La Eterna Cacería Capitulo 8 La Fiesta
Eyra y Edwin se miraron nuevamente, y de pronto sintieron una conexión, un sentimiento compartido. Uno que solo ellos, cuyas sus vidas habían iniciado un constante camino lleno de situaciones extremadamente raras e incómodas, podían entender.
Ahora ante ellos estaba un anciano extremadamente peligroso e impredecible que les ofrecía vasos llenos de un resplandeciente líquido dorado.
Al ver sus rostros el anciano gentilmente explicó, «Ésto es Dyton cómo les expliqué, es una bebida principalmente creada a partir de maná. Concentrado de gran calidad mezclado por especies originarias de esté bosque, el mismo Emyr creó la receta y todos los TonS saben prepararla. En el mundo humano una botella valdría aproximadamente mil monedas de oro, aunque normalmente estas solo son vistas en subastas llegando a precios que quintuplican su valor. Entre sus características podemos encontrar que expanden el límite de la capacidad de mana de quien la toma, lo que la hace muy deseada por los magos. Fortalece la contextura y resistencia a la magia. Sin contar que es extremadamente deliciosa», ríó el anciano.
Tras escuchar la explicación del anciano ambos procedieron lentamente a beber el líquido dorado y sus caras mostraron una inmediata sorpresa.
El líquido en sí tenía una contextura fuerte y dulce, presentaba obviamente alcohol, pero en aparentemente leve cantidad y producía una sensación de reconforte inmediata. Era como había dicho el anciano, extremadamente deliciosa.
El anciano sonrió y procedió a lanzar al resto de guardias unas cuantas botellas, quienes al ver las bebidas y en su mente cruzar la explicación mencionada olvidaron las formalidades y empezaron inmediatamente a beber.
Poco a poco la reunión se volvió más amena, los TonS paseaban por el local saltando, cantando, haciendo malabares y riendo, todo con el fin de complacer a sus invitados.
Poco a poco el alcohol fue ganando dominio y las conversaciones empezaron.
Fue entonces cuando el rostro de Edwin, soldado experimentado y gran bebedor se marcó de horror, porque se dio cuenta que se sentía mareado. La sorpresa en una persona normal no tendría nada de especial, pero debemos entender que Edwin era un guerrero de rango Orichalcum, cuyo propio cuerpo resistía innatamente a venenos y posiciones, siendo el alcohol considerado una de ella. En otras palabras, no era como habían presumido, esas botellas doradas tenían un nivel impresionante de alcohol, trató de calmarse y pensar seriamente, vio a su alrededor y advirtió que todos estaban igual de mareados, todos menos el anciano.
Meditó la situación tras calmarse y consideró sus opciones, el trago en sí era digno de un rey y tenía propiedades beneficiosas. Luego de evaluarlo, decidió no decir nada y continuar con la velada, al fin y al cabo si el anciano quisiera matarlos lo habría hecho hace tiempo.
Y entonces la fiesta continuó y las carcajadas se volvieron más comunes que el habla, la música pasó a segundo plano y una curiosa charla brotó de aquella peculiar mesa.
«Oi, oi, oi, jóvenes pensándolo bien acabó de recordar algo», dijo el anciano con una sonrisa amable. Había permanecido toda la velada sonriendo y narrando historias o chistes, con un carácter amable y alegre.
«El Dyton también tiene otro», dijo pausadamente.
La compañía miró al anciano sonriente y sonrieron también, escucharon atentamente.
De repente, la amable sonrisa del anciano empezó a estirarse más como si no pudiese contener más la risa y a distorsionarse, la apariencia que generó ya no era gentil.
«En el mundo humano también se le conoce como verdad liquida, básicamente una poción de la verdad. Los Tons son inmunes a ella, pero por otro lado los humanos no.», dijo el anciano mientras imitaba una risa malvada.
La compañía quedó en shock al escuchar dichas palabras y antes de que pudiesen hacer cosa alguna, el anciano preguntó sonriendo ¿qué es lo que más deseas en esta vida muchacha?
Eyra sintió una extraña sensación, como si necesitase contestar, como si su vida dependiese de ello y apresurada respondió, «Quiero ser reconocida. Quiero que la gente me tome en serio, quiero que mi nombre suene por el continente de Azoth y se cuente leyendas de mis aventuras. Quiero que me admiren por quien soy, que mi madre y mi abuelo se sientan orgullosos; y más que nada quiero encontrar a mi padre.»
Al terminar de hablar Eyra se llevó las manos a la boca como si intentase recuperar las palabras que acababa de soltar, al darse cuenta que no era posible lentamente empezó a enrojecer y se tapó la cara con sus manos.
El anciano río estruendosamente y miró a Edwin.
El guerreo entró en pánico, pero de igualmente antes que pudiese hacer algo el anciano preguntó ¿y tú muchacho, qué es lo que más deseas en esta vida?»
En el rostro de Edwin se podía ver el esfuerzo que hacía por intentar no responder, pero al final su resistencia fue en vano. Abrió la boca y casi suspirando dijo, «Lo que más deseó en esta vida es la mano de la duquesa de Lumiel, desde que charlamos en aquella banca bajo la luna, no dejó de pensar en ella, se ha convertido en mi sueños y vida. La amo.»
El anciano continuó partiéndose de risa.
El tono de la cara de Edwin sorprendentemente superó en color rojo a la de Eyra, pero a diferencia de ella el simplemente se dio la vuelta y camino lentamente mientras murmuraba cosas sin sentido.
El resto de guardias no recibieron preguntas por parte del anciano, claro que esto no evitó que entre ellos mismos se hicieran preguntas intentando sacarse oscuros secretos para poder protegerse de los que ya habían revelado.
La noche transcurrió y todos se fueron a dormir, se habían preparado tiendas de dormir al rededor de una fogata pues las casas de los TonS eran usualmente pequeñas en comparación con la estatura humana dependiendo el caso.
Solo el anciano permanecía despierto junto a la fogata, de pronto una silueta se acercó. Era Emily.
La princesa había estado en la fiesta pero por su edad y por su condición real, aconsejada por Edwin no había injerido bebida alguna, de hecho había permanecido en un rincón observando lo que ocurría como si meditara.
Y ahora lentamente se acercó a la fogata y miró al anciano, quien con curiosidad procedió a devolver la mirada. Sacó de su bolso una botella de Dyton dorado y empezó a beber.
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