¡MUERE REN WATERS!” grito Anthony, haciendo este su grito de batalla.
Los hombres manejando el ariete respondían como uno, combinando su fuerza mientras sonreían y respondían con gritos de, “¡Púdrete en el infierno Ren Waters!” o “¡Muere Waters Imbécil!”
Si Waters los escuchara desde su posición en la retaguardia, podría significar problemas después de todo. Pero Anthony no le daba importancia. Ellos harían su trabajo porque era su deber como soldados. Su orgullo como guerreros estaba en juego.
“Tres, Dos, Uno, ¡CARGUEN!” grito Anthony, agitando su espada. “Tres—”
Rugidos ensordecedores de furia llenaron el aire. ¡Los malditos orcos! Ellos estaban saltando de las murallas directamente a la lucha. La muralla sur era de más de 20 pies de alto. Esta NO era una distancia insignificante desde el suelo. Pero los orcos eran valientes; ellos saltaron de la muralla sin vacilación, incluso aplastando a algunos de los soldados lo suficientemente desafortunados para estar posicionados donde los orcos aterrizaron.
Estos soldados imbéciles del continente constantemente tendían a subestimar a los orcos y otras especies enemigas, pero Anthony era un verdadero fronterizo de carne y hueso. Él no tenía tales malos hábitos. Él era cuidadoso de la audacia y perspicacia de los orcos; ellos eran incomparables en fuerza y dureza. Los diez—no, cerca de veinte—hombres en el frente de la formación quienes no estaban esperando el ataque desde arriba fueron instantáneamente derribados Actualmente, no hacia abajo, hacia atrás; ellos fueron mandados a volar contra sus compañeros soldados en las filas de atrás.
Eso paso en un instante. Los hombres manejando el ariete fueron asesinados incluso mientras estaban de pie boquiabiertos por el ataque de un ángulo inesperado. Todos estos eran soldados veteranos y ellos no eran propensos al descuido, aun así ellos habían sido derribados con facilidad. Anthony se negaba a darle más oportunidad a los orcos para sorprenderlo.
La puerta delantera estaba aún cerrada, por lo que los orcos quienes habían saltado no tenían retirada. Ellos no tenían otra opción más que cargar hacia adelante. Ellos eran un escuadrón suicida (n/t: como la película xD) y morirían hasta el último orco. Los orcos estaban, literalmente, desesperadamente muertos. Piensa sobre ello, Altana había lanzado su ofensiva porque la victoria estaba garantizada. Ellos tendrían éxito porque fallar era impensable. Todos sabían ese hecho. Pero los orcos nunca pensaron que ellos morirían de esta forma. Su voluntad para pelear era completamente diferente y enteramente inferior.
“¡Firmes hombres! ¡Firmes!” comando Anthony.
Él entablo un orco cercano, chocando espadas con él y mirando por una oportunidad para usar [Spiral Slash]. Sin embargo, el orco, vio a través de él. Se recargo, no dando una pulgada, entonces retrocedió fuera de rango.
“¡Rodéenlos! ¡Nosotros tenemos la ventaja numérica, rodéenlos ahora!” grito Anthony.
Mientras algunos de sus hombres obedecían a la primera, un gran número de los otros vacilaba, mirando desconcertados. Ellos estaban paralizados por la indecisión, incapaces de moverse incluso si ellos lo querían. Las flechas descendían desde arriba de nuevo. La confusión en las filas se profundizo y esparció.
“¡Debemos retirarnos por ahora!” un soldado grito.
“¡No sean tontos!” exclamo Anthony furiosamente, defendiéndose del corte de espada de un orco al mismo tiempo. “¡Nuestro orgullo como guerreros está en juego! ¡Esta es la culpa de ese imbécil Waters, pero nosotros no tenemos opción más que cubrir su lamentable trasero! ¡Levántense, Guerreros de la Frontera! ¡Para mí! ¡Conmigo! ¡Nosotros derribaremos esa puerta!”
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